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       Artículo de literatura
El Prefecto (Espacio Revelación 5), de Alastair Reynolds
Fco. Martínez Hidalgo   10/03/2010
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     Con cada nueva novela, Alastair Reynolds es capaz de sorprender con su capacidad para crear sólidos mundos y, más importante aún, para transportar mensajes que traspasen las barreras de la SciFi.
Portada de El Prefecto (Espacio Revelación 5), de Alastair ReynoldsLa quinta entrega de ‘Espacio Revelación’, "El prefecto" (La Factoría de Ideas, disponible en FantasyTienda), nominada en 2007 a la mejor novela del género por la BSFA es, junto con "Ciudad abismo" (ganadora de este premio en 2002), la mejor novela de la serie. E incluso -si por gustos personales se guía el lector, y se fía de este humilde lector-critico- podríamos decir que es una de las mejores novelas de SciFi publicadas en España durante el 2009. Aún no sabemos si el suculento contrato que firmó su autor el año pasado, de 1 millón de libras por diez libros durante esta década, es una respuesta a su rentabilidad o un freno a su creatividad, pero "El prefecto" sí deja claro que Reynolds atesora una calidad de nivel sobresaliente.

A ello contribuye su habilidad para dejarnos, de forma clara hasta el primer tercio de la novela, un texto con un intenso sabor a clásico. Tanto, que consigue evidenciar sus deudas con Isaac Asimov y Larry Niven –¡incluso he llegado a pensar que estaba ante un remix perfecto de ‘Fundación’ y la ‘Saga de los Robots’ aderezado con unos chorritos de ‘Mundo Anillo’!. Con todo, que no sean estas influencias un factor para llevarse a engaño. Pronto se hace visible que, siendo estas contribuciones una inmejorable plataforma de lanzamiento, este libro va más allá de lo que pudiera aparentar en un principio.

"El Prefecto", aún con algunos matices, está lleno de momentos de emoción, de personajes creíbles y de gran profundidad y, sobre todo, es el exponente de la habilidad y sabiduría del que es, posiblemente, uno de los mejores autores de SciFi de los últimos años.

La geopolítica con mayúsculas a través de la reflexión social sobre los modelos posibles de sociedad deja paso, con el discurrir de las páginas, a una emocionante historia sobre el reto de la convivencia para el ser humano y sus límites. Para ello opta por convertir al prefecto Dreyfus en un eje (de los muchos posibles) sobre el que analizar y reflexionar sobre esta espinosa cuestión: las complicadas relaciones entre lo moral –hacer lo que uno, honestamente, cree que es lo correcto según su código de valores- y lo justo –o el complicado equilibrio entre la moral particular y el justo trato con aquellos que no poseen o comparten los valores de uno.

Panoplia, mundo especializado funcionalmente en la seguridad y el mantenimiento de la paz del Anillo, es el lugar en el que Tom Dreyfus ejerce de prefecto de campo. Su cometido, pegado al terreno en lo operativo y a las órdenes estratégicas de sus superiores séniores, sufre un nuevo revés cuando un orbital es destruido despiadadamente, junto con todas las personas que vivían en él. La investigación, comúnmente limitada a lo rutinario, comienza a ganar tintes de intensidad y drama cuando, a partir de sus ramificaciones y vinculaciones con otros hechos, va desmadejando una trama de implicaciones mucho más amenazantes de lo inicialmente previsto.

A partir de aquí, el personaje de Tom Dreyfus mantendrá con los dilemas y decisiones que se le irán presentando una lucha sin cuartel. La justicia es la respuesta que buscará permanentemente. Sin embargo, la tozudez de las cosas lo someterá a no pocos retos e, in fine, a convertir sus decisiones en un dificilísimo juego de malabares ético. Será así tanto en el cumplimiento de su deber, investigando la brutal agresión a uno de los mundos del Anillo; como en la relación con sus compañeros de trabajo, especialmente con la prefecta suprema Jane Aumonier o con su subordinada Thalia Ng; o en el tormentoso desarrollo de su vida personal, cuyas intuiciones y recuerdos le atormentan a cada paso. El objetivo final de Dreyfus, como todo personaje ético: resolver los dilemas obteniendo, además, la satisfacción de confiar en haber hecho lo correcto.

