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Artículo de literatura - Fantasymundo.com
La Leña del Leñador, Final, de Matías Quijada
Matías Quijada   08/07/2009 Comentarios (9)
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     La culminación de un relato sobre la lucha entre el hombre y la naturaleza, el final de una historia de venganza y violencia, de incomprensión y decadencia.
Primer y Segundo Capítulo   Tercer y Cuarto Capítulo

Capítulo Final - Un mundo partido en dos


La leña del Leñador -Meses han pasado desde nuestro último enfrentamiento con los humanos, pero no han sido meses malgastados, mi cuerpo se ha recuperado, mis ramas reverberan llenas de vida, mi estructura ha sido restaurada, mi fuerza aumentada, y mi ira será desatada.

El mundo está de mi parte, miles de animales: Osos, lobos, felinos, aves, reptiles, hasta insectos se han unido a mi, ya nada podrá detener nuestro avance, nada podrá parar la vorágine que se desatará hoy, nada, ni nadie. Pero así como muchos han apoyado mi causa, otros se han rechazado a colaborar, temen ser destruidos, temen defender lo que aman, son unos cobardes, pero no debe importarme, tengo una misión y no la dejaré incumplida.




—Por fin me he recuperado completamente —dije en tono alegre — la bestia de madera no ha vuelto a aparecer, y después de estos meses sin usurpar sus tierras creo que finalmente nos han perdonado.
—O tal vez quieren que creas eso Gaënor, no debemos fiarnos, según lo que nos contaste el monstruo te dijo que se vengaría, que nada de lo que hicieses cambiaría su forma de pensar —dijo Grethnor mientras cenábamos en una tibia noche de verano.
— ¡No hay que ser tan negativos, hermano mío!, tal vez la sabia naturaleza ha sabido comprendernos, tal vez nos está dando una oportunidad para cambiar, para hacer las cosas bien —en mi interior deseaba que fuese cierto, no quería ver morir a más de los míos, recé porque nos hubiesen perdonado.

Cuando terminó la cena, abandoné la fogata que habíamos creado con ramas caídas del bosque y me dirigí a mi hogar. El cambio desde aquel día había sido impresionante, todos nuestros caballos, perros, aves y gatos nos abandonaron, sólo estábamos nosotros, los humanos, y el suelo que pisábamos. Frente a mi hogar se extendía el gigantesco Bosque del Eterno Otoño, muy pocos se atrevían a entrar, muchos habían abandonado nuestro pueblo por miedo a las bestias, tanto mal habíamos hecho sin pensar en las repercusiones que ahora vivíamos con miedo a ser castigados y aniquilados. Pero yo tenía fe en que las cosas cambiarían, algo me decía que todo terminaría bien, y que el mundo podría ser finalmente un lugar habitado por seres vivos en completa armonía, sin guerras, sin violencia, un planeta hermoso y perfecto.

Bosque y civilizaciónHaciendo el menor ruido entré en mi pequeña cabaña, dentro de ella me esperaba mi esposa, una hermosa mujer que me había ayudado a curar las heridas hechas casi un año atrás por el gran hombre de madera. Su atención había logrado que yo cayese en sus redes, me enamoré y decidimos formar una familia, ella creía en mí, y de alguna forma, sabía que junto a ella todo sería perfecto, por siempre. Yacía durmiendo plácidamente sobre nuestra cama, su respiración tan pacífica e inocente llenaba la escena de un aura tan cálida que deseé hacerla eterna. Silenciosamente caminé hasta el borde y me senté, saqué mis herramientas y me quité la ropa para finalmente acostarme junto a ella. Observé su rostro durmiente con admiración, tanta belleza debía ser imposible, tanta perfección, tanta ternura, amaba todo de ella, y ella me amaba a mí. Me acomodé lentamente hasta que mis párpados comenzaron a agotarse, el cansancio me invadía y me incitaba a viajar por el universo de mis sueños. Pero justo cuando creí que finalmente atravesaría el umbral de la realidad hacia el mundo de la fantasía, algo llamó mi atención. Algo en el suelo brilló como un diamante al reflejar la pálida luz de la luna, parecía una pequeña joya redonda, me senté en la cama y miré con más atención, no era sólo un resplandor, eran dos y parecían estar fijos en mí. Creí que no era más que un sueño, pero entonces, se movieron, en pocos segundos pude ver como un pequeño roedor salía corriendo por la puerta de entrada, era raro que un animal estuviese cerca, ellos habían decidido abandonar nuestras tierras hace mucho, algo raro pasaba.



