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El Hobbit: La Batalla de los Cinco Ejércitos: Peter Jackson desatado


Alejandro Serrano   17/12/2014
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     Jackson no tiene a nadie que le susurre al oído que es mortal y falible, y ha querido darle un toque demasiado personal al cierre de la trilogía.
El Hobbit: La Batalla de los Cinco EjércitosAyer, en pase de prensa, pudimos echar un ojo a la película que cierra la trilogía cinematográfica que adapta “El Hobbit”, novela de J.R.R. Tolkien que, en su día, con su éxito editorial, dio paso al ambicioso proyecto que terminaría por cristalizar con creaciones clave de la literatura fantástica, como “El Señor de los Anillos” y otros escritos salidos de la mente de este profesor británico, cuya imagen irá asociada siempre a un traje de tweed.

Soy de los que cree que una adaptación a otro medio de expresión no ha de ser totalmente fiel; que cada director de cine, televisión o cada guionista de cómic tienen su propia visión de determinado libro, y que no tiene por qué coincidir con la que la mayoría alberga. He aplaudido adaptaciones libres y creaciones “inspiradas” en la literatura sin el menor rubor, teniendo claro que siempre, en última instancia, nos quedarán los libros originales.

Fui también de los pocos que aplaudieron la decisión de Peter Jackson de adaptar “El Hobbit” en tres películas, si con ello podía disfrutar en la gran pantalla de episodios y sucesos que sólo pueden leerse en “El Señor de los Anillos”, “El Libro de los Cuentos Inconclusos” y otros relatos de J.R.R. Tolkien (o tamizados por su hijo). Material en qué basarse había de sobra, y ya me frotaba las manos a base de bien, esperando ver tres películas repletas de escenas memorables, aunque en el camino su director tuviera que sacrificar el tono básico de una novela pensada para niños y jóvenes, en ocasiones humorística, en otras jovial, y en otros capítulos, triste como sólo los grandes clásicos saben serlo.

La primera película me decepcionó un tanto: a pesar de lo bueno que pudimos ver, eché de menos aquellas escenas que se nos prometían; algunos cambios en la historia troncal me agradaron y otros no. Pero en general, las dos primeras películas tenían el tono de la novela original, con añadidos dramáticos y cómicos marca de la casa (la de Peter Jackson, se entiende), cosas espectaculares y cierto respeto por el tiempo narrativo. No me decepcionó demasiado, aunque sí un poco, y me quedé con las cosas buenas. Las adaptaciones, ya se sabe, una de cal y otra de arena. Más o menos lo esperado.

El Hobbit: La Batalla de los Cinco Ejércitos

Pero ayer, en la proyección para la prensa de la tercera película, no hacía más que echarme las manos a la cabeza. Me sentí traicionado como espectador. No sólo como tolkiendil.

Sigo sin creer que la decisión de cambiar los resortes básicos de la novela original por otros más cercanos a libros de alto voltaje dramático y transcendente, como “El Señor de los Anillos”, fuera un error. En lo que a mí respecta, aunque esta decisión pudo tener motivos principalmente económicos –la taquilla de tres películas no tiene que ver con la de una sola- me pareció adecuada y prometedora en su día, cara al espectador. Y de hecho, las cosas adicionales que la saga cinematográfica había mostrado hasta ahora –salvo alguna, que diría Rajoy- me habían gustado bastante. El problema es que en esta tercera entrega, Peter Jackson, sin freno alguno, se ha dejado llevar por su bien ganada fama de director de serie B, cuya etapa fue fantástica y original, pero choca demasiado con este tipo de producciones. Sencillamente, “El Hobbit: la Batalla de los Cinco Ejércitos” es increíble literalmente hablando: no hay manera de que el espectador se crea lo que está viendo, no hay suspensión de realidad, no es coherente consigo misma.

El Hobbit: La Batalla de los Cinco Ejércitos

No he entrado siquiera a valorar esta película como parte de una adaptación. Como decía al principio, no tenemos derecho a esperar ver un calco de la novela de Tolkien, y sabíamos que no sería así. Pero esta película adolece de defectos estructurales graves, incluso sin tener en cuenta su conexión con el libro. El guión no tiene intención ni armazón definidos, a ratos tiene el sabor de “El Hobbit” original, a ratos parece su propia y deformadísima caricatura, y en otras ocasiones Boyens, Jackson, Walsh y Del Toro parecen haber consumido cantidades ingentes de alcohol y opiáceos durante su escritura. O lo hizo Jackson y los demás dieron el visto bueno… eso me cuadraría bastante más, dado que lo visto tiene su marca de fábrica.

