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Acoso y derribo al ciudadano español: de patriotas de hojalata y cartón piedra


 Ciencias Sociales
Alejandro Serrano   15/10/2013
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     Nos ahogan día a día, con salidas de tono y decisiones que, en otro contexto, llevarían a cualquier gobierno a la ruina.
Aznar arropado con la bandera de EspañaEn casa llevamos unos meses muy complicados, precedidos de unos pocos años de cinturones ajustados y cocina a medio gas, de vida social restringida y con la sensación, cada vez más palpable, de que, por mucho que trabajemos, daremos con nuestros huesos en el fondo del precipicio sin remedio. Trabajo nunca falta, de lo que adolecen muchas familias es de una retribución equiparable al esfuerzo. Seguramente, esto les suena a muchos.

Nuestra situación familiar es aún mucho mejor que la de otros cientos de miles que han perdido su casa, sus ahorros y ahora sufren una mastodóntica deuda con el banco que no saben ni cómo pagarán. Conservamos la casa –no sé por cuánto tiempo-, y aunque el cinturón ya admite pocos agujeros adicionales, aún comemos, nos permitimos tener fines de semana a la bartola –ni se nos ocurre salir a ningún lado- y, aunque la depresión asoma en forma de monstruo aterrador con cuernos y rabo, aún tenemos energías. Por suerte, nuestra hija, aunque nota que sus padres no son los de siempre, no es capaz aún de asimilar a qué nos lleva la derrota. Confiemos en que cuando pueda hacerlo, hayamos pasado este calvario.

No se equivoquen… si aún conservamos la cordura y el espacio vital es por la ayuda familiar. La incertidumbre nos domina, el miedo casi nos paraliza, hasta el punto que resulta difícil trabajar o pensar en otra cosa que no sea el alambre que habitamos. Ya no somos pareja, sino dos animales que se lamen las heridas y se las ocultan al tercero, más débil, preguntándose de dónde vendrá el siguiente golpe.

La segunda subida del IVA puede que destruya el empleo que aún conservamos, como le está ocurriendo a la mayoría de PYMES de este país, que son las que de verdad crean empleo. Mientras engordamos artificialmente el estómago del Estado, sabemos que mañana tendrá hambre, ya que su sustento proviene de nuestra propia sangre. Pero los pequeños y medianos negocios morirán, y con ellos, los impuestos que pagan al Estado y las cotizaciones de sus trabajadores. ¿Quién sostendrá los Presupuestos de aquí a un año?

España se está autodestruyendo, ciega, sorda y cruel, con manos convertidas en rugosas zarpas rematadas con afiladas uñas, de voraz estómago, ajeno al hambre de cientos de miles de personas. Y lo hace desde arriba hacia abajo. Mientras, los sojuzgados debemos soportar incluso el maltrato verbal (para qué enumerar los casos concretos; ya los conocen).

La Real Academia Española de la Lengua, define “ciudadano”, en su tercera acepción, como “Habitante de las ciudades antiguas o de Estados modernos como sujeto de derechos políticos y que interviene, ejercitándolos, en el gobierno del país”. Bien, pues sí, habitamos España, pero esta nos niega cada vez más derechos políticos y sociales, y cada vez intervenimos menos, y ya no digo en qué medida ejercitamos, el gobierno del país.

Protesta: Nuestras vidas no pertenecen al estado

El gobierno efectivo lo ejercitan élites extractivas a quienes sólo importan las cifras macroeconómicas, aquello por lo que otros países nos juzgan. La miseria, el hambre, la incertidumbre, la corrupción y falta de transparencia les importan un pimiento, son invisibles a su mirada. Es más, parece que las alientan para adueñarse –una vez más- del país. De las migajas que quedan y que ya no nos alimentan.

