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| Alejandro Serrano 02/03/2010 |
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Sin hacer uso de las modernas técnicas truculentas y descriptivas de humores y fluidos explícitos, Le Fanu logra conmovernos y maravillarnos. |
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En un tiempo como el nuestro, de habituales atropellos y apropiaciones en lo cultural, conviene recordar, como hemos hecho otras veces en Fantasymundo, la figura del irlandés Joseph Sheridan Le Fanu (1818 - 1873), como uno de los percursores del terror literario que inspiró a muchos autores que vinieron después que él. Nada mejor para iniciarse en este imprescindible autor que el artículo de nuestro compañero Joaquín Torán que glosa su figura y legado, del que este texto puede ser considerado un río tributario, ya que no ahondaremos demasiado en el autor, sino en el carácter de los relatos contenidos en la antología "Dickon el diablo y otros relatos extraordinarios" (disponible en FantasyTienda), publicada por la imprescindible editorial Valdemar, fuente inagotable de joyas literarias.
Quienes gusten del terror sobrenatural y no se hayan aún iniciado en los textos clásicos del género, tienen en Le Fanu un torrente de talento y originalidad del que son herederos muchos otros autores que vinieron después de él y que en muchas ocasiones casi puede decirse que plagiaron pálidamente su estilo elegante y efectivo. Aunque el irlandés inició la tradición literaria del fantasma visitador tal y como la conocemos ahora, del terror fundado en elementos cotidianos, del detective sobrenatural y del vampirismo moderno aunque vestido con las formas de la época victoriana, en la que vivió Le Fanu, su valor no sólo reside en la originalidad, sino también en su estilo.
Las pasiones del ser humano, y sus intentos de segregar su voluntad de los mandatos divinos, son vistos por Le Fanu como una muestra inveterada de la corrupción y el pecado originales, muestra de condenación y maldad.
"Dickon el diablo y otros relatos extraordinarios" contiene las piezas "Historias de fantasmas de Chapelizod", "La visión de Tom Chuff", "La prima asesinada", "Dickon el diablo" – que da título a la antología-, "El huésped misterioso", "El sueño del bebedor", "Un capítulo en la historia de una familia de Tyrone" y "El perverso Capitán Walshawe de Wauling", bajo traducción de Rafael Lassaletta y prólogo de Agustín Izquierdo. Aunque Le Fanu es especialmente conocido por su creación principal, la cautivadora vampiresa Carmilla, plagiada hasta la saciedad y actualizada en multitud de novelitas posteriores que no le llegan ni a los pliegues de la falda, es en el relato corto donde podemos apreciar el verdadero talento narrativo de este imprescindible autor.
La mayoría de los relatos contenidos en este libro tienen un denominador común, el sentimiento de culpa derivado de las malas acciones, y las consecuencias derivadas de éstas. Para comprender esta deriva en el pensamiento de Le Fanu hay que comprender la situación en la que vivía Irlanda en aquel tiempo. Sometida a la autoridad de la Inglaterra Victoriana, el país era fundamentalmente agrario y profundamente católico, como de hecho siguió siendo durante mucho tiempo, mientras que su vecino y dominador se encontraba en pleno proceso industrializador e intentaba por todos los medios liberarse de las ataduras religiosas. Los ingleses no sólo intentaron combatir las creencias irlandesas, sino que tenían la economía de la isla vecina totalmente secuestrada; los irlandeses se veían obligados a dejar el control de sus tierras y medios productivos a los primeros, e incluso la iglesia católica debía pagar un diezmo a la anglicana. Tal era el estado de cosas, que surgió en París en 1857 una sociedad, la "Fenier", cuyo propósito fue luchar por la independencia de Irlanda, que no culminaría hasta varias décadas más adelante, con la creación del Estado Libre Irlandés en 1922.
