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       Artículo de literatura

Lo que perdimos, de Catherine O’Flynn


Eidián   27/11/2009
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     A veces los personajes parecen tan perdidos, tan solos, que se siente un nudo en el estómago al comprender que nosotros podríamos ser cualquiera de ellos.
Portada de Lo que perdimos, de Catherine O’FlynnLa luz lo inunda todo a mi alrededor.

Acabo de terminar el libro “Lo que perdimos” (Seix Barral, 2009, magnífica edición, por cierto, como todas las que he leído de esta editorial) de la británica Catherine O´Flynn. El libro está disponible en FantasyTienda.

Lo digo literalmente: acabo de dejar el libro sobre el sofá y me he dirigido al ordenador para escribir esta crítica.

No quiero dejar que la impresión se desvanezca sin haberla dado una salida.

No quiero que la luz desaparezca.

Catherine O´Flynn nos transmite esos dolores cotidianos, esas perdidas de las ilusiones, grandes y pequeñas, con una calidez y sencillez que impregna cada una de sus palabras.

Aún tengo por dentro un regusto triste que es a la vez dulce y amargo. Hacía mucho, mucho tiempo que un libro no me emocionaba así, sin estridencias, sin amores desaforados, sin grandes dramas de los que dependa el destino de la humanidad... hablando tan sólo de las tragedias cotidianas, del día a día en este mundo triste que los adultos hacemos, paso a paso, más triste.

Y, a pesar de todo, ver que todavía existe la esperanza.

Que la soledad, aun en este mundo exasperante, puede ser vencida y que la luz, esa luz que brilla sobre nosotros y en nosotros durante la infancia, puede ser rescatada para guiarnos de nuevo en nuestro camino y conducirnos hacia el consuelo e, incluso, al amor.

Catherine O’Flynn con su libro Lo que perdimos -en inglés-Admitamos también, para ser justos, que el libro de O´Flynn no es una obra maestra pese a lo que mi entusiasmo pueda sugerir. En su esfuerzo por demostrarnos la soledad que embarga al hombre en el mundo que él mismo, piedra a piedra, ha levantado, O´Flynn abusa un poco de los “dosiéres” en primera persona que incluye en la parte actual de la narración: muchas veces los personajes que aparecen en la narración central son lo suficientemente explícitos en este sentido para que veamos con claridad el retrato del mundo que nos quiere transmitir. También la resolución final de la historia, con ese último retorno al pasado, podría haber sido solventado de una forma más breve e incluso a través de algún “flashback” para no romper con la estructura temporal llevada hasta ese instante.

De cualquier forma estos son pequeños detalles en un contexto general muy bien elaborado que nos muestra de forma desencantada y melancólica la sociedad en que vivimos. Una sociedad ejemplarizada en un gran centro comercial al que la gente acude muchas veces en busca de algo que, en realidad, nunca encuentran.

Cuando pienso en el malvado Green Oaks, es decir, Robles Verdes (ya su nombre es reflejo de esa inmutable y estúpida sensación de bienestar que los promotores de esos lugares pretenden endilgarnos), no puedo evitar compararlo con el centro cómico y bastante freak que proponía Kevin Smith en “Mallrats”. Dos visiones opuestas el mismo cuento. Smith, sin embargo, no reparaba en los pasillos traseros de las tiendas, en la suciedad de los mismos, en el descontento, el desánimo y el vacío emocional que causa en los dependientes de esos centros el enterrarse en vida bajo las luces artificiales, soportar a clientes que piensan que esos trabajadores están allí sólo para darles la razón, el tener que recurrir al círculo del trabajo cuando se sale de las tiendas porque, con esos horarios de mierda, no se puede tener ningún tipo de vida social... Confieso que yo duré tres meses detrás de un mostrador. Pude encontrar otro trabajo en otra parte lo cual fue un completo alivio para mí.

De nuevo tuve vida.

Catherine O´Flynn nos transmite esos dolores cotidianos, esas perdidas de las ilusiones, grandes y pequeñas, con una calidez y sencillez que impregna cada una de sus palabras. Cuando habla de la infancia perdida, de los sueños rotos, de las traiciones de los seres amados... o del hundimiento industrial europeo de los 70 y los 80 del siglo pasado. Cuando nos recuerda como intentamos suplantar la desaparición de una sociedad más cercana, en la que la gente se saludaba por su nombre en el barrio y los tenderos conocían a sus clientes, por la mentira del cemento y el neón, por las compras rápidas, atestadas, donde reivindicamos una atención, que muchas veces no nos merecemos, tan sólo porque nos aburrimos, no sabemos que hacer y “de alguna forma hay que pasar la tarde”.

Pasar una tarde o un día entero dentro de un edificio cerrado con restaurantes, cines, tiendas... a veces con una luz natural testimonial en los pasillos, comprando siempre bajo fluorescentes o halógenos, mientras fuera está la verdadera luz y la verdadera vida.

Solos entre cemento.

Para mostrarnos esa soledad y esa pérdida de la inocencia que supuso la recesión de los 80 hasta llegar a la situación actual, O´Flynn urde una trama perfecta de detectives que tiene como centro a una niña única, Kate (nombre de la escritora) Meany. Este posible trasunto infantil de la autora es una criatura huérfana que vive en un barrio obrero con su abuela. Kate transita por un mundo en ruinas con una ilusión que hace que cada pocos momentos te aflore una sonrisa de complicidad porque, además, ella tiene una dedicación muy profesional: se empeña en resolver casos criminales. Esta “profesión” de Kate, desencadenante de toda la historia, tiene su origen en un manual de detectives que le regaló su padre, y se refuerza gracias a un despacho instalado en su habitación y a Mickey, mono de peluche que es central en la trama.

Así preparada, se afana por ayudar a todo aquel que se acerca hasta ella.

Kate es un faro luminoso a través de toda la historia y su desaparición, vinculada al recién abierto en 1984 centro de Green Oaks, arrastra todo el hilo de la misma. La resolución de ese misterio será la guía que necesitan los protagonistas para volver a la luz, para volver a vivir.

A veces los personajes que aparecen en las páginas de este libro parecen tan perdidos, tan solos, que se siente un nudo en el estómago al comprender que nosotros podríamos ser cualquiera de ellos.

Parece todo tan cercano, tan real.

Temo que esa realidad incómoda en la que cualquiera puede verse reflejado es seguramente una de las razones por la que los editores se negaron repetidamente a publicar esta magnífica obra.

Pese a que al final nos espere la luz.

Y, sin duda, ese mismo reflejo de la realidad, ese podernos colocar en el lugar de cualquiera de los seres que pueblan estas páginas, ese fluir de las palabras, de los diálogos, de las imágenes, es por lo que finalmente triunfó el libro, que tiene muchos más premios de los que me está permitido poner en esta página.

De todas formas, aunque no hubiese recibido ninguno, sería un verdadero regalo el poder leer esta obra evocando la ilusión que llega a contener la infancia, la forma en que llegamos a olvidarla y traicionarla, y como la vida, al fin y al cabo, es la lucha por recuperar algo de esa luz que perdimos y que sólo a veces conseguimos encontrar.

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