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Diamante de Sangre
Alejandro Serrano   05/03/2007 ( 10228 lecturas) Escribir Comentario
     “Diamante de Sangre” no solo es una película de contenido social, sino que también está muy bien realizada e interpretada.

Título Original: Blood Diamond.
Año: 2006.
Nacionalidad: EE.UU.
Director: Edward Zwick
Reparto: Leonardo DiCaprio, Djimon Hounsou, Jennifer Connelly, Michael Sheen, Arnold Vosloo, David Harewood, Basil Wallace, Anthony Coleman, Ntare Mwine.

Escena de Diamante de SangreEl expolio de territorios por parte de los poderosos ha sido una constante en la historia humana. La lucha por los recursos básicos o de lujo se convierte en muchas ocasiones en causa de guerras abiertas o encubiertas. Actualmente, aunque el petróleo es el protagonista casi indiscutible de la política internacional, y causante de la mayoría de los conflictos bélicos que asolan al mundo, la codicia en el comercio de productos de lujo es también responsable de la ruina de millones de personas.

En África, sin duda el continente que concentra la mayor parte de recursos naturales del mundo en cuanto a variedad, la vida de sus habitantes se encuentra condicionada por la política, los conflictos armados y la corrupción. Los desalmados gobiernos de los distintos países y las aún más brutales guerrillas que en ocasiones surgen para derrocar a los primeros, impiden el progreso de los africanos, por no hablar de la intervención directa o solapada de los países occidentales, deseosos de poseer las riquezas que guarda el suelo africano.

Si bien para algunos países del llamado Continente Negro la explotación de sus recursos ha significado una vía de progreso, para la mayoría ha supuesto un desastre aún peor que la escasez. En Sierra Leona, Angola, la República Democrática del Congo y Costa de Marfil, entre otros, el comercio de diamantes ha ayudado al soporte financiero de las guerrillas y a la prolongación de las guerras que mantienen con los diferentes gobiernos africanos. Pero los diamantes no solo han alentado movimientos alternativos violentos, sino la guerra fría entre los distintos países, conflictos no declarados por el control político y militar. En ocasiones algunos países apoyan a las guerrillas enfrentadas con sus vecinos, a cambio de concesiones mineras en las distintas fronteras.

Escena de Diamante de SangreLas guerrillas financiadas por los diamantes “de conflicto”, utilizan todos los medios a su alcance para conseguir el control sobre la población civil, auténtica cantera de esclavos para las minas de diamantes: realizan frecuentes redadas por los pueblos, secuestrando a los niños, que se convertirán en futuros soldados, y a los hombres fuertes, que extraerán los diamantes. Las matanzas y mutilaciones son constantes, y la droga es un vehículo ideal para mantener fiel al soldado. Los diamantes perpetúan su posición de fuerza y el hostigamiento de la población civil, la corrupción estatal y la compra de armas, un círculo vicioso mortal para África.

¿Dónde terminan estos diamantes? La respuesta es evidente, en el mercado de los países ricos, donde entran gracias a las insuficientes medidas de control. Una vez dentro, se venden sin problemas, pese a ser la causa de la muerte de millones de personas cada año. Actualmente, no existe un sistema de certificación válido que garantice que los diamantes que entran en el “Primer Mundo” no provienen de situaciones de conflicto, desde el Consejo Superior del Diamante hasta las joyerías. En la ciudad belga de Amberes se procesan y comercializan dos de cada tres diamantes en el mundo, donde se reciben en estado bruto, muchas veces sin que nadie se pregunte su origen. La Cruz Roja, Intermón Oxfam, Naciones Unidas y varios grupos de apoyo a la población han intentado por todos los medios frenar la situación. Y tras años de esfuerzos, se consiguió en el año 2.000 la prohibición mediante el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas de la importación ilegal de diamantes de Sierra Leona, pero la guerrilla del FRU elude este embargo gracias a su comercio de armas con Liberia, uno de los mayores exportadores de diamantes del mundo. El Proceso Kimberley fue creado para intentar controlar el comercio de diamantes, y agrupa a varios países en teoría comprometidos a ello.

