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       Artículo de literatura
Papillon, de Henri Charrière
 Literatura Histórica
Alejandro Serrano   30/10/2011
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     Hay libros que pueden cambiar el mundo, y Papillon es uno de ellos... nunca, bajo ninguna circunstancia, os despojéis de vuestra humanidad.
Portada de Papillon, de Henri CharrièreCon la experiencia diaria, a veces perdemos la perspectiva sobre quiénes somos y hacia dónde va nuestra vida, y sobre todo, a qué puertos encaminamos, con nuestra conducta y la ajena, a nuestra propia sociedad. Las dificultades de los quehaceres diarios a menudo nos evitan reflexionar, y algunos de nosotros sólo hacia el final de la vida, cuando ya las cargas se disipan, ponemos los puntos sobre las íes.

Hay vidas que merecen la pena ser contadas, y libros que merecen la pena ser escritos, para que el círculo vicioso que han puesto ante nosotros se rompa y nos demos cuenta de lo crueles que, en ocasiones, son las sociedades que edificamos y a las que inmovilizamos con nuestro comportamiento. Muy pocos de los orgullosos franceses de principios del siglo XX podía imaginarse la crueldad que la patria nativa de Los Derechos Humanos escondía en las cloacas de su aparato judicial, y sin embargo, en ese país tan civilizado, tan a la vanguardia del pensamiento, había esclavos.

El libro que nos ocupa, “Papillon” (RBA, disponible en FantasyTienda), no es una novedad editorial, por mucho que RBA la haya incorporado a su catálogo en mayo de este año, pero el tema que trata no debería jamás de pasar desapercibido ni ser de actualidad. ¿Cuántos de nosotros conocemos hoy día de primera mano qué es una prisión y cómo es la vida allí dentro?

Papillon” es un documento duro y estremecedor de aquello a lo que puede llegar un sistema creado por seres humanos, cuando trata de protegerse de aquellos que supuestamente lo amenazan, con métodos injustificables y terribles.

Los franceses de principios del siglo XX conocían las prisiones de trabajos forzados de ultramar de forma muy general, como algo terrible, pero no podían siquiera imaginar lo que ocurría en lugares como la Guayana Francesa, donde los prisioneros entraban en una espiral de violencia y podredumbre sólo destinadas a machacarles física y mentalmente, y sacarles todo el dinero que aún pudieran reunir.

Henri Charrière (1906-1973), nacido en Ardèche (Francia), se siente en 1931 a sus anchas en los bajos fondos de París, donde trampea, como el mejor buscavidas, como puede, en medio de maleantes, prostitutas y espabilados como él. Tras haber servido durante dos años en la Armada Francesa, su ocupación no es otra que ir de fiesta en fiesta y de timo en timo, pero pronto acabará para él esta vida. Falsamente acusado del asesinato de un chulo, Roland le Petit, es sentenciado, gracias a los manejos de policía y testigos comprados, a trabajos forzados a perpetuidad en la Guayana Francesa. Durante todo el libro conoceremos a Henri como Papillon (Papi, para los más cercanos), “mariposa” en francés; todo el mundo le llama de esta forma por un tatuaje con esta forma que se hizo en el pecho.

Henri CharrièrePapillon escribió décadas más tarde este libro, en el que cuenta sus peripecias a partir del momento en que fue condenado, y más tarde, cuando por fin consiguió salir del, como él lo llama, “el camino de la podredumbre”, al que fiscal, policía y falsos testigos le condenaron. Este camino semeja a una picadora de carne: todo aquel que cae en sus garras está listo. Pero Papillon está decidido no sólo a sobrevivir a este camino, sino a rehabilitarse como persona, y cómo no... a vengarse de aquellos que han tramado su final. Para ello, es necesario fugarse, y a eso dedicará toda su vida carcelaria.

Tras un breve paso por Caen, Papillon es trasladado, junto a otros presos, a las Islas de la Salvación, llamadas así porque allí evitaron morir, gracias al aislamiento y al clima favorable, multitud de colonos franceses, mientras que en otros lugares fueron diezmados. Estas islas son la de La Royale, Saint-Joseph y la de El Diablo, y su superficie conjunta es de 62 hectáreas. A pesar de su pequeñez, el horror que los franceses harán caber en estas islas es de una magnitud terrible: palizas, extorsiones y muertes aleatorias, tanto por parte de los carceleros como de los propios presos, se entremezclan con el inhumano sistema de represión: mala alimentación, poco control médico y unas instalaciones pensadas para mortificar cuerpo y mente terminan con ánimo y físico de los condenados, quienes se deslizan a cada vez mayor velocidad por una espiral de terror sin fin. Todos son, a un mismo tiempo, víctimas y verdugos.

