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El Libro de los Cuentos Perdidos (I) - J.R.R. Tolkien |
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Primera parte del análisis de los Cuentos Perdidos, los dos primeros volumenes de la Historia de la Tierra Media, publicados por Christopher Tolkien a partir de escritos de su padre, J.R.R. Tolkien. |
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6.- El Robo de Melko y el Oscurecimiento de Valinor
La ausencia de interrupción en la narración y el hecho de que también el encabezamiento haya sido tomado de la cubierta de la libreta que lo contiene, parece precisar que, al igual que los dos anteriores, fue escrito en el periodo comprendido entre 1918-1920. La narrativa despliega cierto aire fatalista y premonitorio, en el que se mezclan inadvertidamente las dos cuestiones que perturban el devenir trascendente de los Elfos: por un lado su pertenencia al Mundo (entendido como las Grandes Tierras) y por otro, esa misma significación dentro del contexto del “Gran Final”.
No pasa desapercibida la, ahora inconsistente, genealogía de Fëanor, ni el cambio de parecer del que, en cuanto a destino, es objeto el personaje. Complementariamente, es destacable la armonización que representa la referencia al Canto de la Luz, compuesto por Lirillo (el Vala Salman-Noldorin), del que lamentablemente no hay rastro a pesar de que se le cita nuevamente más adelante (en El Cuento de Gilfanon), y el anuncio de la entrada en el Mundo de los Hombres.
También es significativo el hecho de que, poco a poco, se vaya completando el “pantheon” necesario, primero con la aparición de los servidores de Melko, que aquí son espíritus de Mandos, después con el atisbo de la adecuación de la misión de Sorontur y, principalmente, con la imponente presencia del espíritu primordial Moru —Ungweliant o Ungoliont (sic) la Araña—, y del daño que a este ser abominable y temible inflinge una hoja producida en la forja de Aulë, bañada en miruvor (miruvórë ‘néctar, bebida de los Valar’).
7.- La Huída de los Noldoli
Nos encontramos de nuevo ante una construcción editorial. La narración no sólo continúa sin interrupción, sino que además finaliza de forma precisa con la frase “Y con estas palabras de Rúmil terminaba la historia del oscurecimiento de Valinor”, lo que nos sitúa en el cuento anterior. Esta oración cobrará importancia, como luego se verá, en la disposición de los cuentos.
Como aportación fundamental y a modo de añadido, el cuerpo narrativo incorpora el primer texto sobre La Matanza de Parientes (La Batalla de Kópas Alqalunten), escrito con posterioridad pero imposible de datar con exactitud.
Casi al final del cuento está recogida la que a mi juicio es, posiblemente, la frase más sombría y enigmática de todo el “legendarium” de Tolkien: —“Grande es la Caída de Gondolin”; en el contexto de las Profecías de Amnos (Morniento>Emnon>Amnos; más tarde, en la sucesión de los textos Amnon; en este caso como personaje en el cuento de La Caída de Gondolin).
8.- El Cuento del Sol y de la Luna
Se trata de un cuento de larga extensión, recortado editorialmente de acuerdo a una observación del autor. Escrito a tinta sobre un manuscrito a lápiz borrado (excepto casi al final, en donde la escritura original es a tinta), existe otro borrador también a lápiz en otro cuaderno. Introduce a un nuevo personaje, Gilfanon de Tavrobel, al que algunos han asimilado con el posterior sabio de Gondolin (Pengolodh surgió por primera vez en Los Primeros Anales de Valinor, obra escrita entre 1930 y 1935), y su aparición está íntimamente ligada a la cuestión del ordenamiento.
La inversión que presume el cambio en la idea de unos dioses egoístas, preocupados sólo por ellos mismos, hacia una toma de conciencia basada en el interés de todos los seres vivos, es el elemento fundamental en la concepción de los dos Astros. La fase de creación cosmológica se va así completando con los últimos mitos.
