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Ocho honorables magos, de Barry Hughart
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Quizás por dispersión e indefinición el conjunto de la novela adolece en esta entrega de un ritmo apresurado y de un pulso narrativo que no termina de encontrar equilibrio. |
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Bibliópolis publicó este pasado mes de septiembre el tercer y último libro de Barry Hughart (Peoria, USA, 1934), correspondiente a las aventuras del Maestro Li Kao y su ayudante Buey Número Diez en una China que nunca fue: "Ocho honorables magos" (disponible en FantasyTienda). Con este libro Bibliópolis cierra una serie interesantísima, formada también por "Puente de pájaros" y "La leyenda de la piedra" -ambas comentadas en Fantasymundo-, y publica en castellano la obra completa del autor estadounidense.
Debemos agradecer a Hughart el haber puesto un digno punto y final, y haber siempre mantenido la altura, a una serie que los lectores hemos seguido con fidelidad y a la que guardaremos un cariño imperecedero.
En este sentido, al lector le resultará esclarecedor, como tesoro final, una nota del propio Hughart donde, junto con algunos brochazos sobre una vida tan interesante como azarosa, nos explica sucintamente los motivos de su decisión de cesar la escritura y la publicación, y de reducir el conjunto de su obra a las tres novelas de esta serie. El motivo principal de su parada en seco (dice Hughart: “es que había llegado al límite”) resulta, de hecho, suficientemente revelador para buena parte de lo que nos vamos a encontrar en "Ocho honorables magos".
Sin duda, sigue intacta la China alternativa y su ambientación cada vez más culturalmente compleja, con nuevas y sorprendentes atmósferas repletas de magia y encanto. Los personajes principales, Li Kao y Buey Número Diez, mantienen vívida su originalidad y su autenticidad. La definición de nuevos personajes continúa siendo precisa, conservando intacta la notable capacidad de Hughart de ampliar, en cada nueva entrega, el elenco de personajes inolvidables. Como sigue sorprendiendo su manejo del lenguaje, didáctico y cercano, capaz de convertir en totalmente plausibles mundos nuevos levantados, únicamente, con los débiles mimbres del imaginario popular occidental.
Tampoco es desmerecida la intencionalidad del argumento principal: una muerte extraordinariamente violenta y extrañas visiones asociadas a ella, conducen a Li Kao y Buey Número Diez hasta el hombre más santo de China, viejo conocido de Li y presunto asesino. Un choque de naturalezas, la de la santidad y la crueldad, abren camino a una investigación en la que se encontrarán con estafadores y asesinos, titiriteros y eunucos, deidades y leyendas. Un punto de partida que permite acceder a los clichés de diversos géneros literarios, no por ello menos reconocibles, y que hacen posible la evolución de la obra en múltiples direcciones.
Quizás por esta dispersión e indefinición, sin embargo, el conjunto de la novela adolece en esta entrega de un ritmo apresurado, con una sucesión de hechos tan vertiginosa como ciertas veces inexplicable; de un pulso narrativo que no acaba de encontrar su punto de equilibrio; y de una trama percibida como deshilvanada y circunstancial, construida con urgencia sobre pilares clásicos poco ajustados a una propuesta literaria de naturaleza excepcional. Este síndrome ataca a las sagas cuyo germen supone una originalidad tan abrumadora que, para el autor, se hace imposible de continuarla sin ver resentido el conjunto de la historia.
El final de la serie toma un sabor agridulce cuando se pasa la última página de "Ocho honorables magos". A la entrañable caracterización y el cariño que inevitablemente se les acaba cogiendo, con el paso de las horas de lectura, a Li Kao y Buey Número Diez, se une la sensación de que, de seguir recibiendo nuevas entregas, nuestra relación iba a derivar hacia el tedio y la desazón. Hughart parece consciente, según sus propias palabras, de esta evolución. Por eso debemos agradecerle el haber puesto un digno punto y final, y haber siempre mantenido la altura, a una serie que los lectores hemos seguido con fidelidad y a la que guardaremos un cariño imperecedero. No es para menos.
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