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De la mano del popular y exitoso director francés Luc Besson (“El Quinto Elemento”, “León, el Profesional”) llega a las pantallas “Arthur y los Monimoys”, una historia de aventuras y animación destinada al público infantil. |
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La película cuenta la historia de Arthur, un niño de 10 años que vive con su abuela en una casa en el campo. Su abuelo es un ingeniero famoso que ha desaparecido, y cuyas aventuras por África le son relatadas por su abuela. En una de esas aventuras, le habla de un pueblo desconocido y mágico, formado por seres diminutos llamados Minimoys. Esta aventura, como tantas otras, fascina a Arthur, que sueña con poder conocer a esos seres algún día. El problema está en el mundo real, fuera de la imaginación de Arthur, ya que, como su abuelo desapareció, no pueden pagar la casa, lo cual hace que corran el peligro de acabar en la calle. Para poder solucionarlo, Arthur decide seguir una serie de pistas ocultas que su abuelo dejó esparcidas por la casa y que le permitirán visitar a los famosos Minimoys y recuperar un tesoro que le regalaron tiempo atrás a su abuelo. Un tesoro con el que podrán pagar la casa.
Bajo esa premisa, y utilizando técnicas digitales, el director Luc Besson nos ofrece una película que cumple correctamente con la estructura de cualquier película infantil y sabe ofrecer una aventura entretenida, divertida y bastante bien resuelta. Se percibe la calidad de un director con bastante experiencia que sabe que, pese a tratarse de una película infantil, eso no implica que deba trabajarse menos el apartado técnico. Así pues, el uso de los colores, iluminaciones, fotografía y, por supuesto, todo el apartado digital (que ocupa gran parte del metraje) estan bastante bien elaborados.
Todo esto ayuda a que una película cuya historia no es del agrado de todo el mundo (héroes, princesas, mundos mágicos, malos malísimos con un pasado engañoso, aventuras en miniatura, amores y luchas, todo ello enfocado para un público más bien infantil), resulte entretenida y divertida.
No es una película tampoco destacable – salvo por la anécdota de que, según Luc Besson, esta pretende ser su última película -, ni es una muestra de gran originalidad, pero si es una buena propuesta por parte de Europa al inminente ataque de películas infantiles y navideñas provenientes de Hollywood. Una propuesta imaginativa y fantasiosa que permite incluso a los más mayores regresar a la época en la que se divertían conduciendo coches de juguete y soñando con salvar princesas (o matando a “los malos” para poder impresionar a las princesas).
La estructura, el guión, aún cuando es una película infantil, sabe como no resultar una copia de las típicas películas al uso. Sí es cierto que Arthur es un niño imaginativo, que tiene un perro muy inteligente, unos padres que nunca están con él y un grupo de señores poderosos y malos que intentan quitarle la casa a su pobre y simpatica abuela (interpretada por una muy correcta Mia Farrow). Y si es cierto que en el mundo de los Minimoys se enamora de una princesa y vive mil aventuras contra unos malvados que intentan destruir el apacible mundo de estos seres diminutos. Pero son los detalles, la forma de llevar la historia, lo que hacen que “Arthur y los Minimoys” sea una película algo más original y entretenida que la media. Esto, por supuesto, se debe a que detrás se encuentra un director que conoce bastante bien el cine fantástico y sabe como dirigir una película sin ser aburrido.
Entre estos detalles se encuentran secundarios que, partiendo de premisas ya establecidas en el cine infantil (los secundarios siempre son más divertidos, estrafalarios, simulan ser de etnias más llamativas y actuan de modo atrevido), saben como resultar más complejos y con mayor sentido dentro de la estructura de la historia global. Entre estos detalles también se encuentra el hecho de, aún combinando la imagen real y la generada por ordenador, el acierto de saber separarlas lo suficiente para no resultar demasiado ficticio. O la idea de introducir detalles exóticos (véase todo lo relacionado con África) que le den una ambientación menos usual a una aventura cuyo principio y final realmente son bastante predecibles.
No obstante, la idea de estas películas es la de resultar entretenidas para niños y adultos con ganas de ser niños durante 2 horas, y para ello debes crear expectación, tensión, pero siempre mostrando que los buenos se van a salvar y los malos van a perder. Esa es la esencia del cine infantil de calidad: olvidas que son predecibles, al menos durante el tiempo que estás viendo la película.
En conclusión se puede decir que, sin ser una gran obra (desde luego, Luc Besson ha hecho películas mucho mejores), si resulta bastante efectiva si tenemos en cuenta su finalidad infantil. Además, está tecnicamente bien realizada y el director sabe que las películas infantiles también la ven los adultos. Y esto, la verdad, se agradece bastante cuando acompañas a tu sobrino/a pequeño al cine.
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