Paralelamente, se manifiesta la condicionante vinculación teológica de los Valar con el Mundo, cuestión inalterada en el desarrollo posterior de las leyendas. El cuento establece, una vez más, la enorme importancia mitológica de Ungweliant, cuya sola presencia en el sur determina el rumbo este-oeste del Sol y de la Luna.
Es interesante la aparición del viejo Elfo, Uolë Kúvion —el Hombre de la Luna—, protagonista del poema Por qué el Hombre de la Luna bajó demasiado pronto: una fantasía anglo-oriental, escrito en marzo de 1915. La versión reproducida se corresponde (casi sin modificaciones) con la publicada en Leeds en 1923, si bien en el Prefacio del Volumen 2 se aclara que contiene varios cambios posteriores. Resulta curioso como este poema, muy alterado, fue recogido mucho más tarde en la ya citada colección de Las Aventuras de Tom Bombadil (de 1962) con el título El Hombre de la Luna bajó demasiado pronto, asignándose su origen a la tradición de Gondor y sustituyéndose sus elementos geográficos ánglicos originales (Almain, Norfolk,...) por otros propios del Reino del Sur (Belfalas, Tirith Aear,...).
El problema sobre la organización de las narraciones antes apuntado, que tiene su origen en la redacción original de El Cuento de Tinúviel en 1917 y cuya conexión estaba prevista a continuación de La Huída de los Noldoli, fue resuelto por Tolkien con la reescritura del Interludio de Gilfanon al final de este último, articulándose con El Cuento del Sol y de la Luna. De esta manera se mantiene en la presentación editorial.
9.- El Ocultamiento de Valinor
Su evidente vinculación con el cuento anterior, determina con exactitud que procede del mismo periodo productivo, entre 1918 y 1920. Existe un borrador original que fue desechado.
La acción de los dioses, además de importantes transformaciones geográficas, propicia el completo aislamiento del Reino Bendecido, hecho que se produce a pesar de la presciencia de Ulmo. Los Valar pierden la posibilidad de atacar a Melko y con ello la “gloria” que la victoria les hubiera comportado. El desánimo que en Manwë provoca este suceso, se ve atemperado con la hechura de los caminos de Lórien y Oromë: el primero es Olórë Mallë —la Senda de los Sueños—, que “además de los Valar y los Elfos, ningún Hombre... ha visto nunca, salvo en los sueños del corazón en tiempos de juventud”, y el segundo es el Arco Iris —el Puente del Cielo—, “por el que cualquiera de los Valar de buen corazón puede ir al sitio que le place en las Grandes Tierras”.
El tránsito a Valinor se completa con Qalvanda —la Ruta de la Muerte—, que conduce a las estancias de Mandos a través de dos carriles: uno para los Elfos y otro para los Hombres. Esta curiosa concepción, que atribuye el paso por las estancias de Mandos de los Hombres tras la muerte, fue matizada posteriormente en El Silmarillion publicado (“Algunos dicen que también los Hombres van a las estancias de Mandos,...”), si bien, como se verá, permanece presente como parte necesaria en la narrativa de Los Cuentos Perdidos.
La narración de la construcción, en los extremos de los Muros de las Cosas, de la Puerta de la Noche y de las Puertas de la Mañana para el viaje de Sarí —el Sol— y el paseo de Rána —la Luna— por debajo del Mundo, junto con el gobierno de sus movimientos mediante la creación del Tiempo (El Tejido de los Días, los Meses y los Años), además de completar el trascendente mito astronómico, deja por el camino una nueva referencia al Elfo Uolë Kúvion, cuya historia jamás se contó, y también al “non scriptum” Cuento de Qorinómi, del que sólo nos ha llegado el Canto del Durmiente de la Torre de Perlas, poema que con el título Los Marineros Felices fue compuesto en 1915 y publicado en 1923. Dos versiones de él, como se verá, se reproducen en El Cuento de Eärendel.
