|
|
Jitanjáfora, de Sergio Parra |
|
|
|
|
|
Se trata de una lectura amena, divertida e inquietante: una ucronía salvaje donde lo fantástico no radica en las discrepancias con la realidad conocida sino en sus concordancias. |
|
Con un lenguaje mordaz y lúcido, Sergio Parra nos muestra una ucronía salvaje donde lo fantástico no radica en las discrepancias con la realidad conocida sino en sus concordancias, encubiertas, eso si, tras los largos y sesudos diálogos entre sus personajes principales.
No podría haberse elegido mejor ilustrador para Jitanjáfora (Grupo AJEC) que Alejandro Terán, pues su particular maestría casa a la perfección con el espíritu de la novela, tanto es así que, tras haberla leído veo que el hiperrealismo inquietante de la imagen de portada es tan sólo un anticipo fiel de unas líneas brillantemente escritas que me hicieron creer que estaba ante una realidad tan solo trastocada ligeramente pero con cruel acierto.
Sergio Parra, nacido en Barcelona en 1978, con varias novelas publicadas tras de sí y no pocos premios acumulados a lo largo de su carrera de escritor, se describe a sí mismo como “un juntaletras con ínfulas”. Lo cierto es que no me hizo falta mucho para que su carácter jactancioso se me hiciera patente tras unas pocas líneas leídas pero es insuficiente para despojarle de todo su mérito, tanto su imaginación creativa como su uso del tiempo y del ritmo narrativo le hacen merecedor de todos esos premios que ya tiene, y que de seguro le irán viniendo.
Para leer “Jitanjáfora” necesité tiempo, ponerle mucha atención y un diccionario cerca, pues esas palabras enrevesadas de Sergio Parra necesitan ser entendidas para poder degustar la historia, la trama (con sorpresas) y la erótica de las frases brillantemente elaboradas.
Unas frases que si bien me sedujeron con sus eufonías al igual que las jitanjáforas, no carecen de contenido sino que precisamente con su significado fueron abriéndome los ojos a una historia, que a pesar de su temática fantástica me hicieron más consciente de nuestro mundo “real” ya que los soliloquios de sus personajes, disfrazados de diálogos, me hacían entender sus motivaciones si, pero también me hacían recapacitar sobre las mías.
La narración no es completamente lineal pues el autor se vale de recuerdos del personaje principal para dar saltos temporales que si bien rompen el ritmo narrativo son precisamente en estos pasajes que la historia se ve enriquecida al aportar mayor peso al carácter de sus personajes. En otras pocas ocasiones los cambios en el tiempo físico situaban la acción lejos con respecto a la trama principal o al menos eso parecía en un principio, fue necesario pasar la última página para poder ver, desde la distancia, que Sergio Parra había ido dejando pistas aquí y allá de forma casual pero acertada, haciendo que el sorprendente desenlace sea el único lógico, posible y plausible.
La historia se narra principalmente a través de los ojos, sentimientos y pensamientos de su personaje central: Conrado Marchale, cuyo estado natural conocido era estar “siempre con todos los sentidos secuestrados por la felicidad inyectable” y es precisamente en su intento desesperado por zafarse de su patética prisión, cansado de las terapias psiquiátricas, que comienza a tomar decisiones que a pesar de su aparente trivialidad le llevarán a embarcarse en una aventura que hará que sus necesidades, antes tenidas como básicas, se vuelan secundarias hasta desaparecer del todo.
Y es que Conrado Marchale consigue entrar en una Escuela de Magia.
Esta frase es peligrosa e induce fácilmente al engaño, pues evoca erróneamente la imagen de un niño con gafas y una cicatriz en la frente a punto de coger un tren a vapor en un andén de número fraccionado. Sería estúpido obviar el parecido con las novelas de Harry Potter, pero las pocas concordancias que existen entre ambas historias sirven precisamente para distanciarlas aún más.
Espoleado por la máxima “Los locos abren los caminos que más tarde seguirán los sabios”, Conrado se ve formando parte de una cofradía de hechiceros que amparados en el extraño y contradictorio axioma “La magia no existe”, le harán testigo de proezas que difícilmente podrían explicarse siguiendo ese particular precepto. Más aún teniendo en cuenta que se le hace entrega de una varita, que asiste a clases de mejora mnemotécnica para recitar hechizos y que le hacen preparar pociones para dominar la mente y el cuerpo, tanto propios como ajenos.
Pero Conrado Marchale no es el único personaje de la obra; con el mismo destino que Conrado me topé, muy al principio de la historia, con Adolfo Figueredo, quien también sufría por su personalidad dependiente pero a sustancias disímiles basadas en el hidrato de carbono y con obsesiones más literarias pero con el mismo estatus de marginado social.
Ya en la Escuela de Magia fui testigo del re-despertar sexual de Conrado personificándose todas sus ansías físicas y anhelos espirituales en la persona de Umami, cuya “monstruosidad” oculta me mantuvo en vilo durante muchas páginas.
La historia me fue atrapando a medida que fui conociendo más de Conrado y a medida que éste conocía más de la Escuela de Magia más me intrigaba el desenlace de la obra, pues en cierto punto de la novela, Conrado vuelve a tomar contacto con el mundo “real” fuera de los muros de la magia y pondera en la balanza su vida anterior, la actual y la futura.
Mientras participaba de las dudas de Conrado me di cuenta que el verdadero peso de toda la historia se veía sujeta por las cuestiones filosóficas irresolutas, llegó un punto que ya poco me importaba qué ocurría en novela interesándome cada vez más por lo que se “decía” en ella.
Lo que me pareció sorprendente teniendo en cuenta la temática de la novela.
Resumiendo: a pesar del uso continuado del diccionario, sobre todo en el primer cuarto de la obra, se trata de una lectura amena, entretenida, a ratos divertida y a ratos inquietante, me consideraría un orate si no contara “Jitanjáfora” entre mis libros recomendados, ha sido todo un descubrimiento.
ENLACES
Web de Sergio Parra
Web de Alejandro Terán
CURIOSIDADES
Se denomina "jitanjáfora" a una composición poética constituida por palabras o expresiones que en su mayor parte de las veces son inventadas y carecen de significado en sí mismas, cuya función poética radica en sus valores fónicos, que pueden cobrar sentido en relación con el texto en su conjunto. (WIKIPEDIA)
|
|
|
Página 1 de 1
|
|
|
 |
|
|
Version imprimible
·
Recomendar a un amigo |
|
 |
|
|
|
 |
|
No se permite la reproducción íntegra de este artículo. Para reproducciones parciales o citas, consultar el apartado de NOTAS LEGALES
|
|
|
|
 |
 |
 |
 |
 |
|
|
|
|
 |
|