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       Artículo de literatura

El lector de cadáveres, de Antonio Garrido


 Historia  Terror / Suspense
Jorge Lara Gómez   15/05/2012
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     Una ambiciosa novela extraordinariamente bien documentada, con una ambientación tan rigurosa como bien cuidada. Una mezcla de aventura, intriga y thriller policial sobre el primer forense de la historia.
Portada de El lector de cadáveres, de Antonio GarridoAño 1206, nos encontramos en la exótica y fastuosa China medieval, bajo el mandato del emperador de la Dinastía Tsong: Ningzong, “El hijo del Cielo”. Una dinastía bajo la cual ningún crimen puede quedar impune y sin resolución. De ello se encargan los forenses, jueces designados por la prefactura de la capital y con la obligación, bajo pena de esclavitud y a veces muerte, de esclarecer cualquier tipo de crimen por irresoluble que parezca. Aquellos que lo conseguían alcanzaban el honorable título de “lector de cadáveres”…. esta es la historia de Cí Song, el primer forense conocido, el primer lector de cadáveres, un personaje que realmente existió.

La historia sobre “El lector de cadáveres” (Editorial Espasa, Colección Narrativa, disponible en FantasyTienda) comienza en los arrozales del pequeño pueblo de Jianyang, con el descubrimiento por parte de Cí de un cadáver decapitado en los terrenos que estaba arando y que pertenecen a su hermano mayor, Lu, un personaje autoritario, brutal y sin pizca de humanidad fraternal, pagado de sí mismo y que se escuda en el ancestral rito de piedad filial por el cual, los hermanos no pueden replicar al hermano mayor y deben acatar sus órdenes como si hubieran salido de la mismísima boca del emperador, lo que le proporciona una total impunidad para torturar psíquica y físicamente a su hermano pequeño.

Pero Cí padece desde los 4 años una extraña enfermedad que le inhibe de sentir dolor físico, lo descubrió cuando su madre derramó sobre él un cuenco de aceite hirviendo, y de lo único que fue consciente fue del olor a carne quemada. No sufre con los golpes, no sufre fatiga, y puede esforzarse hasta el agotamiento, pero por el contrario la ausencia de dolor no le avisa de un riesgo mortal, de ahí que las palizas y vejaciones de su hermano se tornen más peligrosas aún.

El cuerpo encontrado pertenece al viejo Shang, padre de Cereza, prometida en matrimonio a Cí, pero durante las pesquisas realizadas por el honorable Juez Feng, quizás el magistrado mas sagaz de la capital de la Dinastía Tsong del Sur: Lin´an, y mecenas de Cí unos años antes cuando la familia Song, a excepción de Lu, se trasladó a Lin´an gracias a un trabajo que consiguió su padre como contable en la prefactura del Juez Feng, pero que poco después tuvieron que abandonar y volver todos a Jianyang debido a una defunción familiar, como así se establece en el ritual del luto. Las pruebas obtenidas por Feng apuntan a que el asesino es Lu, el cual es imputado y sentenciado como mandan los cánones y las buenas costumbres del Songxingtong (hay que ver como se parece a la expresión “sin ton ni son”): el código penal de la Dinastía Tsong. Esta mancha familiar imborrable y otro atroz acontecimiento, obliga a Cí y a su única hermana viva, pero enferma y de peculiar nombre “tercera” (“primera” y “segunda” murieron) a huir del pueblo con lo puesto, unos pocos quián (la moneda local) en el bolsillo y una pata de jamón curado, hacía un destino incierto pero alentador por lo conocido que es para ellos: Lin’an.

"Con El Lector de Cadáveres viajas en el tiempo y conoces cosas sorprendentes, pero lo importante es lo que le sucede a los personajes como Cí, que quiso cambiar su mundo y que trajo un avance para la Humanidad, eso es lo que da un ritmo rápido y hace al libro muy entretenido de leer".

