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Donde acaban los mapas, de Ana Belén Rodríguez Patiño: nada es lo que parece


 Terror / Suspense
Yaiza Jara   24/03/2014
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     Para todo aquel que le guste París, sus calles, el amor, la intriga, el pasado y los giros inesperados que nos dejan con la boca abierta y los ojos como platos.
Portada de Donde acaban los mapas, de Ana Belén Rodríguez Patiño Un anciano de origen chino se encuentra sentado en su asiento del tren que va camino de París. Enfrente se encuentra un joven chino que le pregunta si es la primera vez que pisa Francia, y cuáles son sus planes allí. El anciano, de nombre Jing Tao, no se fía de la cortesía del joven, Ryu Shan, que lleva persiguiéndolo desde las sombras desde hace mucho tiempo y por fin tiene el objetivo a su alcance, sólo tiene que aguardar a que baje del tren.

Con lo que no contaba Ryu era con la pericia y rapidez del anciano, que se esconde entre la gente y consigue escapar de cualquiera que intente seguirle. Él no sabía que le estaban persiguiendo de verdad, pero aun así toda precaución es poca, eso es lo que siempre le dicta su instinto. Es el momento de comenzar algo nuevo en París, pero sin hacer mucho ruido, para que nadie lo localice.

La repentina desaparición de Jing Tao obliga a Ryu a hablar con su “superior”, conocido como Chen Qi, que se encuentra en Gran Bretaña, para mandarle lo único útil que ha sacado de su encuentro con el objetivo: una foto borrosa en mitad de la estación justo antes de perderlo de vista; pero lo suficiente como para saber que está vivo, y que se encuentra en París. La foto es impresa y guardada con el resto de la información del caso en la carpeta “Operación 685x”.

En otra parte del mapa, en España, se encuentra la protagonista de esta historia, Alicia, que regresa de visitar a su familia en Cádiz y de discutir con Álvaro, esa persona que pensaba que iba a ser algo más pero que se quedó por el camino. Cosas que pasan. Lleva un tiempo asentada en París, trabajando en una cafetería donde ha tenido la suerte de conocer a la que es una de sus mejores amigas y su mayor apoyo: Judith. Después de una temporada de un lugar a otro, entre ellos Inglaterra, buscando su sitio, el lugar donde echar raíces, le está dando una oportunidad a París, porque empieza a enamorarse de la historia de la ciudad.

En estos días se ha dado cuenta de que no se ve trabajando siempre en la misma cafetería, así que deja su trabajo allí y empieza a buscar un nuevo reto, algo que consiga que se levante todos los días con una sonrisa y con ganas de trabajar. Ese “algo” se llama “El bosque galo”, una tienda variopinta como pocas donde se pueden encontrar bolas de cristal, atrapasueños, amuletos de la suerte, y dependiendo del mes, incluso clases de danza del vientre. Allí conoce a Rose Marie, la que llega a ser su jefa, pero lo que no podía llegar a imaginarse es que con la decisión de trabajar allí, conseguiría que su vida se cruzase con la de un anciano amable y educado llamado Jing Tao.

La autora nos enseña que el mundo de los recuerdos puede llegar a ser crucial en nuestra vida, que sin ellos no somos nadie, y que “existimos mientras alguien nos recuerda”.

El anciano se deja caer por la tienda para publicitar las clases que puede impartir de Taijiquan y Qi Gong (ambas ayudan a estar en equilibrio tanto con el cuerpo como con el alma). Rose Marie accede y empieza a preparar los carteles y el material necesario para el curso.

A partir de ese momento, gracias a la capacidad de hablar inglés por parte de Alicia, que ayuda en sus primeros días al “maestro” (que es como lo llaman desde el primer día en las clases) a comunicarse con los alumnos y con Rose Marie. El vocabulario en francés del maestro es bastante escaso, y consigue que ambos pasen más tiempo juntos y que Alicia empiece a sentir curiosidad por la historia de China, por su cultura, sus costumbres y sobre todo por la vida del maestro, quien poco a poco va abriendo su mente y respondiendo a sus preguntas.

Lo que nadie ve, porque París cuenta con multitud de turistas de todo el mundo durante todos los días del año, es que en un momento de su historia, una sombra va pegada tanto a Alicia como al maestro. Es una sombra que va cambiando de forma, pero que no los pierde de vista, sólo tiene que esperar el momento oportuno.

Es una historia que llama la atención de principio a fin, porque nos va presentando a los distintos personajes cada uno en su lugar, con su día a día y con sus propias inquietudes, hasta que algunos de ellos se juntan y los acontecimientos de repente dan un giro de 180 grados.

Puede que no lo parezca, pero a lo largo de sus capítulos, que son breves y descritos desde el punto de vista de cada uno de los personajes, se encuentran momentos de dolor, de amor, de sorpresa, de miedo, de intriga, de alegría, e incluso de locura.

Ana Belén Rodríguez Patiño Entretenido de principio a fin -si nos metemos en la piel de los personajes- llega un punto en el que se nos acaban las hojas, los capítulos, y ¡poom! Fin de la historia. Es un visto y no visto que se agradece porque no hay momento para pensar en cerrar el libro, darnos un descanso y seguir después. Una vez que se empieza, no puedes parar.

Los personajes, especialmente Alicia y el señor Jing Tao, consiguen que riamos y lloremos con ellos, si ellos se lo proponen, porque nos muestran gran parte de sus pensamientos, y tal como se desarrollan los hechos, las sorpresas no desaparecen nunca. Logran que les cojamos cariño desde la primera página, que intentemos velar por ellos, aunque eso sea imposible, incluso cuando se ha terminado todo, nos quedemos con ganas de más.

Esta historia, "Donde acaban los mapas" (Palabras de Agua, disponible en FantasyTienda), se puede describir en una frase: “nada es lo que parece”. Hay que ir con la mente y los ojos bien abiertos, porque si no, cuando nos damos cuenta, se nos ha escapado un detalle que puede ser la clave. En este caso, la autora nos enseña que el mundo de los recuerdos puede llegar a ser crucial en nuestra vida, que sin ellos no somos nadie, y que “existimos mientras alguien nos recuerda”.

¿Recomendación? Para todo aquel que le guste París, sus calles, el amor, la intriga, el pasado y los giros inesperados que nos dejan con la boca abierta y los ojos como platos. Para los que creen en las segundas oportunidades, en que no todo está perdido. Para los que creen que todo es posible, cuando el resto lo dan todo por perdido.

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