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King Kong, de Peter Jackson |
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Espectacular película de acción que reverdece el género de aventuras, salpicada con una emoción y ternura que rara vez suele acompañar a este tipo de películas. Peter Jackson lo ha vuelto a conseguir. |
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La situación social en los Estados Unidos de la década de los treinta es realmente penosa: son tiempos de Depresión, con colas de racionamiento, hambre, violencia, traiciones, contrabando… cualquier cosa es válida para ganarse la vida, y un trabajo es básico para asegurarse la comida del día. Corre el año 1933, y Ann Darrow (interpretada por Naomi Watts) es una entusiasta actriz de vodevil que subsiste como puede con el sueldo atrasado que consigue gracias a la compañía en la que trabaja. El humor forma parte de su vida artística, pero la joven no puede por menos que contagiarse del clima de desesperanza que se palpa en la calle día a día; su profesión es el último reducto de los ilusos, de los que buscan la felicidad propia en la ajena… un día, todo el grupo teatral de Ann es echado a la calle sin contemplaciones del local en el que ensayan y actúan, ya que sus jefes no pueden hacer frente a las facturas.
Sin trabajo y hambrienta tras días sin comer, acude desesperada de nuevo a un productor conocido en busca de un papel, pero éste se deshace de ella dándole la dirección de un local de variedades donde podría actuar. Cuando llega al mismo, el lugar resulta ser un antro de mala muerte donde mujeres jóvenes (y otras no tanto) exhiben sus cuerpos desnudos. Ann, atenazada por el hambre, logra sin embargo anteponer su amor propio a ésta, y abandona el local.
Paralelamente, el director Carl Denham (Jack Black) lucha en una sala de visionado privada con los productores de su última película, quienes le manifiestan su desagrado por el trozo que han visto de ella. Carl intenta defenderla apasionadamente, pero sólo consigue empeorar las cosas. Cuando están apunto de despedirle, se marcha apresuradamente de las oficinas para reunirse con su equipo técnico. Carl tiene un ambicioso plan en marcha: antes de que los productores le retiren los fondos para continuar la película, decide trasladar a todo el equipo a un recóndito e ignoto lugar, llamado La Isla Calavera (Skull Island), que no figura en ningún mapa, y sobre la que circula una siniestra leyenda. Pero su asistente la da una mala noticia: la actriz protagonista ha dejado el proyecto para unirse a la producción de otra película, con lo que se verá obligado a encontrar a una chica que la supla.
Carl decide que el mejor lugar para encontrar a su diva protagonista son las siniestras calles de Nueva York, repletas de sórdidos locales donde, por un sueldo decente, actúan chicas ligeras de cascos… y ropa. De esta forma llega al mismo local frente al que se para Ann. Nada más verla, el director se queda maravillado de su belleza y frescura, y decide seguirla e intentar contratarla.
Ann, asediada por el hambre, se ve empujada a robar una manzana de un puesto ambulante, pero su torpeza permite al dueño percatarse de la sustracción. Carl sacará a la joven del aprieto pagando el importe de la manzana… y aprovechará para invitarla a cenar. Mientras Ann da cuenta apresuradamente de un suculento plato de pasta, Carl intentará convencerla de participar en el proyecto, asegurándole que es perfecta para el papel. Experto cuentista, el director logra que la joven se comprometa, al saber que su admirado guionista Jack Driscoll (Adrien Brody) es el dramaturgo de la película. Ambos se dirigen apresuradamente hacia el vapor S.S. Venture, que supuestamente habrá de llevarles a Singapur, ya que Carl no quiere desvelar a nadie, por razones obvias, el verdadero destino de la expedición. Con la policía en los talones, logra embarcar a todo su equipo, guionista incluído, en el barco justo a tiempo, antes de que las autoridades, avisadas por los productores de la película, consigan atraparle.
Una vez en el barco, Carl intentará por todos los medios que hasta última hora nadie sepa el destino del viaje, pero los susurros de una conversación entre él y Jack Driscoll llegan a oídos de la tripulación, cuyos miembros acorralan al director exigiéndole explicaciones. Éste les habla de la Isla de la Calavera, “el último espacio en blanco del mapa”, pero la tripulación ya conoce su aterradora leyenda: la isla está circundada por un gigantesco muro de treinta metros de altura, según les contó un náufrago que socorrieron en una ocasión, sólidamente construido para evitar que una monstruosa criatura se escapase. La tripulación, tras auxiliar al náufrago, le encontraron a la mañana siguiente con un cuchillo en el corazón: se había suicidado.
