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       Artículo de literatura

Esta noche arderá el cielo, de Emilio Bueso. El mundo en un puño y, en el puño, el acelerador


Jorge Lara Gómez   24/12/2013
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     Ciencia, ficción, humor barriobajero, teología incluso y todo en grandes dosis. Como grandes son los perdedores de esta historia, aquellos que huyen de unos círculos viciosos de los que ni quieren ni pueden salir.
Portada de Esta noche arderá el cielo, de Emilio Bueso¿Sabéis lo que son los “números primos gemelos”? pues son dos números primos separados por un único número par que no les permite encontrarse a pesar de estar tan cerca, por ejemplo el 11 y el 13. Y ahora asumamos que “11” y “13” son dos tipos: tipo él (ID: Mac, v.11.0) o el hombre del "momento M", el señor "malacara pijuda". Tipa ella (ID: Perla, v.13.0) la mujer de la parentomanía, la señora "fuegos artificiales particulares". ¿Y el número par? Pues es el 12. El 12 es lo que los separa pero a veces también les une. Un imán que cambia de polaridad de forma totalmente impredecible pero por causas del todo conocidas, y las de esta historia serán: un taller y un hogar roto, una guitarra y un concierto que nunca se escuchó. Diez años, con sus 365 días, y un total de medicamentos como para tumbar a una manada de elefantes. Carburadores para motos y motos que carburan. Una visita inesperada y un inesperado viaje por carretera –comienza la road movie hecha letra–. Una parada para echar un polvo y el polvo de la pipa de Fuma Estreñido, un indio cree de pura cepa que comparte fuego, velada y bussiness con otros tres secuaces de raza –aquí se está cociendo algo más que un sobre de fideos chinos–. Un hidroavión que vuela a oscuras y un oscuro coche fúnebre. Un par de astrónomos en busca de estrellas y unas estrellas que no quieren ser vistas y que pretenden encender el cielo. Y por último, un convoy que se adentra en busca de animales imposibles, y unos imposibles animales salidos de una mente desquiciada, y que dan vida, ritmo, zarpazos y origen a este “western” –fin de la road movie–.

Quiero que este libro resuene en la memoria del que lo lea como una de sus experiencias más extrañas, más horribles y, a la vez, más bellas. Que no sepa decir qué demonios le acabo de hacer en su cabeza… Quiero que diga que mi obra es la de un loco. No se me ocurre mejor halago”.


WTF?!!, si, sí, un western, y no lo digo yo, lo dice Bueso: “… para colmo, resulta que es un western”.  Así que ahí lo lleváis chavales. “Esta noche arderá el cielo” (Editorial Salto de página, disponible en FantasyTienda) es un western y además, protagonizado por un mecánico ¿del swing? no, de motos. El tipo él, pasa sus días (de luz) embutido en un mono grasiento, tratando con carburadores, que son más callados que las personas. Las noches las pasa contemplando las estrellas desde una ventana que ha hecho en el techo, que sin verlas se agobia. Mac si no tiene enfermedades se las inventa y si no tiene medicación se pone a temblar como la gelatina y a sudar como un nórdico en una sauna. Para colmo de males y, quizás origen de sus problemas, está (-rá) eternamente enamorado de Perla (menuda “perla” es tipa ella), su amor de infancia, su otro par de ruedas con la que quemar asfalto, su estaca en el corazón. Huyó de Mac por penúltima vez hace diez años, y ahora mira lo que trae el gato en la boca: a Perla a horcajadas de una moto para proponerle un viaje hacia ninguna parte cogiendo la salida de la Trans-taiga, una carretera del norte de Canadá, cercana al círculo polar ártico que termina en un embalse abandonado de Caniapiscau donde se ahoga hasta el agua.

Portada Esta noche arderá el cielo_total

Ella le guiña el ojo, él siente un cosquilleo en la entrepierna. Ellos se embarcan en un viaje por un tramo desierto de 666 km -comienza la fiesta incendiaria-, la Trans-taiga, una de las 6 carreteras más remotas del mundo. Una pista no asfaltada que cruza el bosque boreal de Quebec y que tiene una característica muy curiosa: no lleva a ninguna parte, allí es donde el viento da la vuelta, donde Cristo es un Alien, donde se acaba el mundo, el “a partir de aquí, monstruos”. Allí conocerán a un peculiar grupo de autóctonos de la zona, indios cree sin nombres definidos zampándose una liebre previamente despellejada. Duelo de miradas inquisitivas, el juego del policía y el ladrón. Por cartas, un hidroavión herido de muerte que surca el cielo y un aullido gutural de una garganta titánica que acaba de dejar la floresta en pause: ni lobo, ni oso, ni caribú, ni ostias… "ese rugido no es de este mudo" piensan todos en voz alta.

Al otro lado del rugido, un padre, Ian, y un hijo, Roger –el banco lo dejaron en casa, junto a Esteban– estudian el firmamento. El mayor espectáculo del mundo está a punto de comenzar, pero Roger está aburrido hasta decir basta “tantos kilómetros para ver un puñado de estrellas, no me motiva, no me place, no me presta”… y de repente ¿un extraño? No, la aurora boreal estalla en mil pedazos, y a ella le siguen una lluvia de estrellas nunca contempladas por un ojo humano, y menos aun por dos parejas de ojos, “va a ser que si padre es la leche" pero "papá, esa estrella vuela muy bajo, es de metal, tiene hélices y tiende a tierra”. Y luego están los habitantes bípedos, cuadrúpedos, y de patas indeterminadas del lugar: los lobos que le cantan a la luna y a lo que no es la luna pero que la empequeñece con su tamaño, y los que no son lobos pero que corren como ellos, saltan como monos, rugen como osos y matan como demonios.

