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       Artículo de literatura

El ladrón de las sombras, de Alexey Pehov (Crónicas de Siala 1)


Eidián   29/04/2010
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     Una novela amena, en la que pasan cosas continuamente, entretenida y con personajes atractivos y que me empuja a esperar los libros que faltan con interés.
Portada de El ladrón de las sombras, de Alexey PehovHay cosas que, francamente, me revientan a la hora de decidirme a leer un libro. Sobre todo, no aguanto las frasecitas del individuo de turno que alaba una novela haciendo comparaciones que nadie le ha pedido. Editorial pensando el clásico: “¿Dónde va Vicente? Donde va la gente”. Cuando esas frasecitas se toman directamente de ediciones inglesas y no conocemos ni al tipo que las dijo ni a la madre que le trajo al mundo, ya es la monda. En tercer lugar, ¿es que el criterio de un actor, un editor o un periodista (por poner algunos ejemplos) a la hora de juzgar una novela va a ser mejor que el mío por ser ellos quién son y yo sólo un lector más?

En fin, es esta una discusión que mantengo con bastantes personas: algunos opinan que las frasecitas de marras (se que tienen un nombre concreto en inglés pero me niego a buscarlo) son buenas para orientar pero yo sostengo que el posible lector no tiene porque fiarse del criterio de un editor que publica lo mismo “Construye tu propio barco” que “Recetas de cocina” (ambas cosas muy dignas, por cierto), un periodista que, al fin y al cabo, le pagan por opinar, o un actor que “cómo salía en la última de Woody Allen…” (ahora mismo me estoy acordando del libro de la serie de Jack Aubrey y Stephen Maturin que me compré en tierra de herejes y que venía con la recomendación del mismísimo y lloradísimo Ben-Hur alias Charlton Heston. El mejor para opinar sobre una novela naval británica. Digo).

Pehov no tiene nada nuevo que plantear en el terreno fantástico pero que, eso sí, dota a su historia de la suficiente soltura e interés como para que te enganches a la misma.

Todo esto viene a cuento del libro que acabo de leer, "El ladrón de las sombras (Crónicas de Siala 1)" del ruso Alexey Pehov (Minotauro, 2009, disponible en FantasyTienda), que ostenta en su cubierta en castellano la recomendación soberbia y espectacular de (pásmense ustedes) Patrick LoBrutto, editor de esa maravilla de maravillas que es "Dune: la Yihad Butleriana" (y mejor lo dejamos ahí porque lo de el hijo de Frank Herbert y la “vaca” de "Dune" es mejor no removerlo), y que dice que esta primera novela de la trilogía de “Las Crónicas de Siala” es comparable a Robert Jordan y Terry Goddkind…  Bueno.

Por mucho que me guste el llorado Robert Jordan (cada vez que me acuerdo de que me leí las primeras 16 novelas de su saga en poco más de un año, a veces dos en un mes…) diré que no estoy para nada de acuerdo con LoBrutto ya que la versatilidad de Jordan en la creación de su mundo, en la descripción minuciosa de su historia (a veces demasiado) y en el dominio de diferentes escenas ya la quisiera el debutante Pehov para sí. En cuanto a Goodkind, idem de idem: ya le gustaría a Pehov tener esa soltura con las situaciones y esa mala manera de engancharte con la historia. Con todo esto no quiero decir, ni mucho menos, que Pehov sea un mal escritor ni que su novela sea una mala historia, ni mucho menos; tan sólo me reafirmo en que ciertas comparaciones son odiosas.

En Pehov (ortodoncista casado con una periodista y escritora de ci-fi con la que ha escrito algunas cosas al alimón) y su obra se siente un intento claro por unir la tradición eslava fantástica y los relatos populares occidentales, recogiendo de estos últimos lo más atractivo para los lectores de hoy en día (ambiente medieval; razas variadas; diversos roles de guerrero, mago, religioso…). Sin embargo esta tradición fantástica eslava apenas se percibe de forma concreta y si se nota en el tratamiento de situaciones y personajes, donde prima el humor, incluso en situaciones graves, y los dioses bromean y nos hacen pagar en oro sus consejos.

También está el hecho, plasmado en casi todos los cuentos rusos, y que Pehov usa desde el principio, de centrar el argumento en un antihéroe que será el que saque las castañas del fuego a los, en principio, verdaderos guerreros de la novela. Es cierto que este leit-motiv no es nuevo en la novela fantástica occidental pero tiene una tradición muy larga en los países eslavos y si no que se lo digan a Sapkowski y al amigo Geralt. (Inciso porque sí: modestamente, me acuerdo de cuando tenía nueve años y me regalaron “El caballito jorobadito” un cuento ruso precioso que perdí en algún recoveco de la madurez, donde el hijo tonto [Vale: pongamos “inocente”] y más bien feo de un campesino, al que los hermanos roban su herencia, se convierte en zar al casarse con la Niña del Mar). Es por eso que yo no veo nada innovador en la propuesta de Pehov de poner en el centro de su historia a un ladrón metido a héroe a su pesar: ni tampoco en el hecho de que afee a sus personajes elfos y los haga parientes de los orcos y ogros; ni que quite la barba a los enanos, haga banqueros a los gnomos y otros detalles semejantes que no pasan de ser anecdóticos dentro de la trama.