Y en estas, aparece Aznar, el inefable sujeto que nos metió sin comerlo ni beberlo en una guerra, que privatizó el país a lo largo y ancho, el que alimentó, como otros, la burbuja que terminó estallándonos en la cara, el que permitió que el PP se nutriera de dinero negro y de favores a constructoras y otros negocios. Nuestro patriota de hojalata y héroe de cartón piedra aparece para advertirnos que debemos “poner fin al desfalco de soberanía nacional”, que los nacionalismos quieren “el desguace de la nación y el Estado” pidiendo “lo imposible”. Según él, hay que “fortalecer las instituciones democráticas para hacer frente al proceso inútil de centrifugación del Estado. Hay que afirmar la realidad nacional de España ante las grotescas deformaciones históricas a las que la someten aquellos que rechazan una comunidad de ciudadanos libres e iguales”. Y termina: “no les molesta España, no les ha molestado nunca. Lo que les molesta es que España significa libertad”.

Señor Aznar, quien desfalca la soberanía nacional es su partido, que nos despoja de derechos, nos ahoga en deberes, multas y amenazas, perdona deudas y acapara favores a sus afines (sobre todo a bancos), desguazan la educación y la sanidad, destruyen y boicotean las instituciones democráticas colocando en ellas a enemigos de lo público, apalean manifestantes y deforman no sólo la historia, sino la realidad contemporánea misma, convirtiendo nuestros tiempos en una burbuja de absurdo y contradictorio credo neoliberal.

¿España significa libertad? Significa, hoy día, orgullo de hallarse encadenado, de dar la espalda a cualquier atisbo de cultura –a menos que la protagonicen unos cuernos de toro-, a trocear la educación con fines doctrinales y elitistas, significa dar la espalda a la soberanía popular con actitudes filofascistas, significa ocultar los errores y dignificar las actitudes chulescas. España es una patria para las multinacionales, no para los ciudadanos.

El Príncipe de Asturias en el Spain Startup & investor summit

En otro orden de cosas, la pasada semana, el Príncipe de Asturias declaraba, en el foro para emprendedores Spain Startup & investor summit, que no podemos esperar a que “otros nos resuelvan los problemas”, mientras exalta la unidad de España, el actual marco “democrático” y el papel de la Corona en él.

Esto lo dice alguien a quien pagamos cada año todos los españoles, a quien NOSOTROS resolvemos problemas. Los suyos y los de su numerosa familia, a quienes permitimos todo tipo de tropelías y estafas. Recordemos que el rey está por encima de todos nosotros, no se le puede juzgar ni imputar. Y por lo que se ve, a sus familiares tampoco, sin importar los indicios que se presenten. La Fiscalía del Estado se ocupa.

Y mientras, el ciudadano español vive sumido en el estupor, incapaz de reaccionar, paralizado por sus propios problemas personales. Sabe que su situación proviene de arriba, de ese gobierno que algunos de sus semejantes eligieron, pero no se siente con fuerzas para luchar contra ello. Lo he sentido en mis carnes.

Nos ahogan día a día, con salidas de tono y decisiones que, en otro contexto, llevarían a cualquier gobierno a la ruina. Que si un ministro declara una barbaridad, el secretario de estado suelta otra mayor, que si el presidente miente, incluso en el Congreso, que si aprueban tal ley que va a destruir aquel derecho adquirido, que si destapan un caso de corrupción de un partido u otro, que si aparecen ciertos documentos que incriminan a cargos públicos… llega un momento en que, sencillamente, no queremos saber más.

¿La auténtica bandera de España?

Y de eso se aprovechan, en eso se apoyan para que sintamos que la Política no nos pertenece. Es su coto privado y no nos quieren allí, más que como presas, como donantes de dinero y sangre, para que ellos mantengan su estilo de vida, sus privilegios y su torre de marfil.

Si la identidad nacional de España es toda la podredumbre que nos cae encima, si no asegura el bienestar de sus ciudadanos ni la transparencia de un estado depredador, si no garantiza derechos, techo y comida, si no bloquea eficazmente a los ladrones de lo ajeno sentados en sillones públicos que todos pagamos… sencillamente, hay que cambiarla, debe ser otra.

Asúmalo, Sr. Aznar: no hemos venido a este mundo a sufrir por una entelequia de país. Trabajamos para que, al tiempo que sostenemos esa construcción abstracta con fronteras definidas, NOS SIRVA TAMBIÉN A NOSOTROS, COMO CIUDADANOS.

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