Papillon, enterado de todo esto, no se desanima, y encadenará fuga tras fuga hasta, por fin, tener éxito o morir en el intento. Poco más le importa. Pese a todo el dolor que experimentará, conocerá la amistad –la auténtica, a través de Clousiot, Maturette, Dega y algún otro- y el amor en el camino. Pero sobre todo, aprenderá a amarse a sí mismo, a respetarse como ser humano, a través del sufrimiento, aunque las intenciones de sus carceleros fueran totalmente distintas. Más adelante conocerá incluso otros sistemas carcelarios brutales, pero no tanto como el de la “civilizada” Francia.

Póster de Papillon, película dirigida por Franklin J. SchaffnerSí, Papillon se convirtió en un hombre libre y escribió esta novela... por fin puedo contar el final de una novela en una reseña. Todos lo sabéis, o bien por la existencia de esta novela autobiográfica, o bien por la tremenda película del mismo título dirigida por Franklin J. Schaffner y protagonizada por unos soberbios Steve McQueen y Dustin Hoffman, que aunque cambia algunos personajes y circunstancias, es esencialmente fiel al espíritu del libro. Quienes la hayáis visto y aún no hayáis leído el libro, no debéis esperar a hacerlo, ya que, como es costumbre, la novela va mucho más allá, tanto temporalmente como en profundidad argumental y dureza. Charrière plasma reflexiones en ella que importan mucho más que los acontecimientos que describe.

Papillon” es un documento duro y estremecedor de aquello a lo que puede llegar un sistema creado por seres humanos, cuando trata de protegerse de aquellos que supuestamente lo amenazan, con métodos injustificables y terribles. De aquello a lo que una sociedad puede llegar si no es consciente de lo que su gobierno hace con ella. De aquello a lo que podemos llegar, si como ciudadanos individuales, no estamos vigilantes y nos insensibilizamos. Esta novela autobiográfica es un gigantesco golpe de remo a nuestras conciencias, un monumento a la capacidad de redención del ser humano, que nunca debemos dar por perdida, y a la inmensa gracia del perdón.

Estilísticamente no es ninguna maravilla, como el mismo Papillon dice, él no nació para narrar. Ese no es su talento. Pero aún así, su forma cruda y en ocasiones irregular de contar la historia engancha, transmite verosimilitud, y sobre todo, humanidad. Esa es la clave de su éxito, a mi entender.

Henri Charrière, en su celda de reclusiónEn 2005, un compañero de prisión de Papillon, Charles Brunier, ya anciano, afirmó desde el asilo donde residía, que gran parte de lo que se narra en la novela le sucedió a él mismo o a otros compañeros, y que Charrière no hizo más que convertir en suyas estas aventuras. Según mi opinión personal, un anciano sin blanca intentó sacar tajada del éxito de “Papillon” tras la muerte de su autor, acaecida en 1973 por un cáncer de garganta, en Madrid. Sea como fuere, lo que nos importa es el fondo del libro... todo aquello sucedió, y está refrendado por otros testimonios. La brutalidad del sistema penitenciaron francés de principios del siglo XX fue una realidad.

Años más tarde, tras el éxito de este libro, Charrière escribiría otro, titulado “Banco”, a modo de secuela, que narra sus peripecias en libertad, ya en Sudamérica. El antiguo preso se convirtió en celebridad, y durante años viajó por distintos países, en los que contó sus aventuras, y no sólo eso, se convirtió en crítico y denunciante de la realidad que le rodeaba, merced a su punto de vista único.

Hay libros que pueden cambiar el mundo, y “Papillon” es uno de ellos... nunca, bajo ninguna circunstancia, os despojéis de vuestra humanidad. Sin ella, no somos nada. La misma existencia de esta novela se la debemos a otra, “El Astrágalo”, de Albertine Sarrazin, que inspiró a Charrière para contar su propia vida. Hay libros, una vez más, que pueden cambiar el mundo, sea por acción o por inspiración a ella.


“Francia, no en vano, es la cuna de los derechos del hombre. Francia puso a mi disposición todos los medios de difusión oral, escrita y visual para que yo hiciera un cara a cara con el sistema jurídico-policial francés. Eso fue extraordinario. Yo soy ahora ciudadano del mundo, pero quien me hizo ciudadano del mundo fue el mismo pueblo francés que me sentenció brutalmente y me trató como una inmundicia de la sociedad. El tratamiento bárbaro y medieval de su policía pesó sobre algunas conciencias.”

(Henri Charrière, alias Papillon)

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