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Vellum (el libro de todas las horas), de Hal Duncan |
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Una visión caleidoscópica del espacio-tiempo; un panóptico tan variado y tan difícil de seguir como la vida misma; tan pluridimensional como la realidad. |
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Llevo algún tiempo enfrascado en el intento de hacer una reseña sobre “Vellum, el libro de todas las horas” (La Factoría de Ideas, disponible en FantasyTienda) de Hal Duncan. Lo cierto es que he hecho y rehecho varias y las he descartado antes de llegar a ésta que tienes ante tus ojos. Como no tenemos la suficiente confianza, amigo lector, no te voy a engañar: "Vellum" es un libro complicado y tengo dudas de que sea realmente posible reseñarlo estando sobrio y tampoco creo que la ebriedad solucione nada. Así que te pido disculpas de antemano por los daños que esta reseña pueda ocasionarte.
Frente a una literatura de foto fija, una literatura del aquí y ahora, Duncan plantea, no sin dificultades, una “literatura de la totalidad”, que intenta romper con el instante y el lugar para trazar una panorámica más amplia.
Si hubiera de dar una opinión breve y expresiva sobre "Vellum", podría reducirse a lo siguiente (léase tras pausa dramática y con tono de enfado): ¡Qué libro tan jodidamente difícil! ¿Por qué? Porque leerlo ha sido una experiencia bipolar o, para ser más exactos, caleidoscópica. Su peculiar estructuración, los continuos saltos que el relato (si es que se le puede llamar relato) da en el tiempo, el espacio y las dimensiones provocan cierto vértigo y desorientación en el lector. En mi caso, además de desorientación, en algunos momentos he sentido una furia homicida hacia el señor Hal Duncan que se veía compensada en otros en los que la narración era menos frustrante.
Se supone -por lo menos es lo que yo he entendido- que "Vellum" trata de la lucha entre el Bien y el Mal, que resulta ser una especie de pugilato eterno entre los unkin, seres cuya naturaleza no es fácil de definir, ya que por momentos uno duda en catalogarlos como ángeles, demonios o dioses. En todo caso todas esas palabras resultarían equívocas para calificarlos puesto que los unkin, recordando a los dioses del panteón greco-latino, están llenos de defectos y virtudes humanas, aunque me temo que más lo primero que lo segundo.
Estos “ángeles y demonios” que describe Duncan están enfrentados en dos bloques irreconciliables: por un lado el Convenio (presuntos buenos y un pelín dictatoriales y cabroncetes) y por otro un variopinto grupo de “ángeles diabólicos” (sigo sin saber como definirlos) con ciertas resonancias anarquistas. En esta contienda, en la que ninguno de los unkin puede quedarse aparte -aunque alguno lo intente- las cosas no son como pudieran parecer a primera vista; ni los buenos son tan buenos ni los malos tan malos. Lo que es el Bien o el Mal depende muchas veces del prisma desde el que se mire, de la posición e intereses de cada cual, por lo que Duncan pinta a unos seres sobrenaturales u hombres sobrenaturalizados muy humanos, de tal modo que los que su actuación no está exenta de violencia.
El conflicto es el marco en el que se mueve la obra, aunque del modo en que ésta se presenta pudiera parecer que sólo es una parte de la novela (si es realmente una novela, cosa que no sé). No podemos olvidar que en "Vellum" saltamos de un lugar a otro, de un personaje a otro, y éstos a su vez se mueven en el tiempo o incluso en los “planos” de la existencia, pero en el fondo, lo que subyace detrás de todo eso es el eterno conflicto entre Bien y Mal. En este sentido resulta interesante el ver a “ángeles y demonios” tan parecidos, siendo el único matiz su postura respecto a las relaciones de poder y dependiendo su bondad o maldad del punto de vista de un tercero. Hay momentos en que el Bien o el Mal son meras marcas comerciales o estandartes bajo los que catalogar algo en función de los intereses de cada cual, por lo que parece claro que estamos ante una obra relativista en lo moral.
Esos saltos continuos, hacen que "Vellum" parezca por momentos una sucesión de relatos cortos, reflexiones, leyendas, teologías o teogonías y genera una sensación de dispersión y de caos que exige un esfuerzo considerable al lector para no perderse. Y no tengo muy claro que realmente no perderse sea bueno, porque quizá lo lógico sería perderse en semejante maremagnum salteado espacio-temporal.
En todo caso hay que indicar que esta peculiar estructura es algo buscado por el autor que quiere trascender las limitaciones de tiempo y espacio para explicar algo tan absoluto como la existencia misma, puesto que tanto conflicto no deja de ser una metáfora de nuestra naturaleza y condición que es lucha de contrarios y necesariamente inabarcable en una sola mirada que sólo alcanza a ver un único lugar y momento.
Frente a una literatura de foto fija, una literatura del aquí y ahora, Duncan plantea, no sin dificultades, una “literatura de la totalidad”, que intenta romper con el instante y el lugar para trazar una panorámica más amplia. Como es imposible abarcarlo todo en todo momento y lugar, necesariamente hay que trasladar esa visión, ese panorama pantemporal, en distintos instantes, y eso acaba resultando caótico.
A esta técnica narrativa compleja hay que sumarle abundantes referencias a la mitología, teología y mitos de Sumeria y Babilonia; mundos paralelos (o no), ángeles, demonios, hippies, violencia, sexo, hoy y ayer, aquí y allá; incluso algún guiño a Lovecraft. Así, con esta mezcla tan explosiva, se produce "Vellum": una visión caleidoscópica del espacio-tiempo; un panóptico tan variado y tan difícil de seguir como la vida misma; tan pluridimensional como la realidad.
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