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       Artículo de literatura

El Jardín de la Memoria (El adepto de la Reina 2), de Rodolfo Martínez


 Terror / Suspense
Eidián   18/05/2012
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     La novela es como un ajuste de cuentas que el escritor tuviera pendiente con su personaje, al que hace pasar por una experiencia vergonzante de la que sale humanizado, cambiado.
Portada de El Jardín de la Memoria (El adepto de la Reina 2), de Rodolfo Martínez¿Cómo es posible unir “Matrix” con una de James Bond? La explicación desde el segundo párrafo, “please”, y tranquilos, no se rompa nadie la mente imaginando a Bond, James Bond, vestido de cuero negro, gabardina y gafas oscuras, dando saltos imposibles (más imposibles de los que da en sus películas) mientras apalea al señor Smith sin despeinarse siquiera. Y el dry martini, “shaken, not stirred”, esperándole con la moza de turno en la barra del bar. Apunte, Moneypenny: para más tarde acabar con esos robots de Spectra que amenazan Zion. Total, una hora. En fin… Bond me gustaba cuando tenía 10 años pero cuando llegué a los 20 ya no le soportaba. Con estos precedentes a nadie debería extrañarle que odiase una saga literaria que tiene como eje vertebrador confesable a tan despreciable individuo… pero va a ser que no. Es lo malo de tener una mente abierta, me temo, y de ser incapaz de apartarme de un buen libro pese a sus referencias confesas.

Es lo que me pasó con el primer libro de la saga que tengo entre manos, "El adepto de la Reina" (Sportula, 2009), y volvemos por los mismos pagos con este que acabo de terminar, "El jardín de la memoria" (Sportula, 2011, disponible en FantasyTienda), del gran Rodolfo Martínez. Yo con mis filias y mis fobias soy muy leal y ya con "El adepto de la Reina" Martínez me ganó para su causa (¡malditos sean los mensajeros que emanan desde sus páginas!) y ahora no voy a cambiar de opinión. Lo cual no es óbice para que no deje de criticar los errores del libro… cuando los hay y siendo esta una serie de novelas que tiene como base las andanzas de Brandan, Yáxtor Brandan, mi franca ojeriza hacia Bond podría haber conseguido que los viese por todas partes. Pero ya les digo que en ningún momento ha sido así. "El adepto de la Reina" me encantó y "El jardín de la memoria" me ha parecido magistral. Precisamente porque Brandan no es James Bond… y a veces lo es.

Es difícil explicarme sin destripar el primer libro de la serie pero, para resumir y recordar, diré que Brandan empezaba siendo un sujeto despreciable, al que el simple deber no podía justificar, y acababa revelándonos un pasado que nos hacía replantearnos muchas cosas sobre él. "El adepto de la Reina" creaba ante nuestros ojos un mundo oscilando entre la fantasía y la ciencia ficción en el cual Brandan se movía como pez en el agua. Espía al servicio de la reina de Alboné, Yaxtor se mostraba como un servidor leal y letal que carecía de remordimientos (un psicópata, en palabras de su propio creador). Pero, como suele decir mi madre, a todo cerdo le llega su San Martín, y Yaxtor Brandan no sale ileso de su aventura sino que la acaba revisando parte de su vida aunque ciertas cosas queden inamovibles.

El trabajo de Martínez con su pseudo Bond es esplendido, dotándolo de una profundidad mucho más densa que la vista en el trabajo anterior. Y lo vuelve a rodear de secundarios gloriosos.

"El adepto de la Reina" era una novela de mestizaje, el terreno en el que le encanta moverse a su creador, Rodolfo Martínez. Tenía mucho de la Guerra fría, mucho de fantasía medieval (ay, esos Hombres de Hierba), mucho de ciberpunk y de ciencia ficción a secas. Un collage bien urdido y bien trazado. La mejor baza del libro eran sin duda los personajes, magníficamente dibujados y con una hondura que se iba revelando a lo largo de las páginas, aunque la trama no nos dejaba descanso en ningún momento. Pues bien, si "El adepto de la Reina" era un buen libro "El jardín de la memoria" es mejor.

Ya está dicho.

Martínez reconoce en los agradecimientos finales el deseo de los lectores que quedaron con ganas de “más” tras "El adepto de la Reina" y teme que esta nueva novela no sea exactamente ese “más” que ellos esperaban. La verdad, que un escritor tenga lectores que solo piden más de lo mismo debe ser frustrante pero no creo que los seguidores de Martínez seamos así. Al menos yo no lo soy porque, pese a lo diferente que es "El jardín de la memoria" con respecto al primer título de la saga, me parece que es la lógica continuación de la historia, con una evolución del personaje principal y de la trama acorde en todo momento con lo ya planteado en las últimas páginas del libro precedente. Y con una resolución de los nuevos hilos urdidos más que satisfactoria.