Se calcula que el comercio de diamantes proporciona unos beneficios de más de 50.000 millones de dólares anuales, y el 10% de esa suma sirve para prolongar las guerras en África. El gigante De Beers controla el 75% del comercio mundial de diamantes, y se ha comprometido a no comprar piedras “de sangre”, clausurando varias oficinas de compra en algunos países africanos.

Escena de Diamante de SangrePrecisamente este es el argumento de Diamante de Sangre, película dirigida por Edward Zwick (El Último Samurái, Yo soy Sam, Traffic, Shakespeare enamorado) y protagonizada por Leonardo DiCaprio, Jennifer Connelly y Djimon Hounsou. La acción se sitúa precisamente en los años 90 en Sierra Leona, en pleno conflicto del gobierno con la guerrilla del FRU. Danny Archer (Leonardo DiCaprio) es un ex-mercenario de Zimbabwe (antigua Rhodesia), con amplios contactos en el negocio de los diamantes de sangre, que se dedica a traficar con ellos por todos los medios a su alcance y conoce a los principales actores de la tragicomedia que supone la exportación ilegal de piedras preciosas. Solomon Vandy (Djimon Hounsou) es un humilde pescador de la etnia mende que ve como su pueblo es atacado por la guerrilla. Él y su hijo son secuestrados: Solomon trabajará en las minas mientras que su pequeño hijo será soldado del FRU. Un día, encuentra un enorme diamante rosa, y decide guardárselo para sí mismo. El capataz de la mina, un brutal militar jefe de la milicia, le descubre, pero el campamento es atacado por las fuerzas gubernamentales y Solomon consigue escapar, tras esconder el botín. Sin embargo, no sabe ni donde está su hijo, ni su mujer ni su bebé, y comienza desesperadamente a buscarles.

Archer, deseoso de salir de una vez de África, se entera de la existencia del diamante, y comienza a acosar a Solomon para que le revele el paradero de la gema. Este último, consciente de lo desesperado de su situación, acepta la ayuda del traficante para encontrar a su familia, a cambio del gran diamante rosa. Entre ambos, aparecerá la periodista estadounidense Maddy Bowen (Jennifer Connelly), que trata por todos los medios de destapar las conexiones del tráfico local de diamantes con las grandes compañías del Primer Mundo y ayudará a ambos en su búsqueda a pesar de sus reparos.

La película ha levantado una gran polvareda entre la industria mundial de los diamantes, que vió en ella un peligroso impacto mediático directo en el consumidor occidental de diamantes. Cuando se supo que el proyecto de “Diamante de Sangre” era serio y que lo protagonizaría un actor tan conocido como DiCaprio, las principales compañías pusieron en marcha una campaña para “limpiar” a los ojos del consumidor final sus piedras preciosas, acusando a la película de fomentar el sensacionalismo y de aprovechar el drama para vender en taquilla.

Escena de Diamante de SangreLo cierto es que la película mueve a la reflexión, y logra introducir en el pensamiento del espectador la relación directa entre las millones de compras de diamantes que se hacen en los países desarrollados y los millones de muertes y mutilaciones que por su causa suceden en África. Más allá del idealismo exacerbado representado por la periodista estadounidense a la que da vida Jennifer Connelly, la codicia y sinceridad brutal del personaje de DiCaprio, y el punto de vista de un africano de a pie como el interpretado por Djimon Hounsou, la película consigue dar una visión de conjunto del problema y acusar directamente a las compañías del Primer Mundo del drama que se desarrolla en la trastienda africana.

En ocasiones, la trama parece dar demasiadas vueltas y entretenerse demasiado en secuencias duras de acción, pero precisamente esto da una idea de la tremenda red de relaciones que rigen el tráfico de piedras preciosas y seres humanos, y la confusión que provoca la guerra allá por donde campa a sus anchas. No es una producción de contenido preciso, sino que hace uso de la dura realidad para contar con veracidad y sinceridad que es lo que ocurre cuando la codicia está por encima de todo lo demás. No nos encontramos en una conferencia en las Naciones Unidas, durante una alocución con datos precisos y argumentos preparados de antemano, sino en el meollo de las cosas, donde el problema nace y una bala perdida puede mandarte al otro barrio. Y precisamente esta forma de contar la historia centra al espectador mucho más que cualquier reportaje sobre el tema, centrándole en las emociones pero a la vez en las causas y las consecuencias. Y como no, en los culpables. La película no tiene una moralina insinuada, sino que supone una bofetada directa al espectador.

