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       Artículo de literatura

Jagannath de Karin Tidbeck: cuentos fantásticos y extraños


Alejandro Guardiola   03/03/2014
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     «Decía que tu madre apareció un buen día saliendo del bosque, sin más».
Portada de Jagannath, de Karin TidbeckJagannath” (Nevsky Prospects, col. Fábulas de Albión, 2014, disponible en FantasyTienda) de Karin Tidbeck, supone la primera publicación en castellano de esta escritora sueca cuya obra ha sido calificada de weird, si bien a ella no le agrada demasiado esa etiqueta. La trayectoria de Karin Tidbeck es curiosa porque parte de su obra, e incluso parte de los cuentos que componen “Jagannath”, han sido escritos en inglés y publicados en primer lugar en medios anglosajones, porque escribe y publica tanto en inglés como en sueco. Con “Jagannath” ha sido nominada a varios premios del ámbito anglosajón como el World Fantasy Award y el Tiptree Award, y ha ganado el William L. Crawford Award. La antología que nos presenta Fábulas de Albión supone el debut en España de la autora y ha sido traducida por Marian Womack y Carmen Montes.

Jagannath” es una palabra que nos resulta extraña, está llena de fuerza, pero no terminamos de comprenderla. Jagannath o Jagannatha significa en sánscrito “Señor del Universo” adorado en la mitología hindú y una de las formas de Vishnu o de un avatar de Krishna. Pero la colección de relatos que vamos a analizar no trata de la mitología hindú. Sí de mitología, pero una muy personal y característica que iré desgranando en cada uno de los trece cuentos que componen la totalidad del texto.

El primer cuento es “Beatrice”. En él Franz Hillier, médico de profesión, acude a una feria a París y termina por enamorarse de un prototipo de zeppelín que decide llamar “Beatrice”. Por otro lado en Hamburgo, una mujer, Anna Goldberg, hija de un impresor, se enamora de una bomba de vapor, “Hércules”. El cuento nos narrará esas dos imposibles historias de amor, todo ello rodeado de una ambientación victoriana y un tanto steampunk. Una deliciosa historia en la que el amor de un ser humano por un objeto, una máquina, se nos presenta de la forma más natural, sin artificios. Es un suceso que dentro del universo del relato puede ocurrir como si tal cosa. Las dos historias de amor convergirán, resultando en un final inesperado y sorprendente.

“Cartas a Ove Lindström”, se trata de una serie de fragmentos, de cartas de Viveka Lindström a su padre muerto, un antiguo hippy y miembro fundador de una comuna en Suecia. Por medio de esas cartas descubriremos el círculo de amigos de Ove. También nos hablará de su misteriosa madre, que desapareció sin dejar rastro al internarse en el bosque, de la misma forma que entró en sus vidas. Cuando Viveka visita a los antiguos amigos y colegas de su padre le cuentan sus recuerdos sobre Ove: “Decía que tu madre apareció un buen día saliendo del bosque, sin más” (p.22). El relato está repleto de misterio y de la inquietud de la protagonista que apenas recuerda a su madre, es un intento de comprender por qué los abandonó, quién era esa figura tan desconocida por todos. El cuento está lleno de notas de color, de sonidos, como las campanillas, de sensaciones, de la frontera que supone el bosque, de pinceladas tan mínimas que lo más probable es que no nos demos cuenta que estaban ahí hasta que finalicemos su lectura. Es una historia sobre lo mítico, pero también sobre lo cotidiano y cómo se aúnan ambos conceptos. Una narración cuyo valor reside más en lo que no nos muestra, en aquello que nos sugiere y en lo que nos invita a pensar, pero que no nos descubre.

El libro me recordó a cosas leídas en Susanna Clarke, en Anna Starobinets, en Neil Gaiman e incluso en “La Corte de los Espejos” de la española Concepción Perea.

“La señorita Nyberg y yo” es un cuento muy sencillo en el que la autora vuelve a utilizar un narrador en segunda persona y cuenta cómo un escritor le está escribiendo una historia a su amiga. En ella, esta amiga ha criado a una especie de criatura, gnomo o duende de diez centímetros de altura, en una maceta. En realidad la autora nunca nos lo define como yo lo he hecho, solo habla de un ser viviente asexuado y que vive en la maceta de la señorita Nyberg y al que ha decidido llamar Brun. El escritor no sabe cómo debe terminar el cuento y así se lo comenta a su amiga, que no se cree que haya escrito una historia sobre ella. En este cuento ya vemos la obsesión de Karin Tidbeck por criaturas, homúnculos y nacimientos y alumbramientos extraños.