Todo está listo, cada ser viviente en su posición, la escena es perfecta, cientos de miles de animales e insectos preparados para iniciar una revolución, un millar de respiraciones conectadas en un vínculo tan fuerte como el calor del sol en verano, tan resistente como el más duro de los diamantes, tan puro como el hielo de las montañas.

Frente a mi se alza la ciudad más grande de los humanos, Ildenar como ellos le llaman, repleta de cabañas y murallas hechas con los cuerpos de mis hermanos, con la vida aniquilada de cientos y miles de árboles y animales inocentes, no podían ser perdonados, hoy serían castigados, después de tantos años de abuso indiscriminado, por fin había llegado el momento de enderezar las cosas.
— ¿Estás preparado? —El rugido de Garra Sangrienta llegó a mis oídos claramente, su musculoso cuerpo de oso me había ayudado en incontables incursiones previas para eliminar humanos en pequeños pueblos.
—Siempre lo he estado —respondí — finalmente podremos darle el golpe que merecen a estas bestias sin alma, dile a todos que se preparen, en cuanto caiga el sol tras la montaña iniciaremos el ataque, la luna presenciará nuestra venganza.
—Lo haré —obedeció, y caminando sobre sus cuatro patas comenzó a dar las órdenes. Sólo unos minutos más.




La leña del Leñador -A la mañana siguiente comprendí qué era lo que sucedía. Malherido, un hombre había llegado caminando desde Ildenar, la gran capital, tenía muchas heridas que sangraban sin tregua. Cayó inconciente en cuanto logró llegar al pueblo, la curandera lo estuvo tratando durante horas, hasta que finalmente recobró la consciencia.

— ¡Lo han destruido todo! —Fue lo primero que gritó cuando abrió los ojos— ¡lo han destruido todo!, tenemos que escapar, no se detienen con nada, ya vienen, estoy seguro que ya vienen, debemos escapar, ¡por favor no me dejen morir!
—Cálmate hombre y cuéntanos de qué hablas –dije seriamente — soy Gaënor líder de esta aldea, y estás entre hombres de confianza, ¿Ha sido atacada por mercenarios la capital?
— ¿Mercenarios?, ¡nada de eso!, los animales se volvieron locos, los caballos rompieron los establos, los perros atacaron a sus amos, las aves huyeron, y los ratones salieron de sus escondrijos. —dijo el hombre sin dejar de mirar para todos lados— Pero eso no es todo, tigres, osos, lobos, todos salieron del bosque e invadieron la ciudad, había un monstruo gigantesco con ellos, parecía un hombre pero era enorme y hecho de ramas y raíces, no tuvieron piedad, atacaron y mataron a todos los que encontraron, ni los niños tuvieron oportunidad, estaba tan oscuro... —Grethnor me miró a los ojos con gesto serio, luego se puso de pie y elevando la voz dijo.
— ¿Habías dicho que la naturaleza nos había perdonado?, que estúpido ¡por dios! Debimos matar a ese maldito monstruo cuando tuvimos la oportunidad Gaënor, ahora se han reorganizado y han atacado la capital, ¿¡Sabes lo que es eso!? ¡Ni ejércitos gigantescos osarían atacar Ildenar, y estas bestias lo han hecho sin la menor duda!
—Cálmate Grethnor, tiene que haber una explicación...
— ¿Explicación?, esa estúpida bestia de madera quiere matarnos, ¿por qué te niegas a ver lo obvio?, deja de pensar que existe eso que llamas paz, el hombre-árbol nos ha declarado la guerra, debemos armarnos y contraatacar, no hay otra opción.
—Hermano, ¿de qué nos servirá seguir con la violencia?, ¿no te das cuenta de que si luchamos la batalla no terminará jamás?, tenemos que entender de una vez por todas que la violencia no nos llevará a nada más que a la destrucción.
— ¡Déjate de idioteces!, ¡ve y dile eso a tu esposa, y a tu futuro hijo!, ¡Dile eso a todos los niños y a sus padres!, estoy cansado de escuchar ese discurso una y otra vez, tus palabras no nos van a llevar a nada Gaënor, ese monstruo no tiene piedad, no la conoce, es un maldito asesino.