Alexey PehovEstas caracterizaciones parecen ser, más que nada, un intento diferenciador de otras historias similares que se queda en eso, en el intento, ya que, al fin y al cabo, los elfos siguen viviendo una vida larguísima y son sabios y magos; los enanos cavan largos túneles y son grandes guerreros, etc., etc. Y también existen en sus páginas una gran asociación de magos, un ser malvado y poderoso que intenta destruir el hogar de los héroes, una búsqueda de un objeto mágico y salvador, etc., etc.

Para muestra de lo que digo basta ver una sinopsis del libro: en las Tierras Desoladas despierta la amenaza del Sin Nombre que reúne sus ejércitos y se dispone a conquistar Valiostr. Agotados otros recursos más convencionales, las razas del reino acuden a la pericia de Harold el Sombra, a quien se tiende una trampa para que tenga que someterse a su destino. A partir de ahí se inicia un viaje de búsqueda para salvar al reino de su segura destrucción. Pero hay alguien más que acecha desde la oscuridad…

Para dejar de una vez los argumentos explicativos y los etc., será mejor concluir que Pehov no tiene nada nuevo que plantear en el terreno fantástico pero que, eso sí, dota a su historia de la suficiente soltura e interés como para que te enganches a la misma. En Rusia al parecer se ha convertido en un fenómeno dentro del género fantástico (tengamos en cuenta que allí la saga comenzó a publicarse en 2002 y se terminó hace algunos años) sobre el cual se hacen partidas de rol y se va a sacar un videojuego. Personalmente creo que la parte que transcurre en la ciudad de Avendoom tiene interés y se sigue con gusto aunque pierde fuelle en cuanto se sale de los límites urbanos porque se intuye ya el interludio en el cual se nos va a dejar colgados cual jamón pata negra. Respecto a los personajes decir que carecen de profundidad pero, eso sí, responde perfectamente a los papeles que tienen asignados y realizan sus andanzas dentro de la más absoluta lógica.

Destaca entre todos el ladrón, Harold el Sombra, que nos conduce a través de su historia personalmente, con un uso del “yo” que nos acerca a sus andanzas de forma directa y precisa y que tiene la virtud de hacerlo más agradable y simpático. Mejor burlón porque, de nuevo retomando tradiciones eslavas fantásticas, el libro y su protagonista gozan de un excelente sentido del humor que transmiten a través de todas sus páginas, a veces con cierta ironía pero sin rozar nunca la mala leche o retranca del admirado Geralt. Tan sólo me parece un poco fuera de tono el uso reiterado de los flashbacks que sufre el protagonista (al menos uno sobra totalmente) que no necesitaba ser reutilizado tantas veces para encontrar una justificación en el argumento de la novela.

En conclusión decir que "El ladrón de las sombras (Crónicas de Siala 1)" no es un novelón pero es una obra que se deja leer con agrado y nos hace pensar en cuando saldrán a la luz en España el resto de los libros de la trilogía. Por cierto que no se que pensar de Minotauro y el hecho de que hayan publicado sin ningún rubor la edición americana traducida: ese miniespacio dedicado a los agradecimientos del autor a sus editores norteamericanos es exiguo y ridículo, justo en la última página del texto de la novela. ¿Les parecía que añadir una página más les iba a salir demasiado caro? Y esa ilustración de la cubierta que recuerda demasiado a la de "El nombre del viento" o "El hombre marcado", y que no tiene nada que ver con la norteamericana, que si recoge el espíritu medieval y épico que transmite en general. Ese no forzar el presupuesto ha debido de ser la regla que también les ha llevado a traducir la obra del inglés y no del ruso original… Debido a esto hay ciertos fallos (dejando aparte las inevitables erratas que no son demasiado abundantes) que no se si atribuir al traductor, al texto inglés o al original ruso como, por ejemplo, cuando en la página 38 el protagonista dice que se transmitió a su voz una nota de pánico y, pocas frases después, nos enteremos de que no había abierto la boca ni la iba a abrir. Ahí hay algo que no me cuadra…

El hecho de no haber tomado la edición original como base nos impide también saber si el comienzo del capítulo octavo estaba así en el texto ruso porque, siendo lógicos, debería haber sido el final del capítulo anterior. Si es error del autor, nos lleva a pensar que aún necesita de mayor rodaje para alcanzar un nivel elevado como escritor; si es de la traducción norteamericana, vete tú a saber en que estaba pensando el traductor; si es error del traductor español…

En fin, me quedo con el hecho de que es una novela amena, en la que pasan cosas continuamente, entretenida y con personajes atractivos y que me empuja a esperar los libros que faltan con interés. Y que conste que no cruzo los dedos cuando digo esto… al menos no demasiado.

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