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Un sueño realmente perturbador: Concurso de Narrenturm firmado |
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Loren nos envía este relato para conseguir un ejemplar firmado por Andrzej Sapkowski de su última obra, Narrenturm, primera parte de la Trilogía de las Guerras Husitas. |
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El Cat Alley era uno de esos cafés literarios que tan de moda se pusieron durante el siglo pasado. Situado en una céntrica plaza, era un lugar perfecto para pasar la tarde otoñal tomando té o café, mientras se contempla la lluvia resbalando por los cristales y se sostiene en las manos el último folletín recién salido de la pluma del escritor del momento. Pero ahora no era primavera, y una serie de mesas dispuestas al tun tun por toda la terraza, daban al café un aspecto original y cargado de aleatoriedad.
-Esssspero que esté cómodo en esa ssssilla, no todo el mundo que nos visita puede decir lo misssmo –dijo una voz melosa y con cierto toque susurrante.
-He de decir que he estado en otras mejores, pero esta silla exclusiva para gatos es francamente un incordio si uno no sabe captar la postura.
-¿Le sirvo un poco mássss de té, señor Sacouski?
-Preferiría una buena cerveza, pero a falta de pan, buenas son tortas –Sacouski se corrigió la inclinación de las gafas.
Una mano acolchada llena de zarpas agarró la tetera por el asa y vertió un chorro de un líquido rojizo en una de las tazas.
-Como imagino que ssssabrá, dadas las circunstanciasss, voy a ser su agente literario durante este ssssueño. Creo recordar que ya nos vimos los bigotes en otra ocassssión, pero dada la frágil naturaleza de los pensamientos de esta índole, ese recuerdo posiblemente permanezca guardado a buen recaudo en otro lugar totalmente disssstinto.
-La verdad… es que me suena su cara, ahora que lo pienso. Trato de recordar si ya mantuvimos esta conversación en algún momento, pero no atino ni el dónde ni el cuándo. Una pena, porque este parece ser un lugar bastante interesante.
-Lo es, puedo asegurárssselo. Aquí uno se siente como pez en el agua –se relamió al nombrar tan suculenta palabra-, y ciertos deseos pueden verse cumplidossss de inmediato –dijo el agente literario abarcando la plaza con las zarpas, que por cierto, estaba llena hasta los topes de gatos leyendo o tomando café en tazas de porcelana blanca. –Pero lo que de verdad me escama es que se haya tomado ussssted la píldora roja en vez de la azul. ¿Porqué lo hizo, si se me permite preguntar? ¿Acasssso fue un simple error humano?
-Más que probable, ¿pero es que hubiera sucedido algo de haber tomado la de color azul? ¿El universo se hubiera vuelto del revés, algún cataclismo de proporciones bíblicas? ¿Dragones con lanzas de plata, marchando contra los humanos para pegarse luego un festín con ellos?
-Nada de eso, ni mucho menossss.
-¿Entonces?
-Me temo que esa cuestión deberemos dejarla para otra ocasión –alzó su taza y pegó un buen trago de té, limpiándose luego con una servilleta, de manera delicada y exquisita.
Silencio.
-Volviendo al tema que nosss ocupa, y dado que soy su agente literario en este fragmento de sssu alter ego hiperbólico, debemos pasar de inmediato a ciertos temas que nos atañen de mutuo acuerdo, antesss de que cualquier ruido o distracción externa rompa esa fragilidad en la que se haya usted ssssumido, ya que tomó la pastilla roja y no la azul, algo que no me incumbe en absoluto, debo añadir. Pasando a otro orden de cosas, he aquí una lisssta, proporcionada por su Alteza Ssssoñadora, en la que debemos centrar nuestra atención de forma concisssa e inmediata –desenrolló una larga ristra de pergamino manchada de tinta e inscrita con runas desconocidas. El gato se aclaró la garganta, escupiendo una bola de pelo en el suelo. –He aquí la primera de ellasss, y como buena nueva que esss, le comunico que nuestro inscriptor de runassss modernassss, Faraldo de Rivia, ha sido liberado por fin de su largo cautiverio a manos de los monjes de la Orden de Cintra.
