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La mosquetera, de Donna Russo Morin |
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Argumento sólido y trabajado, marco histórico perfecto y ambientado hacia una crítica social con resultados positivos en nuestro presente. |
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Nuestra actualidad está llena de manifiestos contra la desigualdad, contra el machismo generado por años de opresión, manifiestos y demandas de una verdadera igualdad con hombres y mujeres, en el ámbito laboral, en el hogareño y hasta en los cuentos de hadas.
Han cambiado mucho nuestras niñas desde que veían "Blanca Nieves y los Siete Enanitos" o "La Bella Durmiente". Ahora quieren ser guerreras, porque realmente, es en lo que se convertirán en el día de mañana, luchando contra todo tipo de obstáculos que la sociedad retrógrada les pondrá delante.
No obstante, hoy en día es fácil ser mujer. No me malinterpretéis, no he dicho que no sea complicado y que las mujeres no tengan que trabajar el doble para que se les estime por estúpidas creencias arraigadas en la ignorancia. Hablo de algo totalmente cierto.
Ahora, si una niña no quiere convertirse en princesa tiene más opciones; no está en su obligación ser cuidadosa y recatada. Puede dedicarse a lo que quiera, no hay peros ni barreras. El camino de nuestras niñas no está predestinado a perder la vida al lado de un hombre que las cuide y punto.
El punto fuerte de esta novela, son todos los personajes históricos que aparecen, dejándonos infinidad de guiños a la ardua tarea de investigación que la autora ha hecho.
Pero, ¿qué pasaba antes? ¿Teníamos esta clase de libertades en la época de Luís XIV, el Rey Sol?
Donna Russo Morin nos hace esta pregunta en "La mosquetera" (Versátil, disponible en FantasyTienda) de una manera fresca y culta. Transportándonos a Francia de 1682 nos presenta un ambiente inhóspito para una mujer rebelde y con claros objetivos en la vida. Esta mujer es nuestra desdichada protagonista, Jeanne Yvette Mas du Bois, quien deberá luchar contra todo lo que le rodea, sintiéndose desintegrada por la aplastante certeza de que su vida no vale nada como persona y que sus sueños, han de desaparecer con más pena que gloria.
¿Pero cuáles son sus sueños? Nada menos que ser un mosquetero.
Su tío, Jules, uno de los mejores espadachines de la corte, no puede más que deshacerse en cumplidos para Jeanne por su habilidad con la espada, que pareciera innata en la muchacha desde nacimiento. No obstante, el amor de su tío podría llegar más allá, y la historia nos lo pone en conocimiento cuando Jeanne decide hacerse pasar por hombre para acercarse a unos valerosos mosqueteros que ella misma rescató de las manos de un malhechor que venía a matar a la reina.
Jeanne no quiere dejar de ser mujer, pero se siente impresionantemente cómoda y “en su lugar” cuando en sus ropas la apariencia femenina desaparece, dejando ver a un joven de largo bigote llamado Jean-Luc. Cuando aparece y desaparece de la corte como un viento, a largas zancadas, siente que podría dominar el mundo.
Es curioso como en esa época, algo tan sencillo como reírse a carcajada suelta podría convertirse en cosa de hombres. Una mujer fuerte, de carácter decidido y extraordinario, pierde todo su valor, sólo por lo que lleva entre las piernas.
Jeanne nos muestra una lucha sin fin contra todo y todos para lograr ser quien realmente es sin tener que esconderse tras la apariencia de un buen muchacho mosquetero.
La novela ahonda de manera entretenida y educativa muchísimas costumbres arraigadas a los cortesanos de esa era, me he visto impresionado por actividades realmente delirantes, como por ejemplo “ir a darle las buenas noches al rey” o “ver al rey y a la reina cenar”. Me da la impresión que Luís XIV no quería estar solo ni un segundo, debía de encontrar placentero que millones de ojos lo observaran en sus actividades diarias, como dar paseos o ir de caza.
El punto fuerte de esta novela, son todos los personajes históricos que aparecen, dejándonos infinidad de guiños a la ardua tarea de investigación que la autora ha hecho. Personajes totalmente secundarios, como el profesor de arte de Olympe –una de las dos amigas inseparables de Jeanne– o el hermano del rey, que exhibe su extraña vestimenta de mujer por Versalles, son personajes reales que han poblado nuestra historia.
El romance, que sí que existe, no es algo tan importante como se puedan pensar, al menos para mí, y es que la novela tiene mucho más. Nos habla de la igualdad, del maltrato de género en esa época –papel tomado por el padre de Jeanne, quien es un verdadero monstruo–, trata sobre la identidad de una persona, lo que quiere ser en la vida, luchar por un sueño. Es un libro de superación de la mujer y de evolución en nuestra historia.
Pero sin irme por las ramas, que nos conocemos y os gusta mucho el romance, tengo que decir que es tierno y se pinta como imposible. Jean-Luc conoce a Henri, uno de los mosqueteros que salva en el altercado en palacio, y para ella, es el hombre de sus sueños. Pero él, está prendado de otra persona… o eso cree él, ya que pierde el norte por cierta señorita cortesana llamada Jeanne.
¿Cómo conseguirá conquistar a un hombre llevando ropas de otro hombre? ¿Podrá perdonarla cuando sepa de su horrorosa mentira?
Con el peligro corriéndote por el cuerpo, esta novela con marco histórico, nos lleva a muchas intrigas y conspiraciones, y lo que empieza como un libro tranquilo y de ritmo pausado, comienza a coger velocidad y a terminar con esos finales que no dan pie a nada más. Es de agradecer que no exista otra novela, o al menos que yo sepa.
Como curiosidad, diré que a Jeanne me la imaginé como Keira Knightley, Elisabeth Swann en Piratas del Caribe, y a Henri me lo imaginé como Orlando Bloom, que dio vida a Will Turner. No pude evitar que la música de Piratas del Caribe acudiera a mi cabeza en las escenas de acción. Fue muy divertido.
Argumento sólido y trabajado, marco histórico perfecto y ambientado hacia una crítica social con resultados positivos en nuestro presente. Un amor imposible y unos golpes dramáticos llenos de anotaciones culturales de una Francia que se encontraba en su punto más álgido.
Gracias a los miles de movimientos feministas y a la constante lucha de las mujeres, hoy en día, si mi hija quiere ser mosquetero y sentir el frío acero de un florete en sus manos, no habrá nadie que pueda impedírselo.
Así que… ¡en garde!
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