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       Artículo de literatura

Entra en mi vida, de Clara Sánchez


Jorge Lara Gómez   02/05/2012
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     La lucha de una hija por vengar la infelicidad de su madre. La búsqueda amarga de una niña robada en España durante la década de los ochenta. Una novela sobre una verdad incómoda.
Portada de Entra en mi vida, de Clara SánchezEn 2010, con “Lo que esconde tu nombre” (Editorial Destino, Colección Áncora y Delfín), Clara Sánchez nos sumergía de lleno en una versión siniestra del popular juego del gato y el ratón: “la caza al refugiado nazi”. Una historia inspirada en hechos reales representada en forma de triángulo equilátero cuyos vértices estaban compuestos por un republicano español, que sobrevivió a los horrores de los campos de concentración; una joven embarazada en busca de un futuro mejor en las costas levantinas; y una pareja de octogenarios noruegos que preferían el codillo con chucrut al salmón ahumado y cuyo cabeza de familia resulta ser uno de esos nazis malnacidos que huyó a esconderse con el rabo entre las piernas tras el fin de la II Guerra Mundial…una, según dijeron, “absorbente novela sobre la memoria y la redención de la culpa” que se vendió como churros en Domingo y con la que ganó nada menos que el Premio Nadal 2010.

Dos años después vuelve a remover los rescoldos de la guerra, esta vez de la nuestra, de la de casa, la Civil Española, con “Entra en mi vida” (Editorial Destino, Colección Áncora y Delfín, disponible en FantasyTienda), una novela sobre los niños robados del franquismo, una trama inventada sobre una realidad histórica. Lamentablemente un tema de rabiosa actualidad este del robo de bebés, día sí día también nos despertamos con los ecos del caso que actualmente copa los titulares de los informativos en forma de proceso judicial contra Sor María Gómez Valbuena, la primera persona imputada en España por el robo de niños cuando ésta trabajaba como asistenta social en la cínica Santa Cristina.

Una siniestra práctica que tuvo su germen en el franquismo, pero que después se prolongo ilegalmente hasta la democracia y principios de los años 90 y que actualmente se cifra en más de 1.500 denuncias, fosas abiertas y sin cuerpos y cerca de 300.000 bebés sin identidad, pequeñas víctimas indefensas de una mafia organizada compuesta por médicos, enfermeras, miembros de la iglesia e intermediarios que operaban en clínicas privadas y públicas de toda España que bajo el parapeto y excusa de proporcionar un futuro próspero a los hijos lactantes de madres republicanas en presidio o asesinadas por el ejército golpista, tan solo buscaban el beneficio económico. Quizás es uno de los aspectos más deleznables: que estos actos fueron perpetrados por personas, instituciones, con el hábito de ayudar a los demás. "Una secuela de una dictadura muy larga, en la que se enquistaron muchas aberraciones, y un reflejo de la sociedad actual, donde hay agujeros que hacen que los codiciosos se salgan con la suya", declara la autora, y es que ya se sabe: Los monstruos siempre encuentran la forma de escapar de su encierro. Y de estos mimbres, estos cestos en forma de novela que a continuación os detallo.

"El tema me hizo bullir desde la primera noticia que vi, la novela iba creciendo al mismo ritmo que iban creciendo el número de noticias en los medios. Ahora he entendido por qué mi madre, cuando yo estaba en el hospital a punto de dar a luz, avisaba constantemente a las enfermeras de que mi marido llegaría de un momento a otro".

El día 12 de julio de 1975 llevaste a mi madre a la clínica Los Milagros para que diese a luz. ¿Qué pasó con la niña que nació?” Esta es la pregunta fundamental que flota sobre la novela y que es planteado por Verónica a… eso ya lo leeréis. La verdad es una batalla de percepciones, y cuando dos percepciones chocan la verdad puede perderse. En este caso las dos percepciones que chocan son las de dos adolescentes con vidas antagónicas: Verónica y Laura, y la verdad que puede llegar a perderse es lo que lleva atormentando a Betty, la madre de Verónica, desde el 12 de julio de 1975: ¿Quién es la niña de la foto?

Todo comienza en los años 80, por una parte una familia de clase media, de padre, Daniel, demasiado atractivo para ser taxista, madre, Roberta alias “Betty”, demasiado desequilibrada para vender cosméticos milagrosos a domicilio; un hijo, Ángel, demasiado en babia para enterarse de lo que pasa a su alrededor y una hija, Verónica, demasiado joven, 10 años, para entender la magnitud del problema que se encierra en una vieja foto guardada celosamente en una más vieja aun, cartera de cocodrilo; y demasiado lista y curiosa como para no indagar en el secreto familiar, esa foto acerca de la cual su intuición le dice que mejor no preguntar, pero que es el foco de atención diaria de su madre, “eso” que le impide ser feliz, que tiene sumida a Betty en una angustia perpetua, “aquello” de lo que su padre se niega a hablar, “la foto de las narices”… en la otra parte de la ciudad, otra familia, esta más acomodada, con domicilio en C/Goya y una abuela, Lili, dueña de una tienda de artículos de lujo, demasiado autoritaria como para hacerse querer, una madre, Greta, de carácter demasiado volátil, hippy, como para proyectar un instinto maternal; una hija Laura, acogotada por la fuerza de su abuela, con los sueños rotos por ser bailarina profesional y presa del futuro que han orquestado en su seno familiar: heredar la tienda de lujo. Y como nexo de unión entre estas dos familias, está Ana, siempre etérea, siempre elegante, independiente y bella, cuya única compañía es “Gus” su perro lanudo, amiga, confesora y cómplice de ambas familias, un ser extraño, complejo y misterioso.

