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       Artículo de literatura

Lágrimas (II)


Helena Ramírez   13/10/2013
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     «El sentimiento de derrota y pérdida todavía tardarían en abandonar a Mira».
(Podéis leer la primera parte de este relato aquí)


Lágrima de Belphy


Cogí la mano de Seidre y la seguí fuera de mi celda. Todavía me costaba creerlo, aun sintiendo los efectos de la curación mágica que había obrado en mí, con su mano en la mía y nuestros pasos conduciéndonos fuera de aquel lugar de pesadilla, apenas podía creer que hubiese venido a por mí. Temía que todo aquello no fuese más que un sueño del que acabaría por despertarme y encontrarme de nuevo con la cruel realidad de mis grilletes y cadenas.

De repente, Seidre estrechó mi mano, como si supiese lo que estaba pasando por mi mente y quisiese demostrarme que estaba allí de verdad, que juntas íbamos a salir de las Celdas de Orphy. Sonreí en la oscuridad y seguí avanzando tras sus pasos por el corredor, hasta que alcanzamos la primera puerta. Sería la primera de varias que tendríamos que cruzar, todas ellas custodiadas por dos o tres carceleros, antes de llegar a la superficie de la isla y salir a cielo abierto. No tenía ni idea de cuál era el plan de Seidre, pero confiaba en ella, conocía sus habilidades y su fuerza, y lo más importante, sabía de lo que era capaz de hacer con sus glifos.

Nos detuvimos a unos pasos de la puerta y sentí más que vi a Seidre volverse hacia mí. Se acercó lo suficiente como para poder susurrarme al oído y no alertar a los hombres que guardaban la puerta al otro lado.

—Quédate aquí mientras yo me hago cargo de ellos.
—Ten cuidado.
—Siempre lo tengo.

No podía verlo, pero estaba segura de que me había guiñado un ojo.
Después de nuestro breve intercambio, se apartó y dirigió a la puerta. Sin ser capaz de verla, solo podía imaginar lo que estaba haciendo; conociendo como conocía a Seidre, sus tácticas, trucos y forma de pensar, tenía una idea bastante clara de lo que tenía planeado. Pronto escuché el sonido del agua al correr y a no mucho tardar, las voces sorprendidas de los carceleros.

Lo siguiente pasó increíblemente rápido; la puerta que cerraba el corredor se abrió de golpe, derramando la cegadora luz de las lámparas cercanas sobre mí, las siluetas de los carceleros se recortaron contra el siguiente corredor, oí sus exclamaciones al verme en medio del pasillo y venir en mi dirección.

—¡¿Cómo demonios has salido de tu celda?!

Los tres se olvidaron del agua que ahora corría a nuestros pies y se abalanzaron sobre mí. Seidre, que se había ocultado tras la hoja de la puerta cuando esta se abrió, salió tras ellos sin hacer el más leve ruido.

El primer carcelero cayó sin saber siquiera que lo había alcanzado; Seidre, la fuerza de sus brazos y manos potenciada por las propiedades de los glifos de agua y fuego, le había roto el cuello en un ágil y rápido movimiento. El segundo carcelero cayó de forma parecida unos segundos después, alertando al único que quedaba con vida de que algo pasaba.

—¿Pero que co…? —Empezó a decir girándose hacia la puerta, pero no le dio tiempo a terminar la frase. La mano izquierda de Seidre impactó contra su cara, seguida por una pequeña explosión y un ahogado y gorgoteante alarido de dolor.

Barrotes de la cárcel

El cuerpo del último carcelero cayó al suelo con la cabeza convertida en pulpa sanguinolenta y humeante. Después de todo cuanto me habían hecho pasar allí, no pude más que sentir una cruel satisfacción al verlos morir de aquella manera.

—Merecen sufrir más —dijo Seidre inclinándose sobre el último cuerpo y despojándolo de sus armas—. Pero no tenemos tiempo para ello. Ten.

Me tendió una espada, mientras ella se quedaba con un par de dagas, su tipo de arma habitual. Aferré la espada en mi puño, no estaba en condiciones de luchar, pero podría defenderme de ser necesario.

—Es imposible que podamos hacer frente a todos los carceleros y guardias de este lugar —dijo Seidre—. Aunque creo que salir de este edificio será lo más fácil, durante el turno de noche la guardia es mínima. Lo difícil vendrá después. ¿Podrás correr cuando llegue el momento?

La expresión de sus ojos verdes era preocupada, era muy consciente de que si le decía que no, ella misma cargaría conmigo a la espalda. La verdad era que las torturas y los días pasados allí me habían dejado muy debilitada, pero la curación de Seidre me había devuelto parte de mis fuerzas, esperaba que fuesen suficientes para aguantar durante nuestra huída.

—Podré —respondí sin vacilación alguna. Seidre me sonrió.
—Bien. Procuraré hacerme cargo de tantos enemigos como pueda. Tú intenta ahorrar esas fuerzas hasta que nos hagan falta.

Asentí y nos pusimos de nuevo en marcha, caminando con sigilo y cuidado, avanzando por un pequeño corredor iluminado a intervalos por lámparas en las paredes, que ascendía hacia el siguiente nivel de la prisión. La siguiente puerta y todas las que cruzamos después estaban custodiadas por dos o tres hombres, a los que Seidre siempre lograba sorprender usando alguno de sus glifos, matándolos antes de que pudieran dar la voz de alarma.

Era la Lágrima de Elphy en acción, el mejor agente que la Liga de las Lágrimas había tenido jamás; Seidre sabía moverse, atacar y luchar en silencio, sabía cómo sorprender a sus enemigos y sacar el máximo partido a los glifos que recorrían sus extremidades y las dagas que con tanta maestría manejaba. Una sonrisa que hacía días que había olvidado, se dibujó en mis labios, verla combatir era toda una experiencia, aunque cuando todo terminara, estuviéramos lejos de aquí y la adrenalina se evaporara de su cuerpo, Seidre iba a experimentar un cansancio atroz, el uso continuo de la magia tenía ese precio.

Corredor tras corredor, nivel tras nivel, fuimos ascendiendo dejando tras nosotras un reguero de cadáveres marcados por la magia y las dagas de Seidre. Finalmente, alcanzamos la última puerta, una de doble hoja, esta daba acceso a una antesala que comunicaba con el exterior. Era de esperar que allí hubiese un número más elevado de guardias; no sería posible ocuparse de todos ellos al mismo tiempo y alguno terminaría por dar la voz de alarma. Seidre y yo intercambiamos una mirada, era el momento de correr.

—Tenemos que alcanzar el lado norte de la isla —dijo.
—Creía que los embarcaderos estaban al este.
—Precisamente esperarán que corramos hacia allí en busca de un bote para salir de la isla. Por eso vamos a ir hacia el norte, allí los acantilados son más bajos, saltaremos al mar y nadaremos hacia la costa. —Se acercó a mí y tomó una de mis manos, apretándola—. Sé que suena difícil, pero es nuestra mejor opción. Trataré de ahorrar algo de fuerzas para poder usar los glifos y ayudarnos con ellos.
—Está bien. Nunca pensé que llegaríamos tan lejos. Tampoco que fuese a ser fácil. Solo… —vacilé y aparté la mirada—. Solo, si caigo, si no puedo seguirte, no te pares, no vuelvas por mí, sigue adelante y sal de aquí.
—No —dijo con firmeza y con su mano libre tomó mi barbilla y alzó mi rostro, reconectando nuestras miradas—. No pienso dejarte atrás. O salimos de aquí juntas o morimos juntas.

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