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Drakengard: historia de la saga


Chami Collado   30/06/2014
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     Nacida en PlayStation 2 y con una reciente entrega bajo el brazo, la saga Drakengard ha vuelto manteniendo todos sus elementos más importantes intactos. Repasamos la evolución de la saga.
Tras publicar el análisis de la tercera entrega hace unas semanas, en Fantasymundo ofrecemos ahora la posibilidad de descubrir cómo ha evolucionado esta saga tras más de diez años desde la aparición de su primera entrega.

Drakengard

Los comienzos de la saga se dieron en PlayStation 2 durante el 2003, cuando la consola de Sony ya estaba bien madura y había recibido grandes títulos. Drakengard pretendía seguir los pasos del género hack 'n slash multitudinario, similar a Dynasty Warriors, pero aportando la variante de los combates a dragón, como ya hizo Panzer Dragon. El título estaba publicado por Square Enix y fue desarrollado por Cavia, un estudio formado por miembros de Square, Namco y Sega, que fueron encargados de otros juegos como Ghost in the Shell: Stand Alone Complex, Resident Evil: Dead Aim, o posteriormente Nier. El sello de SE daba confianza, pero por desgracia, Drakengard no nos daba toda la calidad que otros juegos del momento podían dar. Sin salir de la casa Square Enx, Final Fantasy X ya nos había dejado boquiabiertos a muchos.

La historia nos narraba una guerra entre dos potencias: la Alianza y el Imperio. Ambos libraban una guerra por el control de la Diosa de los Sellos, un ser que mantiene la armonía en el mundo. Las fuerzas del Imperio crecían poco a poco, dirigiéndose a la fortaleza donde se encontraba dicha Diosa. Nosotros controlábamos al príncipe destronado Caim, miembro de la Alianza y por lo tanto, encargado de acabar con el Imperio. Pero Caim no estaba solo, ya que un dragón con el que hizo un pacto de sangre ayudaba a este héroe a luchar por su causa.

Drakengard 2

Su jugabilidad, a pesar de combinar combates a pie y a dragón, era bastante sencilla. Las fases a pie se limitaban a recorrer grandes escenarios planos y monótonos en busca de enemigos. Ya fuera con armas o con magia, Caim podía realizar diferentes ataques con los que acabar con los enemigos. En estos combates contábamos con aliados, que controlados por la consola nos hacían más fácil la tarea de combatir. Al montar en el dragón, atacábamos mediante un sistema de disparo semi-automático, con dos ataques mágicos diferentes, uno mediante «misiles» de poder y otro de área con el que arrasar grandes zonas con el aliento de fuego.
Derrotando enemigos, ganábamos experiencia, con la que Caím y el dragón se fortalecían en los combates, pero no profundizaba en atributos ni habilidades.

El acabado gráfico era bastante simple para aquellos momentos, donde PlayStation 2 ya estaba en su máximo esplendor. Elementos como el poping y el efecto niebla limitaban enormemente la visión, y los escenarios, simples terrenos llanos, hacían que tuviéramos que correr continuamente en busca de enemigos. Únicamente se salvaba el modelo del dragón, el más cuidado gráficamente. Los videos generados por ordenador también aparecían en esta primera parte, mostrando los momentos más impactantes del argumento. El apartado sonoro, en concreto la banda sonora, no estuvo al nivel acostumbrado por los títulos de Square Enix, con un repertorio algo genérico.

Como anécdota, comentar que el juego contaba con varios finales, dependiendo de nuestras acciones. Esto haría que en el futuro se produjeran incongruencias debido a que solo uno de los finales encajaría con la continuación de la saga. El motivo de este problema se debe a que los desarrolladores, por aquel momento, no pensaron en la posibilidad de crear una segunda parte. Cosas que pasan en el mundo de los videojuegos.

Drakengard 2

Drakengard 2

Dos años después recibimos Drakengard 2, un título muy conservador, ya que se mantenía idéntico en todos sus elementos jugables respecto a la primera parte; combates multitudinarios y fases en dragón, con el plus de elementos RPG sin mucha profundidad, envuelto en un apartado técnico desfasado.

