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Una película entretenida, muy recomendable, con evidente contenido político pero con afán lúdico, una elegante puesta en escena, que sobre todo nos abrirá los ojos a una nueva conciencia de nosotros mismos |
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Título original: V for Vendetta.
Duración: 132 min.
País: EE.UU.
Director: James MacTeigue.
Género: Ciencia Ficción / político / acción.
Guión: Andy Wachowski y Larry Wachowski (inspirado en la novela gráfica homónima de Alan Moore).
Música: Dario Marianelli.
Fotografía: Adrian Biddle.
Reparto: Natalie Portman, Hugo Weaving, Stephen Rea, Stephen Fry, John Hurt, Rupert Graves, Tim Pigott-Smith, Roger Allam, Ben Miles, Sinead Cusack,...
Productora: Warner Bros. / Vertigo DC Comics / Silver Pictures.
Página Oficial: http://www.vforvendetta.com
Los hermanos Wachowski ahondan de nuevo en la misma temática que ya tratasen con éxito en una de las series cinematográficas de ciencia ficción más aclamadas de los últimos años: Matrix, aunque de forma totalmente diferente. En esta ocasión desde la producción, su nueva película, dirigida por un debutante James MacTeigue, está inspirada en la novela gráfica del idolatrado Alan Moore, creador de míticas series del cómic como Watchmen, From Hell (John Constantine) o La Liga de los Hombres Extraordinarios.
Antes de continuar, es necesario aclarar un detalle esencial: la película V de Vendetta no es una adaptación cinematográfica de la creación de Alan Moore: Las diferencias entre una y otra son ciertamente mayúsculas. La idea original del maestro guionista de cómic es tan solo un punto de partida de estilo, que con el paso de los minutos es pervertida por unos Wachowski cuyas intenciones difieren de las de Moore. No es extraño que éste renegara de ella tras leer el guión de la película, y desease que su nombre desapareciera completamente de los títulos de crédito, cediendo los previsibles beneficios de autor al dibujante, David Lloyd. Más adelante desgranaremos las obvias diferencias con la obra original.
Pese a no poder compararse dignamente con la novela gráfica de Moore, la película de los Wachowski no es precisamente una producción prescindible. Muy al contrario, resulta ser un maravilloso ejercicio didáctico y estilístico, una grata fuente de reflexiones sociales y personales... si no se la compara con el cómic. Pero no comencemos la casa por el tejado.
La democracia básica agonizante por fin ha caído en el Reino Unido de finales del siglo XX, reemplazada por un férreo estado policial en manos de un grupo de ideólogos de la represión social y política, que tan sólo desean perpetuarse en el poder y someter a sus ciudadanos a la ignorancia más elemental. Unos años antes del advenimiento del régimen, una epidemia supuestamente inclurable y sumamente mortal se propagó por el país, provocando el caos y la histeria. Este estado de cosas propició que unos temerosos ciudadanos regalaran el poder a los fanáticos más ultra-conservadores del panorama político, y aceptaran la salvaje guía del “Líder” como gobernante supremo, ser todopoderoso e infalible, origen de todo el terror del régimen, y teórico responsable de una supuesta seguridad física de los británicos.
Tras el “Líder”, un grupo de influyentes hombres situados en puestos clave del engranaje represor estatal controlan a los ciudadanos “por su bien”. Este régimen paternalista y brutal dispone de los más avanzados métodos de videovigilancia y manipulación, y por supuesto, su propio cuerpo represivo en la sombra. Las noches se viven bajo un permanente toque de queda, los informativos se encuentran amordazados, los ciudadanos desaparecen sin dejar el menor rastro, no existen disidentes conocidos ni voces mínimamente discrepantes,... La capital, Londres, es una enorme cárcel, donde el poder se parapeta tras los muros de los edificios más emblemáticos de la ciudad, cuya población vive atemorizada.
En este estado de cosas surge V (interpretado por un irreconocible Hugo Weaving, que ya diera vida a Elrond en El Señor de los Anillos y al Agente Smith en Matrix), un misterioso y verborréico personaje de discurso libertario y pocos escrúpulos, un terrorista inmisericorde que tiene como único objetivo derrocar al gobierno autoritario. Se viste a la manera de Guy Fawkes, un conocido personaje histórico británico que quiso volar el Parlamento en venganza por las represalias del Rey contra los católicos. Desde el 5 de noviembre de 1605, día en el que Fawkes fue detenido intentando introducir los explosivos, se celebra cada año en todo el Reino Unido el Día de Guy Fawkes (o el The Bonfire Night) con fuegos artificiales. La elección no es casual. Tal y como pretendía Fawkes, V, cuya identidad no se conoce gracias a la máscara facial que esconde sus facciones, busca la venganza contra el gobierno establecido, burlando el sistema de manipulación mediática del Líder, sirviéndose de él para llegar a la población una y otra vez.
