|
Aelita. La Reina de Marte, de Alexéi Tolstói
|
|
| José Luis Valcarce 16/04/2011 |
|
|
|
|
|
Esta novela no sólo es una las grandes obras de la ciencia ficción rusa sino también un auténtico clásico de la ciencia ficción universal, cuya lectura se hace necesaria para cualquier aficionado al género. |
|
Cuando hace algún tiempo saludaba desde Fantasymundo la llegada de la editorial Nevsky Prospects, tenía la sensación de que no sólo estábamos ante un proyecto serio y necesario que podía contribuir a llenar el inconcebible vacío que la literatura rusa tiene en España, sino también ante una concepción ética y estética de lo que una editorial ha de ser. Tras haber leído ya algunas de las obras que nos ha ofrecido tengo que reafirmarme en mi opinión y tomar prestado de Silvio Rodríguez aquello de “solo el amor alumbra lo que perdura.” Y es que Nevsky ha venido para perdurar como el resultado del esfuerzo y del amor por la literatura en general y por las letras rusas en particular que tienen Marian y James Womac.
Al igual que la avenida peterburguesa de la que toma su nombre, Nevsky Prospects es caleidoscópica para reflejar la riqueza literaria rusa. Pero, del mismo modo que la avenida Nevsky siempre ha sido la misma aunque por ella circulasen nobles y proletarios, revolucionarios y refractarios, miserables y opulentos, la variedad que nos trae Nevsky discurre siempre por unos derroteros, de tal modo que en la variedad de obras y autores hay unas marcas distintivas, unas constantes nevskianas.
Quizá, el gran tema de "Aelita. La Reina de Marte" sea el amor; precisamente el amor entre el racional ingeniero Loss y la fría Aelita. Es este un amor que se fragua a la largo del relato y que actúa a la vez como elemento entre transformador y catalizador que cambia las perspectivas y la forma de ser de ambos.
Esta cuidada edición de "Aelita. La Reina de Marte" (disponible en FantasyTienda) es buena muestra de esa particular impronta nevskiana ya que bajo una apariencia sencilla, se esconden pequeños detalles que marcan la diferencia entre un libro y un montón de hojas impresas. Entre esas marcas de la casa que pudieran parecer menores, pero no lo son, destaca poderosamente el prólogo. Felix J. Palma ha conseguido que entre el prólogo y la obra prologada se produzca una suerte de simbiosis, de complementariedad, que lleva al lector a apreciarla en mayor medida. Y eso es mérito no sólo del propio prologuista, sino también de la editorial, que ha conseguido que colaboradores de primer nivel dejen su huella en forma de prólogos muy alejados -afortunadamente- de los soporíferos estudios iniciales o de las enlatadas noticias biográficas con que otros se empeñan en emponzoñar sus publicaciones.
El autor de "Aelita. La Reina de Marte", Alexéi Nikoláievich Tolstói, tiene mucho de nevskiano, ya que fue un hombre contradictorio y, hasta cierto punto, extraordinario, al igual que la época que le tocó vivir. Pariente lejano del autor de "Guerra y Paz", fue un hombre cultivado, bohemio y cosmopolita que alcanzó merecida fama como escritor, siendo uno de los máximos exponentes de la ciencia ficción soviética por obras como "Aelita. La Reina de Marte" o "El hiperboloide del ingeniero Garin".
Pese a ser de familia noble, fue criado en un ambiente ateo y marxista, llegando a referir el propio Alexéi la admiración de sus padres por las obras de Marx y Plejánov. Sin embargo, esta formación marxista no impidió que, al igual que la mayoría de la intelectualidad rusa (exceptuando a algunos futuristas como Maiakovski), fuera claramente hostil a los bolcheviques, llegando incluso a apoyar al Ejército Blanco del barón Wrangel durante la Guerra Civil Rusa. Como consecuencia de ello se vio abocado al exilio en París y Berlín, aunque pudo regresar a Rusia unos meses antes de la creación de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, integrándose con total naturalidad a la vida del país.
Precisamente al poco de regresar a la URSS, en 1923, Alexéi Tolstói publicará "Aelita. La Reina de Marte", sin duda su obra más conocida. En ella se narra el viaje del ingeniero Loss y del soldado Gúsev a Marte. Allí, conocerán a Aelita, hija del líder marciano Tuskub, y asistirán al estallido de un proceso revolucionario.
Quizá lo que más destaque de la obra sea su absoluta verosimilitud. Los paisajes marcianos se describen con viveza, de tal modo que resultan no posibles sino ciertos. Desde que Loss y Gúsev pisan la superficie marciana el lector tiene la sensación de que está ahí, siente el sabor del aire, paladea el paisaje seco pero vivo que los rodea, experimenta el mismo asombro ante los objetos marcianos. Instintivamente, se es consciente de que Marte podría ser así, tiene que ser así. El lector que haya leído Crónicas Marcianas no dejará de notar que Tolstói y Bradbury sintieron e imaginaron el paisaje y clima de Marte de un modo bastante similar, aunque conviene indicar que, a la hora de describir los edificios e infraestructuras de la civilización marciana, Tolstói relata construcciones de un carácter más bien ciclópeo.
Sorprende, también, que, a diferencia de la adaptación cinematográfica de Protazanov, la novela resista el paso del tiempo perfectamente, sin resquebrajarse lo más mínimo, con un poso no sólo de permanencia sino también de actualidad. Y eso es meritorio, sobre todo si tenemos en cuenta que no deja de tener una influencia innegable de otros autores de ciencia ficción de la época y reflejar las convulsiones de la Revolución Rusa.
