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       Artículo de literatura

La naranja mecánica. Edición conmemorativa 50 aniversario, de Anthony Burgess


Fco. Martínez Hidalgo   29/01/2013
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     Una experiencia personal dramática llevó a Burgess a elaborar esta novela casi a modo de expiación o de terapia respecto a sus propios instintos violentos.
Portada de La naranja mecánica. Edición conmemorativa 50 aniversario, de Anthony BurguessCuando uno abre ‘La naranja mecánica’ (Minotauro, 2012, Clásicos Minotauro, disponible en FantasyTienda) lo primero que se encuentra es una “Introducción. La naranja mecánica exprimida de nuevo” escrita por el propio Anthony Burgess (Inglaterra, 1917-1993) en 1986. En ella, la primera frase resulta ya lapidaria y deja tibio al lector que, emocionado, se asoma inocente a este libro: “Publiqué la novela 'A clockwork Orange' en 1962, lapso que tenía que haber bastado para borrarla de la memoria literaria del mundo” (p. vii). Efectivamente, su autor siempre aborreció esta novela y todo el seguimiento subsiguiente, multiplicado exponencialmente desde que sirviese para la película estrenada por Stanley Kubrick en 1971 a quién, ni corto ni perezoso, el mismísimo Burgess le achaca el ser el “principal responsable” de su supervivencia en la memoria colectiva y en el tiempo.

El año pasado se cumplía el quincuagésimo aniversario de su publicación original y, con este motivo, la editorial Minotauro publicó una “edición 50 aniversario” que, excepto por la portada dónde tal leyenda figura, en nada cambia respecto a las ediciones anteriores. Con todo, tal publicación y la efeméride sirven para reimpulsar un título que, aunque aborrecido en extremo por su autor, se cuenta ya entre los clásicos imprescindibles de la literatura universal. Un ejemplo paradigmático de cómo, con independencia del autor, el sistema cultural tiene sus propios mecanismos para decidir qué obras alcanzan o no el canon referencial y, de entre ellas, cuáles se definen como un clásico.

Con muy pocas dudas, el principal mérito de ‘La naranja mecánica’ (Minotauro, 2012) para alcanzar tal cota de permanencia en la mente literaria colectiva, más allá de las imágenes evocadoras rodadas por Kubrick, es la intemporalidad de su tema.

Una reflexión profundísima que, adoptando la forma de metáfora, se reconoció sin embargo como una distopía en la que otros aspectos ajenos al fondo de la historia acabaron tomando el control de la interpretación mainstream de la novela.

Por desgracia, la violencia es inherente a la condición humana. Cualquier especie con la capacidad de crear o construir, por muy poca o limitada que sea, cuenta también en igual medida con una capacidad para la destrucción. Burgess eligió la imagen de una naranja mecánica como título para su distopía por su excepcionalidad y su rareza, buscando significar la posible (pero muy infrecuente) existencia de la violencia en estado puro, irracional y desbocada, como la que Alex supura por todos sus poros desde el mismo inicio de la novela. De esta forma, más que una distopía social o una construcción de una realidad alternativa indeseable, la novela resulta ser una metáfora de un tipo de violencia humana residente en nuestro más hondo y oscuro interior (ultraviolencia), potencialmente destructiva, devastadoraen sus consecuencias si se le deja salir y tomar el control de nuestras vidas.

Precisamente, cuando transformamos a ‘La naranja mecánica’ (Minotauro, 2012) de distopía a metáfora es cuando los acontecimientos argumentales de la novela cobran un nuevo sentido al no ser simples hechos o sucesos derivados del hilo argumentativo principal, sino mecanismos ficticios indispensables en el recorrido por los distintos estados comparativos de violencia: desde la ultraviolencia del comienzo de la novela hasta la antiviolencia final, pasando por la paradójica “Técnica de Ludovico” experimentada sobre Alex durante su estancia en prisión que, para acabar con la tendencia violenta en Alex, utiliza precisamente una técnica tan violenta como puede ser la tortura psicológica.

Los múltiples personajes que Alex se va encontrando a lo largo de la novela tienen también un evidente aspecto aleccionador pues, cada etapa de Alex en la historia es una forma en cómo la violencia se nos presenta. Llegado determinado momento, cuando Alex no es fuente y sí destinario de la violencia, se nos muestra cómo ésta puede también generarse desde la ira o el rencor o el resentimiento; con independencia de que Alex no sea en ese momento la misma persona que cuando causó ese sentimiento en quién ahora la ejerce contra él. Un tratamiento de Burgess de la violencia como venganza que la muestra tan alejada de la justicia como la ultraviolencia o cualquiera de los otros tipos presentes en la novela.

Anthony Burgess

El tratado general en que se convierte a través de la metáfora ‘La naranja mecánica’ (Minotauro, 2012) se lee, entonces, como una condena global y sin paliativos de la violencia como forma acción social. Una perspectiva en la que encaja como un guante el controvertido capítulo 21, no presente en todas las ediciones publicadas –la película de Kubrick se basó en la edición estadounidense que no contenía este último capítulo, en cuanto está repleto de una intensa carga moral que pone en las manos del cada uno el echar mano o no de la violencia. La ética o los valores o los principios de cada uno son la principal fuente de sujeción respecto al uso de la violencia.

Una experiencia personal dramática llevó a Burgess a elaborar ‘La naranja mecánica’ (Minotauro, 2012) casi a modo de expiación o de terapia respecto a sus propios instintos violentos, queriendo devolver al agresor el daño sufrido. Una reflexión profundísima que, adoptando la forma de metáfora, se reconoció sin embargo como una distopía en la que otros aspectos ajenos al fondo de la historia acabaron tomando el control de la interpretación mainstream de la novela; a la que tanto debe su triunfo literario pero que tan poco gustaba a su autor. Con todo, quedan todavía lecturas alternativas capaces de ir más allá de la superficie, poniendo en valor cómo Burgess elaboró su novela a partir de una de las lecturas literarias más inteligentes que sobre la violencia se hayan escrito jamás.

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