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300, la batalla de Termópilas
Faboo   22/10/2006 Escribir Comentario
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     Trescientos espartanos que estaban dispuestos a morir, y mueren, por una causa más grande que ellos mismos, convirtiéndose así en unos héroes atípicos, pero aún así héroes.
El 15 de diciembre Zack Znyder quien fuera director de “Amanecer de los Muertos” se tomó un respiro tras 9 semanas de rodaje de su nueva película, volviendo la vista atrás sólo pudo comentar lo excitado que estaba al verse, por fin, involucrado en este proyecto tan ambicioso. “Aún quedan 4 semanas más de rodaje y sólo puedo esperar que sean igual de excitantes”, nos decía por esas fechas desde el “Production Blog” y, a día de hoy, que ya tenemos el trailer oficial (junto con otro que sólo nos duró un par de días en Internet) puede afirmarse, sin temor, que “lo ha conseguido”.

La historia por sí sola ya merecía contarse; trescientos espartanos que estaban dispuestos a morir, y mueren, por una causa más grande que ellos mismos, convirtiéndose así en unos héroes atípicos, no de la clase que estamos acostumbrados a ver, es decir, de los que al final se quedan con sus mujeres y familias, recibiendo una medalla por haber hecho lo que se suponía que tenían que hacer. Que lo contado en la película estuviera basado en hechos históricos hacía que el proyecto cobrara aún más sentido para todo el equipo involucrado, pero el punto de inflexión y la inspiración durante toda la película fue, sin lugar a dudas, la novela gráfica de Agosto de 1999 que salió a la luz por primera vez en Mayo del año anterior en forma de 5 tebeos y de la mano de Frank Miller y su esposa Lynn Varley: “300”.

Precisamente, esta fuente continua de inspiración, también fue el principal obstáculo a vencer; “¿cómo trasladar el dramatismo cromático de la novela gráfica al cine?” “¿Cómo debían moverse los actores?” eran preguntas que solía hacerse Zack mientras hojeaba las páginas apaisadas, brillantemente ilustradas.

Frank Miller ya había dicho que su obra era un ejercicio de simplicidad, no hay grandes soliloquios, y la historia se cuenta por los ojos de los personajes y por la sangre vertida, eran espartanos, morían en silencio.

Pero los retos eran afrontados uno por uno, y los problemas eran solventados al mismo ritmo.

Jim Bissell tuvo que hacer frente a una multitud de decisiones, todas previamente visualizadas y estructuradas, bien en cartón y látex, bien en complicados dibujos por ordenador, tratando en todo momento de casar de forma perfecta los decorados fabricados de la manera tradicional con los “fondos” digitales, teniendo muy claro que el aspecto final debía reflejar el mismo “tono” que la novela gráfica.

Y el resultado es precisamente eso: no se ha tratado de hacer una película histórica sino una versión novelesca de lo que realmente ocurrió.

Los antecedentes históricos de lo que se relata en la novela gráfica llega hasta los momentos posteriores a la actuación de Grecia en la batalla de Maratón, durante la Primera Guerra Médica (490 a.C.), era obvio que Jerjes I trataría de vengar a su padre Darío I (quien fue insultado en aquella ocasión y fue incapaz de castigarlos por aquella revuelta Jónica). De hecho desde el 483 a.C. andaba preparándose para vengarse; empezó almacenando un gran número de provisiones en lugares estratégicos, forjó una alianza con Cartago privando así a los griegos helénicos del apoyo de los griegos sicilianos de Agriegento y Siracusa, también consiguió ganar para la causa persa a varios estados griegos, entre los cuales estaba Tesalia, Macedonia, Tebas y Argos. Persia se hizo grande en combatientes y su poderoso ejercito se contó en tres millones de efectivos (según fuentes clásicas como Heródoto, aunque es bien probable que se trataran de unos cien mil, que ya era una cifra temerosa).

En la primavera del año 480 a.C., Jerjes abandonó Sardis (situada en la actual Turquía) al frente de su inmenso ejército, desencadenando así la Segunda Guerra Médica contra la alianza griega de Atenas y Esparta.

