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Rebelión en la Granja


 Literatura juvenil
Alejandro Serrano   06/05/2005
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     Rebelión en la Granja no solamente es el ejemplo arquetípico de una revolución traicionada por sus instigadores
No es posible analizar una obra sin glosar las vivencias y actitudes ante la vida de su autor, ya que cada uno de los resortes que mueve su mente están influenciados por éstas, y los libros y colaboraciones periodísticas de Orwell son en gran parte frutos de sus experiencias vitales, a menudo apasionadas. Es en 1903 cuando nace Eric Arthur Blair, más conocido por su pseudónimo George Orwell, en la localidad de Motihari, India.
Estudió en el Eton College gracias a una beca y sirvió en la Policía Imperial 5 años, periodo que pasó en Birmania, en los engranajes de un régimen opresor, hecho que marcaría sus posiciones políticas posteriores. Cuando cesó su servicio en la Policía Imperial, había adquirido para toda la vida no sólo un odio al imperialismo, sino también una profunda percepción de la psicología del opresor que desarrolla en muchas de sus obras, y que le valió su merecida fama como perseguidor de los regímenes totalitarios. Después de esta experiencia, pasó varios años sobreviviendo primero en París y luego en Londres casi en la mendicidad; Sin blanca en París y Londres (1933), donde relata las sórdidas condiciones de vida de las gentes sin hogar, es el resultado literario de esos años.

Su siguiente obra, Días en Birmania (1934), un feroz ataque contra el imperialismo, es también, en gran medida, una obra autobiográfica. En 1935 publica su siguiente novela, La hija del reverendo , donde cuenta la historia de una solterona infeliz que encuentra de manera breve su liberación viviendo entre los campesinos.

El siguiente año es quizá uno de los más importantes en la vida de Orwell, ya que llega a España para luchar en la Guerra Civil Española, como muchos intelectuales de izquierda europeos, para frenar el totalitarismo que emergía en nuestro país. El fruto de sus traumáticas experiencias en este conflicto bélico, sirviendo en las milicias anarquistas del POUM, es su novela Homenaje a Cataluña (1938), uno de los relatos más conmovedores escritos sobre la Guerra Civil, y en el que hace responsable al Partido Comunista y a la Unión Soviética de la destrucción del anarquismo español que supuso el auge de la Falange Española. El camino a Wigan Pier (1937), escrita en esta misma época, es una crónica desgarradora sobre la vida de los mineros sin trabajo en el norte de Inglaterra. Ya en 1945 edita Rebelión en la granja, y en 1949 la que muchos consideramos su obra cumbre, 1984.

Cabe citar entre otros escritos la novela Que vuele la aspidistra (1936) y Disparando al elefante y otros ensayos (1950), ambas consideradas modelos de prosa descriptiva, y Así fueron las alegrías (1953), un recuerdo de sus difíciles años de estudiante. En 1968 se publicaron en cuatro volúmenes sus Ensayos completos: Periodismo y Cartas. Durante la Segunda Guerra Mundial fue miembro de la Home Guard y colaboró en la BBC y en el periódico Tribune.

Orwell murió de tuberculosis en enero de 1950, dejando tras de sí un profundo escepticismo por las marañas políticas y sus engranajes, y un profundo descontento con las estructuras de poder y sus vicios. Sus dos obras cumbre, Rebelión en la granja y 1984, son ejemplarizantes en ese sentido. En ellas realiza una feroz crítica sobre la corrupción espiritual que apareja la consecución de todo poder, y de cómo las clases dirigentes a menudo esclavizan los grandes ideales humanos y los ponen al servicio de sus oscuros intereses, mediante el uso del control de la opinión pública a través de los medios y la represión solapada de los críticos al sistema.