Como bien indica Félix J. Palma en el prólogo, podemos hacer distintas lecturas que vayan más allá de considerar la novela como un mero trasunto literario de la revolución rusa, ya que esconde muchos más registros y temas. La preocupación medioambiental que impregna la obra, la reflexión sobre el precio de la libertad personal y colectiva, la capacidad de reflejar la decadencia inherente de los modelos sociales autoritarios, etc. son temas que, más que de profunda actualidad, acaban siendo constantes universales que Tolstói trata con maestría, permitiendo al lector leer algo más que una mera novela de ciencia ficción.
Hay que hacer mención, también, a la historia dentro de la historia que narra "Aelita. La Reina de Marte" para explicar los orígenes de Marte. Tolstói introduce en el relato una verdadera mitología marciana entroncada con nuestra propia mitología y traslada parte del discurso al campo de la leyenda y la fantasía, consiguiendo un resultado muy atractivo para el lector.
Quizá, el gran tema de "Aelita. La Reina de Marte" sea el amor; precisamente el amor entre el racional ingeniero Loss y la fría Aelita. Es este un amor que se fragua a la largo del relato y que actúa a la vez como elemento entre transformador y catalizador que cambia las perspectivas y la forma de ser de ambos. Un amor que acaba eclosionando, pese a la adversidad personal y colectiva, para constituirse en motor de ambos personajes.
Los personajes de "Aelita. La Reina de Marte" son también dignos de atención, puesto que Tolstói crea pares contradictorios y complementarios. Es el caso de Loss y Gúsev. Racional, calmado y metódico, el ingeniero puede considerarse modelo de las virtudes que adornarían al hombre socialista, alejado de elementos emocionales innecesarios y dotado de la objetividad propia del materialismo histórico. Cierto es que evoluciona hacia un cariz más afectivo en su relación con Aelita, pero sin dejar de perder sus notas definitorias.
Loss tiene en su compañero, el soldado Gúsev, el contrapunto perfecto. Es Gúsev un hombre apasionado, valiente e incluso temerario, con un punto entre malicioso e infantil, pero dotado de una nobleza y capacidad de sacrificio que afloran en los momentos necesarios. Tiene un componente primario y pueril, no exento de agudeza y astucia, que lo aproxima a algunas caracterizaciones tópicas del campesinado ruso. Por otra parte, representa las virtudes del revolucionario instintivo, capaz de las gestas más heroicas cuando la causa lo justifica. Haciendo juego con su puerilidad está su condición de hombre enamoradizo, con una visión venial del amor. Este rasgo contribuye poderosamente a poner de relieve el carácter más profundo del sentimiento surgido entre Aelita y Loss.
Aelita es al inicio fría, distante y distinta. Tolstói consigue caracterizarla de un modo contradictorio, ya que por momentos parece que estamos ante una persona de una sabiduría enorme, y al rato, semeja que estamos ante una chiquilla asustada que desconoce muchas de las cuestiones fundamentales de la vida. Esa sensación ambivalente, que acompaña al lector durante un largo lapso, sirve para que Tolstói nos haga desembocar en la certidumbre de que sin desarrollo emocional y afectivo no existe el desarrollo integral de la persona.
Otros personajes complementarios aunque opuestos son Tuskub y Gor. Tuskub, padre de Aelita y líder del Consejo Supremo, es un viejo autócrata temeroso de cualquier cambio. Sabedor de que la situación medioambiental de Marte empeora paulatinamente, prefiere que su civilización se condene inexorablemente a la desaparición antes que emprender cualquier tipo de acción que altere el orden establecido. En él, Tolstói refleja la personalidad egocéntrica y megalómana propia de los dictadores. Hasta cierto punto contrapuesto a Tuskub, se encuentra Gor, un joven revolucionario e idealista que prefiere morir luchando antes que permitir que su pueblo se extinga lentamente y que no dudaría en iniciar una revolución aunque su resultado fuera incierto.
"Aelita. La Reina de Marte", no sólo es una las grandes obras de la ciencia ficción rusa sino también un auténtico clásico de la ciencia ficción universal, cuya lectura se hace necesaria para cualquier aficionado al género. Es uno de esos libros que cuando llegan a tu vida lo hacen para siempre y que, además, permiten recordar que más allá de la excesiva, y a veces nefasta, influencia anglosajona en el género fantástico, existen otras literaturas capaces de dar grandes obras y autores. En el caso de Rusia, tal y como indicaba Domingo Santos en su introducción a “Lo mejor de la ciencia ficción soviética”, es la lógica consecuencia de la naturaleza soñadora del pueblo ruso.
A mi hijo Daniel, con la certeza de que su generación caminará por Marte.
|
|
|
Página 1 de 1
|
|
|
 |
|
|
Versión imprimible
·
Recomendar a un amigo |
|
|
|
|
|
|
|
| Noticias relacionadas |
Una edad difícil, de Anna Starobinets: uno de los thrillers del año |
Sulamita, de Aleksandr Kuprín, en Nevsky |
Avance de publicaciones de Nevsky Prospects en 2012 |
El duelo, de Aleksandr Kuprín, en Nevsky |
Guía turística de Marte, de William Hartmann, en Akal |
| Articulos Relacionados |
Primer amor, de Iván Turguénev |
El lunes empieza el sábado, de Arkadi y Borís Strugatski |
Rusia Gótica, de varios autores |
El final de Rasputín, de Feliks Yusúpov |
Estrella Roja, de Alexander Bogdánov |
|
|
 |
|
NO se permite la reproducción íntegra. Para reproducciones parciales: NOTAS LEGALES
|
|
|
|
 |
 |
 |
 |
 |
|
|
| |
|
|
|
 |
|
|