Diálogos sin sentido e infantiles; cambios narrativos dementes que podrían haberse ahorrado; escenas de aspecto visual sacado de un vídeo de los años sesenta –con sus guionistas bien “puestos” y con gusto por los colores chillones y las transiciones bruscas de plantilla- y estética de videojuego; todo ello bien regado con un avance de lo que podría ser “Matrix 4: la Batalla de los Cinco Elegidos”, con varios personajes haciendo de berserkers con el Secreto de la Gravedad y de la Inmunidad entre su arsenal de pociones mágicas. No es sólo el archiconocido Legolas –que aquí hace de las suyas en la batalla pero que al menos se reivindica como personaje y no sólo como modelo en anuncio de colonia, como en las anteriores- sino otros participan de ese modo fantafabuloso de conducirse, que junto al guión, consigue que el espectador pase de una cosa increíble a otra, sin asumir ninguna de ellas como parte de algo coherente.

El Hobbit: La Batalla de los Cinco Ejércitos

La película, para más colmo, resulta sosa hasta la extenuación. No hay tensión dramática, no emociona en ningún sentido. Los únicos contrapuntos a la sosez general son dos: la reivindicación de la amistad y el respeto al otro que hace Bilbo en la novela original, y que aquí está muy bien plasmada, y agarraos… la historia de amor de Kili y Tauriel, de la que personalmente abominaba antes y que aquí cobra cierto sentido y hasta permite al espectador salirse por un rato de la atonía general –y ayuda a Legolas a tener más protagonismo y trabajo como actor. No hay más. No esperéis que el corazón os dé algún vuelco o la garganta se aprisione con un nudo en otros momentos.

Hay intentos de aproximar esta película a la tensión épica de “El Señor de los Anillos”, pero en mi opinión parecen ridículos, metidos con calzador y asesinados vilmente en el callejón trasero por la manía que tiene Jackson por introducir personajes y coreografías generales totalmente absurdas. Para más INRI, la batalla final es la más insulsa y plomiza de todas las rodadas por el director neozelandés.

El Hobbit: La Batalla de los Cinco Ejércitos

¿Cosas buenas? Aparte del personaje central, Bilbo –magníficamente interpretado, para variar, por Martin Freeman- cuya aproximación al libro es realmente soberbia, el tratamiento que Jackson hace de la evolución psicológica de Thorin Escudo de Roble es impecable, tanto en el guión como en el trabajo del actor que le da vida, el británico Richard Armitage. Su obsesión por el oro, la Piedra del Arca y el poder, su desprecio por la vida, la lealtad y la amistad están muy bien plasmadas, y la película se toma su tiempo en mostrarlas de la forma en que merece. Es uno de los temas centrales de la novela original, y al menos en esto, Jackson lo ha tenido claro y ha respetado y realzado los matices de Tolkien.

El dragón vuelve a cuajar un buen papel, sin tanta presencia como en las anteriores películas –lo veremos en algún flashback también- pero resulta clave para comprender tanto la evolución de Thorin como la forma en que su muerte provoca que los mayores ejércitos de la Tierra Media confluyan en la Montaña Solitaria para recoger su parte del botín de Smaug. Lástima que el pase de prensa fuera en castellano y no en versión original. Aunque Iván Muelas hace un magnífico trabajo como el dragón –conservando muchos matices y casi el tono de la versión original-, Benedict Cumberbatch está un paso por encima de muchos, y resulta aterrador oírle. De todas formas, a la vista de anteriores dragones doblados en nuestro país, espero que elijan de nuevo a Muelas la próxima vez que toque poner voz a una criatura similar.

El Hobbit: La Batalla de los Cinco Ejércitos

Ian McKellen, como buen actor de teatro que es, salva muchas escenas que por sí mismas resultarían ridículas, encarnando a Gandalf de nuevo como sólo él sabe hacer. En lo que a McKellen respecta, sigue magnífico en su papel, como ya lo estuviera en la anterior trilogía cinematográfica. Espero que nos dure mucho tiempo, francamente; no es sólo la presencia que tiene en pantalla. Aquí podemos verle en un papel muy exigido física y emocionalmente hablando, y a pesar de su edad y problemas de salud se desenvuelve fácilmente en cualquier entorno, pasando de una emoción a otra sin el menor atisbo de dificultad.

Luke Evans
logra un reflejo muy conseguido de Bardo, a pesar de que Jackson le impone una mayor carga de la que el personaje tenía en el libro de Tolkien. Logra hacer creíble su papel, a pesar de que en ocasiones, el director neozelandés se empeña en dotarle de poderes para violar las leyes de la Física que todos conocemos. “Espectacular” la forma en que mata al dragón. Momento de palmada en la frente o de “mátame camión”. Lo que viene a denominarse, en argot fantástico, una “pejotada”.

El Hobbit: La Batalla de los Cinco Ejércitos

El regreso de Bilbo a la Comarca es muy parecido al del libro, con la subasta y los Sacovilla-Bolsón robándole las cucharas de plata. El final nos vuelve a reconciliar con las emociones y valores que transmite Tolkien, y Jackson aquí no se atreve a mostrar nada de su propia cosecha, consciente de transitar por un terreno pantanoso.