Para entender Rebelión en la granja, es necesario aclarar también la situación política mundial en el momento en que se escribió, así como el ideario político de Orwell. Según el propio escritor confesaba, la idea central de la novela comenzó a perfilarse hacia 1937, aunque no la finalizaría hasta finales de 1943. Era época de grandes convulsiones políticas, en gran medida debidas a la segunda gran confrontación mundial, en la que el Tercer Reich y la Italia fascista de Mussolini fueron vencidos por una coalición de países, entre los cuales se encontraban alineadas Gran Bretaña y la Unión Soviética de Stalin. La diferencia entre ambos regímenes políticos era manifiestamente enorme, por tratarse el primer país de una monarquía constitucional y el segundo de una dictadura ya consolidada por decenios de represión, pero ambos eran aliados contra un enemigo común: Hitler. No era pues momento de disensiones entre aliados, por lo que el gobierno de Gran Bretaña impuso una censura tácita tanto en medios de prensa como editoriales, con el objetivo de evitar que autor alguno publicase escritos o libros demasiado críticos con el régimen del Kremlin. A Orwell le repugnaba esta labor del Ministerio de Información inglés, que aunque no usaba métodos represivos explícitos ni encarcelaba a opositores, sí presionaba a editores y directores de periódico, consiguiendo que cualquier documento crítico en ese sentido fuese retirado casi inmediatamente. Irónicamente, esto no era utilizado para actuar contra los propios opositores, con lo que se daba el sin sentido de que alguien podía criticar abiertamente al gobierno inglés, pero no podía emitir ningún tipo de crítica contra el gobierno soviético. En estas circunstancias especiales tuvo que editar Orwell Rebelión en la granja, tarea ardua y difícil, ya que en ella se criticaba y hasta ridiculizaba abiertamente la Revolución Bolquevique y explícitamente al propio Stalin. Se daba la curiosa situación de que, cuando presentaba su novela a un potencial editor, la reacción casi siempre era la misma: éste encomiaba la capacidad literaria de Orwell, pero se veía incapaz de publicarla por las especiales circunstancias políticas.

Finalmente, fue editado por primera vez por Secker & Wlburg en agosto de 1945, recién finalizada la Segunda Guerra Mundial.
Rebelión en la Granja no solamente es el ejemplo arquetípico de una revolución traicionada por sus instigadores, sino que es el vivo reflejo de la visión de Orwell sobre la Revolución Bolquevique que tuvo lugar en 1914 en la Rusia de los zares. Aquí, el gobierno absolutista del Zar (Jones), es derrocado tras una violenta revuelta, aprovechando el momento más débil de éste, justo cuando la granja estaba peor organizada y cuidada, durante la borrachera de la noche de San Juan. Esta revuelta, fue provocada por las durísimas situaciones en las que vivían los animales bajo el yugo de un humano ruin, y encabezada en un principio por los dos cerdos de superior intelecto de la Granja Manor, Snowball y Napoleón.