Emilio Bueso_Esta noche arderá el cielo

“Esta noche arderá el cielo lo que busca es desatar un espectáculo imposible ante los ojos del que mire y volverle loco por unos instantes”, confiesa su autor, Emilio Bueso, el doble ganador del Premio Celsius de la Semana Negra a la Mejor Novela de Ciencia Ficción con su vampírica “Diástole”, en el 2012, y con su catastrofista “Cenital” este mismo año (ambas de Salto de Página, ésta última reseñada en FantayMundo y disponible en FantasyTienda). ¿Lo consigue? Diría que sí. Yo me volví un poco crazy durante buena parte de la misma tanto por lo bueno como por lo menos bueno. Loco por la mezcla de géneros, a veces road-movie, a veces western. Otras, ciencia ficción y ciencia a secas; fantasía, y denuncia social: hacia la indebida manipulación genética, hacia el “jugar a ser Dios” con dos copas de más. Loco por los continuos saltos temporales: ahora estoy en el presente pelándome el culo de frio alrededor de una hoguera, ahora estoy afinando mi Fender Stratocaster más de diez años antes. Ahora mucho antes, cuando mi acné asomaba en el instituto y de nuevo vuelta a la Trans-taiga. Loco por los diálogos ocurrentes, afilados, directos, “malotes”, macarras. Se nota que este ingeniero de sistemas es un tipo inteligente, despierto, ágil y rápido mentalmente hablando, del que termina todas las frases de la forma más curiosa y ocurrente posible. Y loco por los acontecimientos, por como todo empieza siendo un viaje para encontrarse a uno mismo, para encontrar un camino perdido tiempo ha, y termina como el rosario de la Aurora , y con Aurora dándole un curso intensivo de supervivencia en zonas salvajes a Mac, el tipo él, el hombre del "momento M", el señor "malacara pijuda".

Trazado de la trans-taigaPersonalmente, "Esta noche arderá el cielo" o mi primera incursión en el “género Bueso”, me ha decepcionado y aburrido. No ha conseguido engancharme ni de inicio, ni durante el nudo, ni en el desenlace. Tanto cambio de situación cronológica me ha hecho perder el norte, el hilo y restado continuidad a la trama. Los personajes tampoco han calado en mí, unos por planos, otros porque prácticamente desaparecían entre el follaje, y otros, por carecer de un protagonismo real que en principio empiezan teniendo y que luego se diluye. Quizás el problema es que por el bosque circula gran cantidad de personajes, pero ninguno destaca sobre otro, terminas la novela con la sensación de que el verdadero actor principal es la carretera, en teoría desierta, o el recurrentísimo momento “M” de Mac, un momento que acabas deseando que llegue de verdad y lo engulla. No, no me han convencido tampoco los paréntesis científico técnicos. No sé qué aportan, no sé qué pintan, no se a qué obedecen, y además enlentecen un ritmo ya de por sí parsimonioso por sus constantes descripciones trans-taiganas. El lenguaje es otro punto que me ha chirriado un tanto, y es que no es apto para todos los paladares. A unos les parece afilado y chispeante, "lo más de lo más”, a mí, demasiado, sobrado, cargante, en exceso “molón”. Respecto al final y desenlace, llego a la misma conclusión a la que llegó mi compañera Natalia Calvo al respecto de “Cenital”: Es un tanto precipitado. De repente un maremágnum de acción y reacción que nos impide ver todo el lienzo en su conjunto. Todo pasa muy deprisa, y en el camino, varios de sus personajes… ¡puf¡ se evaporan sin truco de magia alguno, sin bomba de humo Ninja, simplemente no están ni se les espera o por el contrario, pasaban por allí, resultando ser un pariente que ya que estaba se mete en el negocio de la Merca. Mejorable este aspecto en cualquier caso.

Imagen carretera Transtaiga ¿Lo recomiendo? Por supuesto, sin duda, y no me contradigo. Recomiendo su lectura precisamente por las sensaciones que despierta, porque no dejará indiferente, porque es excesiva, porque te remueve y es extraña, porque a mi me ha dejado con el cuerpo del revés y a mi compañero Alejandro Guardiola le ha gustado tanto que la ha incluido dentro de nuestras recomendaciones literarias navideñas más destacadas de este año. Una novela sobre motos y moteros, sobre indios y vaqueros que visten de amarillo y llevan mascaras.  De astrónomos y estrellas, de pastillas y pastilleros, de animales salvajes y de salvajes animales improbables. De padres, hijos y de madres que olvidaron serlo; de carburadores que bailan al son del rock and roll y de fuegos artificiales particulares. De Merca que va de caza mayor, menor o de cualquier cosa que pille, de cielos on-fire, y de Pilares de la Creación en fase de descomposición. Del hombre más cobarde del mundo y del monstruo más horrible e imposible de toda la historia. Una historia de Dioses redentores y de una sola y retumbante voz que nos habla de las vidas que merecen ser vividas y las que no… al carajo.

Grge_dixit: Diferente, rara, extraña, inusual... es esta novela, la obra de un loco. ¡Feliz navidad!

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