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Camino desolación, de Ian McDonald |
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Camino desolación es una obra unánimemente reconocida como innovadora, que no acaba de despertar las pasiones que su transcendencia debiera entre el público. |
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En toda la larga historia de la Ciencia Ficción ha habido tanto autores y obras imprescindibles, cuya contribución sirvió para impulsar y consolidar un género considerado siempre minoritario pero que sigue vivo y fuerte a pesar de los pésimos agoreros y peores profetas, como inesperados momentos de catarsis y renovación. A este segundo grupo pertenece la primera novela que un joven Ian McDonald (Manchester, 1960), promesa indiscutible en aquellos momentos del relato y la novela corta, publicó en 1988, y que Martínez Roca nos regaló en 1992 dentro de su colección ‘Gran Super Ficción’: “Camino desolación”. Una obra ganadora del Premio Locus a la mejor primera novela, nominado a la mejor novela en el Arthur C. Clarke de 1990, y ganador del Premio Gigamesh en 1993, entre otros reconocimientos.
En un momento en que el género de la ciencia ficción necesitaba abrir sus puertas de par en par al aire fresco, Ian McDonald entró con un ciclón de frescura, con un estilo rápido pero consistente, mágico pero reflexivo.
La principal aportación de “Camino desolación” fue la frescura de su narrativa y la imaginación de sus personajes y escenas. En un momento de propuestas literarias estáticas, donde se hacía aún un uso mayoritario de los esquemas y propuestas clásicas en el género, McDonald incorporaba un estilo que se suele asociar con el realismo mágico: por su superposición de planos narrativos a partir de la incorporación de las distintas perspectivas de los personajes, la creación de un espacio (Camino desolación) místico y mágico, el uso de un lenguaje donde la adjetivación permite construir universos caleidoscópicos en constante metamorfosis…
McDonald no sólo demostraba con “Camino desolación” el potencial de uno de los mejores escritores contemporáneos del género, sino que también dejaba bien claro que el origen de su formación y sus mejores esencias se desarrollaban en la narrativa breve. Cada una de las piezas que componen el puzle que es, en esencia, la novela, está llena de imaginación, ternura y humor. Los personajes poseen un fondo de humanidad y credibilidad que quedan patentes en cada aparición. Y el estilo de McDonald permite que cualquier lector que haya accedido a sus páginas quedase prendado y tentado a no acabar nunca el “Camino”.
La novela, sin embargo, y aunque todas sus piezas están perfectamente trazadas, tiene problemas de encaje. A medida que la lectura avanza, y cuando las piezas tienen que empezar a soldarse para poder mostrar con claridad el objeto e intenciones de “Camino desolación”, el cambio brusco de ritmo y la falta de coherencia de ciertos aspectos del argumento lastran la parte final de la novela. Incluso, podemos considerar que el esquema de construcción de las pequeñas piezas narrativas, al repetirse en el tiempo y carecer de unos objetivos de expresión definidos para el conjunto del texto, pueden llegar a resultar tediosos y/o insubstanciales. La ambición está falta aquí de la claridad de ideas.
Todo esto nos permite reflexionar sobre porqué “Camino desolación” es una obra unánimemente reconocida como innovadora, que no acaba de despertar las pasiones que su transcendencia debiera entre el público. La razón más posible: una renovación formal que el género necesitaba y los más aficionados agradecían, pero cuyo contenido no acaba de convencer al conjunto de los lectores.
En todo caso, el lector no debe dejarse arrastrar por estos defectos estructurales, en absoluto extraños en una primera novela y más si el autor proviene del ‘universo de lo breve’, para restarle a “Camino desolación” un ápice de su calidad y relevancia. En un momento en que el género necesitaba abrir sus puertas de par en par al aire fresco, Ian McDonald entró con un ciclón de frescura, con un estilo rápido pero consistente, mágico pero reflexivo, donde los personajes copan el centro de la trama pero sin que el marco de la especulación científica y la exposición de ideas se vea mermado. Además de ser la primera novela, y primera novela traducida al castellano, de una de las voces que (con el tiempo) acabarían protagonizando el coro principal de la Ciencia Ficción.
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