Los griegos se hallaban ya divididos pero los que aún no se habían unido a Persia decidieron que la mejor estrategia a seguir sería formar un ejército griego bajo mando espartano para atrapar al ejército persa en las Termópilas, pues era obvio que así anularían la efectividad de su superioridad numérica pues era este un pasaje estrecho cerca del mar, que unía la zona central y sur de Grecia y que permitiría una defensa relativamente fácil e impedía al adversario el uso de su temible caballería.

Así fue como Leónidas, rey de Esparta, (Gerad Butler en la película, conocido por encarnar al “Fantasma de la Ópera”) fue puesto al mando del ejército griego, pero cuando solicitó la dispensa para formar a la totalidad de sus tropas eludiendo así la estricta obligación espartana de celebrar la festividad religiosa de Carneas, no obtuvo la autorización. Sólo pudo contar con 300 hombres de su guardia personal, con los que habría de intentar unirse a los aliados y bloquear el paso hasta que, pasada la fiesta, el resto de su ejército fuera autorizado a reunirse con él.

Leónidas sabía que era una misión suicida, quizá porque así se lo había hecho ver el oráculo, de manera que sus hombres fueron escogidos entre las familias que contasen con al menos otro heredero varón para que, caso más que probable de morir, no quedasen éstas familias sin línea sucesoria.

Y básicamente así debería comenzar la trama de la película, o debería hacerlo si no hubieran seguido el patrón de la de la novela de Frank Miller pues éste prefirió reseñar la altivez espartana al rechazar la propuesta persa como desencadenante de la decisión de Esparta de hacer frente a Persia, rechazo que ocurrió realmente mucho después y con no pocas víctimas de por medio, aunque en todas las entrevistas que se pueden ver en la página oficial de la película es palpable el interés sincero de copiar, en la medida de lo posible, el espíritu épico del tebeo. Y si bien el esfuerzo de todo el equipo técnico queda reflejado en las inmensas estructuras móviles e intercambiables de los decorados y en las horas frente al monitor del ordenador para ensamblar perfectamente la acción real y la digital, es el aspecto físico de los actores lo que ejemplifica con más claridad el cuidado de Zack por emular la obra de Frank, y de esta parte importantísima se encargó al entrenador y preparador físico Mark Twight.

“Algunos tenían que perder peso, otros ganarlo y unos pocos tan solo necesitaban ser reestructurados, no se trataba de convertirlos en culturistas, sino reducirlos a cuerpos funcionales, guerreros antiguos, algunos estaban blandos y había que macharlos y ponerles en forma, venas que antes no se veían, ahora sobresalen” y para conseguirlo se han sometido a un entrenamiento muy específico cuya constante eran los nervios, cuanto más nerviosos estaban los actores y figurantes más efectivos eran los ejercicios, obviamente el factor competitivo fue fundamental.

Después de todo se trataba de Espartanos, soldados, guerreros, los mismos que se enfrentaron a un Rey de Persia totalmente confiado en su superioridad numérica, de hecho, Jerjes I mandó un enviado persa tras las primeras batallas para conminar a los griegos a que se rindieran, advirtiéndoles que ellos eran tan numerosos que sus flechas oscurecerían el sol. A esto Leónidas respondió con la frase que quedaría registrada en los anales de la historia, como ejemplo de valor y sacrificio: “Mucho mejor, así combatiremos a la sombra”.

Jerjes esperó en vano cinco días a que el mundo griego se rindiera.

De modo que, llegando el verano, se iniciaron las que serían las últimas batallas para Leónidas y sus hombres de confianza, el primer día los griegos lograron hacer frente a las fuerzas de Jerjes causándoles un alto número de bajas, quedaba patente que no todos eran granjeros o alfareros, sino que 300 de todos ellos, eran curtidos soldados de Esparta. Al segundo día otro emisario del rey persa se acercó al ejército griego para ofrecerles la integración en su propio ejército si se rendían, Leónidas rehusó. Jerjes mando entonces a sus 10.000 “Inmortales”, nombre con el que designaban a sus tropas de elite comandadas por su propio hermano pero, a pesar del nombre, fueron rechazados por los griegos.

