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       Artículo de literatura

Sindbad en el País del Sueño, de Juan Miguel Aguilera: Donde el dhow nos lleve


Morgana Majere   16/02/2014
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     Como si fuésemos el fiel piloto de su nave, como lectores también lo afirmaremos: «—No hace falta que lo pidas, capitán. A donde vayas, iré contigo».
Portada Sindbad en el País de los Sueños"Has de saber —pero Alá es más sabio, más prudente, más poderoso y más bondadosoque en los años del califa Harún al-Rashid la ciudad de Basora era el santuario de los intrépidos navegantes del océano Índico". En sus muelles come tranquilamente una manzana Sindbad, capitán del dhow El Viajero, indómito marino y comerciante experto, hasta que un barco inmenso y misterioso aparece surcando las aguas y despierta su curiosidad. Y despertar la curiosidad de alguien cuya ansia de aventuras no se puede calmar es peligroso, y desencadenará una serie de hechos que nos llevará, de mano del capitán y de sus fieles acompañantes, hasta el exótico País del Sueño.

Hace unas semanas, en uno de los #ConcursoFlash de la Librería Gigamesh en colaboración con la editorial Fantascy, que amenaza con convertirse en uno de mis sellos favoritos, se lanzaba la pregunta en twitter de qué tesoro les arrebatarías, si pudieras, a los djinns. Muchos años atrás (muchos, muchos), leí un libro que me marcó y que he releído después un par de veces: "Las vírgenes del paraíso", de Barbara Wood. En él se cuenta la historia de las mujeres de una familia egipcia y su supervivencia en un mundo moderno, cambiante y, sobre todo, dominado por hombres, desde la abuela Amira hasta la nieta y protagonista, Jasmine. Antes de leer "Las Mil y una Noches", ese fue mi primer contacto con el mundo árabe, y debo confesar que me cautivó. Allí, entre sus páginas repletas de arena, de medias lunas y de miradas veladas, recuerdo oír hablar de los djinns, aquellos demonios del desierto de los que había que cuidarse, que guardarse. Por ello, mi respuesta a la pregunta del tesoro fue clara: "Les robaría su maldad, para que así dejen de molestarnos"; después, debió de metérseme entre las teclas un djinn pequeño y malicioso, que añadió que "después, dominaría el mundo". Ese mensaje me ganó un ejemplar de la última novela de Juan Miguel Aguilera, y por ello estoy agradecida.

Una novela de aventuras, de fantasía, de misterio, que surge del pasado para desvelar un universo desconocido repleto de tesoros, pero donde lo más valioso es el conocimiento.


Leer "Sindbad en el País del Sueño" (Fantascy, disponible en FantasyTienda), del citado autor, el cual también ha realizado las magníficas ilustraciones que acompañan al texto, ha sido como apartar un velo oscuro que ocultaba una parte del mundo. Algo que siempre he lamentado en esta educación occidental nuestra es la condena al olvido que sufre el Oriente, como si nos costase lanzar la mirada más allá de las costas orientales de la Grecia clásica. Hace años yo escogí mi camino y mi lugar en la historia y en el tiempo, pero eso supuso dejar de lado toda una mitología, toda una literatura, toda una cultura, en definitiva, exótica y preñada de encantos, que me llamaba desde más allá del estrecho del Bósforo.

Dice el autor que "Escribir una novela de fantasía oriental es un viejo sueño que por fin he visto realizado"; para mí, leer esa novela ha sido como entrar en ese sueño y vivirlo de mano del capitán del Viajero: Sindbad el marino. Un magnífico logro que el autor alcanza en esta novela es el hacer pasar por realidad lo que es claramente fantasía. No hace mucho comentaba en otra reseña que la clave en la literatura no estriba tanto en presentar la realidad como en retratar "lo verosímil". Un lector aceptará antes algo que no ha tenido lugar o algo imposible si esto se presenta de forma verosímil, que cualquier otra circunstancia real, pero inverosímil. Si yo escribo: "Margarita decidió atravesar el descampado sombrío que había frente a su casa para llegar antes a la fiesta el sábado por la noche, pero allí la violaron y asesinaron tres hombres a los que nunca reconoció" y, paralelamente: "Su hermana Clarita se despertó aterrorizada cuando el colchón comenzó a moverse con violencia bajo su cuerpo, y ante su rostro, plácidamente apoyadas sobre la almohada de plumas, distinguió con gran precisión unas manos de piel marfileña con las uñas arregladas con manicura francesa", imagino que un lector cualquiera tenderá a aceptar como cierto o plausible el primer caso, y como ficción absoluta el segundo. Sin embargo, a la luz de lo dicho anteriormente, permitidme que confiese que algo similar a lo segundo yo lo he vivido, por muy poco creíble que parezca.