Esta densísima madeja se complica todavía más con la cantidad y calidad de unos secundarios en su mayoría, y de una forma u otra, carcomidos por el rencor y la venganza: la desesperada necesidad de sobrevivir ante un entorno amenazante, la ira por el desviarse de los caminos de lo supuestamente correcto, la venganza ante el dolor infligido fríamente y sin piedad, la sospecha de una injusticia cometida, el sentimiento de una diferencia separadora… Muchos son los sentimientos que se abren camino en los hilos narrativos. Algunos de ellos latentes y nunca manifiestos. Otros, casus belli de no pocos problemas. ¿Tendrá la justicia una respuesta satisfactoria para todos ellos?

Alastair Reynolds

"El prefecto" no es, en coherencia con este inteligente y bien llevado enfoque, una historia ramplona de buenos y malos. Todos los personajes, encuentren en el lado que se encuentren, y actuasen como hubiesen actuado, pueden explicar (y, en cierta medida, justificar) sus decisiones y comportamientos en base a causas humanamente fundamentadas. Una lucha interna entre sus circunstancias y deseos personales, por un lado, y la necesidad de hacer lo correcto para él y para todos, por otro, que nos deja una historia conocida y cercana, próxima a nuestra realidad, parte de nuestra cotidianeidad aún a pesar de su lejanía temporal.

Este sentido de lo humano como relacionado con lo íntimo, se reduce a la mínima expresión, en otra decisión de sabia coherencia editorial, las escenas de belicismo artificioso o violencia física. Toda carga armamentística, todo acto de crueldad o rabia desmedida, está limitado en sus matices, acotado únicamente en cuanto se encuentra al servicio de los personajes y su historia. Una posición clara y contundente ante lo razonable y lo moral que encierra, todavía con más fuerza, el mensaje autoral de justicia.

Llegados hasta aquí, y visto lo visto, cabe preguntarse: si es tan brillante como hasta aquí hemos relatado, ¿qué no la hace merecedora del BSFA? ¿Dónde están sus límites para no ser capaz de recibir muchos más reconocimientos y aplausos de los que ya atesora? ¿Es "El prefecto" otro caso más de injusticia y olvido?

Particularmente, aunque la novela me ha cautivado de principio a fin, un factor posible para explicar su fría recepción está en el exceso de controles editoriales y autorales. La rectitud y rigidez que exige el mantener la coherencia del tema principal le quita verosimilitud y candor al núcleo principal de una novela: la naturaleza humana. El exceso de contención, la abrumadora racionalidad y razonabilidad, la constante autojustificación y explicación de cada decisión –tanto, que parece que no hay pasos mal dados o errores, sino simplemente un determinismo contextual que cuasi-suprime la individualidad de toda voluntad y todo acto- paraliza a unos personajes, irónicamente, poco humanos.

A ello debemos sumar pequeños desajustes, perfectamente justificables por la tremenda ambición de la novela y el enorme esfuerzo que requiere ajustar tantos personajes a la base de la historia, que provocan la desaparición abrupta de secundarios, o el abandono de hilos argumentales de gran potencial narrativo: las conciencias alfa y beta y su supuesta humanidad, la relación de Dreyfus con Delhpine, o la historia personal de Thalia Ng son algunos ejemplos.

"El prefecto", no obstante, está lleno de momentos de emoción, de personajes creíbles y de gran profundidad y, sobre todo, es el exponente de la habilidad y sabiduría del que es, posiblemente, uno de los mejores autores de SciFi de los últimos años y, a fuerza de muestras da calidad abrumadora, un clásico contemporáneo.

Con cada nueva novela, Alastair Reynolds es capaz de sorprender con su capacidad para crear sólidos mundos y, más importante aún, para transportar mensajes que traspasen las barreras de la SciFi hasta mucho más allá de sus límites. ¿Qué más se puede pedir?

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