ENTRETENIMIENTO Y 

CULTURA: Cine y Televisión, Literatura, Ciencia, Videojuegos, Cómics | Fantasymundo
RSS 

de Noticias y Artículos sobre Literatura, Ciencias, Videojuegos, Cine, Televisión y Cómics Twitter de 

Noticias y Artículos sobre Literatura, Ciencias, Cine, Televisión, Videojuegos y Cómics Facebook de Noticias y Artículos sobre Literatura, Ciencias, Cine, Televisión, Videojuegos y 

Cómics
Menu general
       Artículo de literatura

La Sombra de la Luna (El Ciclo de la Luna Roja 3), de José Antonio Cotrina


Eidián   13/04/2012
Comenta con tu Facebook
Meneame
     Reconozco a Jose Antonio Cotrina como uno de los mejores novelistas de literatura fantástica en este país.
Portada de La Sombra de la Luna (El Ciclo de la Luna Roja 3), de José Antonio CotrinaReviso las palabras que escribí en el pasado y me encuentro perdida porque ya no soy la misma persona que las concibió. Eso ocurre por echar la vista hacia atrás con poca tolerancia y demasiada vergüenza. Cuando escribes en un momento de pasión igual da que tengas catorce años que treinta: seguro que la cagas. Por eso, cuando he vuelto a leer las críticas que realicé para los dos primeros volúmenes de EL CICLO DE LA LUNA ROJA, obra de Jose Antonio Cotrina que comienza con “La cosecha de Samhein” (Alfaguara, 2009) y prosigue con “Los hijos de las tinieblas” (Alfaguara, 2010), me he encontrado con un entusiasmo casi infantil en ciertos lugares que se tradujo en unos ripios seudo-poéticos (mis comienzos y mis finales es que no tienen desperdicio) entre los cuales se vislumbraban a veces algunas frases originales. A veces. En fin, las citas al menos son correctas.

Voy a procurar deshacerme del bagaje “poético” de mis anteriores críticas y lo voy a hacer por dos razones: una, que al mirar atrás me siento un poco ridícula, y dos, porque así sigo también al Cotrina de “La sombra de la luna” (Hidra, 2011, disponible en FantasyTienda) que sacrifica la poesía de sus anteriores trabajos por la acción y la aventura. Entendámonos: la falta de esos instantes que hablan más al sentimiento que a la razón no hacen menos válida la obra de Cotrina, ni le restan un ápice de interés, pero una persona como yo a la que, no hay más remedio que reconocerlo, le van los versos y las frases misteriosas, fantásticas o profundas, los echa de menos.

Es por eso que por mucho que me guste esta tercera novela, que me entusiasma (dos días tarde en leérmela, a pesar de sus 822 páginas, y mi madre casi tuvo que sacarme por una oreja de la sala donde me quedé hasta las cuatro de la madrugada), no puede competir en mi ánimo con “Los hijos de las tinieblas” que para mí lo tiene todo: acción, emoción y profundidad. Por hacer una comparación cinéfila, me pasa como a los críticos de la saga “El padrino”: a la primera película le dan una calificación de 9, a la segunda de 10 y a la tercera de 7… En el caso de Cotrina, para su tercera parte yo llego sin problemas hasta el 8 (afortunadamente su Marina tiene muchos más talentos en el libro que Sofía Coppola en la peli de su papi).

Como me imagino que habrá muchos que aún no hayan visto “El padrino” (¿a qué esperáis almas cándidas?) retorno a la actualidad, a mi crítica y a la cuestión de la poesía en Cotrina. No es que en esta tercera novela no haya momentos de belleza poética (la aparición de ese bosque fantástico en las entrañas de Rocavarancolia lo demuestra) es que son pocos y ya no son tratados con esa delicadeza que existía en las novelas precedentes. El autor tiene prisa por acabar con su trilogía y eso le pesa en ciertos aspectos. Algunas cosas deben ser sacrificadas para cerrar el círculo de la Luna Roja y, como suele suceder en nuestro mundo, la poesía es la primera sacrificada.

Sin embargo, hay que perdonar a Cotrina.

