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Cuarenta y dos relatos de fantasía, ciencia ficción y terror del certamen literario convocado por Sedice, prologado por el escritor Santiago Eximeno. |
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Agua, desolación, traición y locura. Estas cuatro palabras tienen en común los relatos presentados a concurso en el certamen de fantasía, ciencia ficción y terror convocado por www.sedice.com. Cuarenta y dos relatos que con mayor o menor acierto tratan de realizar una historia con las cuatro palabras de las que han de partir, y que se publican en esta antología titulada Tierra de Leyendas V, que sale a la venta de la mano de Editorial Ábaco.
La mayoría de los autores parece sentir predilección por el género de terror, en parte debido a que las palabras seleccionadas para el concurso suelen inducir los mayores temores que tenemos en general. La originalidad de los diversos autores es de gran consideración así como también la calidad literaria que tienen los escritos de gran parte de ellos. La mayoría consigue atraparte desde las primeras líneas del relato haciendo como propios los sentimientos de desesperación, soledad y como no, locura que acompañan a la mayoría de los personajes. Todos los relatos vienen con ilustraciones, que consiguen adentrarte aún más en la historia.
El libro viene prologado con un pequeño relato de Santiago Eximeno, “La pata de conejo”, un prólogo donde queda latente lo que nos encontraremos a continuación. Eximeno destaca en su relato lo peor que nos encontramos de la guerra, donde soldados arraigados de la sociedad no tienen otra alternativa que la de seguir luchando para dar sentido a su vida, atrás ya no queda nada salvo recuerdos que no hacen más que aumentar la carga emocional con la que han de luchar día tras día.
Cabe destacar varias historias, sin por ello desmerecer al resto:
¡Joder, con la maquinita!, de Víctor Martínez: En este relato nos encontramos con la situación vivida por muchos en la cual, a pesar de las dudas, decides confiar en algún familiar que al final sin remedio alguno acaba por traicionarte, no es algo voluntario, siempre son aquellas situaciones que temes puedan llegar a ocurrir pero esperas que nunca sucedan, aquellas en las cuales piensas: “ten paciencia, es familia…”, pero conducidas al límite. Víctor Martínez nos presenta un relato de lo más crítico a nivel personal, familiar e incluso laboral con un final de lo más insólito.
Cenizas, de Cristóbal Hernández: Así como Eximeno, el autor de este relato recurre a los horrores de la guerra para liberar todas las miserias del ser humano, el como la guerra nuclear parece ser la solución a los mayores problemas sin mancharte las manos excesivamente. Pero tras la bomba siempre están los soldados, aquellos que acuden para comprobar si las ciudades están desiertas, y son ellos los que han de soportar las imágenes que a nadie le gustaría tener en mente.
Esperanza de Dios, de Juan Carlos Pereletegui: La iglesia, como en muchas sociedades, domina la vida de los habitantes de Bendita Tierra. Jara y Lami llegaron a Esperanza de Dios con la promesa de que su Fe no sería cuestionada, pero como la mayoría de promesas esta también se la acabó llevando el viento. Juan Carlos Pereletegui nos muestra una alegoría de lo sucedido en anteriores épocas, en las que la humanidad sólo busca criar y ver crecer saludables a sus descendientes mientras que siempre hay algún estado superior, que no te ve más que como ganado.
La Gota, de Jennifer Camacho: En esta ocasión la autora nos acerca a la vecina localidad de Dos Hermanas, en Sevilla, para contarnos algo que de un tiempo a esta parte se vive en nuestro país de manera más habitual en las épocas estivales: la sequía. Jennifer Camacho nos cuenta como en una fábula de lo más acertada, el recorrido de una gota de agua, sus ganas de no perecer y su desesperación por ser la única gota en uno de los veranos más calurosos de la población Sevillana.
Galín, de Javier Martín: El desierto nunca es buen compañero para un viajante cansado, y más tras una ardua batalla. Muchas personas son las que mueren tras largos días de fatiga y pocas gotas de agua que llevarse a la boca. En esta situación cualquier agujero es trinchera, todo vale para seguir con vida, y más si esta se trata de alguien importante, los duques no mueren, no deben morir si hay manera de evitarlo, y cuando todo falla, sólo queda el recuerdo.
