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Naomi, de Junichirô Tanizaki
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| Fco. Martínez Hidalgo 25/01/2012 |
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Es un texto de aprendizaje donde, con gran mérito y habilidad, Junichirô Tanizaki desarrolla las líneas fundamentales de su mejor literatura, y de la mejor literatura japonesa del s. XX. |
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Siruela sigue completando la biblioteca del maestro japonés Junichirô Tanizaki (1886-1965), donde se reúnen algunas de las obras maestras de la literatura nipona, y por extensión de la cultura universal. Tanizaki no sólo resulta por sí mismo una muestra magistral de estilo personal más allá de las corrientes dominantes en su tiempo, sino que expone también la tendencia general de modernización y renovación, inspiradora para la mayor parte de los escritores posteriores a él. Incluso alguno, como es el caso de Yukio Mishima, con una declarada admiración personal e influencia directa.
Tanizaki se muestra decidido a romper con el molde clásico de creatividad contemplativa, donde el ser humano explora las emociones a través de su exposición pasiva al entorno. La humanidad carece de un contenido sentimental propio más allá de aquel generado por el contexto al que se encuentra expuesto. La naturaleza tiene un poder tal en el subyugar a las sensaciones y a la mente, que todo nace y acaba en el único mecanismo cíclico de la exposición y la reacción, la causa y el efecto. La personalidad desaparece fuera de su contexto. Los personajes carecen de contenido y las tramas se muestran rígidas, la más de las veces utilizadas instrumentalmente como la forma de expresar una emoción o un estado de ánimo. La literatura muestra sus calidades en la forma cómo consigue expresar y transmitir esos mismos estados emocionales en ausencia de naturaleza.
Junichirô Tanizaki busca poner estos esquemas patas arriba. Con su obra gozamos del esfuerzo titánico del autor por superar todo aquel ritualismo rutinario, con la consecuencia directa de señalar, a los autores posteriores, nuevos caminos por los cuales afrontar nuevos retos.
El eje principal de su propuesta se sitúa en los personajes. En su interior, la personalidad se desarrolla a partir del motor de las pasiones. Le interesa especialmente la obsesión, la forma en la que, más allá de cualquier conexión directa con ambientes o personas, somos capaces de generar endógenamente nuestras propias emociones autodestructivas, enganchándonos en extremo a objetos, a personas, a imágenes, a creencias, a recuerdos… En su exterior, este motor pasional obtiene salida a través nuevos entornos y nuevos temas entre los que no tiene poca importancia, precisamente, las incipientes relaciones de Japón con Occidente –aparece otra vez aquí un reflejo de su influencia sobre Mishima.
Lejos de resultar un descenso a la decadencia amargo o gótico, Tanizaki se recrea en lo cómico, utiliza el humor para adobar de ridículo las escenas más chocantes.
Uno de los primeros textos donde Tanizaki explora estos nuevos caminos de renovación estilística y modernización creativa es, precisamente, ‘Naomi’ (a la venta en FantasyTienda), publicada por Siruela en 2011. Cada uno de sus capítulos se publicó por entregas, entre 1924 y 1925, en varias publicaciones. Así que su concepción como libro nunca existió. Por supuesto, esto afecta a la trama, dando a veces la sensación de repeticiones e insistencias innecesarias para una novela, que su fragmentación y dispersión temporal original permiten comprender perfectamente. Con todo, también hay que aclarar que las primeras ediciones de ‘Naomi’ como libro datan ya de la década de 1940, en vida y con el permiso del autor. Si bien su texto jamás fue retocado o modificado por este motivo.
Otra advertencia que nos ayuda a comprender mejor el texto se encuentra en su título. Tanizaki tituló a esta historia ‘Chijin no ai’, cuya traducción literal vendría siendo algo así como ‘El amor de un tonto’. El título de ‘Naomi’ procede, por lo que he podido averiguar, de sus adaptaciones a lenguas occidentales. La razón de este cambio estaría en el motivo por el que el tonto, Joji, se enamora hasta la obsesión de Naomi: una joven camarera cuya pasión por la cultura occidental y su pretendida modernidad arrastran a Joji hasta la perdición. Precisamente esta crítica a la occidentalización, o esta clara de las tradiciones culturales japonesas en detrimentos del referente occidental, sería la causa de un retoque en el título, destacando su dimensión sentimental sobre aquella sociocultural.
Sin embargo, siendo justos con el sentido del texto, y en concreto con el fuerte contenido metafórico y simbólico presentes en ‘Naomi’ (Siruela, 2011), deberíamos fijarnos más, precisamente, en la dimensión sociocultural como eje central.
A comienzos del s. XX confluyen, y se influyen mutuamente, el velocísimo cambio social desde una sociedad fuertemente ruralizada donde todavía siguen vigentes restos del feudalismo, y las primeras relaciones con un Occidente que aparece sorpresivamente por el mar convirtiéndose casi de inmediato en la referencia para todo el país.
Joji llega a la ciudad desde una familia rural japonesa. Como tantos otros jóvenes por aquel entonces, Joji forma parte del incipiente Japón urbano e industrial que hoy conocemos. Mientras que Naomi, varios años más joven, nació ya en un ambiente urbano donde se deja sentir la fuerte influencia occidental. Su amor es, precisamente, la relación simbólica de esa confluencia, donde la fuerza atractiva de Occidente arrastra a toda una sociedad, y con ella también a los elementos más tradicionales de su cultura.
La atracción de Joji por Naomi pronto deriva en amor, y de ahí progresivamente a la obsesión… hasta la ruina. Contraviniendo la templanza y el sentido común de Joji al principio de su relación, y del libro, los caprichos y los deseos de Naomi van arrastrando a Joji desde su autonomía primera hacia el más indigno servilismo, desde la razonabilidad hasta la irreflexión. Su amor toma la forma de un proceso degenerativo. Naomi resulta atractiva no por su belleza –como era por otra parte común en la literatura tradicional, sino por una personalidad mística, extraña y extravagante, en cuanto occidentalizada. Ese misterio de lo ignoto atrae a Joji, y lo lleva hasta la perdición.
El estilo tragicómico característico de Tanizaki hace acto de presencia en ‘Naomi’ (Siruela, 2011). Lejos de resultar un descenso a la decadencia amargo o gótico, Tanizaki se recrea en lo cómico, utiliza el humor para adobar de ridículo las escenas más chocantes. Pues Naomi y Joji son dos mundos distintos que se encuentran y adaptan, en el que uno domina sobre otro, no sin provocar momentos hilarantes de absurdo, surrealismo y patetismo. Parece claro también su sentido teatral en la disposición de las escenas, en el desarrollo de los diálogos, o la progresión de los personajes. En pocas líneas crea, desde un lenguaje directo y contundente, momentos de alta tensión e intensidad.
‘Naomi’ (Siruela, 2011) es un texto de aprendizaje donde, con gran mérito y habilidad, Junichirô Tanizaki desarrolla las líneas fundamentales de su mejor literatura, y de la mejor literatura japonesa del s. XX.
Desde personajes ricos en matices, utiliza figuras estilísticas próximas al amor fu, para mostrar de forma original cómo ese amor puede acabar con un hombre… e incluso arrastrar con él a la cultura que ese hombre simboliza. Una segunda lectura de fondo que el lector se entretendrá en desentrañar, a través de veladas referencias y juegos retóricos más o menos explícitos. Un texto básico para la comprensión literaria de un autor fundamental.
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