Podréis ver el momento en que Gandalf, Galadriel, Elrond, Saruman y Radagast arrojan al Nigromante (Sauron) de Dol Guldur; una escena que prometía ser espectacular, mítica, épica, y todos los adjetivos calificativos que se os puedan ocurrir. Magia en estado puro. Pues bien, precisamente esta escena –aunque repleta de magia- es la que os comentaba que olía demasiado a los años sesenta con mescalina. Como si el Jackson de los tiempos de serie B se hubiera colado en el set de rodaje y en postproducción -con estética de videojuego incluida y un Sauron como personaje de fin de nivel- y no recordara bien lo que hacía en su época iniciática. Quien la vea que juzgue por sí mismo, como es costumbre aquí sólo doy mi opinión, y cada espectador tiene la suya.

Mi impresión general de “El Hobbit: la Batalla de los Cinco Ejércitos” es que Jackson se ha desatado, sin nadie que le susurre al oído que es mortal y falible, y que ha querido darle un toque demasiado personal al cierre de la trilogía y a su relación con Tolkien. Y le ha salido el tiro por la culata, poniendo a prueba no sólo la paciencia de los fans de El profesor, sino también la de los espectadores, en general, con una película descuidada, excesiva y con evidente falta de tono narrativo.

Al tiempo, se ha empeñado en cerrar su ciclo con personajes icónicos metidos con calzador, con escenas para reivindicarlos que resultan fuera de lugar y hasta molestas; con momentos cómicos o trágicos sin músculo que no llegan al espectador, ni siquiera se quedan cerca de él. Aunque repito, la historia de amor de Fili y Tauriel aquí tiene sentido y hasta valoriza la película –que yo diga esto ahora tiene delito.

El Hobbit: La Batalla de los Cinco Ejércitos

No sé si habrá extendida que cambie este desastre –siempre en mi opinión, no me fustiguéis si veis la película y os entusiasma, que todo puede ser- pero si siempre me ha parecido que estrenar una película “a medio terminar” es un timo, en esta ocasión puede ser más cierto que nunca.

El pase de prensa lo vimos en 3D normal, y la espectacularidad de algunas escenas roza lo magnífico. En otras, las menos, podían apreciarse texturas demasiado planas y un exceso de claridad que denotaba a veces falsedad en los fondos y modelados. Algunas escenas mareaban al ojo, sobre todo debido a la costumbre que Jackson tiene por incluir desplazamientos largos y bruscos del punto focal de la cámara, con lo que uno puede terminar con una sensación de vértigo y náusea bastante agudos. Esto me ocurrió en muy pocas ocasiones, pero si hay alguien especialmente sensible entre el público, le recomiendo tener cuidado y dirigir la mirada –sobre todo en el caso de giros en espiral- hacia el centro de la acción.

El vestuario es tremendo, como en otras ocasiones, y los paramentos de los personajes muy conseguidos… también marca de la casa, hay que reconocerlo. Los escenarios naturales y CGI son apabullantes, como es habitual, aunque la forma en que los personajes interactúan con ellos a veces son muy decepcionantes (“como mantequilla sobre demasiado pan”, que diría Bilbo, se notan modificados para caber en ellos y las escalas son mareantes y variables). La banda sonora de Shore está en su línea, con armonías y sonidos ya familiares, aunque algo alejadas de la espectacularidad de la trilogía anterior.

El Hobbit: La Batalla de los Cinco Ejércitos

¿No merece una entrada de cine? Depende… a los fans de algo concreto nos cuesta mucho no cerrar círculos, no comprobar por nosotros mismos lo mala que es una película, y luego poder discutir sobre ella hasta la extenuación. Así que imagino que casi todos iréis a verla. Como digo, tiene cosas buenas, pero lo estrafalario, lo excesivo, lo inadecuado y lo absurdo es tan abrumador, que esta producción está bien como parodia de la novela original de Tolkien. Pero en mi opinión, no como adaptación ni como película que podamos tomarnos en serio. Iré a verla al cine con los amigos, para discutir sobre ella e intercambiar pareceres –y seguramente, chistes-…

Hubiera deseado incluir aquí spoilers y chanzas varias. Me he contentado con unas pocas –no troncales, para no destripar nada-, esperando que descubráis el resto por vosotros mismos. Como digo, me pasé la película con palmadas en la cara y susurrando “Madre mía” repetidas veces. Y no soy ningún talibán en cuanto a adaptaciones se refiere. Simplemente, por hachazos varios a la coherencia interna que cualquier película debería tener. Por respeto a la suspensión de realidad imprescindible para que el espectador se crea lo que le muestran. Espero sinceramente, que a alguien le guste y mi opinión le parezca excesiva…

Uno siempre puede quedarse con los momentos memorables y olvidar el resto. O con el libro de Tolkien…

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