Título original: Hannibal Rising.
Director: Peter Webber.
Productores: Martha y Dino de Laurentiis, Tarak Ben Ammar.
Guión: Thomas Harris.
Intérpretes: Gaspard Ulliel (Hannibal Lecter), Gong Li (Lady Murasaki), Rhys Ifans (Grutas), Kevin Mckidd (Kolnas), Dominic West (Inspector Popil), Richard Brake (Dortlich), Stephen Walters (Milko), Ivan Marevich (Grentz),…
Pocos personajes en la historia de la literatura y del cine han resultado tan tortuosos como el creado por Thomas Harris en 1981 en su novela “El Dragón Rojo”. Hannibal Lecter (Aníbal Lecter), con el paso del tiempo, se ha hecho un hueco en la memoria colectiva del terror, con una acertada mezcla de fascinación y gusto por el miedo. Tras la primera novela, Harris publicó otras tres: “El silencio de los corderos” (1988), “Hannibal” (1999) y “Hannibal Rising” (diciembre 2006). Si bien cada una de ellas relata un paso en la maduración como verdugo del doctor Lecter, Harris ha procurado no publicarlas de forma cronológica, y precisamente la última de ellas corresponde al inicio y el ascenso de la figura del asesino en serie de ficción más famoso del mundo.
Aunque las novelas de Harris sobre Lecter tuvieron en su día un éxito apreciable, no fue hasta la película “El silencio de los corderos”, dirigida por Jonathan Demme, que el fenómeno adquirió notoriedad universal, protagonizada por un genial Anthony Hopkins y una soberbia Jodie Foster, ambos premiados con sendos oscar ese año, al mejor actor y a la mejor actriz, respectivamente. En total la cinta que adaptó la segunda novela consiguió cinco premios de la academia estadounidense del cine, incluyendo el de mejor película, y acumuló una taquilla impresionante. Aún hoy sigue siendo una película de culto, a pesar de estrenarse en 1991. Robert de Niro y Gene Hackman estuvieron a punto de interpretar a Lecter, pero rechazaron finalmente el papel. Michelle Pfeiffer podría haber dado vida a Clarice Starling, pero creyó que la película y el papel, ambos muy oscuros, no eran adecuados para su carrera y siguió el mismo camino que los dos actores precedentes. Finalmente, las segundas opciones se revelaron perfectas.
Todas las novelas han sido llevadas al cine: en 1986, los productores Dino y Martha De Laurentiis adaptaron la primera novela, “El dragón rojo”, en una película titulada “Hunter” (Manhunter), dirigida por Michael Mann, protagonizada por William Petersen y Brian Cox en el papel del psicópata homicida. Tras “El silencio de los corderos”, en 2001 se estrenó “Hannibal”, dirigida por Ridley Scott, de nuevo con los Laurentiis por medio, con Anthony Hopkins como protagonista absoluto y con Julianne Moore en el papel de Clarice; el film desencantó bastante tras el éxito precedente, y pasó desapercibida. La película continúa cronológicamente los hechos tras la película precedente, y aunque hizo una buena taquilla, la calidad bajó el listón con respecto a su predecesora, cosa lógica teniendo en cuenta el material del que se parte. Más vísceras y menos terror psicológico, un camino más sencillo pero menos productivo. Al año siguiente, el 2002, se estrenó “El Dragón Rojo”, dirigida por Brett Ratner, de nuevo con Hopkins, que en esta ocasión comparte protagonismo con Ralph Fiennes, que da vida a otro asesino, y Edward Norton y Harvey Keitel en el papel de los policías que le persiguen, este último como Jack Crawford. Gran reparto para una película que mantiene el mito perfectamente en alza aunque algo disminuido hasta la llegada en 2007 de la última película de la serie: Hannibal Rising (Hannibal, el origen del mal), que se estrenará en España el 16 de marzo y que en Fantasymundo ya hemos visto en pase de prensa.
De entrada, es necesario manifestar el tremendo respeto que uno siente ante la quinta película basada en un solo personaje. Aparte de la buena factura de la mayoría de anteriores producciones y del interés creciente sobre la figura de Lecter a lo largo de los años -algo muy extraño en el mundo del cine- uno fácilmente podría pensar que una quinta cinta, sin Hopkins y con un actor protagonista de escaso recorrido, sería más bien algo mediocre y una forma fácil de estirar hasta la saciedad un mito rentable del terror. Pues no. Hannibal Rising resulta ser una gran película aún con sus defectos, de contenido interesante y rodaje muy bien rematado. Y lo más importante: hace honor a la figura de Lecter y no se siente en ningún momento la alargada sombra del genial Hopkins.