Estos dos cerdos representan a Stalin (Napoleón) y a Trotsky (Snowball). En un comienzo son aliados, pero después de la derrota de Jones, y el establecimiento del gobierno de los animales, ambos comienzan a separarse ideológicamente, hasta convertirse en dos polos opuestos.
Si uno propone una idea, cabe esperar que el otro se ponga en su contra. De los dos, el más idealista, emprendedor, y en general, de mayor capacidad, era Snowball, quien se embarcó en un sin fin de actividades e iniciativas, entre ellas la del Molino de Viento, que según explicó, daría a los animales electricidad con la que iluminar los pesebres y hacer trabajar máquinas para descanso de éstos. Sin embargo, Napoleón era de una pasta diametralmente diferente. No solamente no era emprendedor, sino como se vio luego, tremendamente vengativo y cruel. No solamente era contrario a la igualdad de los animales, sino que posteriormente ejerció como tirano de éstos, aunque al principio de forma soterrada. Exactamente igual fue la relación de Stalin y Trotsky. En un principio aliados, pronto se separaron de forma ideológica, y al igual que en Rebelión en la Granja, Stalin se hizo de facto con el poder y comenzó a reprimir de forma violenta a sus opositores, hasta convertir a Rusia en un vasto campo de concentración, donde todo disidente era ajusticiado o enviado a Siberia.
Para entender la novela, es necesario considerar tanto las relaciones y los equilibrios de poder tanto en el interior de la granja como en el exterior. En el frente interior, Napoleón pronto se hace con su particular ejército (secuestra a unos cachorros de perro y les cría hasta convertirlos en sus sicarios) y expulsa a Snowball, que a partir de entonces se convierte en el Enemigo Público Número Uno. Poco a poco comienza a quitarles la libertad al resto de sus animales hasta hacer de su vida exactamente lo mismo que hizo Stalin. El primer acto contrario al Animalismo por parte de Napoleón es quizá simbólico, pero por su prontitud, ilustra hasta qué punto era traidora la actitud de Napoleón. Es el momento en que ordeñan a las vacas y decide guardarla para su consumo personal y el de sus camaradas cerdos. Eso denota sus planes futuros de convertir a esta raza de animales en la "superior" de la granja, subyugando al resto. Los cerdos pronto comienzan a copar los puestos dirigentes, escudados en su mayor inteligencia y capacidad para el ordenamiento de las labores de la granja, convirtiéndose en los supervisores del trabajo de los demás animales, aleccionándoles en lo que está bien y lo que está mal.

El poder de Napoleón se basaba en varios ejes fundamentales. Por un lado, los animales tenían fresco en el recuerdo los tiempos de Jones, y consideraban que cualquier sacrificio era poco para asegurarse que éste y sus braceros no volvieran a pisar la granja. Napoleón y su portavoz Squealer conocían esto perfectamente, y cada vez que se encontraban con algo difícilmente justificable a los ojos del resto de animales, lo explicaban asegurando que en caso de que hicieran lo contrario a lo que se les decía, sin duda Jones volvería. El miedo a la vuelta a un pasado horrorosamente represor les hacía aguantar cualquier penuria, por grande que ésta fuese. Por otro lado, salvo los cerdos y en menor medida los caballos y el burro, ninguno de los animales tenía demasiada capacidad de raciocinio, y normalmente aceptaban cualquier directriz sin demasiada resistencia. De esta forma los cerdos filtraban toda información procedente del exterior de la granja, de forma que solamente llegaba al resto de animales aquello que convenía a los intereses de Napoleón. Por otro lado, de la misma forma en que ciertos gobernantes azuzan a las masas para acallar las voces críticas, Napoleón usaba a los rebaños de ovejas, que apenas podían aprender las consignas, para que cantaran en momentos considerados críticos, ahogando cualquier voz en medio del tumulto general.
Incluso los planes de Snowball de construir un molino de viento para producir electricidad son utilizados por Napoleón para granjearse la admiración del resto de animales. Nada más expulsar a Snowball, asegura al resto de animales que en realidad, los planos del molino fueron hechos por él, y comienza a difamar la figura del adversario político expulsado modificando la historia, convirtiéndole primero en un cobarde (supuestamente por no haber luchado de manera suficientemente valiente en la Batalla del Establo de las Vacas) y más tarde en un traidor, implicándole en un supuesto plan de Jones para recuperar la granja. La manipulación de la historia y de la información es una constante en el gobierno de Napoleón, y la forma más segura de controlar a los animales. No solamente se contenta con cambiar el presente, sino que además controla el pasado y se construye uno a medida, en el que él es aupado a la posición de "Líder" y Libertador de los Oprimidos, al más puro estilo de gobierno absolutista.

