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       Artículo de ciencia

Políticas de la naturaleza. Por una democracia de las ciencias, de Bruno Latour


 Ciencias Sociales
Fco. Martínez Hidalgo   14/10/2013
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     Encontramos aquí una propuesta inspiradora de cómo podemos mirar hacia el futuro, con optimismo, desde un nuevo enfoque.
Portada de Políticas de la naturaleza. Por una democracia de las ciencias, de Bruno LatourLamentablemente, la filosofía y la sociología ya no entran a través de la academia sino a través de la prensa. Las ideas sociales más innovadoras fluyen en la sociedad no según su carácter rupturista o renovador, sino según encuentren un hueco en la saturada sociedad de la información por la que colarse y proyectarse hacia la gente. Por eso voces tan imprescindibles como la de Bruno Latour (Francia, 1947) llegan a nosotros en la forma de un eco distante, reverberado a veces gracias a la publicación de un nuevo ensayo o la concesión de una entrevista donde él se muestra como es: brillante, irreverente, crítico, original e inmisericorde con sus deducciones y conclusiones.

En este año hemos tenido la oportunidad de leer uno de sus principales ensayos sobre Filosofía de la Ciencia y Sociología: ‘Políticas de la naturaleza. Por una democracia de las ciencias’ (RBA, 2013, disponible en FantasyTienda). Aunque originalmente se publicó en un ya lejano 1999, se mantiene totalmente fresco y actual gracias, en parte, a que la crisis económica contemporánea ha sometido al ecologismo y a la ecología política a un duro correctivo. Cuando más imprescindible resulta su alternativa menos próxima parece. De esta forma, el mensaje de Bruno Latour sobre las razones del fracaso del ecologismo, así como sus propuestas para una Ecología Política todavía por definir, resultan quizás ahora más necesarias incluso que en el momento de su publicación.

Antes de comenzar a analizar este libro resulta útil, e incluso podría decirse imprescindible, conocer brevemente la Teoría del Actor-Red o ANT que Latour y otros filósofos de la Ciencia desarrollaron en la década de 1990 y que, de forma profunda, articula el sentido de las afirmaciones, conclusiones y propuestas de este ensayo. Según la ANT, la producción de conocimiento respecto a la Realidad se traza en una red de relaciones y de interpretaciones desarrolladas en un espacio social donde todos sus elementos tienen un mismo papel actuante. Humanos y no humanos interactúan unos con otros y, de esa relación, se genera el conocimiento que después articula la Realidad. De esta forma, aunque el poder conocer resulta exclusivo de los humanos, el proceso de generación del conocimiento incluye a todos los elementos sobre los cuales se conoce y surge, precisamente, de la relación entre todos estos elementos.

A partir de aquí resulta más sencillo comprender por qué y cómo, en opinión de Latour, el ecologismo ha fracasado rotundamente y la Ecología Política ni siquiera ha existido aún –incluso está todavía por definir.

Una escritura contundente y una pluma firme que no duda en poner los puntos sobre las íes y llamar la atención sobre nuestra responsabilidad presente con un futuro mejor.

Durante décadas el ecologismo ha observado y tratado a la política como una esfera social extraña respecto a la naturaleza. En sus relaciones institucionales se ha intentado introducir en la agenda de los partidos políticas “naturales” –como si las demás fueran artificiales, y cuando el ritmo de consideración de los partidos tradicionales no ha sido el adecuado incluso se ha optado por constituir partidos políticos con estrategias y comportamientos tradicionales. Este enfoque enfrenta dos conceptos que serían, para Latour, constitutivos de un mismo todo. Como las catástrofes naturales, o los riesgos en la alimentación, o las políticas agrícolas u otros tantos ejemplos muestran: no podemos considerar la naturaleza sin la política y viceversa. En consecuencia, la Ecología Política tendría que surgir no de enfrentar ambos conceptos, sino de generar una praxis política a partir de su conciliación.

Latour hace suya la gestión del riesgo de Ulrich Beck para mostrarnos cómo la política antigua, de problemas claros y sin aristas, ya no sirve ni para la democracia ni para la Ecología Política. Actualmente, estamos dando pasos hacia una nueva política donde los problemas tienen muchas más aristas y relaciones con otros problemas y otros actores, y cuyas soluciones no surgen de una gestión administrativa del riesgo o un tratamiento político tradicional del problema, sino de una visión de conjunto y de una relación compleja entre todos sus constituyentes. La distinción sujeto/objeto no tiene validez en el espacio de la Ecología Política, y cada vez menos en la Política general, porque para afrontar el problema todas sus partes están relacionadas entre sí. De hecho, Latour manifestó no pocas veces la dependencia que la humanidad tiene de los recursos planetarios y cómo, para su supervivencia futura, el espacio físico y sus elementos constituyentes son imprescindibles.

¿Cuál es entonces la propuesta concreta de Latour para conciliar estas falsas dicotomías y, en consecuencia, disolver las dinámicas dialécticas tradicionales que tan enconadamente llevan enfrentando desde hace décadas a la Política y la Naturaleza? El filósofo, sociólogo y antropólogo francés propone, metafóricamente, una nueva “Constitución” que suspenda de facto los antagonismos humano/no-humano, sujeto/objeto, política/naturaleza. En su lugar propone una “casa común” (oikos), donde la vida se organice con una consideración equitativa de todos sus elementos constitutivos, permitiendo así que “la Ciencia” deje paso a las “ciencias” multidisciplinares y colaborativas en su definir de nuevas políticas de la naturaleza útiles para la construcción progresiva de un buen mundo común.

Bruno Latour

La democracia resulta un factor constitutivo imprescindible en cuanto son sus instituciones, orientadas a gestionar el gobierno a través de la articulación de una voluntad de la mayoría, cómo ese acuerdo constitutivo y ese bienestar compartido son posibles. Eso sí, la nueva Ecología Política también exige generar cambios en la cultura política democrática, de forma que se permita y viabilice la exploración de un mundo común habitualmente extirpado de la confrontación partidista. De esta manera, Latour cree que la Ecología Política pendiente de nacer será capaz de redefinir los espacios políticos tradicionales de izquierda y derecha no disolviéndolos –como pretendía el pensamiento único o el fin de la Historia, sino redefiniendo sus posiciones para que sean capaces de recordar aquello que como categorías ideológicas sociales las pone en relación y ambas tienen en común.

En ‘Políticas de la naturaleza. Por una democracia de las ciencias’ (RBA, 2013) encontramos una propuesta inspiradora de cómo podemos mirar hacia el futuro, con optimismo, desde un nuevo enfoque que nos ponga a todos de nuevo en relación. Si bien Latour se muestra escéptico, e incluso pesimista con cómo han ido hasta ahora las cosas, no pierde de vista la necesidad de cambiar el rumbo y la posibilidad de hacerlo desde una mejora del proceso de conocernos a nosotros mismos y a aquellos que nos une a los unos con los otros. Todo ello con una escritura contundente y una pluma firme que no duda en poner los puntos sobre las íes y llamar la atención sobre nuestra responsabilidad presente con un futuro mejor.

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