El capitán del S.S. Venture no está dispuesto a aventurar sus vidas y el cargamento del vapor en un viaje tan arriesgado, así que decide cambiar de rumbo, cuando descubre que la brújula no funciona, y no hay estrellas con las que guiarse con el sextante. Al mismo tiempo, una espesa bruma envuelve el buque, que se ve obligado a avanzar a ciegas…
A veces, sucede que algo extraordinario se cruza en nuestras vidas y nos señala una senda por la cual dirigir nuestros pasos en la vida. Para Peter Jackson ese “camino de baldosas amarillas” fue el clásico de la RKO King Kong, dirigido por Merian C. Cooper y Ernest B. Schoedsack, una espectacular producción (para la época), cuya historia era ciertamente sencilla, pero con unos efectos especiales revolucionarios para la época: una fantástica combinación de stop motion (animación fotograma a fotograma), proyecciones sobre pantallas de fondo, decorados pintados en paneles sobrepuestos de vídrio y detalladas miniaturas. La película permitió a la RKO salir de la bancarrota que ya intuía, al conseguir una taquilla impensable para la época, nada menos que $1,75 millones de los de entonces, una verdadera fortuna.
El propio Jackson consideró a esta película su verdadera fuente de inspiración: “La primera vez que vi ‘King Kong’ en la televisión en Nueva Zelanda, debía tener ocho o nueve años. Me impactó tanto, quedé tan impresionado, que decidí entonces que quería convertirme en realizador de cine. Pensé: ‘Quiero hacer películas, quiero hacer cine como King Kong’. Fue algo tremendo para mí”. El mismo Jackson, aún un muchacho, intentó hacer tres años más tarde, con medios obviamente escasos, su propia versión inacabada del clásico. No pudo terminarla, pero la idea no abandonó su mente: en 1996 se decidió a escribir el primer guión serio para un remake del Rey Kong, “muy al estilo Hollywood, una historia de aventuras con mucha acción, diálogos cortos, frases divertidas y situaciones hilarantes”, según él mismo aseguró. Pero Universal, prefirió esperar a mejor ocasión para rodar la película.
Jackson decidió entonces acometer otro proyecto aún más ambicioso: la adaptación del maravilloso mundo que el británico John Ronald Reuel Tolkien había dibujado en su espléndido El Señor de los Anillos. La película, admirada a la vez que discutida entre los fans de Tolkien, consiguió récords de taquilla, y la crítica especializada se volcó con su espectacular y emotiva versión de un mundo de elfos, hombres, enanos, hobbits, dragones y seres mágicos. Sus esfuerzos culminaron una noche que los fans de la trilogía jamás olvidaremos: consiguió nada menos que once Oscars por El Retorno del Rey, la última parte de una trilogía que hizo historia en el género fantástico.
Tras esta excepcional experiencia, Jackson estaba mucho más preparado para abordar la recreación de su King kong: “Una de las cosas que aprendimos rodando El señor de los anillos es que cuanto más fantástica es la historia, más realista debe parecer. King Kong transcurre en los años treinta, pero son unos años treinta muy realistas. Queríamos que pareciera auténtico, y las aventuras en la isla Calavera son muy duras. Es un relato de supervivencia, de relaciones, de amor y de empatía por la enorme bestia, contado de modo realista, directo. No me parece que sea necesario usar un estilo fantástico para contar una historia con elementos fantásticos. Me parece mucho más interesante un acercamiento realista a la fantasía convirtiéndola en algo aún más extraordinario. Desde luego, aprendimos mucho rodando El señor de los anillos y usamos este saber cuando revisamos el guión de 1996. Me parece extraño. Hace muchos años que KING KONG es parte de mi vida. Durante 35 años ha sido mi película preferida y ahora he hecho una versión de esta película. Me parece un increíble sueño hecho realidad; pensé que nunca ocurriría. Ahora siento aún más afecto por él. Además, le estoy muy agradecido; él me dio el empujón necesario para convertirme en cineasta. En cierto modo, si puedo honrarle contando su historia, le devuelvo el favor”.
