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El arte de la resurrección (Premio Alfaguara de Novela 2010), de Hernán Rivera Letelier
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| Fco. Martínez Hidalgo 08/07/2010 |
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El mejor premio Alfaguara de los últimos años, y una de las mejores novelas de Hernán Rivera Letelier. No la dejen pasar. |
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El escritor chileno Hernán Rivera Letelier (Talca, 1950) ha obtenido el Premio Alfaguara de Novela 2010 con ‘El arte de la resurrección’ (Alfaguara, disponible en FantasyTienda), donde recupera y da protagonismo a un personaje que ya ha aparecido, escondido o marginalmente desarrollado, en otras obras suyas como ‘La Reina Isabel cantaba rancheras’ (1994), ‘Los trenes se van al purgatorio’ (2000) y ‘Mi nombre es Malarrosa’ (2008). Nos referimos al Cristo de Elqui o a Domingo Zárate Vega quién, tras la muerte de su amada madre, e impulsado por modestas predicciones y reveladoras visiones del Altísimo, se lanza a predicar por las tierras de Chile adelante entre las décadas de 1930 y 1950, pues él era la segunda reencarnación de Jesucristo en la Tierra.
Un día cualquiera de 1942, predicando el Cristo de Elqui por el campamento de Los Dones, tiene noticia de la existencia, en medio del Desierto de Atacama, trabajando en una de las salitreras que allí había, y como única representante de su profesión entre tanto macho pampino, a una puta beata de nombre Magalena (“sin ‘d’”) Mercado. Sabiendo que aquello era, sin duda, muestra y confirmación de su condición de reencarnado, ni corto ni perezoso emprende el camino de su búsqueda. Para ello cuenta con la ya consabida voluntad de convertirla en seguidora y primera miembro de su séquito, más con sus sandalias de neumático en los pies, bastón en mano y larga túnica, pelo y barba de longitud considerables, y ojos y olor corporal de llamar la atención.
Esta novela resuelve magistralmente el reto de entretener y divertirnos con personajes entrañables e historias que, aunque podrían leerse casi como relatos independientes.
El Desierto de Atacama es el espacio totalizador en que se desarrollan las historias, repletas de humor y surrealismo, de personajes entrañables como el propio Cristo de Elqui o Magalena Mercado; como Don Anónimo, el pobre anciano que pasa los días enteros barriendo la salitrera y recogiendo los despojos de mínima humidad que salpican el desolado desierto; o del cura Don Sigfrido, escapado de no se sabe cuántas otras feligresías, huyendo de su vergonzoso pasado y su tenaz e incasable perseguidora. Un conjunto de siluetas y personalidades que, con el paso de las páginas, se acabarán convirtiendo en exquisitamente inolvidables.
Los flashbacks y feedbacks, las pequeñas historias engarzadas, las entrevistas en periódicos de provincias, los rumores y opiniones capturadas a vuelapluma… el manejo del lenguaje y la composición de Rivera Letelier dotan a la novela de un sinnúmero de recursos desde los cuales anclar la historia y redondear a sus personajes. La riqueza de ‘El arte de la resurrección’ va mucho más allá de la historia principal, se muestra en su capacidad para, desde un tono que echa mano conscientemente del sociolecto católico apostólico y romano –no pudiendo ser de otra forma en una novela de este tenor, transgredir sus cánones con personajes y mensajes de plena humanidad.

Incluso es capaz de jugar con los elementos, los pocos disponibles en medio de un desierto, y levantar el retrato de un tiempo y una época situada en el limbo entre el comienzo de la modernidad contemporánea, y aquel pasado en que el aburrimiento únicamente podía combatirse con la compañía, con el contacto, con la proximidad de las personas. Un Ford-T que se enciende con manivela y cuya reparación exige recorrer largos trayectos en bicicleta, una radio que existe sólo por las breves experiencias de quienes alguna vez la escucharon, un cine que no llega sino a través de rumores infundados…
‘El arte de la resurrección’ resuelve magistralmente el reto de entretener y divertirnos con personajes entrañables e historias que, aunque podrían leerse casi como relatos independientes, es conjuntamente como nos recuerda la universal capacidad del ser humano para maravillar y maravillarse. El mejor premio Alfaguara de los últimos años, y una de las mejores novelas de Hernán Rivera Letelier. No la dejen pasar.
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