Juan Miguel Aguilera_ Fantascy

Hay muchos recursos para convertir en verosímil la fantasía; uno de los más productivos, aunque también de los más difíciles de aprovechar, es el juego con las fronteras entre los mundos. "Sindbad en el País del Sueño"es un claro ejemplo de ello. Las primeras páginas nos sitúan en un pasado que podría ser histórico, en el puerto de Basora, con el capitán de un dhow de velas triangulares presenciando la espectacular entrada en el puerto de una nave que expulsa vapor y se mueve sin necesidad de velas o remeros. ¿Magia?, se preguntará el lector y se pregunta el capitán Sindbad. "Ciencia", responde el sabio Yahiz, quien lo acompañó en su último viaje. Ciencia, que trajeron de occidente, de un pueblo (que, por alusiones a Herón como inventor de esa máquina, podemos deducir que es el griego) "en el que el hombre ha desarrollado esa técnica más allá de nuestros sueños". Sin embargo, poco después, Sindbad descubre que no es ese el avance que mueve la embarcación, sino una criatura extraordinaria, inmensa y antigua, encerrada en las entrañas del barco, "un ser que debe de tener un origen mágico...".

Iustración Sindbad en el País de los SueñosA lo largo de las páginas de la novela vamos avanzando por Basora, por Bagdag, por las aguas del Índico, alejándonos cada vez más de la realidad para entrar en un mundo fabuloso, más propio de leyendas e imaginarios, donde los djinns y los ghuls campan a sus anchas y son algunos de los grandes peligros a tener en cuenta en ese viaje. Me ha fascinado el modo en que esa transición se hace sencilla, cómo he podido aceptar, como lectora, cuantos acontecimientos veía de mano de Sindbad y de sus acompañantes, tomándolos como normales y cotidianos. Desde el hecho de pensar en los guerreros cristianos carolingios como bárbaros, extranjeros, hasta el comprender como cercanos, como si viviesen al otro lado del mar, a los demás seres de la creación de Alá.

Mapa Sindbad en el País de los SueñosEse ambiente exótico, esa maestría en presentárnoslo como algo cierto y seguro, apoyado en leyendas, en mitos, en susurros que alguien oyó en el puerto, en historias que un viajero nos contó, es lo más atractivo y lo mejor de la novela, junto con una trama que por momentos se va haciendo más compleja y trepidante. Debo confesar que la primera parte me pareció que llevaba un ritmo más lento y algo más difícil de seguir; tardé en engancharme, pero después ya no pude separarme de estas páginas. Y voy a romper —aunque solo en parte— una de mis normas en las reseñas (no hacer spoilers, en la medida de lo posible), lo cual me permitiré porque aparecen ya en la magnífica portada: ¡alfombras! ¡Alfombras voladoras! Ahora, después de terminar la novela, si tuviese que quitarles algo a los djinns sería una de esas alfombras, e invito al lector a que investigue más en la propia novela para averiguar el porqué de este deseo, si es que el hecho de que vuelen no es para él suficiente.

Formalmente se trata de una novela impecable. Como ya he dicho, la portada es preciosa y muy atractiva, con una ilustración de Sindbad en plena lucha, realizada por el autor, ante un cielo estrellado que evoca las doradas noches del desierto de Arabia. Incluidas en el texto hay escenas también ilustradas, pasajes concretos que ofrecen un vistazo a la mente del autor. Personalmente me gusta imaginar yo sola a los personajes, aunque, si bien al principio me resultaba extraño, me han ido gustando cada vez más. Al final de cada capítulo, además, se incluye un código QR diferente, pero aquí la niña analógica no sabe usarlos, por lo que los dejo para una próxima relectura, para poder descubrir algo nuevo en este libro. Salvando el escollo del ritmo de la primera parte, solo hay un elemento que no me termina de gustar y que quienes me conocen saben bien: Aisha. El amor en la literatura creo que está sobrevalorado, pero no pondré demasiadas pegas porque es un prejuicio muy personal que tengo contra el Cupido literario. Por lo demás, no puedo menos que recomendar el viaje al País del Sueño de manos de Sindbad.


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