Tras varias peripecias, engaños, chapuzones en aguas putrefactas y dosis de fortuna cuasi extrema logran alcanzar la capital, pero siguen siendo pobres como ratas, y en la capital no se sobrevive sin trabajo, sin dinero y sin comida, todo el mundo lo sabe (como dicen los dothrakis): en Lin´an se come cualquier cosa que vuele salvo las cometas, cualquier cosa que nade salvo los barcos y cualquier cosa con patas menos las mesas. Así que acuciado por el hambre y gracias a sus “habilidades especiales” consigue un trabajo como enterrador de día y embaucador de noche en los Campos de la Muerte asociándose con un mercachifle llamado Xu y logrando llamar la atención del Maestro Ming, director de la elitista Academia Ming, el cual lo acoge en su seno como un polluelo desvalido pero aventajado con el objetivo de que Cí logre su tan perseguido y deseado puesto en la judicatura imperial.

Lo importante no es lo que miras sino lo que ves, y Cí tiene una habilidad especial y única para “ver” lo que otros tan solo pueden mirar. El gran Antoine de Saint-Exupery decía en esa delicia llamada “El Principito” que no se ve bien sino con el corazón, que lo esencial pasa inadvertido para el ojo humano, pero no para los ojos de Cí, el “ojo que todo lo ve”, el hijo que pudo haber nacido de la unión entre Gil Grissom de “CSI” y la Dra. Megan Hunt de “El cuerpo del delito”, y debido a esa habilidad, a ser una rara avis, logra llamar la atención del mismísimo emperador Ningzong, el cual requiere de sus servicios para resolver una serie de salvajes asesinatos que tiene en jaque a su plana mayor de pseudo forenses y que amenaza con desestabilizar la Dinastía reinante. ¿Lo conseguirá? Puede ser, aunque a veces los sueños conducen al fracaso.

Ingeniero de formación, profesor universitario de profesión, Antonio Garrido cayó en las fauces del escriba cuando de pequeño ganó un concurso de redacción cuyo premio era un coche de juguete. Él no quería escribir, ¡tan solo quería el pequeño mercedes!, pero esa tarde, el desconocía que el premio sería doble, y es que a veces pasa, te resistes a algo y de repente aparece llamando con insistencia a tu puerta. Apasionado de los libros de aventuras, viajó por los innumerables mundos de Julio Verne, Walter Scott, Jack London, Alejandro Dumas o Emilio Salgari, hasta que un buen día y a la “temprana” edad de 37 años se dijo a sí mismo en un viaje introspectivo: “si a mí esto me ha hecho tanto disfrutar, podré yo hacer algo para devolver la moneda” y ¡et voilá! en el 2008 devuelve la primera moneda: “La escriba” (Ediciones B) una historia sobre el destino de la cristiandad que nos traslada a una Europa ambientada en el siglo VIII y con la que además de alcanzar un gran éxito de ventas en España y ser traducida a trece idiomas logró el “Prix des Lecteurs Sélection 2010”, y fue finalista del “Prix Fulbert de Chartres”.

Antonio Garrido

Antonio Garrido se define como un cazador de historias: “Estamos siempre pendientes de encontrar aquello que puede emocionar, que esconde una verdad. En esta línea de búsqueda, me metí en un foro pendiente de cazar una liebre, y descubrí al personaje Cí, el primer forense de la historia en la antigua China. Y de repente, me di cuenta que delante de mí, tenía no una liebre sino un elefante. Entonces fue cuando me percaté de que China y Cí Song eran los que me habían descubierto a mí”.

Así que tras una labor de investigación y documentación titánica que comenzó un mes de enero de 2007 y terminó varios años después, algo tintineaba en su bolsillo, sí, en efecto, era hora devolver otra moneda, le llegaba el turno a “El lector de cadáveres”, y con ella, la presentación en sociedad de Cí Song, un visionario, un adelantado a su tiempo que marcó un antes y un después en la ciencia forense, “fue el primero que utilizó un método científico en una época en la que imperaba la superstición y el esoterismo, el primero que abre o examina los cuerpos. Y él instauró un método que reflejó en cinco tratados forenses que han perdurado hasta nuestros días como textos de cabecera en numerosas universidades y que además de describir casos que él mismo resolvió, reflejan técnicas, reveladores químicos, procedimientos, identifican causas de la muerte no tipificadas hasta entonces, e incorporó métodos novedosos como el empleo de frigoríficos, primitivos, para la conservación de miembros y órganos para su posterior análisis o la realización de moldes de escayola de la cara del cadáver, ya que no existía la fotografía, para después identificarlo" nos cuenta el autor con ese brillo en los ojos y esa pasión que aparece cuando hablas, describes, sientes, algo que realmente te nace de dentro, que te hace disfrutar y que contagias a todo aquel que te rodea. ¿Su próxima moneda? Pues varias andan haciendo giros y tirabuzones en el aire, y elegirá aquella que quede de canto, buscando la excelencia.

