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Después de ti, nadie, de M.J. Sánchez
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| José Miguel Pallarés 29/05/2010 |
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Estamos ante una novela publicada en una colección de novela romántica que no habría desmerecido de aparecer en el mainstream o en el mismísimo género fantástico. |
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Tras el diluvio de novelas de vampiros que nos ha caído en los últimos tiempos, se antojaba imposible hallar obras capaces de añadir algo más a un tema que no parecía, a primera vista, susceptible de alumbrar tanta producción.
La última novedad sustancial ha girado en torno a una discutida y discutible «humanización» del vampiro: el monstruo sobrenatural se ha convertido en un humano atormentado por la enfermedad. En definitiva, hemos pasado de tratar el tema desde la perspectiva de las víctimas, como sucede en el clásico "Drácula", de Stoker, a la del depredador.
Los dos principales hitos en esa humanización del vampiro son, sin duda, "El ansia", de Strieber, y el ciclo iniciado por Anne Rice con "Entrevista con el vampiro". Son dos abordajes muy distintos entre sí: en el primero, el vampiro es un asesino y justifica sus matanzas por una enfermedad que no le da tregua; en el segundo, se adorna al monstruo con una sofisticación y un atractivo que probablemente han permitido su paso del fantástico propiamente dicho al género romántico, donde se recupera el mito desde una óptica sexual, tema ya apuntado en el originario Drácula.
Muchos lectores han confundido la «humanización» del vampiro con esta versión light de una perpetuidad cocinada para consumo de un público masivo que significó "Crepúsculo".
La expansión del no-muerto en la novela romántica ha sido explosiva y ha generado series y variantes casi infinitas. Todas ellas tienen en común la visión de un ser poderoso, atormentado; éste, lejos de ser una criatura sobrenatural, comparte motivaciones y deseos puramente humanos con las víctimas.
Esta humanización del ser sobrenatural pivota básicamente en torno a la inmortalidad, como uno de los temas principales, aunque casi siempre tratado de manera superficial. El segundo, la sangre, posee una oscura connotación erótica que no pasó desapercibida en las primeras obras dedicadas al vampiro, como "Carmilla" o "Pues la sangre es la vida", y que aquí es desarrollado explícitamente hasta el último detalle.
"Después de ti, nadie" (RBA -Satén-, disponible en FantasyTienda) reúne algunos de estos elementos, pero no todos. El no-muerto aparece como depredador, pero también como un ser enfermo que busca liberarse de su siniestra carga. Y, sin duda, el tema en el que abunda esta obra es en el de la inmortalidad, percibida no como una vida placentera prolongada hasta el infinito, sino como un modo de existir en sí mismo, con ventajas, sí, pero también con inconvenientes.
La serie «Crepúsculo» ha mostrado una inmortalidad entendida como un dolce far niente sin dolor ni privaciones, una existencia lujosa cuya única limitación efectiva está en la necesidad de pasar desapercibidos ante la sociedad humana, y es lógico que esto sea así en una saga orientada al público juvenil. Muchos lectores han confundido la «humanización» del vampiro con esta versión light de una perpetuidad cocinada para consumo de un público masivo.
Pero el tema en sí es ya muy antiguo en la literatura general. Uno de sus mejores momentos lo tuvo en el clásico de Simone de Beauvoir "Todos los hombres son mortales", donde lo plantea desde una óptica existencialista. ¿Es la inmortalidad tan deseable como pudiera parecer a simple vista?
Esta novela parte justo de esa premisa. No es una inmortalidad barata ni fácil de soportar, ni de disfrutar tampoco, y por supuesto no está al alcance de todos los espíritus. La inmortalidad, al fin y al cabo, significa un recorrido por la historia real, por sus revoluciones, catástrofes y desastres sin fin, y sería absurdo que todos estos avatares no afectaran a cuantos las viven, sean humanos o monstruos de fantasía. Luis Rodríguez de Alcázar, el protagonista vampiro de "Después de ti, nadie", es un fruto de todos los sucesos que han afectado una existencia casi milenaria, un superviviente nato, capaz de vadear las mareas de la historia para descubrir al final que la existencia no tiene sentido, que nada permanece en realidad, y entre las cosas que mueren de forma natural sin poder evitarlo, está la propia identidad cuando la vida no cumple su ciclo natural.

Elena, la protagonista femenina, por otro lado, aporta en un staccato progresivo, una visión de la vida puramente a pie de obra, humana, cotidiana, con una inmensa generosidad y capacidad para enfrentar la locura. Es una resistente que se ha enfrentado a la vida para extraerle unas cuantas victorias a las que se abraza para soportar la monotonía de una existencia que pese a parecerle carente de sentido, está llena de significado.
La galería de personajes vampíricos que aloja la extraña corporación financiera Viterna (contracción de Vita Aeterna) es muy variada. El viejo y entrañable Dimas, uno de los perdedores en esa desigual lucha contra el tiempo, el siniestro y complejo Gabriel, cuya sombra se extiende a lo largo de toda la novela, y cuya ambigüedad moral es tan inquietante…
No obstante, uno de los grandes aciertos de la novela no radica en los vampiros, sino en esos otros seres que los rodean. Uno de los principales hándicaps de las novelas de vampiros suele ser su relación con los humanos, casi siempre forzada y a menudo inverosímil. Los familiares, seres humanos que conviven con los vampiros a lo largo del tiempo sin compartir su inmortalidad, pero sí el conocimiento de su existencia, dan un punto de verosimilitud al elemento fantástico y ofrecen algunas de las páginas más entrañables.
Sin embargo, todo esto es el fondo sobre el que se construye un ágil thriller, cuya estructura está tan bien trabada, que ni siquiera se ve ralentizada por las escenas históricas que dan el punto de giro a los momentos culminantes de la trama. Efectivamente, los «pecados» cometidos por el protagonista a lo largo de su dilatada trayectoria le persiguen y le acosan hasta el momento en que se inicia el relato. Su amistad con el marqués de Salamanca, uno de los principales coleccionistas de arte del siglo XIX, y con Picasso, generará el nudo principal de la trama. A mi gusto son lo mejor de toda la obra, y sin duda, se deben a la formación como historiadora de la autora, que nos sumerge durante unos momentos excitantes en dos etapas cruciales de la reciente historia contemporánea, la Gloriosa de 1868 y la Segunda Guerra Mundial.
Mas la brillantez de esa estructura radica principalmente en la progresión del relato, un elemento en el que casi todos los autores noveles suelen fracasar, y que es tal vez uno de los principales puntos fuertes de esta obra. La narración avanza de manera imparable hasta la mitad aproximada del libro, pero justo ahí nos lanza a velocidad de vértigo hacia un final que sentimos con la fuerza de una bofetada.
En resumidas cuentas, estamos ante una novela publicada en una colección de novela romántica que no habría desmerecido de aparecer en el mainstream o en el mismísimo género fantástico.
Si deseáis asomaros al componente histórico de la trama os aconsejo que visitéis la web de la autora.
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