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La nave, de Tomás Salvador |
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Toda una metáfora, que en ocasiones nos recuerda el estilo de Orson Scott Card, sobre el tesón humano que pugna por alzarse sobre el degenerante olvido. |
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Cuando la ciencia ficción española pugna por sacar pecho con nuevos autores, sacudirse el polvo de infundados complejos y trabaja por labrar un futuro con personalidad propia, gusta mirar atrás y contemplar que contamos con sólidos pilares; clásicos (escritores y obras) en las que afianzar nuestra esperanza y corroborar que en nuestro suelo patrio sabemos utilizar el género fantástico para especular sobre lo humano y lo divino, con herramientas que aquí, Tomás Salvador, utiliza con elegante maestría. Partiendo de un subgénero de la ciencia ficción siempre atractivo, las naves generacionales, y con un lenguaje que destila un estilo propio de la época en que se escribió esta novela, Salvador nos entretiene, pero también nos hace pensar. Pensar en nuestra insignificancia dentro del orbe, pero poseedores de una capacidad evolutiva sin parangón, que puede hacer tanto que nos destruyamos como que nos expandamos en el infinito y negro jardín que se yergue sobre nuestras cabezas.
Tomás Salvador, nacido en Villada (Palencia) en 1921, nos ofrece una biografía interesante que nos permite entender su obra donde volcó lances y ensoñaciones. Padre de cuatro hijos y cuarenta libros, fue combatiente, policía y escritor que gozó de varios premios, el aprecio de la crítica y del aplauso de un público fiel. Ha escrito novelas de aventuras, policíacas, de ciencia ficción y libros para niños, siendo difícil catalogarle en un género concreto. Disfrutó escribiendo lo que quería y cuando quería.
El primer libro de Tomás Salvador fue “Historias de Valcanillo”, finalista del premio Nadal de 1951. Su segundo título, “Garimpo”, escrita en colaboración con José Vergés, recibió el premio del Instituto de Cultura Hispánica. Otras obras fueron: “El charco”, “Cuerda de presos”, galardonada tanto con el Ciudad de Barcelona como el Nacional de Literatura de 1954, “División 250” y “La virada”.
En su época más fértil creó La nave, y “El atentado”, que obtuvo el Premio Planeta en 1960, alagado por su construcción, estilo y tratamiento psicológico. Más tarde, Tomás Salvador, se dedicó a tareas editoriales, tras cuyo lapso de tiempo retornó con novelas policíacas protagonizadas por la pareja, Luis y Sisa, y libros de corte histórico como “El arzobispo pirata” y “Las compañías blancas”. Siempre honesto consigo mismo, profundo y brillante, falleció en Barcelona en 1984 y se le considera uno de los mejores escritores en lengua castellana.
El autor confecciona la primera parte de este libro utilizando una prosa densa donde, sin respiro, se nos relata la crónica de la generación XXIII, que ahora habita la nave, degenerado escenario que de por sí es protagonista de esta historia. 748 seres de clase superior, 500 vigilantes, 250 servidores y una cifra desconocida de wit en las cubiertas inferiores, ignoran la antigüedad de la nave estelar que los lleva con rumbo desconocido allende los confines del espacio desde hace más de 700 años. Es en esta época cuando Shim, hijo de de Kanti y Torna, en la época de Mei-Lum-Faro, se hace cargo del Libro. Sin embargo, él, a diferencia de sus antecesores en el cargo, no se limita a ser un mero escribano de relatos afines al regente del momento. Él va más lejos; él concentrará la esencia del ser humano, aquel que duda y se pregunta acerca de su origen, no aceptando porque sí las verdades enseñadas y por todos aceptadas como dogma. Recapacita sobre el tiempo, medido arcaicamente por ellos gracias a los ciclos menstruales de las mujeres. Cae en la cuenta de la total ausencia de libros y se interna en las restringidas y oscuras cavidades inferiores de la nave donde se esconden los wit, humanos casi albinos, de músculos más desarrollados, con pelo largo y lacio. Estos últimos, son la antítesis de los dominadores kros; de piel oscura, con pulmones de un tamaño la cuarta parte de su cuerpo, corazón fuerte y lampiños. Ambas razas, blancos y negros, forman parte del todo que es la nave y en total integración con ella tratan de sobrevivir.
