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Transiciones de la antigüedad al feudalismo, de Perry Anderson


 Ciencias Sociales
Fco. Martínez Hidalgo   11/12/2012
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     El libro pone el foco en varios factores que explicarían la transición de modelos, hacia el feudalismo primero, y hacia el absolutismo después.
Portada de Transiciones de la antigüedad al feudalismo, de Perry AndersonUn clásico de las Ciencias Sociales reimpreso por Siglo XXI y escrito por uno de los principales historiadores del s. XX: Perry Anderson (UK, 1938). Uno de esos estudios intelectuales que labraron su carrera e hicieron de él una referencia en la izquierda global, sobre todo en su etapa de editor de la New Left Review –en dos períodos que cubren varias décadas. Entre sus trabajos históricos sobresale ‘El estado absolutista’ (Siglo XXI, 1979), precisamente la continuación de este ‘Transiciones de la antigüedad al feudalismo’ (Siglo XXI, 2012, disponible en FantasyTienda), del que es piedra angular y lectura previa imprescindible para comprender todo el itinerario de evolución hacia el modelo del Estado autoritario.

Este primer volumen comienza en el s. V a.C. y termina en el s. XV d.C. En tres cuerpos analiza: primero, los modelos sociopolíticos de la Grecia y la Roma antigua; después, la transición de ambos modelos políticos hacia el feudalismo; y finalmente, el desarrollo del modelo feudal tanto en Europa Occidental como en Europa Oriental, dadas las diferencias de fondo entre estos dos modelos territoriales.

Su principal hipótesis pasa porque la influencia griega, tanto de la Esparta monárquica como de la Atenas democrática, no alcanzó el grado de influencia de la Roma imperial. Sobre esta base, y a partir de la desintegración del Imperio Romano, la importancia relativa de las invasiones bárbaras creó las condiciones para una síntesis de la que surgiría el sistema feudal de la Europa Occidental. En Oriente las condiciones eran otras, la tardía desintegración del Imperio Romano Oriental y la escasa influencia de los grupos nómadas abrió las puertas a la influencia occidental, especialmente de los Países Bajos y las zonas germánicas, favoreciendo modelos de feudalismo menos centrados en el servilismo. Justo en la desintegración del feudalismo acaba este tomo, continuado más tarde por ‘El estado absolutista’ (Siglo XXI, 1979) dónde analizaría las transiciones desde el feudalismo en descomposición a las monarquías absolutas.

Mientras leemos ‘Transiciones de la antigüedad al feudalismo’ (Siglo XXI, 2012) esperamos impacientes la reimpresión del volumen siguiente, ‘El estado absolutista’ (Siglo XXI, 1979), con el que Perry Anderson culminó uno de sus principales trabajos.

El libro pone el foco en varios factores cuyas dinámicas de cambio explicarían la transición de estos modelos, hacia el feudalismo primero, y hacia el absolutismo después.

El primer factor relevante resulta ser el uso de mano de obra esclava. Originariamente el esclavismo surgió a partir del exceso de mano de obra de las guerras y las conquistas, entregada a los líderes militares y terratenientes que daban recursos para la batalla. Esta relación social acabaría transformándose desde el ser humano como propiedad –situado a la altura de los aperos de labranza como mano de obra y permitiéndoles a los señores disponer del tiempo libre para dedicarse a otras labores o responsabilidades, a las personas en relación de servidumbre con sus señores a través de la tierra. Este apego encapsuló las relaciones, pasando a ser el centro, el vínculo principal de la relación social entre ellos. La propiedad de la tierra generaba la servidumbre a través de la necesidad de sus recursos, substituyendo a la posesión directa de la persona –excesivamente costosa para el señor.

Aquí engarza Perry Anderson con un segundo factor: las relaciones socioeconómicas basculantes entre una economía agraria escasamente modernizada y con una incorporación tardía y poco significativa de innovaciones, y un modelo urbano todavía poco extendido en el continente pero suficientemente significativo en zonas de Italia o Alemania o Francia como para asentar las relaciones de vasallaje y/o servidumbre. A estos dos factores debe añadírsele un comercio escaso, prácticamente anecdótico, manteniendo así la rigidez de las relaciones socioeconómicas sobre el territorio. No en vano, plazas y mercados atraían a mercaderes de la misma zona.

En este contexto, cuando las innovaciones eran escasas y por tanto los reajustes de productividad no eran continuados, cualquier pico podría derivar en importantes desajustes. Así pasó en la Edad Media, cuando tras un aumento significativo de la productividad, y por tanto un aumento de la población a partir de la mejora de las condiciones de vida en el corto plazo, la escasez y el hambre consecuencia de malas cosechas y recursos insuficientes derivó en escaramuzas y guerras por doquier. Los señores feudales debilitaron su legitimidad ante sus siervos. Los conflictos bélicos reconfigurarían decisivamente el mapa de relaciones. Para afrontar este problemático contexto, los feudos pasan a aliarse entre si, los señores agrupan sus recursos en aras de un bien común. Posteriormente, con sangre y victorias, las relaciones de vasallaje entre señores, la legitimidad vertical de la monarquía, o la territorialidad homogénea del futuro poder estatal, irían tomando una forma más clara.

Perry Anderson

A esta lista de factores Perry Anderson añade la importancia del cristianismo. Fuese de base católica (Occidente) u ortodoxa (Oriente), la religión católica ofrecía a los señores como principal ventaja una importante y heterogénea fuente de legitimidad: una legitimidad intelectual a través del estudio o la filosofía o la educación, una legitimidad divina a partir del ungimiento del rey o del señor como representante político de Dios en su territorio, o una legitimidad política de un esquema social dónde la autoridad estaba centralizada (en Dios) pero a la vez se distribuía entre distintas formas de autoridad (el Estado, el Rey y la Iglesia).

Este excelente ‘Transiciones de la antigüedad al feudalismo’ (Siglo XXI, 2012) trata sus hipótesis sobre estos tres factores, analizando su evolución tanto desde un punto de vista macro (en las zonas de Europa occidental y Europa oriental), como desde un puntos de vista micro (en los distintos modelos que se daban en cada zona), utilizando la comparación para mostrar las coincidencias y justificar las divergencias tanto internas (a las zonas) como externas (entre ellas). Lo hace, además, con una escritura clara, una estructura que apuesta por la comprensión, y desde un punto de vista siempre accesible para todo tipo de lectores –expertos o simplemente interesados.

Mientras leemos ‘Transiciones de la antigüedad al feudalismo’ (Siglo XXI, 2012) esperamos impacientes la reimpresión del volumen siguiente, ‘El estado absolutista’ (Siglo XXI, 1979), con el que Perry Anderson culminó uno de sus principales trabajos.

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