-¡¡Síiiii, por fin!! –el señor Sacouski se levantó de forma brusca, lanzando una silla a varios metros de distancia. Cien pares de disgustados ojos amarillos se volvieron a mirar –Perdón –dijo sentándose de nuevo, azorado. -¿Cómo se encuentra? ¿Sigue de una pieza? ¿Conserva aún las dos manos y todos sus dedos?
-Me alegra ssssu entusiasmo, señor Sacouski, y lo comparto. Y sí, aún conserva sus valiosossss apéndices, así como esos extraños ojossss gatunos por los que fue tan perseguido en el pasado, como usssted bien recordará. Ser un híbrido hoy en día es un peligro que algunas personas están condenadas a asumirrrr.
-¿Cómo es que no está hoy con nosotrosssss? Perdón. Con nosotros. Veo una tercera taza en lo alto de la mesa.
-Difícilmente podía hoy estar aquí, ya que asuntos urgentes requerían su máxima atención. Partió esta mañana hacia la fortaleza de Alamut, en el reino de Castilla, para poder mantener una converssssación en persona con el duque Narrenturm, para que assssí pueda contarle las vivencias de su juventud y poder plasmarla en una estrofa que será cantada durante generacionessss en todas las tabernassss y posadas a lo largo y ancho de este continente.
-¿Significa eso que podrá entonces… digamos… dedicarse plenamente a la transcripción de ese manuscrito que fue hallado hace tres siglos durante la Cruzada Husita? ¿Cómo era? ¿La Señora del Río?
-Casi, La Sssseñora del Lago. Y efectivamente, en cuanto narre las peripecias del duque se pondrá a ello de manera prácticamente inmediata. Es de esperarrrr que lassss nuevas estrofas de La Sssseñora del Lago, con nuevas runas y arte decorativo cisterciensssse moderno, pueda ser contemplado por el público castellano en un par de ciclosss. Por poco no hay una revuelta en Casssstilla debido a ello. Pregonerossss de todas las ciudadesss incitaban a ello, miau, pero afortunadamente, todo ha quedado en un malentendido, pero mientras hablamos, enormes ejércitos de millares de hombres marchan hacia Cintra en pos de una explicación convincente.
-Me alegro que todo esto se haya solucionado de manera tan feliz. Espero con ganas que esa nueva versión del clásico poema pueda ser disfrutado por los castellanos… ¡y rivalice con el del mismísimo Hidalgo Manchado!
-Ten por sssseguro que así será –otro sorbo de té. –En cuanto al resto de cosas que en esta lista se muestran… -Sus ojos se movían por el pergamino a la velocidad de la luz. –Hay aquí cierto tema… Sí, aquí está. Al fin se le ha otorgado pleno permiso para continuar con “La Balada del Fuego y el Hielo”. Su autor, San Jorge Martín falleció prematuramente durante una frugal comida en el Palacio de Invierno del conde Baratheon. Un hueso de pollo, por lo visto.
-Una lástima, sin duda. ¿Y qué hay de “El Molino del Tiempo”? ¿No estaba libre, huérfana y sin dueño?
-Tarde. Sanderson el Poeta.
-Ah.
-Y ya por último… Razonemosss que su sueño está siendo excesivamente largo. Productivo, pero largo, ya que se termina el espacio y no podemos alargar esto mucho másss –sus zarpas manejaron el pergamino con soltura y llegaron hasta el final del mismo. –Existe cierta edición de una obra anterior que ussssted signó tan amablemente durante la pasada Feria del Messs Negro en el norte de Castilla, ¿me equivoco?
-Ah… Em… No, no se equivoca.
-Esa edición firmada fue pasando de trovador en trovador hasta que ssssimplemente desapareció en el tumulto. Y por diversas fuentes, sé que usted generó un potente hechizo en esa firma, para que aquel que lo leyera cayera irremediablemente en un influjo barbárico de primer orden al leer los textos prohibidos que la obra encierra. Si algún ser llegara siquiera a descifrar el contenido exacto de la obra y fuera reproducida de algún modo en cualquiera de sus vertientes… Una organización conocida como los Articulistassss podrían difundir su significado e inducir a otras personasss a hacer lo mismo, creando un caossss absoluto y total. Debe impedirse de algún modo.
