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Black book, de Paul Verhoeven |
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Consigue lanzar una nueva e incómoda mirada sobre el final de la Segunda Guerra Mundial y las debilidades de los ganadores. Busca un punto de vista neutral donde la historia la escriben los vencedores. |
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Aquí tenemos a Black Book, o el regreso del realizador Paul Verhoeven a Europa. Una película “inspirada” en hechos reales, como resalta el propio Verhoeven, pues los personajes principales están basados en las vivencias de personas con nombres y apellidos que existieron en Holanda durante la Segunda Guerra Mundial.
La película sigue la experiencia vital de Rachel Steinn (Carice van Houten, una joven vivaz y hermosa que subsiste en la Holanda ocupada por los nazis a finales de 1944. Rachel es judía, y presumiblemente por proceder de una familia otrora rica vive escondida en el seno de una familia cristiana. Es una muchacha avanzada a su época, que acepta la situación que vive su país y su religión sin haber sido golpeada aún por los horrores que el nazismo descargó sobre los judíos. Parece que su preocupación más acuciante es no poder cantar las canciones “inglesas” que interpretaba antes de la guerra. Pero esa relativa tranquilidad pronto es destruida por un fatídico bombardeo, y Rachel tiene que huir a una zona segura acompañada de un atractivo hombre al que acaba de conocer.
Gracias a los contactos con un influyente abogado amigo de la familia consigue un pase hacia la libertad, y cuando al fin se reencuentra con su familia el grupo es masacrado sin piedad por una tropa de las SS. Rachel vuelve a encontrarse más sola que nunca, y su carácter indomable hace que, con el apoyo de Hans Akkermans (un médico de la Resistencia), se una activamente a la Resistencia, que pretende desbaratar los planes de los nazis, en una época en la que ya empezaba a adivinarse el final del “führer” y su conquista sin cuartel.
Otro golpe del azar hace que Rachel (con el alias “Ellis de Vries”) conozca a Müntze (Sebastián Koch), un capitán nazi recientemente destinado a esa zona. Desde el principio y gracias al talento innato de Rachel y su belleza, Müntze se enamora perdidamente de ella, hasta llegar a olvidar sus posibles sospechas. Ese encuentro perfila un plan de la resistencia para liberar a unos componentes encarcelados y condenados, donde ella utilizará sus armas de mujer para seducir al capitán y así conseguir información.
Ahora bien, en esta película, como en la vida misma, las cosas no son en blanco o negro. La vida y las circunstancias de cada uno tienen muchos matices, y ni todos los nazis son unos sádicos despreciables, ni lo daban todo por el Tercer Reich. También existían los acomodados, los que tenían visión de futuro y hacían sus planes para sobrevivir a la caída de su imperio. Black Book enfoca la historia desde un punto de vista pocas veces utilizado, evitando los maniqueísmos ni el ensalzamiento de los aliados y la resistencia. Pues tampoco “el bando de los buenos” se libra de la mirada crítica y demoledora de Verhoeven, y así los que luchan por las libertades también son capaces de cometer actos igual de despreciables que los nazis.
Con estas premisas nos encontramos con una tempestuosa historia de amor, donde el seducido pasa a ser un personaje respetable y hasta querido, aún sabiendo que no es un santo. Donde los sometidos son puestos a prueba después de la victoria y acaban cometiendo actos igual de crueles de los que les eran inflingidos. El marco histórico carga con más dramatismo esta historia de amor y de traiciones, y Rachel se convierte en una heroína demasiado real y con matices como para ser juzgada por conceptos simples.
Esta producción es realmente un engranaje con identidad europea, pues engloba diferentes países: Holanda, Bélgica, Reino Unido y Alemania aúnan sus esfuerzos económicos y artísticos, y sorpresivamente consiguen un producto redondo de gran calidad y con personalidad propia. El director confiesa que, por razones obvias, hubiera dispuesto de un capital más amplio si el film hubiera sido 100% USA (la película tiene un presupuesto de 21 millones de dólares). Pero, como es habitual, la libertad creativa hubiera sido amputada; no de manera directa (un director como él que ha tenido éxitos importantes en taquilla no se encuentra con ese tipo de limitaciones) pero sí redireccionando la manera de explicar la historia, para no tener que descartar ninguna de las ideas (sobretodo las de cariz sexual) que él ya tenía en mente o encontrarse con que el comité de censura hubiera situado la película como no apta para menores de 18 años, cosa que reduce de manera considerable sus opciones en la box office. Aparte, esta variedad de nacionalidades permite también que en la película se hable holandés entre holandeses y alemán en presencia de los nazis, así como inglés, dándole más trasfondo aún a la narración.
Tampoco querían estar condicionados por la Historia, por lo que cogieron lo más interesante y los detalles que más les fascinaron de personajes y situaciones reales para aplicarlos a su película. Black Book también ha ofrecido la posibilidad de descubrir nuevas estrellas europeas. Carice van Houten, que interpreta al personaje principal, maneja su papel como una consumada actriz, regalando al público una conmovedora escena de angustia y desesperación, entre otras demostraciones de saber hacer profesional.
La historia de Black Book, con su ágil línea narrativa (propia del cine americano) está destinada a tener gran éxito. Consigue lanzar una nueva e incómoda mirada sobre el final de la Segunda Guerra Mundial y las debilidades de los ganadores. La historia la escriben los vencedores, sí, pero también se puede hacer un film épico desde un punto de vista neutral que seguramente hará más honor a la realidad, aunque no esté “basado” en hechos reales.
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