Si algo se nota en King Kong es el inmenso cariño y respeto que ha invertido Jackson en rodarla… aunque por supuesto sus ticks marca de la casa imponen su siempre discutido sello personal. La protagonista, Naomi Watts, es simplemente perfecta para el papel. Por supuesto, la actriz que motiva el amor de Kong ha de ser bella, pero Naomi es mucho más: sugerente, emotiva, sencilla y tierna a la par que realista, da un punto más de credibilidad y fortaleza a la inocente, cándida y arquetípica actriz de la versión de los años treinta. Uno de los puntos débiles de la historia era precisamente ese: trasladar el carácter primigenio de Ann a la actualidad, donde el rol de la mujer es mucho más cercano a la realidad que vivimos, suponía todo un reto para los guionistas. Sin duda, aquel personaje no sería bien aceptado hoy día, y Jackson parece haberlo comprendido. La eligió por su interpretación en la película Mulholland Drive: “Pensé: ‘Vaya, me gustaría trabajar con ella algún día’. Es una gran actriz, es muy real, muy honrada. Cuando interpreta, lo hace con absoluta honradez emocional. Se nota en su mirada. La admirábamos mucho, éramos auténticos fans, pero no la conocía. Cuando empezamos a trabajar con King Kong, éramos conscientes de que teníamos que encontrar a alguien capaz de enfrentarse al papel que inmortalizó Fay Wray. Pensamos que era la oportunidad de trabajar con Naomi”. Humildemente, creo que es lo más acertado en cuanto a la labor de casting en esta película. Sin una actriz similar, con esa potencia y sutileza de registros, con esa tristeza melancólica y su radiante sonrisa, capaz de iluminar cualquier plano, Ann no sería la misma. Su interacción con Kong es realmente espectacular: su empatía mutua desgarra en ciertas escenas al espectador; no en vano Naomi Watts es media película, y destruye de un plumazo el papel de la mujer que destacaba la versión original: sumisas, a merced de las circunstancias, y sobre todo, muy propensas a los desmayos súbitos. Naomi devuelve a la mujer su dignidad en King Kong.
Una noche, Peter Jackson reunió a Naomi Watts, Fran Walsh y Philippa Boyens (estos dos últimos co-guionistas) en una cena con la Ann Darrow original: Fay Wray. Al respecto del “examen” al que la veterana actriz, única de entre el reparto original del clásico que seguía viva en aquel momento (murió en agosto de 2004), la sometió, Naomi afirmó: “Una de las razones principales por la que acepté el papel fue el hecho de que Peter llevaba esta película en la cabeza desde que tenía 9 años. Le observé esa noche con Fay. Creo que le turbó. Imaginen a un niño de nueve años enamorándose de una actriz y, después de tantos años, estar delante de ella. Creo que estaba conmovido, fue algo muy bonito”. Le hicieron muchas preguntas a la veterana actriz, y Naomi llegó a pensar que esto podría abrumarla, aunque contestó con firmeza “Parecía un diálogo de las películas de entonces”, añadió. Cuando fueron presentadas, la señora Wray le espetó a Naomi: “perdone, pero yo soy Ann Darrow”. Afortunadamente, todo fue una broma, y al final de la velada, le susurró al oído: “Sé que Ann Darrow está en buenas manos”.
Si Naomi Watts es el alma de la película, Jack Black, que da vida a Carl Denham, el despreciable director que es el origen de la película en King Kong, es el motor de la historia. Su empuje y determinación logran superar cada obstáculo que se encuentra por el camino para la realización de sus sueños de gloria y candilejas. Carl representa al alienante mundo del cine, en contraposición a la espiritualidad del personaje de Naomi. Es despreciable, ruín y mentiroso, además de estafador. No es que tuviera en gran estima como actor al señor Jack Black antes de esta película, pero he de decir que aquí borda el papel. Al principio da la imagen de alguien fuerte que sabe lo que quiere y como conseguirlo, un David que lucha contra fuerzas que le superan, el típico papel que inmediatamente consigue una empatía casi enfermiza con el espectador, pero poco a poco vamos viendo la otra cara de la moneda, hasta terminar odiando profundamente a su personaje. Por supuesto, la Desesperación que todos viven en los EE.UU. y que les fuerza a hacer casi cualquier cosa por sobrevivir puede disculpar en cierta medida algunas de sus acciones, pero poco a poco se va desvelando la maldad inherente a su personalidad, más allá de las necesidades materiales. Es un ambicioso cineasta que lucha porque su talento sea reconocido por el público, con un ego tan grande que es capaz de sacrificar a sus amigos con tal de alcanzar la gloria. Sin duda lo que más llama la atención es su fe: sólo tiene un trozo de papel para probar que la isla existe, jamás ha estado en ella ni dispone de ningún testimonio, pero sin embargo, quizás fruto de la desesperación, embarca comprometiendo todo su futuro y el de sus compañeros, hacia un destino desconocido y neblinoso.
Si Naomi y Jack interpretan a los dos polos opuestos de la historia, Adrien Brody, que da vida al dramaturgo Jack Driscoll, es el típico antihéroe que acaba siendo el galán por accidente. Embarcado gracias a las tretas de Carl, el guionista, para nada un hombre de acción, termina enamorándose de la bella Ann Darrow casi sin proponérselo, y lanzándose a un desesperado rescate por las peligrosas junglas de la Isla de la Calavera. Ante todo es el anclaje de Ann con la realidad, con su última salvación. Adrien está magnífico en su papel, como casi todos los actores.