-¿Pero eso no sería contraproducente? Quiero decir… cuánto más se difunda el contenido de una obra, mejor para nosotros dos, ¿no? Más ganancias para usted y para mí.
Silencio sepulcral.
-De cualquier modo, esto solamente es un sueño. Para cuando despierte, posiblemente hayasss olvidado todo esssto. Pero lo que no debessss olvidar bajo ningún concepto es recordar donde pusiste esa obra en tu mundo. Busca por toda la casa, en algún cajón, mesita de noche, armario, alacena, lavadora, horno microondas o donde sea. En cuanto la encuentressss, contacta con Lorenzzzzo, él sabrá qué hacer.
-¿Pero de qué obra se trata? ¡No me lo has dicho en ningún momento!
-Por supuesto que te lo dije… ¡Es Narrenturm!
-¿¿¿Narrenturm??? ¡Pero si todavía no ha sido traducida a runas modernas!
-¡Recuerde, ssseñor Sacoussski! ¡Debe entregar el libro a Lorenzzzzo, no lo olvide bajo ningún concepto!
-¡¿O si no qué?! ¡¿Qué?! ¡¿Qué sucederá?!
-¡¡MIECZ PRZEZNACZENIA, señor Sacouski!! –la cara de franjas grises y negras del gato literario se iba desvaneciendo en el aire, junto al resto de su cuerpo.
-¿¿MIECZ PRZEZNACZENIA?? ¡Pero dime al menos tu nombre, gato del demonio!
-¡Ajá! ¡Chessssire! ¡¡Me conocen como Chessssire!! ¿Es que no me recuerdas?
El sonido de una risa estridente y maníaca rebotaba a lo largo de toda la plaza, entonando una rítmica canción. Nadie parecía percatarse de ello. –Chesssssireeeeeeee… -una sonrisa que flotaba en el aire era lo único que quedaba de ese ser extraño y paradójico. Al segundo desapareció con un sonoro “¡plop!”.
-¡¡¡Aaaaaaah…!!
Todo comenzó a dar vueltas, la plaza, los gatos, los naipes, las tazas de té, los sombreros locos…
Fundido en negro.
Polonia, Varsovia. 6:15 A.M.
Sacouski, levantándose veloz de la mesa de su despacho, echó a correr por el encerado suelo de parqué. Giró en redondo una esquina y fue a parar de cabeza contra el armario de los trofeos. Metió la mano por el recién hecho agujero, giró el picaporte… y ahí estaba, la caja de los recuerdos, de cartón. La abrió con desesperación y por el aire volaron dos copias en VHS de “Wiedźmin” que se estrellaron contra la pared de atrás, cinco estatuillas Zadjel que repiquetearon contra el suelo, un Hugo, dos Grammys... ¡Ni rastro de la edición firmada de Narrenturm!
-¡¡¡Noooooo!!!
Una bandada de grajos huyó de los árboles cercanos a la casa.
Sacouski corrió de vuelta a su despacho, se calzó las zapatillas y se sentó frente al ordenador. Con la velocidad del rayo tecleó las palabras que le permitirían cumplir su propósito.
-Hache, té, té, pé, triple uve doble… Cy…ber… dark… ¡No! Mejor… Fan… tasy… mundo. ¡Ajá! A ver, a ver… Volumen primero de la “Trilogía de las Guerras Husitas”… ¡Argh, una sola unidad disponible, debo darme prisa! ¡Añadir a la cesta, añadir a la cestaaaaa! De veinticuatro a cuarenta y ocho horas… ¡Uf, por poco!
Se dejó caer pesadamente hacia atrás en la silla.
-¡Misión cumplida! Espero que al menos esto sirva de algo. Cuando llegue el pedido firmaré el ejemplar y lo enviaré lo más rápido posible al nombre que me indicó Chessssire. ¿Habré salvado al mundo? Quién sabe, ya que sólo me queda esperar y ver qué sucede, si es que sucede algo, claro está.
Por una de las ventanas del despacho comenzaba a despuntar los primeros rayos del sol. Casualmente, uno de los muchos felinos que deambulaban por la casa a esas horas de la mañana subió de un salto al regazo de Sacouski y le lamió una mano.
-Hola de nuevo, señor Sacouski –dijo esbozando la más cálida de las sonrisas, si es que eso era posible.
Ojos como platos.
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