Su saga ha pasado numerosos sobresaltos, pérdidas de editoriales y plazos extraviados. El mismo lo dice en su blog. Hay personas, y yo soy una de ellas, que empezaron comprando el primer libro en tapa dura de Alfaguara y han acabado comprando el de rústica de la Editorial Hydra que, todo hay que decirlo, ha hecho un magnífico trabajo (me encantan esos lomos de aparente libro viejo aunque los bichos de las portadas me vuelven la cosa demasiado juvenil). Buscando cumplir su tercer plazo con Alfaguara, que al final donde dijo “digo” dijo “Diego” o, mejor aún, dijo “pies para que os quiero”, Cotrina quiso finalizar la trilogía de forma coherente, con cohetes y traca final. Dejando de lado las razones de Alfaguara, que está visto que es demasiado importante como para conformarse con ventas que bajen de los diez mil ejemplares, las de Cotrina se vieron afectadas de forma clara por esta exigencia de los tres libros y se acabó. Para terminar de forma brillante la trama tuvo que reunir los diversos hilos de los personajes, centrándolos a todos en torno al destino último de Rocavarancolia y gastando las páginas imprescindibles en la confluencia y el desenlace. Y, aún así, tenemos 822 páginas imprescindibles. Si le hubiera puesto además poesía a lo mejor nos hubiéramos enfrentado a la saga de Tolkien-Cotrina en tomo único.

Aunque al final lo reduzca todo a poesía, a palabras… a la dama Araña hablando sobre los pobladores de Rocavarancolia, recordándonos que allí no habitaban monstruos sino maravillas, que estábamos, sin duda, en la tierra de los milagros.

Por supuesto tener que ajustarse a la conclusión de todos los caminos abiertos, de todos los personajes enhebrados (y Cotrina tenía un amplio repertorio de monstruos a los que dar un final) y que todo encajase de forma perfecta y sin estridencias solo se podía lograr con el transcurso de numerosas páginas de explicaciones y de acciones, más en esta tercera novela de las segundas que de las primeras. Que conste que se nota en la obra que a Cotrina le ha costado abandonar la introducción de nuevos personajes (¿qué pasa con los nuevos acompañantes del piromante, excepto Valga Melquíades, que apenas están esbozados?) e incluso los recién llegados a quienes otorga más protagonismo, como pueden ser los dos nuevos magos que Marina y Héctor encuentran, necesitaban un poco más de profundidad para haber sido inolvidables.

A pesar de todo, si hay algo que encuentro discutible en este tercer volumen no está en los nuevos personajes sino en los que ya habían aparecido en los libros precedentes. Me sorprende sobre todo el giro que da Adrian, el piromante, que no me resulta del todo lógico debido a como evoluciona su carácter, todo lo contrario que me sucede con Bruno que, pese a convertirse en alguien completamente opuesto a quien era, tiene una evolución perfecta y coherente como personaje. Aparte de esto tan solo encuentro algunos detalles molestos que en momentos cumbres no me dejaron disfrutar del todo como sucede con esa muerte de “malo maloso” que llega al final del libro, no voy a decir a quien, tras un susto perfectamente previsible, digno de un Stephen King poco inspirado, y que me hizo pensar : “Jo.., Cotrina esto no se hace. Ya estaba todo resuelto y tienes que meter esta coletilla con calzador. Como si fuera una peli de serie B de los años 50”. Y prefiero no cebarme en el epílogo “parejita feliz” al que le quitaría las tres cuartas partes de lo escrito…

A veces no es bueno querer cerrar tanto el círculo, que al final se nos convierte en cuadrado.

Afortunadamente esos instantes poco inspirados son los menos en un libro que rebosa acción incansable por los cuatro costados y que nos conduce a un clímax final agotador por su longitud y que forzosamente tenemos que concluir porque no podemos esperar siquiera unas horas para saber como concluye. Cotrina de nuevo se nos releva como un mago de las letras y nos conduce por donde quiere (de hecho todas las “faltas” del libro las he meditado a posteriori porque mientras lo leía solo quería saber como acababa) hasta el final que el ha elegido y nosotros aceptamos con alegría. No miento, con verdadera alegría y algunas veces incluso con entusiasmo pese a que al fin conozcamos la espantosa oscuridad que nos aguarda en Rocavaragálago, lo que significa la transformación bajo la Luna Roja o el fin al que estamos abocados. Yo sentí verdadero entusiasmo cuando Cotrina convirtió la muerte de uno de los antagonistas de los muchachos en un momento mitológico en el que el presente se transformaba en leyenda gracias a un dominio perfecto de la acción y el lenguaje. ¡Oh, Cotrina, único señor real de Rocavarancolia! Con ese dominio que tienes del tempo y los personajes, ¿por qué no hiciste todo el libro así?

Ay, que ya me está ganando otra vez la poesía y se me escapan las rimas de los dedos. No hay nada que hacer. En fin, a la porra el ridículo.