Por último, de entre los actores cabe destacar, por supuesto, al gorila Kong, el Rey Kong. Había visto imágenes y vídeos, pero no estaba preparado para ver el tremendísimo y excepcional trabajo infográfico: rezuma realidad por todos sus píxels. No sólo es expresivo… tiene personalidad, reacciones propias de un gorila, puede enfadarse, mostrarse cariñoso, e incluso bromear y reirse con las acrobacias de una sorprendida Ann. Sus movimientos, salvo alguna incoherencia puntual, demuestran un profundo estudio de Andy Serkis y el equipo infográfico de cómo debe moverse un simio, pero por encima de esto, el verdadero valor de su interpretación está en el plano sentimental: tras el pavor inicial que despierta por su poderosa ira, Kong sorprende al espectador tomando un paternal cariño a la bella Ann, protegiéndola de sus propios enemigos naturales, y claro, evitando que escape de su cautiverio. Quien vea la película se sorprenderá de los registros faciales y corporales de Kong, que usa las mismas técnicas de interpretación de movimiento que Jackson usó en El Señor de los Anillos con Gollum: Serkis imprimía a Kong con sus expresiones faciales y corporales. Para conseguir cierta fidelidad, el actor se convirtió en un asiduo del Zoológico de Londres, donde se dedicaba a estudiar primates. También viajó a Ruanda, para conocer al mismo grupo de gorilas que estudió la famosísima Dian Fossey. Según asegura Joe Letteri, supervisor de Weta: “La técnica de motion capture que usamos con Kong es una nueva forma de usar la tecnología. Combinamos varias técnicas conocidas para llegar a algo totalmente nuevo. Hemos creado un sistema basado en estados emocionales. Todo se basa en la comprensión de los músculos de la cara y la correspondencia entre un sistema facial humano y de un gorila. Eso nos permite crear expresiones creíbles. El sistema de animación facial que diseñamos para Kong va más lejos que el diseñado para Gollum”.
Pese a que la acción está muy polarizada en pocos personajes, la obra parece ante todo una partitura coral bien ejecutada, aunque hay excepciones. El personaje de Lumpy, el cocinero del vapor, al que da vida Andy Serkis, es el más forzado e insustancial de todos los que se desarrollan al compás de la trama. A veces uno piensa que el excesivo amiguismo de Peter Jackson en ocasiones le juega malas pasadas en los castings. Andy, eficaz con los personajes digitales por lo que hemos podido ver, la pifia a base de bien con Lumpy: da la impresión de haberse tragado centenares de películas de piratas y adoptado todos y cada uno de los ademanes propios de tan arquetípica profesión. El personaje del sobrecargo del vapor Hayes, bastante bien dibujado por Evan Parke (uno de los mejores secundarios), ejerce de improvisado padre y tutor del muchacho Jimmy (Jamie Bell), un irreflexivo joven que se pondrá en peligro a cada instante (típico personaje suicida de aventuras que pone de los nervios al espectador). Kyle Chandler está muy correcto en su papel de Bruce Baxter, el galán de la película de Carl Denham, el típico actor encantado de sí mismo, que busca espejos allá por donde va para asegurarse de estar siempre perfecto.
La película en sí es un gran tributo al género de aventuras, con escenas increíblemente espectaculares, pero salpicada con una emoción claramente manifestada. Confieso que me divirtió y me llegó su mensaje, una dupla que cada vez es más difícil de alcanzar en el cine moderno. Iba a este pase de prensa en Barcelona con muchas reservas, tras prestar atención (no me volverá a pasar) a la crítica estadounidense, que ponía a King Kong de vuelta y media. Y me ha sorprendido y encantado, es fantástica. Tanto si uno gusta de ir al cine sin pretensiones, con el único ánimo de divertirse, como si busca una profundidad algo mayor, unidos ambos afanes por la espectacularidad, no puede perdérsela.