Hoduini, de Eduardo Martín: Como el gran ilusionista, Eduardo Martín nos asombra con un relato de lo más fresco y ameno. El protagonista, Alan “El loco”, juega en todo momento tanto con su rival el señor Picó como con el lector. Consigue despertar las dudas sobre lo leído un minuto atrás, consigue atrapar al lector entre sus escasas líneas así como el señor Picó caerá irremediablemente presa de “El loco”.
La Canguro, de Ana Peris: Estas jóvenes trabajadoras han sido y serán por mucho tiempo el mayor referente en las historias de terror y las leyendas urbanas, y para no ser una excepción Ana Peris decide centrar su relato en Marta, una joven canguro que se verá obligada a lidiar con los peores temores de uno de los niños a su cargo, Nicolás. Uno de esas bellas criaturas que no se duermen hasta que están seguros que sus peores miedos están encerrados seguros tras el armario y luego dejan a la canguro atormentada con los más horribles pensamientos.
El peor de sus días, de Jorge Rubén Capulino: Todos tememos la pérdida de algún ser querido, y por mucho que queramos, tarde o temprano éstos acaban marchando, sin poder evitar sentir desesperación cuando tus amigos marchan por tu culpa, y toda la ira y desesperación se vuelca en uno mismo con el sentido de no haber podido hacer nada para evitar su muerte. Jorge Rubén Capulino expresa a través de su relato perfectamente ese sentimiento, mezcla de rabia, impotencia y deseos de venganza que alberga el corazón de los que se quedan.
Mil quince milibares, de Roberto de Paz: en España, aunque de un tiempo a esta parte la lluvia haya brillado por su ausencia, o no sea tan abundante como en países más norteños, contamos con una gran capacidad pluvifera. Pero… ¿qué pasaría si toda esa agua dadora de vida llegada del cielo simplemente dejara de caer, si el cielo dijera “basta”?. Roberto de Paz nos presenta el caso totalmente contrario: nos encontramos en una sociedad donde el agua de lluvia no se veía desde hacía décadas, y en un instante los cielos se cierran y cae agua de una manera tan torrencial y frecuente como los acontecidos durante el diluvio universal. Esto sorprende a los más jóvenes, que lo interpretan de forma catastrófic y apocalíptica. Muestra de manera muy acertada la desesperación de las nuevas generaciones ante este hecho nuevo y la melancolía y recuerdos que trae a los más ancianos que recuerdan con añoranza tiempos pasados.
Ejecución, de Rafael Belda: Al leer este relato lo primero que me vino a la mente fueron las imágenes mostradas por la televisión de los abusos sufridos por los diferentes reclusos de la prisión de Abu-Ghraib por parte de los soldados estadounidenses. Rafael Belda consigue meterse en la mente de un soldado que no soporta estos abusos de poder, que a pesar de la impotencia inicial a la que se verá sometido por sus propios pensamientos tendrá el valor suficiente para enfrentarse a sus compañeros, aunque esto no siempre sea una buena idea.
Fragmentos, de Diego Chiriboga: La desesperación muchas veces nos acompaña en nuestra vida cotidiana, esa impotencia que sufrimos al ver que algo que parecería fácil a primera vista se nos hace un mundo, una barrera infranqueable la cual nos vemos obligados día tras día a intentar superarla o al menos esquivarla. Toda esta desesperación se ve aumentada cuando la felicidad y salud de los tuyos se ve alterada y ves día tras día como estos no tienen el descanso que merecen. Diego Chiriboga se enfrenta de manera muy acertada ante la dualidad del querer que alguien permanezca contigo a pesar de los males y el hecho de verlos felices aunque a uno le suponga un duro golpe emocional el no ver más a la persona querida.
Para concluir, me gustaría destacar una frase de Eduardo Campos incluida en su relato: “Respuestas. No las busques solo. Cuando te preguntas a ti mismo, oyes precisamente lo que quieres oír, es lo habitual. Engañarse o que otros lo hagan. Esto hace que vivas tranquilo pero entonces falta la búsqueda. Las aventuras son más excitantes si no preguntas, pero luego te encontrarás perdido. Te revelaré algo, la respuesta más importante le es dada a cada uno cuando nace.”
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