Escena de Diamante de SangreSin embargo, “Diamante de Sangre” no solo es una película de contenido social, sino que también está muy bien realizada e interpretada. Quizá le sobre alguna secuencia “emotiva”, en especial las que forman parte de la relación entre el ex-mercenario y la periodista, pero en general no abusa de este tipo de situaciones. El director se hace entender de maravilla, gracias sobre todo al punto de vista de Solomon, y tira a los consumidores occidentales un buen tirón de orejas, sin dejar de descargar parte de la culpa sobre él.

La película en sí es un duelo entre tres puntos de vista sobre un mismo problema. Por una parte el egoísmo, la crueldad, el narcisismo y el cinismo de Archer representa a las compañías que adquieren los diamantes de sangre y forman parte de del engranaje de un sistema corrupto y asesino. Archer conoce el mundo tal y como es, un lugar horrible y despiadado. Su lema, “Esto es África” (EEA), resulta perfecto para explicar su relación ambivalente con su propia tierra, que por una parte ama y por otra odia por ser el escenario de tantas muertes y sacrificios inútiles. Su ansia de salir de este círculo vicioso de arrogancia, dinero y muerte le impulsa en la consecución del gran y valioso diamante, pero no le impiden ver la realidad. Por otra parte, la periodista Bowen es el idealismo exacerbado hecho carne. Conoce el problema, sabe también como es el mundo, pero al contrario de lo que sucede con Archer, ella aspira a una solución, cree y apuesta por ella, aún a pesar de que cada vez parece una empresa más desesperada. Suyo es el timón que dirige la voluntad de Archer hacia el arrepentimiento ocasional, aún a pesar de que su fortaleza no es equiparable a la de él. Pero si Bowen representa la conciencia más pura, el pescador Solomon es la consecuencia. En él se personifican los problemas de la sociedad africana y el impacto que la violencia tiene sobre la gente sencilla. Su franqueza, fortaleza y capacidad de sufrimiento y lucha hacen de él el vehículo perfecto para comprender el problema, y ayuda al espectador a entender finalmente las raíces del conflicto. Solomon representa al amor familiar, algo que incluso los espectadores occidentales que no sufrimos los problemas africanos podemos identificar como propio.

Escena de Diamante de SangreEl aspecto visual está muy cuidado y refuerza en todo momento al argumento, igual que ocurrió en su día con “Hijos de los Hombres”. A medias documental, a medias película de estudio, “Diamante de Sangre” es una producción que aspira a la sinceridad e intenta ejecutar un modo honesto de hacer cine, y lo consigue en buena parte. Las interpretaciones tienen el mismo sesgo que la película en sí, y ayudan a conseguir el impacto visual y social que sin duda tendrá en la audiencia. Inmenso DiCaprio en esta ocasión, al igual que Hounsou, aunque Connelly, como periodista comprometida, cojea un poco por ser tan condenadamente sensual, y parte de la responsabilidad hay que adjudicársela al director. En ocasiones da más la impresión de pasear palmito que de estar en plena investigación para un artículo de alto contenido social, lo que rebaja un poco su credidibilidad sin llegar a erosionarla del todo. Lo mejor de la película, las escenas de Hounsou con su hijo en pantalla. Por sí solas explican la situación, inmensas, de verdad.

Precisamente el estreno de la película coincide con la presidencia europea del Proceso Kimberley, lo que abre nuevas espectativas. Esperemos que la película logre conmover algunas conciencias, pero todos sabemos que donde hay dinero… Me quedo con dos frases de la película, pronunciadas por personajes muy secundarios pero importantes para el entendimiento de la situación: “las personas no son buenas ni malas, solo nuestros actos definen que somos”, y “Esperemos que no encuentren también petróleo”.


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