“Rebecka” es una chica desequilibrada, adicta al alcohol y a las drogas y con varios intentos de suicidio a sus espaldas. La narradora que nos cuenta la historia es una amiga de Rebecka, la que sufre la autodestrucción de la protagonista. Ella es quien ha ayudado a Rebecka en sus peores momentos, quien ha limpiado los despojos que ha ido dejando tras ella. Cuando Rebecka escupe en una pila bautismal, las cosas cambiarán, veremos una transformación radical. Un relato que toca la religión, o quizás la fe, pero desde la oscuridad que posee a la protagonista y que transmite una sensación de incomodidad a lo largo de todo el cuento.

“Herr Cederberg” trata sobre un hombre orondo al cual apodan “abejorro” para mofarse de él, aunque este no le da demasiada importancia. “Abejorro” Cederberg se dedica a fabricar cometas y aviones a escala que es con lo que más disfruta. Es uno de las historias más simples y breves de toda la antología, pero no por ello la menos significativa. El personaje sigue trabajando para conseguir sus sueños, a pesar de los obstáculos que le ponen los demás en su camino.

“¿Quién es Arvid Pekon?” nos cuenta sobre Arvid Pekon, un teleoperador en una extraña compañía. Una abonada llama a Arvid preguntándole por un asunto bastante raro: que la comuniquen con su madre muerta. Se trata quizás de uno de los cuentos más surrealistas y kafkianos, recordando por momentos al propio “El Proceso” del autor checo, pero con un matiz fantástico que es lo que realza el relato.

“El complejo de vacaciones de Brita”. Escritora en la treintena que busca un lugar apartado y tranquilo donde continuar con su trabajo se traslada a un conjunto de bungalows que regenta una tía abuela suya, Brita. Allí pretende avanzar con los dos proyectos de novela que tiene entre manos, pero en realidad le servirá para indagar más en la historia de su familia cuando aparezca un grupo de excursionistas alegres y extrovertidos, habituales del lugar de vacaciones. Aquí se mezcla ese borroso límite entre la fantasía, y lo real; entre lo que perciben nuestros sentidos y lo que imaginamos en nuestros sueños. Creo que es a partir de este relato donde se nota un pequeño cambio en los cuentos que ya no nos dejará hasta el final y del que hablaré más adelante.

“La montaña de los renos” es otro de esos cuentos en los que lo mítico, pero cuidado, referido a una mitología cotidiana, personal, y si se me permite rural, toma partido. Marta y sus hijas Sara y Cilla van a pasar unos días a la casa familiar en la montaña. El objetivo del viaje es hacerse cargo del tío Johann, ya mayor, quien vive en la casa él solo. Mientras limpian la antigua casona de la familia para venderla, las niñas van descubriendo cosas de la familia, como que se cuenta que existe una especie de maldición según la cual varios de sus miembros se vuelven locos. Nos hablan de un entorno fantástico, pero intrincado en la cotidianidad, de misteriosas personas que bajan de la montaña, que surgen de los bosques y que con la misma sencillez se marchan. Un encuentro entre el lado más familiar del cuento de hadas y la realidad. Como en la mayoría de los relatos el elemento fantástico resulta muy sutil y el carácter feérico del mismo nos transporta a esos mágicos momentos en los que los abuelos nos narraban un cuento y nos brillaban los ojos al escucharlo.

Karin Tidbeck

“Mermelada de mora ártica” es una de las historias más simples y también una de mis favoritas. Una mujer crea un homúnculo en una lata vieja de zanahorias con su saliva y su sangre menstrual. Tiempo después el homúnculo nace y la mujer lo cuida y lo cría como si se tratara de su propio hijo. Nos cuenta cómo va creciendo, el aprendizaje del habla, lo mucho que le gusta la mermelada de moras árticas que le prepara su madre. Una de las aficiones del niño/homúnculo es excavar en la tierra. Por medio de la sencillez de esta historia, la autora nos sumerge de nuevo en lo fantástico, abordado desde la perspectiva del amor maternal.

“Pyret [P Y: R E T]. Descripción, comportamiento, historia”. Estamos ante una especie de tratado sobre un animal fantástico que tiene la cualidad de metamorfosearse y es de tamaño humano. Se sabe que el Pyret ha habitado y ha buscado la compañía de los granjeros suecos, noruegos y fineses. Su presencia ante otros animales produce tranquilidad, que las bestias domésticas produzcan más y en algunas de estas granjas se ha convertido en un animal de compañía más. El cuento nos desgrana desde las fuentes históricas en las que, supuestamente, el autor ha detectado la presencia del Pyret a lo largo de la historia. Según el autor no se trata de un críptido, como Nessie o el Yeti, sino de un animal real. La narración continúa después en forma de relato de los hechos contados desde la perspectiva del autor, intentando hallar pruebas fehacientes de la existencia de un Pyret a través del testimonio de una persona. De nuevo, asistimos a la personal y peculiar mitología de Karin Tidbeck que huye de la épica y de la grandiosidad de las sagas nórdicas para centrarse en lo cercano, en cuestiones que afectan el día a día de las personas, en los cuentos que se contaban en familia en torno al fuego.

