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El ángel caído, de William Hjortsberg
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Nos dejamos arrastrar por un tobogán sin fin por los bajos fondos neoyorquinos, en una caída sin fin en la ciénaga peligrosa de los rituales vudú, donde se puede perder algo más que la propia vida. |
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Justo cuando empezamos a superar la oleada de vampiros que nos han invadido últimamente —algunos con colmillos más que inofensivos provinentes de remedos adolescentes e inofensivos de Halloween—, todo parece indicar que estamos a punto de sucumbir a una horda de ángeles y seres (más o menos) celestiales que amenazan con copar las mesas de novedades en los próximos meses… pero, tranquilos, que no cunda el pánico, os voy a hablar de un ángel muy, muy distinto: Harold Angel.
Harold Angel es el protagonista de "El ángel caído" ("Falling Angel", Valdemar, disponible en FantasyTienda), la magnífica novela que escribió William Hjortsberg en 1978 (un annus mirabilis para muchos de nosotros ya que, además de esta obra, vieron la luz The House Next Door, de Anne Rivers Siddons, la primera versión de The Stand del maestro Stephen King y What Dreams May Come, de Richard Matheson, entre otras muchas joyas). Hjortsberg se inspiró en la obra de Stephen Vincent Benet (The devil and Daniel Webster), para crear uno de los detectives más impactantes que recuerdo: H. Ángel. Stephen King dijo en su día, con mucha razón, que "Falling Angel" ("El ángel caído") era “como si Raymond Chandler hubiese escrito El exorcista”; en mi opinión, sin embargo, diría más bien que es como si se hubieran unido los talentos de Dashiell Hammett y Henry S. Whitehead para crear una historia de detectives a cuatro manos. Pero no nos entretengamos más en minucias y subjetividades, y pasemos a ver qué hace tan especial esta novela.
Si no la has leído todavía, no dejes pasar la oportunidad que te brinda la colección Gótica de Valdemar, y hazlo, verás como la Mystery Writers of America (MWA) no se equivocaron en absoluto al nominarla a un Edgar (evidentemente, estos galardones se denominan así por alusión al genial dipsómano y escritor bostoniano) hace más de treinta años.
"El ángel caído" inicia su trama como una simple novela de detectives más: un siniestro personaje que responde al enigmático nombre de Louis Cyphre contrata en 1958 los servicios de uno de los detectives más duros de Nueva York, Harold Angel, para que localice a Johnny Favorite, un popular cantante de jazz blanco que desapareció quince años atrás después de regresar de la guerra en estado vegetativo. La tarea parece relativamente sencilla: ir recogiendo el hilo que hilvana el presente del Nueva York de los cincuenta con la ciudad que vio triunfar a un adolescente Favorite; sin embargo, y como suele pasar en toda novela de intriga que se precie, la trama se va enredando como madeja sin cuenda, hasta que nos vemos envueltos en un torbellino de cadáveres, vudú, satanismo y mentiras, donde nada (ni nadie) es lo que parece, sin poder vislumbrar más allá del límite de la página en la que estamos como si una densa niebla cubriera las andanzas de Angel y no nos permitiese saber cuál será el siguiente recoveco de la ficción.
Así, paulatinamente, nos dejamos arrastrar por un tobogán sin fin por los bajos fondos neoyorquinos (con un regusto más que evidente a la ciudad conocida como The Big Easy, Nueva Orleans), en una caída sin fin en la ciénaga peligrosa de los rituales vudú, donde se puede perder algo más que la propia vida. A pesar de todo lo dicho anteriormente, el verdadero diamante que oculta esta obra se encuentra en su poderosísimo final (aproximadamente en sus veinte últimas páginas), en las que la novela da un sorpresivo vuelco que la llevan a situarse entre mis novelas preferidas de misterio (en su variante de terror, si queréis más detalles).

Si la novela de Hjortsberg es un brocamantón de los que lucían las mujeres de noble cuna antaño a manera de broche, no quisiera culminar esta breve reseña sin hablar de dos joyas que nacieron a remolque de la novela (continuando con el símil de las alhajas, podríamos hablar de pendientes a juego). Por un lado, una gran película que dirigió Alan Parker en 1987, bajo el título de "Angel Heart" y con guión del propio escritor. Se trata de una brillante adaptación de la novela con Robert de Niro como Louis Cyphre y Mickey Rourke en el papel del detective. A pesar de todo, para mi gusto, la película es demasiado explícita en determinados aspectos, aunque tampoco no destroza la historia.
El otro tesoro (hoy en día fácil de encontrar gracias a la red), es la imponente portada que realizó Stanislaw Zagorski para la publicación en 1978 bajo el sello editorial de Harcourt Brace Jovanovich, en la que vemos en la portada un ángel de grandes dimensiones que camina entre los rascacielos de Nueva York portando una pistola en su mano, mientras que, si damos la vuelta al ejemplar, observamos que, en la contraportada, un demonio de igual envergadura avanza de espaldas al detective, por entre los skyscrapers, navaja en ristre, como si estuvieran en medio de un terrible duelo. Se trata, evidentemente, de la ineluctable pugna entre el Bien y el Mal, aderezada con armas modernas y en medio de los rascacielos de una gran ciudad, en las que el maligno y el detective “angelical” deberán verse las caras.
Si no la has leído todavía, no dejes pasar la oportunidad que te brinda la colección Gótica de Valdemar, y hazlo, verás como la Mystery Writers of America (MWA) no se equivocaron en absoluto al nominarla a un Edgar (evidentemente, estos galardones se denominan así por alusión al genial dipsómano y escritor bostoniano) hace más de treinta años.
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