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| Fco. Martínez Hidalgo 19/07/2010 |
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Con todo, la exposición sin subterfugios estilísticos, en estado puro, de los elementos que caracterizan la obra del norteamericano, seguirá deleitando a aquellos ya aficionados. |
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Una de las novedades editoriales más interesantes para este verano de 2010 llega de la mano de Seix Barral: ‘Soldados de la noche’ (disponible en FantasyTienda), del norteamericano Alan Furst (Nueva York, 1941). Una novela que marca la línea por la que progresarían sus libros posteriores, publicados también en Seix Barral, y de los que su última entrega en España fue la aclamada ‘Los espías de Varsovia’ (2009).
El aliciente de estos ‘Soldados de la noche’ es que, publicada originalmente en 1988, inaugura la serie por la que es más conocido Furst. Una novela en la que se contienen, apenas sin pulir, los ingredientes con los que elaboró toda su narrativa posterior: una vívida ambientación, minuciosa en su coherencia histórica y generosa en el uso del detalle, capaz de crear atmósferas realistas y creíbles; un inteligentísimo uso de los elementos más característicos de la literatura de espionaje, con la curiosidad que para los amantes del género tiene la situación en un contexto en el que, la falta de la tecnología que hace posibles los tan reconocibles (y por una parte del público imprescindibles) gadgets y demás cachivaches, se retrata la profesión de modo mucho más artesanal a lo que estamos acostumbrados; y el aliño acertado de condimentos prestados de otros géneros (romántico, humorístico, aventuras...) que enriquecen a la estructura, a los argumentos y tramas, y a los personajes.
Cuando se publicó esta novela, aún quedaba mucho tiempo y mucha experiencia por delante para poder alcanzar el nivel que a día de hoy, más de dos décadas después, atesora y exhibe, para deleite de sus lectores, Alan Furst.
En el caso de ‘Soldados de la noche’ esta estructura narrativa se desarrolla en la Europa de las décadas de 1930 y 1940, recorriendo algunos de los principales lugares y acontecimientos de aquel tiempo: el Moscú de 1934 y 1935, cuando tenía lugar la mayor de las purgas estalinistas, el miedo recorría las calles rusas, y el cuerpo de seguridad soviético tuvo el mayor superávit de trabajo de su historia; la España de la Guerra Civil, mostrándonos las estrategias y tácticas de combate, y las duras vidas de los combatientes –con una mirada de especial cariño a las Brigadas Internacionales y los extranjeros idealistas que querían construir un mundo mejor participando en aquel conflicto; o la Francia libre y ocupada, donde la alegría e inocencia previas contrastan con las acciones de espionaje y contraespionaje que, con gran crueldad, marcarán al núcleo de personajes que da coherencia a todo este conjunto.
El análisis y disección de la IIª Guerra Mundial se sitúa en el centro de todo este armazón y estructura narrativa. Una intención y objetivo, para nosotros, demasiado evidente como para imprimir vida y realidad a unos personajes atrapados en su destino.

El potencial de Jristo Stoianev, Dragan Kulic o Faye Berns se desaprovecha por causa de un ritmo apresurado –y por veces vertiginoso y mareante, deseoso de mostrarnos escenas y contarnos hechos, ansioso por llegar a tiempo a donde suceden las cosas, importándole poco el porqué y para qué, veloz hacia los saltos espaciotemporales puntualmente planificados cada cien páginas. Así resulta muy complicado comprender a los personajes, sus comportamientos y acciones, ¡para cuanto más llegar a verlos con visos de realidad!
Alan Furst presentó en 1988 una serie de novelas imperdible con esta ‘Soldados de la noche’, en una conjunción de literatura histórica y de espionaje llena de momentos emocionantes. Éste no es, sin duda, el mejor título de la serie. Aún quedaba mucho tiempo y mucha experiencia por delante para poder alcanzar el nivel que a día de hoy, más de dos décadas después, atesora y exhibe, para deleite de sus lectores, Alan Furst.
Con todo, la exposición sin subterfugios estilísticos, en estado puro, de los elementos que caracterizan la obra del norteamericano, seguirá deleitando a aquellos ya aficionados, y tiene capacidad más que sobrada para enganchar a los que aún no lo conozcan y sientan predilección por cualquiera de sus ingredientes fundamentales: historia e intriga, emoción y pasión. Alegrándonos las estrelladas noches veraniegas, o entreteniéndonos de las tórridas jornadas playeras.
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