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El proyecto Ánfora, de William Kotzwinkle |
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Una fábula de humor galáctico de William Kotzwinkle con conexiones científicas, alienígenas increíbles y muchos mundos por descubrir. |
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De William Kotzwinkle dice la Wikipedia haber nacido en 1943 y ser autor y guionista. Es autor versátil, tanto de libros infantiles como libros para adultos, entre los que se encuentran numerosas novelas. Quizás su obra más conocida se la novelización de la película “E.T. el extraterrestre” que pasó con más pena que gloria por el mundo de la crítica. Aun así, Kotzwinkle ha conseguido por dos veces el National Magazine Award for Fiction y el World Fantasy Award en una ocasión. Entre sus guiones cinematográficos se encuentran “Pesadilla en Elm Street 4” y “Book of Love”.
Hechas las presentaciones pertinentes, la Editorial Alianza ha tenido a bien enviarnos El proyecto Ánfora de dicho autor, perteneciente a la colección Runas de autores de Fantasía y Ciencia Ficción consagrados.
Todo comienza en el Farolillo de Papel, un club de dudosa alcurnia al que acuden hombres y mujeres, alienígenas varios y robots en gran número para desconectar de sus rutinas. El capitán Oldcastle, desertor del ejército reconvertido a pirata espacial, junto con su compañero Lagartio, del planeta Serpentia, un entomólogo llamado Link y un robot, Upquark, escuchan más bien sin casualidad, una conversación adyacente. En ella se trata el tema de la inmortalidad puesto que un grupo de científicos, apoyado por los generosos fondos de los más ricos personajes interplanetarios, se dispone a poner en marcha un experimento llamado Ánfora por el cual vivirán eternamente conservando su juventud. Una vez de paseo por la bulliciosa ciudad de Alien City, un mendigo robot (info-glotón) a cambio de energía para sobrevivir, introduce en Upquark los planos de dicho complejo secreto sito en Luna Chatarra, un planeta perteneciente a un miembro del Consorcio y presidido por Kitty Liftoff, que subvenciona Ánfora.
Pero no es oro toda la promesa que reluce, y Ánfora proviene de un extraño pacto con unas frágiles criaturas conocidas como Inmortales cuyo monasterio se ha instalado en Alien City. La Observadora, especie de Gran Hermano femenino, quiere hacerse con Link al ser un reputado entomólogo con oscuras conexiones con el pirata Oldcastle, en busca y captura desde mucho tiempo atrás. Mientras Link es rescatado por una habitante de Cantus, Oldcastle secuestra a su robot con los planos y pone en marcha el Proyecto Ánfora con consecuencias fatales e imprevistas. Los padrinos del proyecto, uno a uno, lentamente, se van cristalizando y adornando sus casas como figuras transparentes. Pero no sólo ellos, poco a poco, toda Alien City y el Planeta Inmortal se verán afectadas.
Link, que ha conseguido evadirse de las garras de la observadora, descubre en sí mismo que la apertura del proyecto ha abierto un cruce interdimensional por el que se alimentan los Extradimensionales, unos seres come-energía, cuya única ambición es terminar con la fuerza vital de cualquier cosa animada. Descubre también que su guía es una feromona llamada seducxión, que utiliza una especie de araña para atraer a sus presas, por lo que decide entregarse a la Observadora para probar suerte. Pero los Extradimensionales son muy poderosos, ¿conseguirá Adrien Link, un simple amante de los insectos o Oldcastle, un gordo pirata espacial acabar con la amenaza en su mundo?
Como bien dice la contraportada del libro, nos encontramos ante una “ópera espacial” no en el sentido del canto, que lo hay y mucho, sobre todo en algunas de las razas descritas, como los Cantusianos. Más bien hay que achacarlo (en el buen sentido) a los múltiples personajes que protagonizan el conjunto de la obra. Bien se pueden encontrar a personajes como Dumbosiano, del planeta de los Elefantianos; Viscossi, un ser al que todo se le pega porque secreta un extraño jugo; los semilíquidos, capaces de morir absorbidos por una alcantarilla. En definitiva, se trata, sin duda de un libro de acción creado a partir de la introducción de personajes muy variados, en muchos casos sin conexión aparente o alguna con la historia pero que dotan a la novela de un impresionante universo a desarrollar.