Esas capas de un rojo brillante terminaron sucias, rotas por el uso y llenas de sangre, de hecho podría pensarse, viendo el atuendo de los espartanos, que el equipo técnico encargado del vestuario en la película no tenían demasiado trabajo, pero Michael Wilkinson encargado de supervisar este departamento no podría estar más en desacuerdo.

Primero se ocuparon de hacer unos diseños de vestuario lo más parecido posible a la imagen que se ve en la novela gráfica, e, inspirándose en el trabajo de Lynn Varley, optaron por definir a los distintos ejércitos por colores, así los espartanos llamarían la atención por el color marrón del cuero, el rojo de las capas y el cobre de sus cascos y escudos (previamente envejecidos por su equipo), mientras que con los persas se divirtieron usando colores vivos, azules, verdes y exóticos púrpuras.

Michael tuvo a un grupo de 60 personas encargadas de calzar a todo el reparto, fabricar las joyas y los accesorios y de crear las diferentes capas que reflejaran los diferentes estados de deterioro, de hecho fabricaron hasta 17 cascos distintos para Leónidas, para la “cresta” se uso un tejido combinado de cola de caballo y plumas, consiguiendo un aspecto muy “Frank Miller”.

Pero conseguir que los espartanos tuvieran el aspecto de una unidad entrenada e impenetrable no se consigue solamente con unos escudos grandes, Damon Caro y Chad Stahelski se encargaron de las coreografías de las batallas y del entrenamiento específico.

La ausencia de registro histórico de las tácticas y técnicas reales que usaban los espartanos hicieron que Damon y Chad hicieran uso de todos sus conocimientos y terminaron por mezclar todas las artes marciales conocidas, escogiendo los movimientos que más se ajustaban al estilo narrativo de Frank Miller, siéndoles de gran ayuda el hecho de que Zack Znyder practicara él mismo las artes marciales, entendiendo sin problemas qué era posible realizar y qué quedaría ridículo en la pantalla.

Así, 6 semanas antes de rodar la primera escena, los actores se entrenaron rigurosamente en varias disciplinas, consiguiendo aparecer en la pantalla como una unidad coordinada, unida e impenetrable. “Entrenaron juntos y ahora luchan juntos.“

Según parece no queda hueco para el amor, ni para las mujeres, Frank Miller lo entendió así y así quedó reflejado en su obra, pero en la película la Reina Gorgo, esposa de Leónidas, tiene un papel un poco más relevante, lo cual enriquecerá la historia, después de todo, en Esparta, las mujeres también eran duras.

Lena Headley (que lamía sapos en “Los Hermanos Grimm”) es la encargada de presentar la dureza femenina de las mujeres espartanas y no pudo estar más encantada de verse rodeada por hombres en buena forma física, vestidos solamente con unos rudimentarios calzoncillos.... de cuero. “Rodeada por carne” decía en una entrevista.

La suerte de los 300 cambia radicalmente cuando un traidor llamado Sfialtes advirtió a los persas del paso a través de las montañas para llegar a la retaguardia griega.

En la novela gráfica Sfialtes era un espartano “desechado” en busca de la aceptación social y al no conseguirla se convierte en un traidor, Mark Rappaport y Shawn Smith son los encargados de dar vida a tan singular personaje y “otros” que sin aparecer en la novela de Frank Miller se han hecho un hueco en la versión cinematográfica.

El resultado habla por sí sólo.

En la galería de imágenes se puede apreciar tanto la fuente de inspiración (la obra de Frank Miller y Lynn Varley), como la etapa de transición hasta el espectacular resultado final.

Es una historia brutal y sólo puede ser contada brutalmente, el rigor histórico queda relegado a un segundo plano por la belleza estética y es que al fin y al cabo es una novela gráfica convertida en película.

A mí me gusta.

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