Las escenas de la jungla (completamente digital) son realmente magníficas, algunas quizá demasiado escatológicas y brutales para ojos jóvenes e impresionables: ahí da Peter Jackson su auténtico punto “asquerosillo” (ya veréis porque). Las críticas estadounidenses hablaban de la pobre impresión de la jungla: pues bien, nada de decorados mate ni piedras de cartón. El tinte que tiene la película hace la misma función que en su día en El Señor de los Anillos: logra uniformidad en el diseño de los distintos ambientes que retrata, y enmascara posibles diferencias de tonalidades. El efecto es sin duda sorprendente e inesperado, pero sobre todo, muy creíble. Al principio pensaron utilizar las intricadas selvas de la Nueva Zelanda natal de Jackson, pero comprobaron que jamás encontrarían nada igual a los diseños de preproducción, y por supuesto, los costes y la dificultad de rodar en semejantes condiciones lo desaconsejaban. Quisieron crear un lugar donde la evolución hubiera trazado sus líneas de forma libre e independiente del resto de la Tierra, una isla aislada del mundo. De la mano de Richard Taylor, los artistas de Weta crearon 53 maquetas de la isla completa; para la jungla, usaron 104.000 piezas de follaje artificial, 3.100 lianas de látex, 1.500 de tela, 25.000 plantas vivas enanas, 120 árboles en miniatura articulados y 100 árboles en miniatura no articulados, junto con raíces, paneles que semejaban la corteza de los árboles, musgo y plantas varias.
La infografía en King Kong tiene algún pequeño defecto, sí, sobre todo los directamente achacables al propio Jackson. Me explico: el director neocelandés tiene por costumbre dar una vuelta de tuerca en las escenas espectaculares, y tanto es así que en alguna de ellas literalmente la acción resulta INCREÍBLE. Si el propio Peter declaró que la mejor forma de conseguir hacer creíble la fantasía era intentar hacerla lo más realista posible, en ciertas escenas no siguió su famoso principio. Casi toda la peli consigue ese grado básico de realismo, incluso lo supera, pero en particular la persecución de los dinosaurios sobra en ese sentido. Sencillamente lo que ahí ocurre no es posible, parece Matrix: es imposible que algunos personajes salgan incólumes de tamaño incidente, y sin embargo, sucede. Pero bueno, algún punto débil debía tener King Kong en sus más de tres horas de metraje. Puede parecer demasiada duración, pero los tempos están muy bien marcados y uno no puede aburrirse. Las notas de humor (temibles a priori por tratarse de Peter Jackson) no desentonan en absoluto y suelen llegar al espectador de forma natural.
La ciudad de Nueva York está muy bien recreada. Chris White, el supervisor de efectos especiales por ordenador, desarrolló un software llamado CityBot, con el que podían crear calles enteras con una arquitectura característica. Esto, junto con diferentes fotografías aéreas de los años treinta, conformaron la añeja Nueva York, reproducida en su totalidad en la película. Se crearon 57.468 edificios en Manhattan a partir de 22.011.949 componentes distintos, a los que hay que añadir otros 32.839 edificios para los barrios de Queens, Brooklyn y Nueva Jersey, más 51 edificios emblemáticos; en total 90.358 edificios asombrosamente detallados, que conforman un área de unos 40 kilómetros de largo. La irrupción de Kong en la ciudad es catastrófica; los efectos especiales están muy conseguidos... el clímax de desconcierto y destrucción está bien ejecutado.
La banda sonora, de James Newton Howard, acompaña bastante bien a las escenas, realzando aquí y ensombreciendo allá. En ocasiones es un poco molesta, cuando suena demasiado en los diálogos, pero por regla general es muy efectiva, sobre todo en situaciones melodramáticas. No me pareció una maravilla, pero desde luego no desentona en absoluto. Habría que oír la compuesta por Howard Shore para diferenciarlas (recordemos que Peter Jackson prescindió de su trabajo a pocos meses del estreno, tras finalizar su versión).
Reparto:
Ann Darrow (NAOMI WATTS)
Carl Denham (JACK BLACK)
Jack Driscoll (ADRIEN BRODY)
Capitán Englehorn (THOMAS KRETSCHMANN)
Preston (COLIN HANKS)
Jimmy (JAMIE BELL)
Hayes (EVAN PARKE)
Bruce Baxter (KYLE CHANDLER)
Kong/Lumpy, el cocinero (ANDY SERKIS)
Equipo Técnico:
Director (PETER JACKSON)
Guionistas (FRAN WALSH, PHILIPPA BOYENS, PETER JACKSON)
Productores (JAN BLENKIN, CAROLYNNE CUNNINGHAM, FRAN WALSH, PETER JACKSON)
Coproductora (PHILIPPA BOYENS)
Director de fotografía (ANDREW LESNIE, ACS, ASC)
Diseño de producción (GRANT MAJOR)
Montador (JAMIE SELKIRK, ACE)
Maquillaje, maquetas, miniaturas (RICHARD TAYLOR)
Supervisor de efectos visuales (JOE LETTERI)
Vestuario (TERRY RYAN)
Música (JAMES NEWTON HOWARD)
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