He leído por ahí, sin embargo, alguna tímida queja que suspira por el Brandan más “hijo de puta” (esto es textual) del libro anterior pero, tras la lectura de ambas novelas, si algo me queda claro es que Yáxtor no puede volver a ser quién era tras lo sucedido al final de "El adepto de la Reina". Debe evolucionar y lo que le sucede al principio del nuevo libro con la capitana Itasu, guerrera al servicio del rey de Honoy, es clara muestra de esa evolución (por cierto, que lo mismo le tenía que pasar a Bond en alguna de sus pelis, leñe) y las consecuencias de ese hecho a lo largo de la historia lo demuestran.

Rodolfo Martínez, autor asturiano

En cierta forma, "El jardín de la memoria" es como un ajuste de cuentas que el escritor tuviera pendiente con su personaje, al que hace pasar por una experiencia vergonzante de la que sale humanizado, cambiado, aunque en el fondo aceche el mismo sádico con ganas de mambo que aparecía en el primer libro. Ciertas cosas no cambian nunca. Aún así el trabajo de Martínez con su pseudo Bond es esplendido, dotándolo de una profundidad mucho más densa que la vista en el trabajo anterior. Y lo vuelve a rodear de secundarios gloriosos (ese Fléiter Praghem está inmenso), con dos caracteres femeninos de un empaque colosal (aquí no incluyo a la reina de Alboné aunque su paso a la adolescencia está tratado con verdadero mimo) y la aparición estelar del emperador de Honoi que se muestra como un modelo más humano en la asunción del poder que el presentado en Alboné.

En realidad, la descripción de la tierra de Honoi es en si misma una de las bases maestras del libro y con ella el escritor amplia la descripción del fantástico mundo de Érvinder que desplegara para nosotros en la primera novela (aquí destaco el primer “fallo” de este libro: está muy bien que los mapas hayan ganado en nitidez pero, leches, la cuestión es acercarnos al lugar centro de la historia y no irnos a la otra punta del mundo, literalmente).

¿Qué tendrá el Lejano Oriente para despertar esta fascinación? Lo digo porque si hay un modelo evidente para la tierra creada por Martínez es el Japón feudal, con un añadido claro de la llamada “revolución” Meiji (todo eso de la modernización de Japón allá por el siglo XIX). Al calor de semejante influencia se nos cuelan por las rendijas homenajes reminiscencias del manga (el propio Martínez cita en los agradecimientos a Kubo Noriaki, el creador de la inmensa, en todos los sentidos, saga “Bleach”), de cierta tradición de la novela de capa y espada (he visto a alguien citar a Dumas por ahí…) y de, ¡aquí quería llegar yo!, la saga Matrix y para su demostración dejo aquí un enigmático botón (para no desguazar la historia pongo todos los puntos suspensivos necesarios):

Portada de El adepto de la Reina, de Rodolfo Martínez“Una especie de ilusión […]. Una alucinación consensuada […]. Una red de pensamientos e ilusiones que forman una realidad que no es real”.

¿Eh? ¿Qué les decía? Para posteriores aclaraciones acudir al original.

Por último quería destacar un par de cuestiones que me han dejado bastante sorprendida y agradablemente perpleja. Primero que Martínez se atreva a hincarle diente a la poesía y no me refiero a descripciones como la que aparece en la página 146 sobre la ciudad de Lambodonas sino al increíble soneto canónico que se marca el autor en la página 287 y que acaba con un terceto verdaderamente memorable. Olé por el poeta. Y, ya que cito las introducciones de los capítulos entre las que destaca la poesía mencionada, destacar en segundo lugar la cada vez más evidente carga filosófica que destilan desviada hacía un cinismo sin reservas. Eso de que los grandes hombres deberían ser asesinados una vez que prescribe su utilidad no se me va de la cabeza…

Querría acabar destacando algún gran error de la novela… pero me temo que no va a poder ser. Aunque hay ciertos fallos de imprenta en la edición estos son tan escasos que apenas distraen al lector. Luego dirán de las autoediciones (el sello Sportula pertenece al propio Rodolfo Martínez). Luego está la nueva portada de Alejandro Terán, tan hermosa y descriptiva como la anterior aunque, eso si, algo menos impresionante, algo más sugestiva. Y, al final, los índices, que van aumentando de grosor y calidad, presentando personajes, idiomas (¡este muchacho cualquier día nos crea una nueva lengua élfica!), lugares y cronologías. Un trabajo fino donde los haya.

Ah, y, además, concluye la historia tras un final de infarto, mitológico como el solo, donde el malo maloso recibe su merecido (chato, que te enfrentabas a Brandan, Yáxtor Brandan) y donde el posible final feliz queda mediatizado por algunas sorpresas que abren nuevas puertas y caminos por los que habrá de transitar el tercer libro de la saga. ¿Qué más se puede pedir?


PD: Que sepa señor Martínez que el año pasado por fin fui a Gijón y no era como usted y mi hermana me sugerían… ¡Resultó mucho mejor! Hasta pronto.

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