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De Pavía a Rocroi: Los tercios de infantería española en los siglos XVI y XVII, Julio Albi de la Cuesta


 Ciencias Sociales
Rogorn   27/04/2011
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     Siempre mal pagados, siempre blasfemando bajo los coletos atravesados por una cruz roja, los tercios enmarcan con sus picas un período fulgurante de la historia de España para acabar muriendo bajo sus banderas desgarradas.
Portada de De Pavia a Rocroi, de Julio Albi de la CuestaEl Imperio español siempre ha sido una de las etapas que más interés han producido entre los lectores aficionados a la historia. Y desde el comienzo de la saga de novelas 'Las aventuras del capitán Alatriste', de Arturo Pérez-Reverte, las acciones de los ejércitos españoles durante este tiempo han adquirido nuevos seguidores. "De Pavía a Rocroi" (Balkan) Este es uno de los libros que mayor disfrute puede dar a quien se interne por primera vez en la historia de 'Los tercios de infantería española en los siglos XVI y XVII'. En él se tratan desde sus orígenes con los Reyes Católicos hasta su disolución con el final de la dinastía de los Austrias españoles en 1700, pasando por su organización, armamento, táctica, vida cotidiana, reputación, disciplina, forma de atacar, forma de asediar, en incluso su utilización como tropa marina y anfibia.

Los buenos libros de historia saben llegar incluso a la gente que podría no estar demasiado interesada en ella, o a los que prefieran la historia más bien como telón de fondo de una novela. Este es uno de los que se puede leer con tanto deleite como si fuera una historia de ficción.

Se nota el gusto que el autor tiene por el tema, y en ocasiones resulta hasta contagioso. A ello ayudan las citas sacadas no sólo de generales o príncipes, sino también de soldados de a pie.

Quizá no haya personajes principales a los que agarrarse (como mucho grandes generales como Spínola, Farnesio o los de la casa de Orange), y los personajes femeninos se quedan o gobernando en palacios o arrastrándose tras las tropas o intentando escapar de ellas, pero el hormigueo de vida real y sin edulcorar por las convenciones noveleras es constante en cada página. La dureza de la vida en ocasiones era impresionante (las cosas que se llegaban a comer en época de escasez no es para estómagos sensibles, entre ellas el caballo de un maestre de campo a quien se le ocurrió dejarlo solo un momento: hasta la silla se comieron, que el cuero no deja de ser de origen animal). Las tretas y ardides con las que se rendían plazas enteras se aceptaban como parte del honor de una guerra, y el mero hecho de decidir si te dejaban tocar el tambor o no al rendirte (con caja templada o destemplada) era objeto de grandes discusiones.

El autor, Julio Albi de la Cuesta (Burgos, 1948) es un diplomático español, que en las últimas cuatro décadas ha representado a España en Senegal, Estados Unidos, Egipto, Italia, Honduras, Ecuador, Perú, y actualmente es embajador en Siria. Desde el punto de vista de un historiador o investigador de carrera, se puede poner el pero al libro de que las citas no van identificadas o numeradas (aunque sí hay glosario, índice onomástico y abundante bibliografía), y que los capítulos no llevan subsecciones o separaciones que faciliten la lectura.

Julio Albi de la Cuesta

Tampoco hay ilustraciones. Y, quizá por su origen, el autor es leísta. Pero una vez tenido todo esto en cuenta, hay que decir que son 350 páginas muy bien explicadas y amenas de leer. Se nota el gusto que el autor tiene por el tema, y en ocasiones resulta hasta contagioso. A ello ayudan las citas sacadas no sólo de generales o príncipes, sino también de soldados de a pie, algunos muy conocidos como el capitán Contreras o Jerónimo de Pasamonte. Hay veces incluso en las que parece que estamos leyendo un Alatriste:

"En sus filas formaban desde Grandes de España a Lazarillos de Tormes, desde capitanes surcados de cicatrices a mochileros adolescentes, componiendo un vasto patio de Monipodio presidido por un fanático sentido del honor, que les permitía sufrir todo, menos que les hablaran alto. Siempre mal pagados, siempre blasfemando bajo los coletos atravesados por una cruz roja, los tercios enmarcan con sus picas un período fulgurante de la historia de España para acabar muriendo bajo sus banderas desgarradas en una larga agonía que, en contra de la leyenda, no termina, sino empieza, en Rocroi. Es singular que, a pesar de ello, apenas hayan merecido atención en su propio país. Parece como si, al contrario de El Cid, después de muertos hubieran perdido todas sus batallas."

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