La acción comienza en las inmediaciones del castillo Lecter en Lituania, donde Hannibal juega con su hermana Mischa como solo dos pequeños inocentes pueden hacerlo. La vida es plácida y generosa, ya que la familia aristocrática está bien situada, pero el estruendo de los bombarderos alemanes que atacan el país en la Segunda Guerra Mundial rompe la quietud y obliga a sus padres a dejar el castillo acompañados por unos pocos asistentes. Pero su padre el conde, y su madre, de la alta burguesía italiana, son alcanzados por las bombas ante la vista de Hannibal y su hermana, que consiguen refugiarse en un pabellón situado dentro de la propiedad. Allí intentan subsistir entre la nieve y los lobos, que deambulan por las afueras del pabellón, hasta que un grupo de mercenarios alemanes irrumpe en la casa, secuestrando a ambos pequeños. Cuando éstos se van por la presión ejercida por el ejército ruso, su hermana Mischa ha muerto y Hannibal es confinado en un orfanato, donde es torturado. Tanto la muerte de su querida hermana, como el recuerdo de los mercenarios alemanes y el trato vejatorio sufrido en el orfanato ruso, provocan un trauma irreversible en Hannibal, que consigue huír y refugiarse en las afueras de París, donde un tío podrá darle asilo. Una vez allí, descubre que tras la muerte de éste, tan solo tiene un familiar vivo: su tía, la noble dama japonesa Murasaki Shibuku, autora del Cuento de Genji.
Hannibal ha perdido la voz, pero unas cartas que éste llevaba consiguen que Lady Murasaki comprenda quien es. Ésta se desvive por la educación de su joven sobrino, y le enseña toda suerte de tradición japonesa, desde gastronomía, música, pintura y adiestramiento militar. Sus atenciones mitigan los sufrimientos mentales de Hannibal, y por fin recupera la voz. No olvida su pasado, pero intenta centrarse cada vez más en el futuro; incluso es aceptado mediante una beca en la facultad de medicina, donde comienza preparando cadáveres para los frecuentes exámenes médicos que se efectúan allí. Pero el buen comienzo no es suficiente, y cada vez son más agónicos los sueños nocturnos, donde su hermana se le aparece durante su cautiverio con los mercenarios alemanes. Hannibal apenas recuerda nada de aquel truculento episodio de su vida, pero merced a una droga, finalmente lo consigue. Y decide, en contra de los consejos de Lady Murasaki, emprender la venganza.
El argumento está basado en un pasaje de la novela “Hannibal”, que da pie a todo el desarrollo posterior. En esta película se descubren los motivos del doctor Lecter para actuar como lo hace. La génesis del genio criminal está correctamente hilvanada, y se sientan las bases de la posterior evolución del personaje. Está dirigida por Peter Webber (“La joven de la perla”), y protagonizada por un inmenso Gaspard Ulliel (“Largo domingo de noviazgo”), en el papel de Hannibal Lecter, con Gong Li (“Memorias de una Geisha”, “Sorgo rojo”) como Lady Murasaki. Salvo en Hannibal, el personaje interpretado por Ulliel fue siempre secundario en las películas, pero en esta precuela se erige como protagonista absoluto. El miedo era doble, por supuesto: por una parte era difícil hacer justicia al mito, y por otra, la evolución de carácter y objetivos tiene que hacerse patente a lo largo de todo el metraje.
