Es la crueldad que da lo intolerable la que hace que los protagonistas tengan por castigo por su desobediencia la eliminación de la infancia en el pueblo.
En la editorial Viceversa saben del noble arte de la contraportada. Cansado de tanto spoiler, de tanto exceso literato, de tanta cita de autor consagrado, ellos han dado un acertado giro de tuerca. Un giro que espero llame la atención al lector curioso ante la trabajada edición. En esta contraportada no nos hablan de su argumento, o quizás sí, no nos hablan del género literario a descubrir, o quizás sí, sino que nos ofrecen sutiles detalles de lo que uno no se va encontrar en las menos de las 200 páginas de la edición (todo un acierto hoy en día) .
Lector, espero pueda dar una tarde al relato, disfrutar de su encanto y ojalá logres lo mismo que yo logré: suspirar, sin reparos, el aire cálido de esta novela de Raquel Franco.
Nos dicen que Raquel Franco –la novel autora- ha creado en un pequeño pueblo a un grupo de personas atrapadas en su época histórica (la Guerra Civil Española y los primeros años de la posguerra), pero sobre todo, atrapadas en su propia soledad.
Es la crueldad que da lo intolerable la que hace que los protagonistas tengan por castigo por su desobediencia la eliminación de la infancia en el pueblo. Así es como empieza la historia, con un pueblo sin escuela pero con maestro, sin jugadores pero con balón, sin alma.
La frustración ante lo que le pudo pasar a sus hijos o ante la imposibilidad legal de tenerlos hace que este pueblo, antes de volverse loco, decida ponerse manos a la obra. Es en ese momento cuando ocurre lo inimaginable, lo que hace que el ritmo de la novela y de sus personajes dé un giro de 180 grados. Ocurre lo que aún tú, lector, tienes que descubrir.
El lenguaje usado, esta vez, aparte de contarnos el eterno suceder de acontecimientos, también marca el espíritu de la novela, otorgándonos uno similar al que algunos con suerte hemos podido recibir al oír a nuestros abuelos contarnos que también ellos fueron niños.
Los personajes no llaman en demasía la atención, no habiendo ninguno de ellos narrativamente hablando por encima de los demás excepto, quizás, la soledad y el miedo, ambos protagonistas absolutos de la mirada de los vecinos. El ritmo narrativo, por último, sólo añadir que es realmente ligero, ayudándonos a pasar las pocas páginas de la novela.
Es cierto que estamos ante otra novela de la guerra civil, pero no quedaba más remedio. También lo es que el tono costumbrista está muy visto en el panorama literario español (más que a Javier Marías – gran autor- le pese). Aún así la novela tiene la suficiente y tranquila ventaja de sobreponerse a sus pequeños fallos, que también los tiene.
Lector, espero pueda dar una tarde al relato, disfrutar de su encanto y ojalá logres lo mismo que yo logré: suspirar, sin reparos, el aire cálido de "Ocho años de silencio", disponible en FantasyTienda.