Poco tiempo después de llegar al poder, abole las Asambleas semanales, donde todos los animales democráticamente discutían los asuntos de la granja, y se decanta por un sistema de gobierno absoluto, donde él propone y decide. También se manipula la verdad. Uno de los más claros ejemplos es el momento semanal en el que Squealer, el portavoz gubernamental, lee al resto de animales cifras de producción manifiestamente exageradas, en un claro paralelismo con 1984, la obra cumbre de Orwell. Esta es una forma evidente de manipulación de la información; los animales son informados en base a cifras abultadas de producción, de forma que se sienten orgullosos de los supuestos logros del sistema de explotación de su granja, mientras no ven otros problemas quizá en principio más evidentes, como la falta de libertades y el hambre cada vez más acuciante. Otro de los evidentes paralelismos con 1984, es la manipulación del pasado. En esta otra novela de Orwell, el Ministerio de Información se dedicaba a retocar ediciones de periódicos antiguos de forma que cuadraran con datos presentes ofrecidos por el gobierno; tanto si había que justificar cifras de producción como señalar a traidores, se modificaban ediciones anteriores para esgrimirlas como pruebas definitorias; en Rebelión en la granja el único documento escrito que existe es el muro donde están impresos los siete mandamientos que en un principio se pintan ahí para señalar los principios del Animalismo. Aquí ocurre exactamente lo mismo, Napoleón modifica este texto escrito cada vez que ha de justificar actos cometidos contrarios al espíritu del Animalismo, transformando el pasado para adecuarlo al presente.

Así mismo, si en 1984 era Rutherford el Enemigo del Estado, a quien se achacaban todos los males, en Rebelión en la granja es Snowball la figura a la que se recurre cuando todo va mal: se le responsabiliza de todo hecho nefasto, desde la destrucción del molino, hasta el volcado de cubos de leche, roturas de huevos, de pisotear los semilleros, de roer la corteza de árboles frutales... es esta una catarsis que se le ofrece al animal cuando las cosas van mal; se desahoga con el enemigo exterior, de forma que no se preocupa de censurar al gobierno, que es el auténtico responsable de las penalidades que sufre.

El objetivo final de Napoleón y de su corte de cerdos era sencillo: suplantar a los seres humanos en el gobierno de Granja Animal. Para ello, no solo aplastaron a los disidentes y manipularon la información, controlando el pasado y el presente, sino que también decidieron poner los cimientos del futuro de forma que pudieran asegurarse de forma inequívoca la lealtad incondicional y eterna del resto de los animales. Para conseguir esto, debían enterrar los viejos ideales de libertad e igualdad. Comprendían perfectamente que el mantenimiento de las reglas de juego derivado de la Revolución Animal solo provocaría que a la larga ellos también fuesen depuestos de sus elevadas posiciones, ya que la máxima aspiración de este movimiento era la total emancipación de los animales de sus yugos, cualesquiera que estos fueran. Para conseguir eso, el primer paso era convertir la granja en una República, cuyo máximo mandatario fuera un Presidente, en este caso Napoleón. Sin embargo, esta República sólo tenía de eso el nombre. En realidad era un sistema absolutista basado en la figura monolítica de Napoleón, rey absoluto de Granja Animal, que disponía de la vida y la muerte de todos y cada uno de sus súdbitos. Va quitando progresivamente, a través de años y años de esterilización de ideales y derechos, cualquier atisbo de libertad, hasta convertir a los animales en simples braceros.

El final de la novela proporciona un excepcional resumen de los últimos planes de Napoleón: gracias a la corta vida y memoria de los animales de granja, ninguno de ellos conservará memoria alguna de los primeros hechos de los tiempos de Jones, ni de la revuelta ni de los primeros ideales de igualdad y fraternidad, y las generaciones se sucederán una tras otra, y cada una de ellas, en su nacimiento, tomará por lógica la situación de poder de la granja, y asumirá de forma natural que los cerdos sean los amos naturales del resto de animales, así como los humanos lo son en las granjas vecinas, de manera que jamás soñarán siquiera con amotinarse. En ese momento, los planes de Napoleón serán completados. La novela termina justo en el momento en que estos planes últimos están por completarse.