En las anteriores entregas, el doctor Lecter resulta ser un personaje refinado en extremo, con definidos gustos en materias culinarias, musicales, literarias, y un entendido en historia y anatomía. Cada detalle es esencial para comprender una mente tan tortuosa, y lo poco que desvela de sí mismo a lo largo de los libros y las películas resulta crucial. Su paso por la cárcel endurece aún más al doctor, y en “El Silencio de los Corderos” vemos a un personaje en el cúlmen de su refinamiento como asesino, tras dejar atrás definitivamente a sus demonios personales. Pero en “Hannibal rising” asistimos al génesis, y a Lecter aún tan solo le mueven sus deseos de venganza, su odio visceral a quienes se lo quitaron todo; no es del todo consciente del tremendo peligro que corre, y actúa por instinto. Su preparación para el papel resultó peculiar: el director Peter Webber lo envió a un encargado de pompas fúnebres, con el fin de acostumbrarle a trabajar con cadáveres. Gaspard, lejos de acobardarse, disfrutó tanto de la experiencia que quiso repetir. En todo momento procuró estar en contacto, tanto con la infancia del personaje, como con su adultez, para lo cual, tras leer el guión, se fijó en la interpretación de Hopkins en las anteriores películas. Sabía que al final de la película podría echar mano de todos los detalles de los que hizo gala el actor galés, ya que en ese momento, el doctor Lecter estaría más próximo que nunca a él. Si al principio matar es una necesidad, una forma de apartar de sí a los fantasmas de su infancia, de vengarse de ellos, al final se convierte en una adicción… Lecter disfrutará a otro nivel. El contraste entre los momentos álgidos de violencia y la cotidianeidad, tan propios del asesino interpretado por Hopkins, vuelven al final de la película con Ulliel.
El personaje de Lady Murasaki arrastra también su propio dolor, por lo que comprende perfectamente a Lecter, al menos hasta que éste comienza a disfrutar de veras con sus truculentos asesinatos. Intenta por todos los medios separar la venganza de su protegido del resto de su vida, pero cada vez le resultará más complicado: la vorágine criminal se ha apoderado ya de Hannibal. Es demasiado tarde. En la película también se muestra el porque del gusto por las máscaras del doctor en psiquiatría: su tía le inicia en el mundo de los samuráis, y de él saca el joven Lecter la idea de ocultar parte de su faz; se siente un guerrero con una misión justa y como tal se viste.
Hannibal Lecter es un psicópata asesino, pero despierta en ocasiones la simpatía del espectador, resulta ser una especie de antihéroe espeluznante que, a pesar de su locura y brutalidad, provoca fascinación y comprensión en cierto grado. La irresistible mezcla entre el refinamiento, la cultura y la sagacidad, unidas a una sinceridad aplastante y directa, le convierten en un asesino único. En todo momento se percibe cierta lógica perversa en las elecciones de sus víctimas que le hace distinto: Lecter no mata porque sí, tiene motivos para hacerlo. Hopkins ya sentó esta base, y en esta película descubrimos los porqués. En poco se parece a otros asesinos en serie; da la impresión de necesitar siempre un motivo para cometer un crimen, y el espectador en ocasiones se ve sorprendido mirando a la víctima y pensando: “se lo merecía”. Incluso aquí el canibalismo del que suele hacer gala encuentra “justificación”; su gusto por los detalles que rodean a cada uno de sus crímenes, es una característica que añade un punto más de interés al personaje: Lecter sigue rituales, no ejecuta simplemente. Esta complejidad es por sí sola motivo de fascinación: las cinco películas que se han rodado sobre este personaje, y hasta ahora con éxito, no son casualidad.
La película cumple con todos los tópicos del personaje pero añade algo novedoso al mito. Un buen guión, un mejor desarrollo y una excepcional fotografía permiten revivir la saga de Hannibal Lecter en el cine. El tempo narrativo es constante y emana lógica: todos los pasos evolutivos del protagonista están medidos adecuadamente; su introducción en el mundo del crimen es paulatina y motivada por las circunstancias. El nivel de “casquería” no es superior al de pasadas entregas, y el peso del terror lo sostiene a sus espaldas el propio Gaspard Ulliel. Su enigmática expresión facial, capaz a la vez de las escenas más románticas (como pudimos ver en “Largo domingo de noviazgo”, junto a Audrey Tautou) y de las más espeluznantes, resulta ser uno de los máximos apoyos de su actuación en esta película, y la base de la credibilidad de la que hace gala. Gaspard Ulliel ES Hannibal Lecter en su juventud, ni más ni menos, y quedará asociado a este personaje de forma indeleble, como lo fue Anthony Hopkins.
Pero en esta película Lecter alcanza su venganza, haciendo justicia con ella, al tiempo que desvela al espectador todas sus claves: ¿podríamos estar ante el fin de la saga cinematográfica? ¿logrará Hannibal Rising terminar con la fascinación del espectador? Es difícil creer que Thomas Harris logre revivir a su más emblemático personaje tras esta película, aunque nadie puede dudar de su maestría…