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       Artículo de literatura

El país de los ciegos, de Claudio Cerdán


 Terror / Suspense
Jorge Lara Gómez   27/08/2011
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     Novela sin concesiones, dura, violenta pero adictiva como la cafeína, escrita en prosa y verso callejero, sucio, salvaje, sin colorantes ni conservantes, con ligerísimos toques de ternura…en definitiva: una historia de violencia.
Portada de El país de los ciegos, de Claudio CerdánHe de ser sincero, me costó decidirme y ¡mucho! Apenas habían pasado un par de semanas desde que os presenté en esta misma sección: “En la Ciudad Oscura” de Ángel Torres Quesada y tenía ante mí la posibilidad de realizar una autopsia exhaustiva a esta que nos ocupa, pero rechacé al sujeto. Y es que pensé que dos novelas seguidas de género negro clásico serían demasiado para este viejo corazón, claro que por aquel entonces ignoraba, como buen ignorante que soy, que esta obra, de clásica, no tenía ni la tilde, ¡ah!, no hay mayor ciego que aquel que no quiere ver.

Unos días después tuve de nuevo ante mí, como la manifestación de un déjá vu, la oportunidad de destripar al “Tuerto” Durán. Recordé entonces lo que los Elfos llaman “El lazo de la fortuna”: si vuelves a un sitio por segunda vez, donde te pasó algo, puede que el tiempo y la historia se repita. Solo que esta vez la historia no se repitió, lo pensé y me dije ¡Qué demonios!, acompañemos al Tuerto en su descenso al lado oscuro de la cuna del turrón blando: Alicante, la puta que sangra por los cinco agujeros.

"Me llamo Juan Ramón Duran. La calle me conoce como 'el Tuerto' y mi vida no es fácil… el príncipe gris es un santo a mi lado".

El país de los ciegos” (Ilarión Ediciones, disponible en Fantasytienda) nos sitúa en Alicante, ciudad que en la actualidad ostenta, el dudoso honor de tener el índice de criminalidad más alto por habitante de España; y nos presenta a uno de sus más selectos embajadores: Juan Ramón Durán, un “hijo de la calle”, ¿su nombre de guerra?: el Tuerto, un hombre atormentado por un crimen que se le fue de las manos, y que soporta el peso de un corazón roto cuya herida no cicatrizará jamás. ¿Su objetivo?: reinventarse a sí mismo tras pasar cinco años a la sombra jamaicana, por agredir brutalmente a un camarero cuyo pecado, casi capital, fue hacer un chiste fácil con un dicho popular: “en el país de los ciegos…”.

"Siempre me he considerado autor de novela negra. 'El país de los ciegos' es una historia que tenía pensada desde el 2001, antes incluso de que me plantease ser escritor. La Dalia Negra, sin ser el primer libro de Ellroy que leía, me impactó mucho y quise hacer mi propia versión. Hasta que no me vi con la capacidad suficiente para escribirla, no lo hice".

Durán entra en prisión siendo un hombre de poca conciencia, y sale siendo un hombre de muchos arrepentimientos, lanzado de lleno a una tierra hostil, que no le dirige su mejor sonrisa ni sus mejores deseos, como si de una ex novia despechada se tratase. Una ciudad, Alicante, la puta que sabes que no se irá a ninguna parte, para la que él sólo es un recuerdo, otro producto fallido más del sistema y en la que, si bien los barrios no han cambiado mucho, sí lo han hecho tanto los perros que marcan sus esquinas, como sus collares, y para él no hay collar ni espacio en esta particular perrera, dirigida por el nuevo lanista, Garrigós, un tipo de mano firme y sin escrúpulos, con una cuenta pendiente que saldar con el Tuerto.

Así que Durán hará lo posible por volver a ser el Dómine de tan singular ludus mediterráneo, a través de sus mejores armas: la violencia, la intimidación y su infalible ojo de cristal; y de sus más selectos gladiadores: Farlopero López, dueño de una funeraria que utiliza como tapadera para el tráfico de droga; Carroña, forense de la funeraria a tiempo parcial, politoxicómano a tiempo completo; Mierda de Perro Ramos, policía venido a menos y en la nómina del Tuerto; Aurora, de nombre artístico Aneris, de día cómplice en los chantajes, de noche, prostituta de alta gama; Marga, la parte romántica de la historia; y por último, el Doctore, Chino Nájar, el brazo armado y afilado de tan singular séquito.

Todos ellos compartiendo arena y asfalto con mafias de Europa de Este, maras latinas, clanes gitanos, bandas pijas y un ex-convicto chalado, peinando la zona, en busca del Tuerto. Participantes todos, de una peculiar carrera de autos locos manejados con vendas en los ojos, donde más de uno se dejará los dientes, algún que otro recuerdo en forma de puñalada trapera y en ocasiones, la vida, por conseguir el trozo más grande de este pastel narcótico y putrefacto que es Alicante, la puta que a veces te devuelve el dinero, mientras, resuena por la ciudad como el eco en un precipicio, un extraño caso de secuestro infantil que tiene a las autoridades en jaque, y cuyo desenlace será de lo más disparatado.

¿El cocinero del pastel? Claudio Cerdán, de joven promesa a joven realidad. Yeclano de apenas 30 años y de mente (que no demente) sumamente productiva, como muestra su extenso currículum creativo, con numerosas publicaciones en revistas de índole variopinta, columnista habitual de prensa escrita y digital, algún que otro premio y galardón literario, varias incursiones en el terreno audiovisual en forma de cortometrajes como guionista y director y finalmente sus tres publicaciones más importantes: “El dios de los mutilados” y “Cicatrices” (ambas de la editorial Equipo Sirius), como parte de una trilogía inacabada y enmarcadas en el terreno de la literatura fantástica, con las que el autor (que las define más bien como western) obtuvo muy buenas críticas gracias a la mezcla de lo típico en este tipo de novelas con lo totalmente atípico y absurdo, como muestra el peculiar grupo de héroes nacidos de la retorcida mente de Claudio: un guerrero ¡manco!, un arquero ¡bizco!, o una hechicera de moral “distraída”, solo hubiera faltado en esta particular “parada de los monstruos”, un enano barbilampiño o el no va más, una enana, hubiera sido la primera enana de la historia de la literatura fantástica.