Muerte, dolor, sufrimiento, terror, ahora saben lo que nosotros sentimos durante cientos de años, ahora experimentan todas esas sensaciones que llenaron nuestra pacífica existencia de un oscuro rencor, ¡Sufran malditos insectos! ¡Sufran!.

La ciudad arde ante mí, sus propias armas terminaron destruyendo su débil protección, Ildenar ¡Ja!, fue tan fácil como destruir el hogar de mi primera víctima, la naturaleza tiene una fuerza incomparable, nada ni nadie podrá hacerle frente, y mucho menos si estoy yo para impedirlo. Ahora iré a darle una pequeña visita a cada pueblo y ciudad restante, los humanos sucumbirán finalmente ante el mundo que los cobijó durante tanto tiempo aguantando sus malditos abusos.

La leña del Leñador -—Garra Sangrienta, diles a todos que se preparen para avanzar hacia el pueblo más cercano —El pelaje del gran jefe oso estaba lleno de tintes carmesí, la sangre derramada la noche anterior aún estaba sobre él.
—Como tú digas, organizaré a los grupos nuevamente.
—Una cosa mas, ¿han llegado ya las ratas exploradoras?, necesito un informe detallado de lo que han visto.
—Sí, gran hombre-árbol, los roedores esperan tu presencia en un claro dentro del bosque, había olvidado decírselo con anterioridad.
—Bien, iré inmediatamente.




Luego de mi conversación con Grethnor, se organizó el consejo de la aldea para decidir qué haríamos ante tal amenaza, lamentablemente, la votación fue unánime, todos optaban por la guerra y la defensa, yo y mi esposa fuimos los únicos que deseamos rendirnos en paz y esperar la clemencia de la naturaleza, nos llamaron cobardes y traidores, pero no nos importó, no participaría nuevamente en una batalla, no era correcto.
—¡No huyas!, ¡no puedes traicionar a tus compañeros así Gaënor!, ¡mírame a la cara cuando te hablo, maldito cobarde!–Las palabras de Grethnor me hirieron profundamente, no me gustaba parecer un traidor ante él ni ante nadie, pero no cambiaría mi determinación, no lucharía.
—No huyo, amigo mío, sólo hago lo que creo es correcto y no me harás cambiar de parecer, si ustedes desean luchar, háganlo, yo prefiero vivir en paz, estoy cansado de las batallas, de los abusos y de la muerte, la naturaleza también lo está y ahora nos quita todo lo que alguna vez le quitamos a ella, sus hijos, sus hermanos, su propio cuerpo.

Sin más palabras, decidí partir junto a mi esposa hacia algún lugar donde encontrar paz, recogimos nuestras pertenencias más preciadas y necesarias para sobrevivir y nos adentramos en el Bosque del Eterno Otoño, deseando encontrar algún lugar tranquilo para comenzar una nueva vida, fue una decisión apresurada, lo sé, pero en aquel momento no pensaba con claridad, tal vez fue un error... o estaba destinado a elegir ese camino...

Caminamos durante horas y horas, el cansancio nos recordaba que debíamos dormir, descansar en algún lugar, beber agua, pero no teníamos donde, ya habíamos agotado nuestras pequeñas reservas de líquido y las frutas debíamos guardarlas para los próximos días, entonces, cuando creímos que caeríamos inconscientes del agotamiento sentimos el ruido de un arroyo cercano, apresuramos el paso y al llegar bebimos hasta saciar nuestra sed, fue una sensación reconfortante, pero la paz duró sólo unos pocos segundos.