El ser humano tan solo ve aquello que puede afrontar, por eso el día que Betty cae enferma, a Daniel se le cae la venda de los ojos y se torna incapaz de impedir, que Verónica, más que adolescente ya, abandone su plan de estudiar medicina, y se lance de lleno a terminar lo que su madre empezó muchos años antes, pero esta vez con la determinación y fuerza de un rinoceronte desbocado: descubrir quien es la niña morena de la foto que ha consumido la esencia vital de Betty y ha impedido la infelicidad de su familia. Desentrañar de una vez por todas que demonios pasó aquella fatídica noche del 12 de julio de 1975 en la clínica Los Milagros… aunque la verdad resultante sea demasiado dolorosa e impactante para su joven corazón.

Clara Sánchez

Clara Sánchez, licenciada en Filología Hispánica por la Universidad Complutense y profesora de Literatura en la UNED. Su primera novela llega en 1989, “Piedras Preciosas” (editorial Punto de Lectura) con la que despierta el interés de la crítica y de los lectores. Once años y cinco novelas después, le llegan su primer gran éxito: el “Premio Alfaguara 2000” con “Últimas noticias del paraíso” (editorial Alfaguara, colección hispánica) una exploración de la confusión y la alienación de la juventud actual. Tres novelas y 10 años más, toca el cielo con “Lo que esconde tu nombre” en una mano y con el Premio Nadal en la otra, una oleada de traducciones en varios países, más 150.000 copias vendidas en España, y cerca de 500.000 en Italia y sobre todo conseguir una libertad literaria que le permite escribir de lo que le apetece y divierte, "tengo que escribir como soy yo, me gustan los autores que son naturales y no buscan aparentar lo que no son".

Se confiesa admiradora de Verónica por su valentía, aunque reconoce que se identifica más con Betty, con la madre de ésta, así mismo nos cuenta que el camino recorrido en esta novela le ha hecho conectar con su papel de madre y también con el de hija, quizás por ello las narradoras son dos jóvenes, una de ellas intentando vengar la infelicidad de su madre, algo que la propia autora no pudo conseguir en su caso personal: “Yo he vivido también con cierta rabia porque mi madre podía haber sido más feliz; me he dejado vencer en mi vida por la carga emocional que ella me transfería, pero no he sido suficientemente fuerte para ayudarla”.

Según Clara, “Entra en mi vida” no es una novela periodística, ni un ensayo sobre los niños robados, y no quiere que se la tache de oportunista. Es más bien una obra que descansa en la intriga psicológica, que ha sacado el espíritu “hitchcockiano”, que hay en ella, una novela sobre los sobre los sentimientos que a Clara le han producido las noticias sobre los niños robados del franquismo, pero sin querer hacer una novela triste, sino más bien lo contrario, una historia de fuerza, vitalidad, de futuro, de esperanza, de ganas de confiar en los demás… bueno, en honor a la verdad a mí no me ha parecido que lo haya logrado. Creo que en su afán de no meter el dedo en la llaga y ser políticamente correcta, ha creado una novela un tanto pueril, infantil, cándida (el sinónimo que más os guste), incluso algunos pasajes me han recordado a las novelas adolescentes de Federico Moccia (cualquiera al azar), sinceramente no me he creído la historia, ni he empatizado con ninguna de las dos protagonistas, no me ha emocionado, ni removido nada dentro.

Robo de bebés durante el Franquismo

Un abuso desmedido del cambio de narrador que se hace un tanto pesado al estar saltando casi constantemente de Verónica a Laura, dejando de soslayo algunos actores secundarios que resultaban muy interesantes pero que permanecen un tanto apartados, como Daniel, Lili o Ángel, el hermano que pasaba por allí, un personaje de attrezzo … pero sobre todo Ana, el personaje más extraño, que de tanto etéreo se convierte en fantasma y que le podía haber dado a la novela un toque de valor añadido muy emocionante por la controversia que despierta.

La autora tenía entre manos un tema muy peliagudo al que le podía haber exprimido muchísimo más jugo, desde luego tablas, aptitudes y preparación no le falta, pero quizás ha preferido quedarse en la superficie, no raspar más de lo debido, contentarse con mojarse los pies en lugar de zambullirse de lleno y el producto obtenido es un libro que se hace un tanto pesado, cuya trama se alarga más de lo necesario y cuyo desenlace es previsible, atropellado e insulso. El éxito es lo que tiene, puede producir sobre ti un efecto de superación constante, ya que lo difícil no es llagar sino mantenerse, o conseguir el efecto contrario: que te duermas en los laureles y des un paso atrás, como bajo mi punto de vista, es este caso. En definitiva, ni frío, ni calor, ni fú, ni fá…una novela descafeinada.



El Consejo de Jorge
: Nunca, jamás renuncies a tu identidad, lo bueno de conocerse a uno mismo es que cuando lo consigues no lo olvidas.

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