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El Corazón de Atenea, de Juan Carlos Planells |
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La novela resulta ser entretenida, a pesar de que el argumento general no es nuevo… los personajes están bien definidos, los tempos bien marcados y el interés se mantiene hasta el final del libro. |
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El Director Willliam "Bill" Murray lidera una explotación minera en el planeta Atenea, en su primera misión como responsable de una Central. El planeta está considerado como unas “vacaciones” dentro del duro sistema de instalaciones mineras que los terrestres mantienen en el Universo; las condiciones climáticas son óptimas y la población indígena carece de impulsos hostiles, y hasta ahora Bill no ha tenido ningún problema serio que afrontar.
Han transcurrido dos años de placidez desde su llegada, con los mineros y el personal administrativo relajados y sin excesivas complicaciones, y el suelo de Atenea ofreciendo sus máximas posibilidades de explotación. Ni siquiera las excavaciones plantean problemas, ya que el suelo se desgrana con facilidad. El paraíso. Un total de veinticinco hombres y quince mujeres forman parte del equipo que gestiona la Central; cada día desarrollan su trabajo en las mejores condiciones y no hay problemas de convivencia entre ellos.
Pero comienza a escasear el mineral extraído, y cada vez son menos los cargamentos que parten hacia la Tierra. Atenea es un planeta con poca tierra firme (la mayor parte de su extensión es oceánica), pero al mismo tiempo joven y no explotado hasta ahora; resulta extraño, pero lo cierto es que las vetas se están terminando. Sin embargo, Bill Murray decide emprender una expedición al Norte o a la otra cara del planeta, para buscar nuevos yacimientos.
La población indígena de Atenea, los llamados bullos por los miembros de la expedición minera, son seres antropomórficos de color siena oscuro, grandes ojos y cabeza y cuerpo ciertamente esquelético, vagamente racionales pero no dotados de una gran inteligencia o capacidad de organización. Sobreviven en el planeta gracias a una dieta herborícola y no construyen herramientas ni levantan ciudades; se organizan en pequeños grupos, a semejanza de las civilizaciones terrestres antes de que sobreviniera el interés por la caza. No parecen tener un gran interés en los terrícolas, pero un buen día comienzan a aparecer enfermos en la Central, sin motivo aparente… da la impresión de que se dejan caer al suelo para morir, impotentes.
Claudia Ogall forma parte del equipo de la Central, y desempeña sus actividades como subdirectora del complejo con gran profesionalidad. Insiste en que el equipo médico, liderado por el doctor Shana, examine a los bullos para descubrir el origen de la grave enfermedad que parece aquejarles, pero éste se niega, aduciendo que cualquier tratamiento terrestre podría matarles. Claudia es rotsenita… forma parte de una corriente ideológica basada en el ecologismo, de ahí que se preocupe por los indígenas.
Al mismo tiempo, el director Bill Murray comienza a comportarse de forma ciertamente extraña, tomando decisiones arbitrarias y caprichosas, poniendo en peligro la expedición y a los bullos. Insiste en no comunicar a los xenólogos de la Tierra la extraña enfermedad de los humanoides, ni en consultar posibles tratamientos o como afectaría su dolencia a los propios expedicionarios terrestres. Al mismo tiempo, cada vez más frecuentes dolores de cabeza dificultan sus tareas en la Central.
Mientras esto sucede en Atenea, una nave alienígena desconocida liderada por un capitán con el corazón desgarrado por una reciente pérdida viaja hacia el planeta, con el objetivo de contactar con los humanos. Los Kittjittis intentarán hacerles desistir de su misión minera.
Obra primeriza de Juan Carlos Planells, El Corazón de Atenea (pulsar para ver su ficha), editada por Espiral Ciencia Ficción, es una novela de desiguales lecturas. Enclavada indiscutiblemente dentro del género de la ciencia ficción más puro, mantiene hasta el final los tempos muy bien definidos, manteniendo adecuadamente la tensión y el misterio en la trama, aún a pesar del deficiente enfoque narrativo. En ocasiones uno se sorprende con la escritura de Planells en esta obra; da la impresión de haber revisado tan solo algunos textos y dejado la primera versión de otros. Aún así, el argumento y su resolución no solo son adecuadas, sino que refuerzan la impresión general aún a pesar de la deficiente forma de expresarse que en ocasiones tienen los personajes de la novela, lo que es meritorio. Sin duda si se hubiesen redondeado un poco más ciertas partes del libro en lo que a escritura se refiere, estaríamos ante una gran obra.
Como ocurre en ocasiones en los libros de ciencia ficción, los alienígenas inteligentes, los Kittjittis, hubieran quizá necesitado de una mayor definición. Distintos en carácter de los humanos, son mucho más evolucionados moral y tecnológicamente, pero el desgarramiento afectivo de su capitán y la respuesta de su subordinado y amigo, desarrollado en el libro, les acerca demasiado ciertamente a nosotros, y evita ese distanciamiento en ocasiones necesario para establecer diferenciaciones lógicas. Sin embargo, cuando interactúan con los humanos, se aprecia un poco más la distancia que separa a unos de otros… sin embargo, harían falta más referencias al respecto.
Aún con sus defectos, la novela resulta ser entretenida, a pesar de que el argumento general no es nuevo… los personajes están bien definidos, los tempos bien marcados y el interés se mantiene hasta el final del libro. Sin duda recomendable, aún a pesar de lo deficiente en ocasiones de la narración.
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