Como ya se ha dicho, esta lucha entre dos modelos de sociedad antagónicos resultaría decisivo en la producción literaria de Joseph Sheridan Le Fanu y otros autores. Frente a cierta relajación religiosa inglesa, consecuencia directa de la industrialización y el imparable avance de la ciencia, que logró socavar arraigados principios evolutivos y morales, Irlanda representaba el bastión irreductible del catolicismo, romano y moralista hasta la náusea. Los relatos contenidos en "Dickon el diablo y otros relatos extraordinarios" pretenden guiar al lector por el buen camino, conminándole a no apartarse de la senda marcada por Dios, so pena de ver la propia alma condenada y atrapada en un infierno sin final ni remisión. Las pasiones del ser humano, y sus intentos de segregar su voluntad de los mandatos divinos, son vistos por Le Fanu como una muestra inveterada de la corrupción y el pecado originales, muestra de condenación y maldad.
En estos relatos, los mortales, incluso los peores de entre ellos, advertidos por sueños, apariciones fantasmales o simplemente por las admoniciones de sus semejantes, llegan a arrepentirse y a intentar volver por la senda marcada por Dios, pero el arrepentimiento nacido del miedo resulta efímero, y terminan invariablemente recayendo en sus costumbres pecaminosas y condenados. Una vez el pecador se aparta del camino de la Fe, su caída a los infiernos no tiene ya final. El pecado original les persigue y las circunstancias les impiden remontar la gracia del Señor.
La religión católica es, como puede verse, el hilo conductor de muchos de estos relatos breves de Le Fanu, y sus protagonistas, lejos de ser individuos de alcurnia, son a menudo extraídos de clases proletarias o medias. Los textos de Le Fanu están, pues, dirigidos a ellos, y esto no resulta extraño, ya que ambos son productos del incipiente capitalismo salvaje de carácter industrial, que el propio autor trataba de combatir y que consideraba origen de corrupción espiritual.
Más allá del contenido intencional de estos relatos, de la disección social a la que podríamos someterlos, está el estilo, la calidad narrativa, la efectividad de Le Fanu. Me confieso un rendido admirador de su prosa desde "Carmilla", pero en estos relatos se confirma que estamos ante uno de los grandes autores del siglo XIX en cuanto al terror se refiere. Casi sin pretenderlo, como si surgiese con absoluta facilidad de la mano diestra de Le Fanu, éste nos regala una narración fluida, en extremo elegante, con un suspense maestro que domina los tiempos y las sensaciones, esculpiendo el miedo y la inquietud aspecto a aspecto, hasta seducir completamente al lector. Sin hacer uso de las modernas técnicas truculentas y descriptivas de humores y fluidos explícitos, Le Fanu logra conmovernos y maravillarnos. Por supuesto, en el siglo XXI muchos lectores estamos curados de espantos y casi insensibilizados, por no decir desprovistos de aquel miedo primario de carácter religioso, pero aún así estos relatos no pierden vigencia ni calidad. Más bien al contrario, nos llevan por la senda de las historias bien narradas, de las sesiones de cuentos junto al fuego, de la sensación perdida de maravilla.
Aunque en casi todos estos relatos puede comprobarse el elegante estilo de Le Fanu, uno de ellos destaca, en opinión de un servidor, por encima del resto: "El huésped misterioso". La angustia, la inquietud y la confusión hacen mella en el lector de forma especial, incluso hasta el extremo de la crueldad. El autor lleva a sus personajes y al propio lector hasta el límite, ahogando cualquier atisbo de alivio, y precipitando un final a todas luces satisfactorio y efectivo. Muestra del genio narrativo de Le Fanu, esta pieza es sin duda un espejo en el que cualquier autor novel de terror debiera mirarse, y una excelencia a la que debería aspirar.
En un tiempo de vampiros adolescentes y relatos protagonizados por monstruos derivados del uso irracional de la ciencia, o por simples psicópatas, quizá deberíamos volver a la fuente del terror moderno, a degustar los inicios, a admirar las historias bien contadas. Y para ello, nada mejor que Joseph Sheridan Le Fanu y Valdemar, ambos tesoros literarios por suerte a nuestro alcance. Beban con fruición de las fuentes primigenias y maravíllense.
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