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9 Comentarios recibidos
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Usuario: ichi (04-Agosto-09)

Ya está por aquí la métementodo, qué me tengo que andar metiendo a opinar, pero no lo puedo evitar.
Fíjate eidián que tienes toda la razón. No he leído el cuento de D3NE pero los párrafos que pusiste de ejemplo están bastante claros. Yo soy súper buena para andar poniendo comas, ptos. suspensivos, etc.etc. y harto que me lo critican también, pero las bienintencionadas son de agradecer
Usuario: D3NE (09-Julio-09)

Creo que te comprendo. Trabajaré en el tema de las comas, por que la verdad parece que tienes razón en ciertas ocasiones o.o.
Usuario: eidián (09-Julio-09)

¿Pelearnos? No, que va. Tan sólo quería que viese a que me refería, nada más. En mi inocencia, yo pienso que estoy ayudándole a ver el error que he creido encontrar. Si hay por ahí malpensados que creen alguna otra cosa...
Usuario: Mithrand (09-Julio-09)

¿No os pelearéis ahora, no? xDD
Usuario: eidián (09-Julio-09)

Cita de D3NE:
Lo de las comas... la verdad si pudieses ser un poco más específica me ayudarías mucho más.

Vale. He escogido tres párrafos que me parecen representativos: primero los cito tal y como los has escrito y luego te doy una versión sin el exceso de comas que tu poner. Con esto no quiero decir que mi versión sea la buena pero, al menos, no abuso de las comas.
"¡No huyas!, ¡no puedes traicionar a tus compañeros así Gaënor!, ¡mírame a la cara cuando te hablo, maldito cobarde!–Las palabras de Grethnor me hirieron profundamente, no me gustaba parecer un traidor ante él ni ante nadie, pero no cambiaría mi determinación, no lucharía."
¡No huyas! ¡No puedes traicionar a tus compañeros así Gaënor! ¡Mírame a la cara cuando te hablo, maldito cobarde!–Las palabras de Grethnor me hirieron profundamente: no me gustaba parecer un traidor ante él ni ante nadie, pero no cambiaría mi determinación. No lucharía.

"¿Qué están haciendo los animales?, ¿dónde está mi apoyo que no lo encuentro?, debí traer a todo el ejército en vez de dividirlo, éramos miles pero sólo traje a unos cientos conmigo, ¿a dónde están yendo? ¿Se están escapando? Cobardes, cobardes, cobardes!"
¿Qué están haciendo los animales? ¿Dónde está mi apoyo que no lo encuentro? Debí traer a todo el ejército en vez de dividirlo: éramos miles pero sólo traje a unos cientos conmigo. ¿Adónde están yendo? ¿Se están escapando? ¡Cobardes, cobardes, cobardes!
"Queríamos paz, descansar de una vez de la violencia, de las guerras, ¿por qué terminé aquí?, dejé de abusar de la naturaleza, cambié para bien, deseé más que cualquier cosa poder vivir en armonía, y ahora mi vida se extingue y ni siquiera puedo abrazar a mi amada esposa, no me quedan fuerzas, su cálido cuerpo calienta mi fría piel, ¿por qué tiene que acabar así?"
Queríamos paz, descansar de una vez de la violencia, de las guerras. ¿Por qué terminé aquí? Dejé de abusar de la naturaleza. Cambié para bien. Deseé más que cualquier cosa poder vivir en armonía y ahora mi vida se extingue y ni siquiera puedo abrazar a mi amada esposa. No me quedan fuerzas. Su cálido cuerpo calienta mi fría piel. ¿Por qué tiene que acabar así?

Reitero que mi versión no tiene porque ser "la buena": sólo es una versión sin tantas comas que creo que enrarecen tu relato técnicamente de la misma forma que mi odio por los puntos y aparte dificulta la lectura de los míos.
Para cualquier otra duda ya sabes donde me tienes.
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