En esta ocasión encarnábamos a Nowe, un caballero de la Orden del Sello la cual, al igual que hacía la diosa en la primera entrega, mantenía la paz en los cinco reinos que componen el mundo en el que se ambientaba. Nowe fue criado por un dragón azul llamado Legna, de manera que la unión entre humano y dragón volvía a estar presente en título. La relación entre ellos era muy fuerte y a lo largo de la trama iría creciendo. Gracias a ello, también el poder de ambos.

Como decimos, el sistema de combate ―tanto a dragón como a pie― se mantenía intacto, con algunas excepciones: los escenarios ya no eran bastos terrenos vacíos, sino que recorríamos escenarios más variados y cerrados. A la hora de luchar, en vez de cambiar de arma, teníamos la posibilidad de cambiar de personaje por uno de nuestros aliados en medio de la batalla, cambiando a su vez los movimientos y ataques, acorde con el arma. De esta forma, cada personaje adquiría tras la batalla su propia experiencia y mejora de atributos. Por último, durante las fases a dragón, podíamos bajar a tierra y desmontar en cualquier momento pulsando Select, aunque con el dragón el juego se hacía mucho más entretenido.

Repetimos en el apartado gráfico, siendo igual de sencillo que en la primera entrega, pero a la vez mas cuidado: modelos aceptables pero poco variados (los enemigos se repetían hasta la saciedad), texturas de baja resolución y un repertorio de animaciones escaso eran los puntos más flojos de este apartado. Como contraparte, el dragón volvía a ser el más cuidado en este aspecto, gozando de un buen modelado y animación. Los efectos especiales como luces, fuego y desenfoques estaban más trabajados, y por ello nos alegraban la vista un poco. Respecto a los escenarios, estos quedaban a medias tintas; a pesar de ser bastante amplios y variados, la impresión general era muy sencilla. Los CGI's volvían a salpicar el juego en los momentos importantes, presentando una gran calidad como es costumbre.
Y en el apartado sonoro, Drakengard 2 subía el listón de su antecesor con mejores melodías y efectos de sonido, junto a unas voces en inglés limpias.

Drakengard 3

Drakengard 3


Han pasado muchos años y cambiamos de plataforma. Drakengard vuelve en forma de precuela, mejorando notablemente muchos elementos de la saga. Aún así, a líneas generales, el efecto es el mismo: sistema de combate sencillo e insuficiente a nivel técnico.

Aun con todo, estos defectos no lastran su jugabilidad, por lo que sin duda la tercera entrega se hace la mejor de la saga. Primeramente por el argumento, que rodea de misterio a Zero, la diosa protagonista cuyo deseo es matar a sus hermanas. Esta historia llena de sorpresas y giros está bien aderezada de un extraño humor, lleno de bromas algo macabras y juegos de palabras verdes, que puede que a más de uno le sobren.
Los combates a pie no difieren mucho respecto a los de la las entregas anteriores, pero resultan mucho más ágiles. Utiliza dos botones para realizar combos, y permite cambiar de arma en cualquier momento. El modo intoner, con el que canalizamos todo el poder de Zero, es un recurso ya clásico pero que funciona genial en este título. Con todo esto y la ayuda de súbditos en combate, las batallas resultan completas, aunque se echa en falta algo más de variedad. Las fases a dragón también se han pulido respecto a sus antecesores, convirtiendo la experiencia de achicharrar soldados en algo muy gratificante.

Dejando a un lado su jugabilidad, los puntos más brillantes de esta última entrega son sin duda las secuencias CGI de gran calidad y su grandiosa banda sonora compuesta por Keiichi Okabe. Si queréis un repaso más exhaustivo al juego, no dudéis en echar un vistazo a su análisis.

Así es como queda la saga con diez años a sus espaldas. Una evolución bastante conservadora que, a pesar de no arriesgar mucho y presentar un apartado técnico siempre por debajo de la media, se deja disfrutar. Definitivamente, la tercera entrega, debido a las necesarias novedades que incluye, destaca dentro del grupo, y sin duda nos promete un buen futuro para la saga.

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