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El jugador (La Cultura 2), de Iain M. Banks |
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Banks parece apuntarse al carro ganador para desarrollar una historia claramente analítica, de ideas, capaz de permitir la reflexión, al tiempo que el contacto directo y claro con el lector. |
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De una forma casi desapercibida, el mundo anglosajón, no se sabe porqué, está demostrando un nivel de productividad, variedad y calidad inalcanzable en lo que a SciFi se refiere. Los principales nombres del género provienen de las islas británicas o de Estados Unidos, y pocos autores de otras áreas socioculturales hay –a día de hoy- que puedan hacer frente al sorprendente elenco que conforman firmas como las de Alastair Reynolds, Peter F. Hamilton, Ian McDonald, Terry Bisson, o George R R Martin, por poner algunos ejemplos.
En todo caso, "El jugador" es una novela que nos ayudará extraordinariamente a conocer y comprender el universo de La Cultura; puede que más que ninguna otra de las demás novelas de la saga.
En este grupo, posiblemente, la cabeza más rutilante de todas sea la de Iain M. Banks (Escocia, 1954) y, de forma especial, su saga de La Cultura. En ella no solo construye un sólido y amplio universo alternativo sino que, sobre este tapiz, afronta la oxigenación y renovación de la Space Opera, la construcción de historias con una fuerte carga ética y moral, y el despliegue de un estilo potentísimo en la construcción de imágenes y sensaciones. Una contribución de la que ya dimos cuenta en Fantasymundo con la crítica de "Pensad en Flebas", la novela inaugural de la saga, y "A Barlovento", la última entrega publicada en España (todas ellas por La Factoría de Ideas) a la espera de que llegue "Matter", publicada en inglés en 2008.
En Fantasymundo tenemos la ambición de completar nuestro análisis de una de las sagas más importantes de la SciFi con la crítica de los demás volúmenes de la serie. Y afrontamos hoy la segunda novela, "El jugador" ("The player of games", disponible en FantasyTienda), publicada por primera vez en inglés en 1988, y en castellano en 2007 (La Factoría de Ideas, Solaris Ficción 97). Una novela que, como todas las demás, es autoconclusiva y exige un análisis independiente.
En "El jugador" Banks nos propone una reflexión esencialista sobre el significado y el sentido de la vida. Tanto el juego que nos propone el núcleo de la novela, el Azad, entendido como la representación simbólica de las normas, valores y mecanismos de relación de un sistema social; como el personaje de Gurgeh, un jugador de La Cultura que, capaz de ganar en cualquier juego que se le presente, acude al Imperio de Azad para jugar un campeonato de una transcendencia existencial significativa; configuran una interesante reflexión alrededor del determinismo de ciertos sistemas sociales y lo injusto de sus mecanismos de movilidad social.
Banks abre en "El jugador" una puerta, por tanto, a la reflexión sociopolítica. Los lentos sucesos van definiendo un puzle de piezas que, a cada paso, con nada nuevo suceso, se completa y amplía hasta alcanzar una inmensa y heterogénea panoplia de perspectivas y de temas tan cotidianos como actuales. El marco de la SciFi y de La Cultura parece el ideal si, como creemos, el contraste La Cultura vs. Imperio de Azad tiene como objetivo el desvelarnos que la separación entre dos sociedades es sólo, y de forma independiente a sus valores o nivel de desarrollo, una cuestión de matiz: se denuncian los pérfidos mecanismos sociales presentes detrás de cada una de ellas.
En este sentido, es interesante el velado paralelismo entre el personaje de Gurgeh y la trama de la novela, por un lado, y la figura de Bobby Fisher y sus disputadísimas partidas con ajedrecistas de la URSS, por otro. Primero en el torneo de candidatos de 1962, con partidas colectivas que permitían las alianzas contra un jugador, y después en el torneo de 1971, donde se disputaron partidas individuales hasta la partida final contra Boris Spassky, contra quién Fisher consiguió finalmente el Campeonato del Mundo. Las vicisitudes, implicaciones sociopolíticas, el telón de acero que separaba a soviéticos y estadounidenses, o los debates ético-morales de aquella época, disputados entre jugadores tanto como entre las grandes potencias que se decían representadas por ellos y sus habilidades, están representados con bastante claridad en "El jugador".
Esta reflexión se articula a través de una novela con una estructura, ritmo y personajes meramente clásicos. Una sorpresa si tenemos en cuenta la ambición creativa que suponía la primera y anterior novela de la saga, "Pensad en Flebas". Aquí Banks parece apuntarse al carro ganador para desarrollar una historia claramente analítica, de ideas, capaz de permitir la reflexión, al tiempo que el contacto directo y claro con el lector. Lo simple y eficaz del esquema clásico le permite llegar a nosotros con el conjunto intacto de un mensaje tan extenso como complejo.
El único pero que le ponemos a la obra es un ritmo brusco que arrastra a la trama y los personajes hasta deformar el argumento, perdiendo coherencia y sentido de la realidad. Cierto es que son sólo en cinco momentos donde percibimos la intención clara de Banks de parar todo el sentido de la narración para extender y exponer su sentido de la decadencia social. Sin embargo, esos momentos nos han roto el hilo de la narración hasta el punto de resultarnos complicado el mantenernos conectados al núcleo ficcional y creativo de la historia. Ya es meritorio que una novela conecte con el lector hasta un nivel profundo, como "El jugador" consigue hacer, pero intentarlo hasta en seis ocasiones es un esfuerzo difícil de justificar.
En todo caso, "El jugador" es una novela que nos ayudará extraordinariamente a conocer y comprender el universo de La Cultura; puede que más que ninguna otra de las demás novelas de la saga. La propuesta sociológica de Banks, extraordinaria en su ambición creativa, exige que pasemos por "El jugador" para conocer muchas de las claves que nos ayudarán a cerrar el círculo de uno de los universos ficcionales más extensos y exhaustivos de la literatura.
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