En una de sus sorpresivas alocuciones, V comunica a la población británica que, el próximo 5 de noviembre, un año más tarde, hará volar el Parlamento Británico, símbolo de la opresión del Líder y su partido de represores. Su discurso, destinado a abrir las mentes de sus compatriotas a la manipulación de la que son objeto, despierta las ansias de libertad de la población, que comienza a levantarse poco a poco contra sus gobernantes.
El “Líder” y sus secuaces se vuelcan a partir de ese momento en la búsqueda de V, convirtiéndole en un símbolo de la lucha contra la libertad. La labor de éste se ve facilitada por la inoperancia inicial del gobierno, que comienza a cometer errores de control. Pero un nuevo personaje, crucial para el devenir de la historia, hará su aparición. Una bella joven llamada Evey Hammond (muy correcta interpretación de una cada vez más sorprendente y completa Natalie Portman), salvada por V de las garras de la policía secreta del “Líder”, se convertirá muy a su pesar en su compañera conspiradora, y en el segundo objetivo del cuerpo represor del gobierno. Sus padres murieron por ser activistas que lucharon contra el alzamiento del gobierno autoritario, y entre ella y V surge una curiosa relación de amor y odio, de constantes sentimientos contrapuestos en lo ideológico y en lo personal.
Estamos sin duda ante una de las mejores películas del año en curso. Seguramente no seré el único a quien los tráilers que salieron de V de Vendetta le desanimaron en un principio (otros compañeros me lo han señalado también). Es sorprendente comprobar la miopía de los hermanos Wachowski en este aspecto tras la atrayente e influyente Matrix, en la que los tráilers fueron parte esencial del fenómeno de la trilogía, pero esa sensación desaparece inmediatamente al introducirse en la historia, y se invierte de forma afortunada tras ver la película. Es magnífica de principio a fin, aún a pesar de no ser una adaptación. Esperemos que tenga el éxito que merece en taquilla.
Lejos de hacer honor a la intención del cómic original de Alan Moore, la película V de Vendetta no se encuadra en el marco de un estado fascista post-nuclear, tras la III Guerra Mundial. Alan Moore escribió la novela gráfica en 1981, y la finalizó en 1988, encuadrando la trama en 1997, como un primer intento de escribir un guión consistente, en el inicio de su laureada carrera. DC Cómics apostó por ella y no se equivocaron, desde luego. Tal y como Moore afirma, la “inocencia política” que mantenía entonces marcó irremediablemente V de Vendetta, convirtiéndola en un alegato a favor de la subversión, muy cercano a 1984, de George Orwell. De hecho, Moore describe un estado fascista consolidado, que hace uso de las más horribles armas con el fin de mantener a la población sometida. El estado está regido por el “Líder” y el principal órgano represor y controlador, “La Cabeza”, que monitoriza todo Londres. El “Líder” confía en la matemática pura que guía el computador del sistema, y que rige la vida pública británica. Amedrentados tras el último conflicto nuclear, los británicos conceden a su Líder plenos poderes, y sitúan a sus gobernantes en la más escandalosa de las impunidades.
Los personajes no son precisamente épicos, sino que están contagiados de la desesperada situación en la que se encuentran. Pese a su lucha contra el fascismo, se ven obligados a emprender acciones reprobables; un ejemplo paradigmático de esto es el mismo V, un despiadado luchador capaz de todo con tal de consumar su venganza. De hecho, es presentado en el cómic como “El Villano”, un personaje oscuro y complicado que no duda por un momento en quitar la vida a sus enemigos o poner en peligro a sus amigos. V se conecta secretamente a “La Cabeza” y termina por controlar los canales de comunicación, lo que a la postre será decisivo en su lucha.
De “La Cabeza” dependen varios organismos de control: la "Boca", el "Dedo", la "Nariz", los "Oídos", y "La Voz del Destino", la encargada de comunicar directamente con la población a través de monitores en las calles y los domicilios. V tendrá que dominar todos los resquicios del poder para lograr poner en marcha el desencadenante de su caída.