Shim indaga entre las hojas que recogen una historia ya olvidada por todos y que tiene tres hitos: el día del desengaño, el día de la ira y la 3ª revolución. Esta curiosidad y anhelo de saber es castigado por sus superiores, le sustituyen en el cargo y se obliga a cerrar el libro. Así es como se inicia la segunda parte, con un Shim al que han amputado las manos como condena a su osadía y desterrado a los pasajes ignotos y oscuros que habitan los wit. Allí, es guiado por unos inocentes y puros niños. Queda fascinado por las velas que portan y por lo mucho que hablan y ríen sin la limitación ni coacción existente pocos estratos más arriba. Aquellos que le habían inculcado debían ser sus enemigos, resultan ser sin embargo unos anfitriones que iluminan a Shim con costumbres que le muestran que estos no son tan atrasados como pensaba. Ambas razas comparten un origen común. Un origen que puede ser atesorado gracias a la escritura, que se nos define como letras que recogen sonidos para oírlos en el futuro. Los kros, producto genético resistente a las radiaciones ultravioletas del espacio y de piel gruesa sin vello, en nada han de ser envidiados por los wit, que se organizan en familias encabezadas por patriarcas encargados de conservar definidas cualidades. Shim, junto a la mujer que lo ama y con la que se une en una turbulenta relación, será testigo de todas ellas visitándolas una a una en una curiosa interrelación de adquisición de conocimientos y ofrecimiento a las familias de sus razonamientos de cara a una correcta aplicación de la sabiduría que atesoran. Los Ylus, le muestran los símbolos y la tradición de transmisión oral de la historia. Es a partir de aquí cuando nos acompaña la misma sensación que a ellos, que les hace añorar esas montañas, árboles, lagos y una tierra sin las limitaciones de un techo de metal. Los Hipomix, sanadores que aprenden que su vocación han de aplicarla tanto a los amigos como a los enemigos. La familia Kalr, casta guerrera que ansía el enfrentamiento con los kros y que se entrega al desenfreno y a las más impúdicas orgías, regadas con ardiente Kys. Creadores de un arma terrible, el arco, son convencidos por Shim de que han de esperar el momento oportuno para actuar. La familia Luxi es la encargada de fabricar los falux, los cirios que les dan luz en las tinieblas subterráneas. Aquí, por azar del destino, descubre nuestro protagonista la luz actínica, que tras siglos de olvido, aún está disponible para iluminar las habitaciones si se sabe utilizar. Los Thersi son los encargados de los juegos y el amor romántico. Tras este periplo, Shim, les descubre el aspecto humano de todas sus vocaciones y tras este peregrinaje todos le consideran el esperado, siendo nombrado Padre de todas las familias.
La 3ª parte nos presenta a Shim como Navarca, unificador de la raza blanca, un honor, pero también un nombramiento con responsabilidad de inmenso peso. Su vida cambia tan radicalmente como cuando perdió las manos. Bajo su nuevo título, Shim convoca a los hijos de los patriarcas para conformar un grupo que pida la paz y rompa las barreras. Su historia llega a oídos de los kros, que ha sido nombrado Navarca y que ama a una blanca. Es llevado ante el cadáver del anterior líder, Mei-Lum-Faro. Los actuales señores le manifiestan que nada tienen contra Shim. Tras una serie de periplos, Shim retorna a la cámara del libro y suben hasta la azotea más alta desde donde se pueden contemplar las estrellas hacia las que viajan y en donde un día terminaran su viaje; un destino que se truncó por un accidente cuando siglos atrás esta nave partió desde la Tierra. La historia se resuelve dejando en manos de Natto la misión de perpetuar la palabra aclamada de Shim.
Toda una metáfora, que en ocasiones nos recuerda el estilo de Orson Scott Card, sobre el tesón humano que pugna por alzarse sobre el degenerante olvido, la peor enfermedad que puede sufrir nuestro género, sirviendo de excelente canto a lo que es capaz nuestra especie, a pesar de que ésta se vea reducida a tan limitado entorno y siempre nos veamos avocados al enfrentamiento bajo banderas de distintos colores, creencias o dogmáticos autoritarismos.
Calificación: 8,5/10
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