“Augusta Prima” es una jugadora de croquet en el mundo de las hadas. En un descanso del juego Augusta se tropieza con un humano muerto en el bosque. Augusta toma un extraño relicario del cuerpo inerte. La hada se obsesiona con su intento de comprender el funcionamiento del artefacto. “Augusta Prima” es un cuento feérico bastante clásico, pero el elemento que lo hace interesante es precisamente esa tarea de la hada por tratar de entender un objeto que no pertenece ni tiene sentido en su mundo.

“Las Tías” este cuento está íntimamente relacionado con el anterior y por ello van seguidos. Las Tías están confinadas en el invernadero del jardín y se dedican a engordar. Las Sobrinas cocinan para ellas y se preocupan de alimentarlas. Cuando la Tía Abuela muere, enroscada en su corazón se encuentra la nueva Tía. Las Sobrinas preparan los restos de la Tía Abuela y se los dan a comer a las Tías restantes. Ambientado en el mismo universo que “Augusta Prima” nos remite de nuevo a ese mundo feérico apartado de los humanos. Nos habla de la rígida jerarquía de estos seres, con unos elementos muy grotescos, pero como ya nos hemos acostumbrado en los relatos de Karin Tidbeck, los inserta de una manera muy natural.

“Jagannath” es el relato que da título a toda la colección, pero curiosamente va situado al final del todo. Cuando leo un libro para reseña suelo tomar notas o hacer un pequeño resumen de cada capítulo o relato, en esta ocasión en mis apuntes puse: “¡Qué obsesión con los nacimientos truculentos!” Porque el comienzo nos narra el mecánico nacimiento de Rak, más parecido o inspirado en cierta escena de la trilogía de "Matrix". Se encuentra ambientado en un futuro cercano en el que Rak es una obrera más que ha de ser alimentada para que engorde y ayudar en las diferentes tareas a Madre, que es quien los contiene y alimenta a todos sus semejantes. Cuando Rak se convierte en adulta es destinada junto a otras compañeras a ayudar con los movimientos intestinales de Madre. “Jagannath” es un cuento que mejora si se lee con calma y que se encuentra envuelto por ese halo de extrañeza que venimos experimentando a lo largo de la antología.

Parte de la portada de habla inglesa de Jagannath, de Karin Tidbeck

En general, la colección de relatos de Karin Tidbeck nos muestra una panoplia de mundos, de géneros y de personajes, cada cual con su peculiaridad y con sus puntos fuertes. Relatos fantásticos, pero de una fantasía poco común, o con unas hadas muy cercanas, en los que la magia es un sonido, o una sensación, o la leyenda de un antepasado, o el amor de una madre por su hijo. También poseen características comunes: lo sórdido y lo grotesco, colocados al lado de la rutina de la vida familiar normal, ocupando el mismo sitio que criaturas nacidas por generación espontánea.

Todos ellos transmiten un sentimiento de incomodidad y de desasosiego al lector. Sin embargo, en la lectura de la primera tanda de relatos parece como si todavía no contáramos con bastantes elementos para apreciar esos difusos lugares que se encuentran al mismo tiempo entre lo real y lo imaginado. Esa percepción o sensación cambió al alcanzar “El complejo de vacaciones de Brita” y ya no me abandonó durante el resto de los cuentos. Tal vez, sería aconsejable una segunda lectura de esas primeras narraciones, para valorar con la justicia que se merece el estilo, la imaginación y la naturalidad con la que están escritos. Pero no es necesario para darse cuenta del valor que tiene “Jagannath” y si no me creéis, os invito a leer estas historias.

También me gustaría decir que Karin Tidbeck no nos ofrece respuestas, pues al finalizar sus cuentos nos deja con más preguntas (“¿Qué hay fuera de Madre?” “¿Qué es el tiempo?”), y solo por eso merece la pena abordar su lectura.

El libro me recordó a cosas leídas en Susanna Clarke, en Anna Starobinets, en Neil Gaiman e incluso en “La Corte de los Espejos” de la española Concepción Perea. Pienso que “Jagannath” no os defraudará y a mí me dejó con ganas de leer más obras de su autora.

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