Y la tercera en discordia, “El país de los ciegos”, quizás la que más éxito y popularidad le ha granjeado, siendo actualmente, una de las novelas más vendidas en Fnac y con la que fue finalista del premio “Lengua de Trapo” en su edición número XIII (año 2007), galardón creado en 1995 por Pote Huerta fundador de la editorial del mismo nombre y cuyas señas de identidad han de ser la calidad, la originalidad y ciertas dosis de irreverencia. Honor que finalmente recayó en la obra “La lavandera” de Pepe Monteserín (Editorial Lengua de Trapo).

Claudio Cerdán

Curiosa historia la que envuelve al “El país de los ciegos”, último en publicarse, segundo en escribirse tras “El Dios de los Mutilados”, y el primero en cobrar vida en la mente del autor, ya que según nos cuenta: Fue escrito hace cuatro años, pero el largo peregrinaje por el desierto hizo que no viera la luz hasta este año. Siempre me he considerado autor de novela negra. El país de los ciegos es una historia que tenía pensada desde el 2001, aproximadamente, antes incluso de que me plantease ser escritor. La Dalia Negra, sin ser el primer libro de Ellroy que leía, me impactó mucho y quise hacer mi propia versión. Obviamente, al final resultó otra cosa. El asunto es que hasta que no me vi con la capacidad suficiente para escribirla, no lo hice. Entre tanto queda una novela inacabada, otra directamente fallida y las dos fantásticas además de una juvenil que sigue inédita, un drama histórico muy negro (que publicarán en francés en unos meses), una "continuación" de El país de los ciegos, que está en busca de editor y estoy en proceso de escritura de una tercera parte de la misma.

“El Tuerto: Violencia y Plomo”, podría así resumirse esta sangrienta función, enmarcada según el propio autor dentro del tipo hard boiled, término que nació al amparo Dashiell Hammett allá por finales de los años veinte y que ha ido evolucionando gracias a los Chandler, Ellroy y más cercanamente a nosotros, el malagueño Juan Madrid, considerado uno de los máximos exponentes de la nueva novela negra, y que define una historia en la que el detective no depende tan sólo de su capacidad de observación y deducción sino que además de recorrer las calles en busca de información, ya sea recurriendo a la violencia o a otro tipo de métodos "cuestionables", debe disponer de una gran capacidad para manipular los acontecimientos que le rodean en beneficio de la resolución del caso.

Y en estas lides de coacción, chantaje, extorsión y puñetazos, el Tuerto, sí es el Rey, graduado summa cum laude por la Universidad de la Calle y es que cuando la gente huye de la línea que separa la vida de la muerte, el Tuerto la cruza, la recorre de punta a punta con la precisión, serenidad y equilibrio de un funambulista, lo que genera una suerte de campo magnético que le atrae a la violencia, a enfrentarse cara a cara con la dama de negro, lo que de manera natural, repelería a la mayoría de los hombres; pero así es Juan Ramón Durán y así es este particular país de los ciegos con diálogos para sordos por obra y gracia de Claudio Cerdán, la nueva referencia de la novela negra hispánica, que llama a la puerta con la delicadeza de una ariete vikingo para decir: YO, Claudio, vengo para quedarme.

A la novela sólo le puedo poner un pero, la guinda robada del pastel, en forma de capítulo taleguero, dedicado en exclusiva a la estancia del Tuerto en prisión y su relación con Magallanes, el convicto pirado, y que quizás en una vida anterior fuera sastre, no se explica de otra forma el empeño que tiene por hacerle a medida una corbata colombiana con las iniciales “J.R.D” bordadas en ella. ¿El tuerto era el Rey en el trullo o quizás un ciego más, bajo el ala protectora de alguna bestia parda que hizo de él su juguete favorito? ¿En las duchas usaba pastilla de jabón o gel de baño? ¿Recitaba Tuerto Durán 5-10 cada veinte minutos en la celda mientras le ponían una lámpara en la cara? ¿Hubo combate a muerte en el patio con Magallanes, siendo uno, Frank Leone y otro, Chink Weber como mostró John Flynn en “Lock-Up”?... Quizás en la segunda parte queden desveladas estas insanas cuestiones a modo de analepsis, aquí queda mi súplica, ¡Oh Claudio!



Como colofón final, el autor nos adelanta algunas claves de lo que será la continuación de “El país de los ciegos”: "No es una segunda parte al uso y actualmente está en busca de editor. Ni siquiera sé cuál será el título final. Está escrita en primera persona, y el protagonista es Mierda de Perro. El Tuerto sale de secundario, al igual que Álvaro Cortés, Farlopero López o los hermanos Organov... Y hasta aquí puedo leer". Para ampliación de conocimientos delictivos o de otra índole inmoral, aquí os dejo su blog, echad un vistazo.

El Consejo de Jorge
:

Si eres de estómago delicado, éste no es tu libro, si sufres de fibra sensible, éste no es tu libro, si al mirar la sangre te mareas, ¡este no es tu libro! para el resto de los mortales: haced hueco en la estantería al “Tuerto Durán”, y echad un vistazo por la ventana, porque Alicante será una puta, pero hoy está preciosa.

A esta novela negra hispánica le doy un 7 sobre 10.

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