10.- El Cuento de Gilfanon: las Penurias de los Noldoli y la Llegada de la Humanidad
Este es un relato complicado y no terminado al que, a la dificultad que supone la irrupción de Gilfanon (que sustituye a un tal Ailios) en el cambio de marco para la narración de los cuentos de El Sol y la Luna y El Ocultamiento de Valinor antes comentada, se añade la brusca interrupción que supone “de facto” el abandono de la escritura de Los Cuentos Perdidos. Dicho esto, para comprender adecuadamente la composición editorial de la obra, hay que tener en cuenta que los principales cuentos publicados en el Volumen 2, esto es Tinúviel, Turambar, Gondolin y el Collar de los Enanos, habían sido escritos previamente, siendo revisados y reescritos (exceptuando el último) durante el mismo periodo (1918-1920).
Resulta interesante observar como en el cuento de La Llegada de los Elfos todos los que despertaron en Koivië-néni partieron tras Oromë y llegaron a Valinor, salvo los que se perdieron y erraron por Hisilomë, mientras que aquí se pone de manifiesto que “eran una mayoría los que no habían abandonado Palisor”, refiriéndose el texto reproducido a los Elfos Oscuros de Palisor —Hisildi o gente del anochecer (más tarde los Avari)—. En cualquier caso, se introduce como concepto el término Ilkorins para designar a los Elfos que nunca vieron la Luz de Kôr. Especialmente bella es la descripción de Murmenalda —el Valle de Sueño—, donde los Hombres esperaban su despertar, en la que se advierten inequívocamente las influencias de la mitología nórdica (Völuspá —La Profecía de la Vidente—).
A partir de la súbita suspensión de la redacción, Christopher Tolkien presenta, mediante un extenso ensayo basado en cuatro esbozos sucesivos a los que designa A, B, C y D (donde B y D son los planes esbozados de la obra antes comentados en El Encadenamiento de Melko), la continuación de la narración, dividida en dos partes: el Despertar de los Hombres y la Historia de los Gnomos Exiliados. Lamentablemente, salvo algunas frases entrecomilladas, el editor no ofrece la transcripción de dichos escritos, limitándose a comentarlos.
En lo que respecta a la primera, cabe destacar la capacidad de Melko para la cría de “monstruos, gigantes y ogros” —los Úvanimor—; la aparición de un sirviente de Melko llamado Fúkil o Fangli (nombrado en C “hijo de Melko”) capaz de pervertir a los Hombres (lo que implica que la corrupción de la Humanidad, sólo sugerida en El Silmarillion publicado, es un rasgo de la primera concepción de la mitología); y por último la Batalla de Palisor, librada por los Elfos Oscuros y por los Hombres (en alguna de las versiones también por Enanos), de la que no queda ningún rastro en escritos posteriores.
En cuanto a la segunda parte, es de relevancia el hecho de que, aunque con diferencias esenciales, queden subrayados todos los aspectos fundamentales de la estructura narrativa posterior de El Silmarillion publicado, como por ejemplo el encuentro con los Elfos Ilkorins (después Úmanyar), la muerte de Fëanor, la captura de Maidros (Maedros), la traición de los Hombres corrompidos por Melko, la lealtad del pueblo de Úrin (Húrin),…
Es importante especificar que en estos esbozos se produce la primera aparición de los siete hijos de Fëanor y del Juramento, aunque curiosamente éste se realiza tras la partida de Valinor y después de la muerte del padre. También se observa, por primera vez en la edición, la presencia de un ejército de Balrogs en persecución de Turgon, que huía de la Batalla de las Lágrimas Innumerables (cronológicamente y a los efectos de la elaboración, como se verá más tarde, los Balrogs habrían desarrollado un relevante protagonismo en el primero de los cuentos escrito por J.R.R. Tolkien: La Caída de Gondolin). Igualmente, es de destacar el hecho de que la fundación de Gondolin, en esta concepción, se realizara después de la Batalla mencionada.
Conviene subrayar que, según opinión de Christopher Tolkien, “... los efectos de esta interrupción [refiriéndose al abandono de Los Cuentos Perdidos] no dejaron nunca de hacerse sentir a lo largo de toda la historia de El Silmarillion”.
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