La película difiere de esta situación en lo esencial. Los hermanos Wachowski no sitúan la acción en un estado fascista, donde la población conoce perfectamente los objetivos de sus represores, sino que han intentado (y con evidente acierto) una parábola del gobierno estadounidense de Bush. En esta producción, tan solo inspirada en el cómic de V de Vendetta, la continuidad del estado depende de que éste mantenga la ilusión de indefensión que tienen los ciudadanos. El gobierno esgrime la más eficaz de las armas de nuestros días: el miedo al caos que atenaza poco a poco nuestras democracias. El miedo a una nueva epidemia, que en su día puso en peligro al país, es aún fuerte entre los ciudadanos, que comienzan a arrepentirse de haber dejado entrar en el gobierno a los actuales gestores. No existe ningún catalismo nuclear, como en el cómic, ni el control del estado ha llegado a niveles tan alarmantes como en aquel. El “Líder” y sus secuaces, apenas un grupo de neo-cons (neoconservadores) siguen necesitando mantener la ilusión del miedo para mantenerse en el poder, para seguir mintiendo a sus ciudadanos. No les basta su aparato represor, necesitan del apoyo consciente de los británicos.
La película es, por cierto, muy cercana a los gobiernos imperialistas actuales del Reino Unido y de los EE.UU., una dupla de supuestas democracias donde se reprime soterradamente al disidente, se crean guerras y amenazas ilusorias y se combate al conocimiento de cualquier tipo. Estamos sin duda al comienzo de una situación como la que narra el cómic, en los primeros estadios de una posible y aterradora dictadura. Tanto es así que en los noticiarios manipulados de la película podemos ver en cierto momento una clara referencia a la “gripe aviar”, que muchos consideran el inicio de una ficticia epidemia, que dará en un futuro a los gobiernos excusas para reprimir libertades civiles. Aunque es bien cierto que las “democracias” del Reino Unido y los EE.UU. no necesitan actualmente de esto: ya usan el miedo al terrorismo internacional de Al Qaeda para estos fines. El estreno de la película, previsto para noviembre de 2005, se retrasó por la coincidencia con los atentados que tuvieron lugar en el metro de Londres. Pese a que, en realidad la película no hace ninguna apología del terrorismo, sino que alienta la reflexión y la conciencia social a través del descubrimiento de la verdad que se esconde tras el poder, muchos vieron una relación entre el personaje de V y la psicosis terrorista que atenaza a los ciudadanos occidentales.
Pero más allá de las intenciones políticas de V de Vendetta tenemos a su elegante narrativa y puesta en escena, que ya por sí solas justifican con creces la compra de una entrada de cine. El personaje principal, V, un torturado individuo disfrazado y en principio inexpresivo por su rígida máscara facial, resulta ser la principal fuente de la enorme carga emotiva de la película. Hugo Weaving realiza un impresionante trabajo, ayudado por el gran guión de los Wachowski (inspirado obviamente por Moore), aún a pesar de disponer de poco tiempo para ensayar, tal y como él mismo afirmó en su momento. El suyo es un papel tremendamente teatral, dependiente de los gestos y sobre todo, la palabra: las líneas de V son las mejores de todo el guión, con una elegante y descriptiva prosa que rara vez podemos ver en el cine. La torturada mente de V asume lo atroz de sus acciones, pero su venganza no admite resquicios de duda ni remordimientos... hasta que conoce a Evey. A pesar de su pétreo corazón, la evolución del personaje de V será evidente con el paso de los minutos. No he visto la película en su versión original, por lo tanto desconozco como suena Hugo Weaving como V, pero el doblador al castellano facilita la interpretación del personaje, y le dota de un sinfín de matices sonoros.
Pero también Evey, la preciosa joven que se ve envuelta en la trama sin quererlo, evoluciona hacia el activismo desde su inicial indefensión. Los asesinatos de sus padres, unidos a la persecución del gobierno de la que es objeto, y el despertar de un trauma de descubrimiento personal ocasionado por el propio V, harán de ella una concienciada ciudadana, el prototipo de británico comprometido y luchador por la libertad que el enmascarado terrorista busca implantar en la adormecida ciudadanía del Reino Unido.
En resumidas cuentas, una película entretenida, muy recomendable, con evidente contenido político pero con afán lúdico, una elegante puesta en escena, que sobre todo nos abrirá los ojos a una nueva conciencia de nosotros mismos, compartamos o no sus ideas y/o métodos. Muy a pesar de lo que muchos augurábamos de la mezcla entre el cómic de V de Vendetta de Alan Moore y los hermanos Wachowski, esta elegante producción convencerá a muchos espectadores, aún a pesar de no ser una adaptación.
Y para terminar, una sentencia del propio V que resume buena parte de la película: “Las ideas son a prueba de balas. La gente no debe estar temerosa de sus gobiernos.
Los gobiernos deben ser temerosos de la gente.”
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