Que los discípulos del inquisidor castellano Tomás Torquemada guarden las hoces, las sogas y no apiñen leña por esto que voy a decir: de vez en cuando me venían a la mente escenas de “El nombre del viento” (Plaza&Janés). ¡HEREJÍÍÍÍAAAA! Chicos, chicas, sosiego y caaaaaaaaalma. Que queréis que os diga, me ha recordado un poco a la historia de Kvothe quizáhayasoidohablardemí, el personaje icónico de Patrick Rothfuss, un poco bastante en honor a la verdad, sobre todo en aquella parte en la que ambos parecen perseguidos, desde la primera hasta la última página, por el mismo fenómeno, al que yo bautizo como “Fenómeno Lemony Snicket” o lo que es lo mismo: una serie de catastróficas desdichas.

Pero ahí no acaban las similitudes no: ambos huyen tras quedarse sin familia, ambos llegan a La Gran Ciudad con una mano delante y otra detrás, ambos pasan las de Caín mendigando entre inmundas callejuelas y alimentándose de las migajas de los despojos, ambos tienen unas aptitudes fuera de lo normal que les hace ingresar en la universidad, donde serán odiados y envidiados por profesores y alumnos… y como hace tiempo escuché (leí) a un gran tipo decir (en verbo escrito) sobre Kvothe: “sale demasiado bien parado de demasiadas cosas, y con mucha facilidad”… esto mismo puede aplicarse a Cí, que además de esto, se pasa de bueno, de honrado salvando una y otra vez las cornadas que da la vida… así que sí, en efecto, ambas historias se parecen. ¿Mera casualidad o consciente artimaña? En cualquier caso, sombra o mancha que no empaña en absoluto, ni un ápice, este completo tratado de prácticas forenses envuelto en una trepidante y adictiva historia que mezcla realidad en forma de comportamientos sociales, ritos, alimentación, vestimenta, suntuosidad de la corte, la forma de vida de las concubinas, la ambición de los eunucos, la mayoría de los procedimientos y casos forenses que aparecen en la novela… y ficción en lo que respecta a las circunstancias, motivaciones y el intrincado que hay dentro de la trama, el comportamiento del personaje, su odisea personal.

No me perdonaría no destacar otro acierto más de la novela que apoya el hecho del riguroso y exhaustivo trabajo del autor, y que desde luego, desde mi rincón del lector quiero agradecerle, me estoy refiriendo a las casi 40 páginas adicionales que encontraremos al finalizar el libro en las que Antonio entre otras cosas, incluye como se materializó esta historia ante él, una reseña bibliográfica de Cí Song, que nos ayudará a empatizar (aún más) con el protagonista, y hasta un glosario de términos donde aprenderemos por ejemplo que lingchi, o la muerte de los mil cortes, consistente en filetear el criminal trocito a trocito manteniéndolo vivo el mayor tiempo posible, era el castigo más horrible contemplado en el código penal. Como digo, un trabajo realmente bien realizado que fructifica en una de las mejores novelas del pasado año y que sitúa a Antonio Garrido entre los escritores de novelas de suspense histórico y de aventuras que más dará que hablar en un futuro cercano.



El Consejo de Jorge: Nunca es tarde si la dicha es buena así pues no pases la oportunidad de leer la historia de Cí Song, una novela sobre uno de esos personajes anónimos que contribuyó al desarrollo de la ciencia forense.

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