Mucho recuerda este libro a las primeras películas de Star Wars, sobre todo en sus capítulos en Alien City, que parecen una alegoría de la Cantina de “Una nueva esperanza” y donde muchos de los alienígenas parecen sacados también de la exitosa saga galáctica. Pero no solo eso, sino que el ritmo del relato, en algunos casos y, probablemente por la condición de guionista del autor, parecen recrear cualquier episodio escondido detrás de la barra de Moss Eisley aconteciendo al mismo tiempo que Luke contrata a Han. En otra ocasión, mientras transcurre el capítulo 26, talmente nos ofrece una visión de los escuadrones rebeldes intentando destruir la Estrella de la Muerte pero trasladada a Luna Chatarra. Otros personajes recuerdan también a alienígenas de la memoria colectiva de la Ciencia Ficción, como puede Espectralio O, similar en todas sus características a los alienígenas del episodio 19 de la II temporada de Stargate (blanquecinos, cantores de las flores para que crezcan y les den vida) Y estas no son las únicas, se trata de un libro muy rico en referencias a otras producciones tanto cinematográficas como escritas o del ideario popular de la Ciencia Ficción.
Además, contiene una gran dosis de filosofía rebajada, como pueden ser las palabras acerca de Olympia, miembro del Consorcio cuando se afirma de ella que “Así se sentía a veces, un pequeño y viejo esqueleto que se arrastra por ahí (…)” recordando a las geniales “Meditaciones” de Marco Aurelio (“No eres más que un alma que arrastra un cadáver”) También se aprecia un poco de la tónica política dominante en la actualidad cuando Roy Cosmópolis, también perteneciente al Consorcio dice “Somos la garantía de que habrá un mañana” en referencia al don de la inmortalidad que concederá Ánfora, subvencionado por él. De todas maneras, aunque se pueden apreciar comparaciones en muchas de las citas, lo cierto es que todo está regado de un muy amplio sentido del humor que facilita, con mucho, el ritmo narrativo.
Los personajes, amén de influencias, están bien construidos, al menos para lo que se requiere en un relato de estas características. Son personajes planos, distribuídos entre el Bien y el Mal, que no admiten tonos grises puesto que el puesto de “malo maloso” está atribuído a otros seres que, si bien no se nombran hasta mediada la novela, se sabe que aparecerán. Un punto fuerte es, sin duda, la amplia imaginación del autor en la creación de la atmósfera, entendiendo por ella la descripción física del entorno y sus habitantes.
Por otro lado, en los “Agradecimientos” con los que comienza el libro, se hace mención especial de varios reputados científicos especializados en Biología y Tecnología, los cuales, suponemos, supervisarían la obra en su creación. Aunque no incorpora mucha ciencia, centrándose más en el aspecto narrativo, el libro es correcto en todas las referencias que hace teniendo en cuenta que se trata de una obra de la Ciencia Ficción, por tanto con licencias en determinados aspectos como la aparición del Corredor espacial, una especie de autopista intergaláctica por la que discurren, aparecen y desaparecen en extrañas circunstancias quienes la frecuentan (a modo de agujero de gusano rudimentario); o la posterior aparición de los Extradimensionales, seres similares a agujeros negros, descritos como tales y con consecuencias similares a los reales, en los últimos capítulos de la obra.
La historia se desarrolla fluidamente, como ya hemos apuntado, aunque cabe decir que el final, después de tanto despliegue de medios y capacidad imaginativa, queda un poco cojo. No se entienden muy bien las motivaciones que llevan a los Extradimensionales a marcharse después de todo el daño causado y teniendo en cuenta sus motivos para el ataque. Parece un final precipitado, construido a desgana que desluce un poco el resto de la obra.
En cuanto al análisis estricto, hay que reconocer el mérito a Kotzwinkle y a su traductor, Francisco Muñoz de Bustillo, de regalarnos espléndidas figuras literarias, como pueden ser, a modo de ejemplo: “su aliento se aferró a la carne” o el “pájaro de Sol”. También hemos apreciado en el análisis estilístico, un cierto laísmo en algunos pasajes concretos así como una confusión en la traducción de nombres puesto que en varias ocasiones se cambia el nombre de Lagartio por el de Lizardo, considerándolo un mero error de estilo en la traducción. Por otro lado, no nos es comprensible por qué la editorial ha decidido sustituir los guiones indicativos de diálogos por comillas, haciendo, para el lector español no acostumbrado a este modo de escritura, una lectura un tanto caótica en las primeras fases de la novela.
En conclusión, nos encontramos ante un libro de entretenimiento con el que pasar un buen e intenso rato lector, sin ninguna otra pretensión. No hará llorar ni reflexionar, pero sí garantiza risas y sonrisas fugaces mientras se intenta comprender la mística del espacio y admirar la imaginación del autor.
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