José Antonio CotrinaAl fin y al cabo, ¿quién soy yo para dictaminar como debía acabar la saga? Cotrina eligió el sendero de la acción pura y dejó que los personajes lo transitasen de acuerdo a su evolución en las novelas. En ese sentido, todo perfecto. Y sin embargo… Está visto que no puedo dejar de añorar lo que no se llegó a escribir: los momentos de comprensión e intimidad entre Bruno y Natalia, la larga e infructuosa lucha de Darío contra su destino, el desmoronamiento y redención moral del cambiante junto a la loba, el hechizo sutil y luminoso que desprenden los árboles en que se refugia el alma atormentada de Rocavarancolia, esa voz que nunca llega a sonar con las palabras que sueña…

Echo de menos las dudas, el dolor latente de los personajes, su tormento interior, todo eso que los hacia tan humanos y tan cercanos a pesar del horror o la monstruosidad. Porque, tras una introducción en que se asientan los cambios de los protagonistas que se descubrían en el segundo libro, la acción ya no deja tiempo a la demostración de los sentimientos más profundos o estos se demuestran en una breve pincelada que sabe a poco. La aventura pura y dura les gana y el verso casi enmudece.

No hay nada que hacer, está visto y aunque sea una poesía malsana la que desprende Rocavarancolia yo no puedo desprenderme de ella y se ve que la traduzco sin más en mala poesía. La mía, se entiende. Aunque haya disfrutado como una enana de las aventuras y desventuras de esta cosecha que destruye y crea a la vez a Rocavarancolia, aunque todo encuentre por fin su explicación, su fin y su principio y los malos reciban el premio que merecen y los buenos reciban también su recompensa.

Como debe ser.

Y sin embargo…

Reconozco a Jose Antonio Cotrina como uno de los mejores novelistas de literatura fantástica en este país e incluso yo diría que el mejor o, al menos, el que mejor sabe manipular a sus lectores y conducirlos a cimas literarias que otros son incapaces de alcanzar. Alabo sus virtudes como escritor y espero volver a leer un nuevo libro suyo porque se que jamás me defraudará ni me aburrirá pero… Nada va a evitar que eche de menos a Rocavarancolia. Quizás por eso no me hubiese importado que la trilogía se hubiese alargado en un libro más, o dos o los que fuesen. Es un mundo, una ciudad de la que no deseo ni espero escapar por o pese a esa poesía oscura y terrible que destila. Sus espacios y sus habitantes se me han metido muy dentro, me temo, y la voy a añorar.

Aunque al final lo reduzca todo a poesía, a palabras… a la dama Araña hablando sobre los pobladores de Rocavarancolia, recordándonos que allí no habitaban monstruos sino maravillas, que estábamos, sin duda, en la tierra de los milagros.

Si, al final, siempre queda la poesía.

Seguro que Sedalar hubiese estado de acuerdo conmigo.

Página 1 de 1



 

Versión imprimible


Sigue a Fantasymundo en FacebookSigue a Fantasymundo en TwitterFantasymundo TV, nuestros vídeosSigue las noticias y artículos de Fantasymundo con RSS

Noticias relacionadas
La segunda parte de «Seis de cuervos», «Reino de ladrones», a la venta este lunes
Videorreseña de La Nave: «El fin de los sueños», de Gabriella Campbell y José Antonio Cotrina
Hallan un potencial hábitat seguro para una hipotética base lunar
Videorreseña de Pergamino Infinito: «El guerrero a la sombra del cerezo», de David B. Gil
Las mejores imágenes hasta la fecha de la Gran Mancha Roja de Júpiter
Articulos Relacionados
El final del día, de Claire North: una novela que deja huella
Las fuentes perdidas, de José Antonio Cotrina: fantasía urbana, oscura y violenta
Sin corazón, de Marissa Meyer: retelling de «Alicia en el País de las Maravillas»
Luna, Luna de lobos, de Ian McDonald: segunda parte que no cumple expectativas
A la sombra del convoy, de Toussaint y Beroy: historias de la Historia con un hecho real de fondo
NO se permite la reproducción íntegra. Para reproducciones parciales: NOTAS LEGALES
Colabora con Fantasymundo
Imágenes relacionadas con el artículo
     Editorial Hidra
Portada de Heraldos de la Luz, de Víctor Conde
Víctor Conde
Portada de La Sombra de la Luna (El Ciclo de la Luna Roja 3), de José Antonio Cotrina
Portada de La canción secreta del mundo, de José Antonio Cotrina
José Antonio Cotrina
Staff de Fantasymundo.com - Quienes hacen la página Contacta con Fantasymundo Notas Legales de Fantasymundo Enlaza con Fantasymundo ¿Quiénes somos?