En la última escena, varios animales, que aún conservan cierta memoria del pasado revolucionario, contemplan cómo los cerdos y los humanos les traicionan de forma completa, en medio de una celebración por el restablecimiento de relaciones entre Granja Animal y varias granjas vecinas, y cómo llega un momento en que no son capaces de distinguir entre los seres humanos y los cerdos que están a su lado, que fuman, beben y se sientan a la mesa con ellos.

La clave de la novela no solo pasa por analizar los progresos de Napoleón en sus esfuerzos por controlar a todos los demás animales, sino que también hemos de poner nuestra atención en los cambios producidos en la relación de Granja Animal con el resto de granjas vecinas. En un principio, esta relación es de franca animosidad, ya que sus vecinos ven en Granja Animal un peligro evidente, ya que los animales de sus propias granjas podrían seguir su ejemplo y amotinarse contra sus amos. Eso sin duda justifica los intentos por reconquistar la granja que hacen los humanos. Cuando comprenden que no es posible tomar Granja Animal contra la voluntad de sus habitantes, deciden observar y esperar el momento en que se declare en quiebra, ya que consideran inviable el método de explotación que sigue la granja.
Pero cuando esto no solo ocurre, sino que la granja comienza a ganar en prosperidad, se dan cuenta de las oportunidades financieras que supone la situación, y comienzan a establecer lazos comerciales con sus gobernantes. Después de ciertos momentos de suspicacia y rencores, se establece una relación cordial entre los humanos y los cerdos, que lleva a éstos últimos desear la posición que los primeros tienen en sus respectivas granjas. Por último, hasta los humanos se dan cuenta de las ventajas que ofrecen los métodos de Granja Animal: sus animales consumen menos y trabajan más que los de sus propias granjas.
Esta situación nos ofrece un paralelismo bastante evidente en la relación que mantuvieron la URSS y sus aliados en la Segunda Guerra Mundial, entre los que cabe citar Francia y Gran Bretaña. En los comienzos de la Revolución Bolchevique, las potencias occidentales veían en la URSS y sus métodos de gobierno e ideales un evidente peligro para sus democracias; también consideraron, como los humanos con Granja Animal, que la economía de la URSS pronto se colapsaría, ya que un gobierno basado en la equidad de derechos y en la copropiedad les llevaría a la ruina. Pero no fue así, ya que al igual que Napoleón en Rebelión en la granja, que cuando llegaban los humanos llenaba los pesebres con arena para dar la impresión de que los animales comían más que nunca, los rusos ofrecían al exterior una imagen de prosperidad que impresionaba al resto de países. Y cuando estalló la Segunda Guerra Mundial y se convirtieron en aliados, se olvidaron de sus anteriores rencillas. En el caso de Rebelión en la granja, no fue la guerra lo que les unió, sino la posiblidad de negocio que Granja Animal proporcionaba a sus vecinos, y las relaciones cordiales establecidas por los cerdos, que llegan al extremo en su traición a los ideales primigenios del Animalismo, convirtiéndose en animales humanizados en cuanto a sus costumbres. Asimismo, también se compara a los animales de la granja con el pueblo ruso, orgulloso de sus "logros" revolucionarios, pese a la penosa situación de privaciones que atraviesan, consolándose pese a que en realidad su vida es aún peor que en tiempos de los zares.

Es esta la crónica de una revolución traicionada, de largos años de lucha y sacrificio en vano en pos de unos ideales utilizados y tergiversados, de cómo la libertad de expresión y denuncia pueden transformarse en el más claro exponente del derecho humano. Orwell, a través de una prosa sencilla, nos muestra hasta dónde pueden llegar las clases dirigentes cuando gozan de un poder absoluto, y nos emplaza a controlar a nuestros propios políticos, procurando no bajar la guardia ante cualquier atisbo de utilización abusiva del poder, conservando siempre fresco el espíritu de la democracia.

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